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viernes, 29 de agosto de 2014

El hogar de Keyla y Gecko


Siguiendo la anécdota de mis Cuachuchitos:
 
En ningún momento en años anteriores se nos antojó quedarnos con un perro macho.  Yo estaba acostumbrada a la delicadeza y manipulación de las hembritas.  Se salen con la suya siendo tranquilas y coquetas, a diferencia de lo que entonces sabía de los machos: pesados, groseros y marcadores (no todos), no por eso dejan de ser bellos y querendones, pero la idea no me atraía y a mi esposo tampoco.

Perseo demostró preferencia por mi esposo desde que comenzamos a darles biberón, Rk se hacía el desentendido y trataba de no encariñarse con él.  Mi pequeño Gecko se aferró a mi y yo no pude evitar enamorarme del chiquitín; sin embargo la decisión estaba tomada, nos quedaríamos con Nova y tal vez, sólo tal vez con Keyla, aunque mi mamá la quería para ella.
Con la muerte de Greka, la idea no cambió, teníamos encargados a los dos machos para excelentes hogares, pero nuestro corazón había cambiado lo que el cerebro planeaba.   La lealtad que Perseo demostraba hacia Rk, era tan grande que yo no podía imaginar que se pudiera ir a otro hogar.  La decisión final era de Rk: Persy se quedó con nosotros.

Al decidirnos por Nova y Perseo, sabíamos que Keyla se iría con mi mamá, que vivía a sólo tres casas de la nuestra así que no me dio tanta tristeza.  Gecko, en cambio, era para una persona que lo cuidaría y amaría como todos los perros merecen.  
Las madres, siempre cuidando de los sentimientos de los hijos, entendió el dolor que me causaba separarme de mi chiquitín y ofreció quedarse con él también.  Y yo acepté sin pensarlo ni una vez.

Los planes cambiaron, todo era perfecto, aún se quedarían los cuatro cachorros en casa mientras crecían un poco más.    La verdad yo tampoco quería alejarme ni un metro de los otros dos y el pretexto parecía perfecto, hasta que un día regresamos del cine y supimos que ya era el momento.  Luego de limpiar el piso de la necesidades realizadas por cuatro cachorros comelones, llevé a Keyla y a Gecko a casa de mi mamá, su nuevo hogar... por algún tiempo.  No se preocupen, es un feliz resultado que luego les relataré.  

Sean felices junto a sus perros y colaboren en la vida de un perro sin hogar.


Hasta la próxima,
Nova A.S.G.

viernes, 11 de abril de 2014

Desde la mirada de Perseo

Creerán por el título que me refiero a esos ojos de los peludos (perros, no gente) que nos ven a los humanos como dioses, sin embargo en casa, nuestros hijos caninos nos ven como padres consentidores, y a los que visitantes como lo que son: tíos, primos, amistades etc.   

Perseo, mi fallecido Cuachuchito, él era quien nos miraba a los ojos de una manera peculiar.  Tenía cierta necesidad de revisarle los ojos a uno más que otros perritos y si algo no soportaba era que uno fuera a acercar un gotero o algún medicamento a él o una persona.  Era en realidad una obsesión tan extrema que, regañaba cuando cualquiera se frotaba los ojos; él ladraba, se subía en uno y con sus patitas quitaba las manos de la cara.   Lo corregía a uno con tanto afán como cuando le pegan a las personas en las manos por comerse las uñas. 
Me parecía gracioso, porque era un enojón, y por eso a veces se me salía el lado infantil y lo molestaba haciéndole creer que me los restregaba, de inmediato me obligaba a detenerme y si yo hacía el intento de proseguir me abrazaba de tal forma que yo no podía tocarme la cara. Entonces se ganaba todos los mimos de mamá.   Con mi esposo era igual, sólo que papá las pocas veces que lo hacía no era a propósito. 

Varias veces nos dio curiosidad y revisábamos los ojos y la mirada de Perseo, tal vez era un problema él que tenía y trababa de evitarnos lo que sentía, pensábamos.  Pero el veterinario no encontró nada anormal en las revisiones básicas y nosotros observábamos que Persy parecía  tener una vista normal.

Casi tres años han pasado desde que Perseo falleció y nunca olvidamos su recomendación, ahora más que nunca la recordaremos.  Recién fuimos al oculista a revisión (yo más que todo por novelera porque no tenía síntomas de nada) y resulta que mi esposo y yo tenemos ojos secos.  A Rk le recetaron gotas y esperarán unos meses para ver si hay mejoría, en mi caso también tengo que usar gotas pero desde ya me colocaron unos micro tapones en los lagrimales.   Algo prohibido: ¡Nunca restregarse los ojos!   ¿Será que Perseo ya lo sabía?
Más interesante fue que al buscar información en el Internet, los perros también padecen de ojos secos y entre las razas predispuestas están los Cocker Spaniels. 

Pudo ser que Perseo padecía de ojo seco y sabía reconocerlo en otros, pero para diagnosticarlo se tenía que hacer un examen específico.   En su momento no nos preocupamos porque no conocíamos que podía haber una razón.   Ahora sabemos que tenemos que estar pendientes del resto de Cuachuchitos.
Mi amado Persy nos dejó una lección que sólo pudimos entender hasta mucho tiempo después de su partida: ¡Cuida tus ojos y presta atención a los ojos de tu perro! 

Cuando salimos del doctor, Rk y yo comentamos al unísono: ¡Cuánta razón tenía Perseo!


Sean felices, hagan feliz a su perro y colaboren en la vida de un perro sin hogar.


Hasta la próxima,
Nova A.S.G.

viernes, 24 de enero de 2014

Cuachuchitos lastimeros

Como les relaté la semana pasada, los Cuachuchitos nos manipulaban en todo momento.  Los sacaba al jardín mientras hacía la limpieza o para comenzar el entrenamiento de en dónde hacer sus necesidades.   Si no eran los gemidos y sus ojotes lastimeros los que me hacían caer en dejarlos entrar a los pocos minutos de sacarlos, era abuelita Skippy o tía Musa que solicitaba atención con el pretexto de que  tenía que salir. 
Las dos señoras Cocker se ponían ansiosas, caminaban de un lado para otro frente a la puerta, olfateaban el piso y podría jurar que con sus gestos me amenazaban con: ¡me abres la puerta o me orino aquí! 
Les abría, impidiendo el paso a los chiquitos, entonces las adultas Cocker caminaban un rato por la grama, me miraban para ver si yo las observaba y hacían unas gotas apenas.  Luego pedían entrar, pero en cuanto las dejaba, justo en la puerta se entretenían con algo o resultaba que no podían pasar porque en lugar de entrar derechas se ponían en diagonal para que tuviera que darles más espacio y así los cachorros se colaban.  

A Skippy no la dejaba afuera por su convalecencia, era una perra de 14 años con problemas del corazón, a Musa en cambio, sí la deje un par de veces y cuando entendió que no le abriría hasta que yo lo decidiera, aprendió a aullar junto a los cachorros.  De una forma u otra paré haciendo lo que los cachorros querían.  

Además,  quién puede dejar afuera por mucho tiempo a unos cachorros lastimeros como se ven en la fotografía.   Yo no.

Mis bellos Cuachuchitos.  En serio, el vidrio estaba limpio antes de que salieran.


Sean felices, hagan feliz a su perro, acepten y disfruten cuando sus perros los han manipulado porque significa que ellos son ingeniosos.  No olviden colaborar positivamente en la vida de un perro sin hogar.

Hasta la próxima,
Nova A.S.G.

viernes, 27 de septiembre de 2013

La piedra mágica

Un momento que no olvidaremos con Rk, fue el encuentro de la piedra mágica, así le llamamos.  

Perseo desde cachorro tenía afición por las piedras, tenía sus favoritas que había sacado del jardín.   Al principio se las quitábamos para evitar que se lastimara, pero siempre encontraba otra y otra.  Le gustaban mucho y las entraba para tirarlas en el suelo, escuchar cómo sonaban y en nuestros descuidos tratar de clavarles el diente.   Aún guardamos las dos piedras que cuidó por años.

Un día a Rk se le cayó un hielo, Persy lo escuchó, llegó  y vio esa piedra blanca, casi transparente.  No dejó que mi esposo la agarrara, porque logró tomarla antes.  Lo frío evitó que la mantuviera en la boca y la soltó por unos segundos, pero al ver que nosotros íbamos por ella la volvió a agarrar y corrió hacia el jardín.  Estaba feliz por su nueva “piedra”, se le notaba en sus ojos,  la colocó en la grama y en lo que el cachorro nos miraba orgulloso por su tesoro, el hielo se derritió.   Perseo pasó varios minutos buscándola.  En ese momento no creo que entendiera qué había pasado. 
Luego, conforme creció, supo que esas piedras eran diferentes y ya no perdió el tiempo llevándoselas a otro lugar; en cuanto encontraba una  de inmediato jugaba con ella, la derretía en su boca o la deslizaba en el piso empujándola con la pata o la nariz.  
Era un gusto observarlo, más porque siempre nos recordaba la cara de incredulidad que puso la primera vez cuando se le desapareció como por arte de magia.


Cada momento y acción cuentan, jueguen con su perro, obsérvenlo y sepan que esos recuerdos son los tesoros que ellos  nos dan y que perduran.


Hasta la próxima
Nova A.S.G.


P.D.
Mañana 28 de septiembre es el Día Mundial Contra la Rabia.   No olviden vacunar a sus mascotas y en la medida de lo posible a las que no tienen un hogar.

He estado leyendo que en este mes en los Centros de Salud de Guatemala estarán proporcionando la vacuna de forma gratuita gracias al apoyo del Ministerio de Salud, sin embargo no he encontrado un enlace para corroborar esta información.  Si usted está interesado pregunte en el Centro de Salud más cercano.

viernes, 23 de agosto de 2013

Motivando cachorros

La motivación a temprana edad desarrolla el proceso del cerebro para que el aprendizaje sea más rápido y a mayor capacidad; también debe tomarse en cuenta que el crecimiento del individuo sea en un ambiente adecuado y con una alimentación sana.

A mis chiquitos los alimenté lo mejor que se pudo sabiendo que nada podría suplantar la leche materna que les faltó, y su nido lo mantuve lo mejor posible pero por más que intenté no podía permanecer junto a ellos como lo habría hecho la madre, por eso en su crianza en donde enfaticé fue en estimularlos en todas las formas que se me ocurrió.   Les ponía música, clásica en su mayoría; les demostraba objetos, juguetes caninos y los tapaba con los mismos periódicos que forraban el suelo para que ellos buscaran.  Conforme fueron creciendo también cambié la caja y les conseguí una grande para que tuvieran espacio cubierto, más una cerca alrededor para que corretearan fuera de ella. Todo esto dentro de un cuarto  por supuesto y siendo ellos tan bebés todo les era grande.    A la caja le hice un par de recovecos a diferentes alturas para que se ejercitaran tratando de alcanzarlos.  Al principio todos cabían y luego se peleaban por esos espacios porque sólo uno podía dormir allí, eran los lugares favoritos para dormitar.   Además colgué un par de muñecos para jugaran y no me imaginé que el reto de agarrarlos por verlos flotando les causaría tantas horas de distracción.

Puedo afirmar que tuvieron una linda canina-aniñada infancia.  No sé hasta dónde la estimulación y la genética comienzan y acaban.   Son bastante comunicativos verbalmente, no me refiero sólo a ladridos sino a ciertas vocalizaciones que realizan para que uno haga algo por ellos, pero Greka (la madre) hacía lo mismo. 
Utilizan las manos para muchas cosas, en especial para acariciar y halarlo a uno para hacerlo.  Tengo el pelo largo y con las patas me lo halan cuando estoy sentada para que me acueste, no lo muerden; y a mi esposo le agarran la frente desde atrás para lo mismo, algo que nos recuerda mucho a Skippy (la abuela).  El busca y encuentra objetos ahora es diferente, Nova los esconde y nos pone a buscarlos, créanme tiene su forma de hacernos loquear por su peluche favorito para que al final si no lo encontramos nosotros nos enseña en dónde lo había escondido.  Perseo era el especialista para traerme mis calcetas. A propósito le dejaba la gaveta abierta y le pedía que me diera un par, escogía las que él quería aunque no siempre era la mejor opción para mi vestimenta.

Cada uno tiene habilidades que sobresalen y desde cachorros comenzaron a demostrarlas.  Pero sé que la motivación fue importante porque ocuparon su mente mientras crecieron, no fueron unos perritos que permanecieron en una caja esperando comida y limpieza. Claro, no tuvieron enseñanza maternal pero ellos fortalecieron sus capacidades con los juegos y retos que les proporcioné. Por eso me imagino que los perros que sobreviven en la calle son tan inteligentes, sólo que para ellos no es un juego sino la vida.   Y veo a Circe, que sin haber crecido con los Cuachuchitos los imita, comprende que ellos son su modelo a seguir para vivir en armonía.  

Mimo al fondo y Gecko rendido bajo el muñeco.

Una rápida fotografía luego de colocarlos para que comieran.


Hasta la próxima y no olviden hacer feliz a un perro sin hogar.
Nova A.S.G.

sábado, 10 de agosto de 2013

Cachorros dominantes

Por lo general los cachorros interactúan con la madre y sus hermanos mientras crecen.  En esta fase aprenden límites propios y los de los demás por medio del juego, los mordiscos,  las riñas y la madre los corrige cuando es necesario.  Así comienzan a formarse personalidades de acuerdo a los genes, la educación y el ambiente.  Luego cuando son separados de la madre y son adoptados por los humanos, las personas les enseñan las “reglas” de la nueva familia: qué pueden agarrar, morder, en dónde dormir, etc.
Con los perros que son rescatados de la calle y luego adoptados es bastante sencillo que se adapten a las nuevas costumbres.  Toda su vida se han basado en las jerarquías de la manada con la que compartían.  Tal vez en algunos casos serán escapistas, dependiendo de las rutinas que llevaban en su anterior vida, pero con el tiempo, paseo y adiestramiento por parte de adoptante esto cambia y como escribí no todos son así, sino vean el caso de Circe que ella no se aleja de nosotros aunque esté suelta.

Cuando tomé el rol de mamá de los cachorros, por no tener tiempo para razonarlo, ni siquiera lo consideré, los eduqué como un adulto lo hace con un niño y vaya problema el que causé.  
Desde la primera semana se notaba quién era Alfa, y aunque un etólogo canino me dijo que no existen las hembras Alfa, sigo en la idea de que Keyla lo era, ¿es?  No sólo era la más grande, también se imponía ante sus hermanos, armaba y unía al grupito, lideraba con facilidad. No causaba problemas y de hecho se llevaba muy bien con Nova, la otra hembra quien era en extremo tímida y la segunda más pequeña de la camada.  Mimo y Perseo, eran más o menos del mismo tamaño (no tan grandes como Keyla) y competían entre sí.  Pero quien llevaba la peor parte era Gecko, el más pequeño de todos.  Él era dulce y tranquilo, por lo mismo en las trifulcas en el nido siempre salía volando, no lo dejaban comer, agarrar los juguetes y en los retozos paraba en líos con los demás.
No sabían competir por el mejor puesto para tomar la leche ya que fueron criados con biberón, no hubo mamá canina que les diera una reprimenda y en cuanto ellos comenzaron a movilizarse y ver el mundo por si mismos, usaban toda la fuerza que tenían.   No me pareció justo y comencé a regañarlos y separarlos en situaciones que normalmente la madre sólo les hubiera dejado aprender o si mucho, a darles un hocicazo para calmarlos.

Entonces lo que logré fue que nunca aprendieran cuándo detenerse, abstenerse y terminar la pelea.  Convertí a todos mis cachorros en dominantes, con conflictos fraternales sin resolver.   La parte más difícil (me lo explicó el mismo etólogo) es que al ser de la misma edad siempre necesitarían demostrar su autoridad ante el otro.   Y para rematar en mis errores, los sobreprotegí.  No dejé que interactuaran con otros perros más que entre ellos, me daba miedo que los lastimaran o les contagiaran alguna enfermedad.  Cuando miraba otros perritos de inmediato cargaba a mis chiquitos, como pudiera y esta es la mejor manera de evitarles la sociabilidad.   Ahora que ya están grandes he trabajado con ellos para adaptarlos al mundo real, un mundo en el que ellos no son los más fuertes pero los resultados son apreciables cuando están separados; unidos es como tener un grupito de combate.  Con otros perros son agresivos, pero no muerden a menos que se sientan agredidos, el problema es que con la manera en que ellos se acercan, intimidan y  reciben de respuesta gruñidos, ahí comienza el lío si lo permito.  Me imagino que por eso fue diferente con Circe, siendo de personalidad sumisa y acostumbrada a grupos de  perros en la calle, no le fue difícil aceptar la brusquedad de mis chiquitos. De ellos no recibió una sola mordida, varias reprimendas sí, pero sin daño físico.  Y ella no respondió agresivamente en ningún caso.

A los seis años las personalidades de mi hijos caninos ya están definidas y pueden apreciarse las diferencias de cómo nacieron y el resultado de la crianza.
Keyla, dejó de ser la perra Alfa, o al menos de demostrarlo cuando tenía tres años, creo que fue luego de una pelea con Nova de la que no fui testigo, pero un día al regresar del trabajo se notaba que habían peleado.  A partir de ese día es la más tranquila de todos.
Mimo, es dominante a pesar de que a él si le permitieron en su juventud interactuar con otros perros. 
Perseo, luego de cumplir su primer mes de vida, se convirtió en el perro más grande.  También fue dominante y bastante terco.
Nova, dejó de ser tímida y se convirtió en una diva; claro, nosotros la consentimos a más no poder.  Es dominante pasiva, posesiva y muy mandona.
Gecko, sí, yo lo malcrié, fue al que más sobreprotegí por ser tan chiquito.  Es dominante y contestón, a pesar que se comporta más agresivo que todos creo que todavía es más manejable que Perseo.

Por supuesto que todos son cariñosos, dulces con nosotros, les encanta tener visitas humanas, sólo tienen ese pequeño defecto que les conté,  pero como resumiría Freud (sin que tenga nada que ver con sus teorías): es culpa de la madre.

Hasta la próxima
Nova A.S.G.

sábado, 3 de agosto de 2013

Cuachuchitos cachorros II

Les dije que esta semana les contaría más sobre crianza de mis Cuachuchitos.  

Darles de comer a Mimo (vive con Cocky, su papá de sangre y su linda familia) y a Nova (a quien desde su primer día yo sabía que se quedaría en casa), era lo más tranquilo y dulce que uno podía realizar, tomaban su biberón como buenos cachorros, les sacaba el aire y los limpiaba, luego ellos seguían durmiendo.  Eran esas escenas de película, la experiencia  positiva total. 

Mi fallecido y amado Perseo, en cambio, había que despertarlo para que comiera, aún así prefería dormir y mejor si podía hacerlo entre la barba de mi esposo.  La primera vez que lo hizo pensé que se enfermaría, cada comida cuenta para un cachorro en especial cuando no está siendo alimentado por su madre natural.  No teníamos pensado quedarnos con todos y menos con los machos pero Persy escogió a mi esposo como su padre, como la compañía que deseaba para toda la vida y así fue.  Durante su vida fue un perro feliz, confidente y seguidor de Rk; si yo lo regañaba era como gritarle al viento y si me miraba enojada en verdad se iba a buscar a su papá y estoy segura que me sacaba la lengua.  Pero volviendo al relato, no, él no se enfermó y mientras lo alimentara Rk, Perseo no se perdió de otra comida.

Con Keyla la historia era otra.  Era la cachorra más loca que he visto para comer, me arañaba toda para agarrar la pacha.  Succionaba tan fuerte que movía el mamón y se regaba la leche, y si le hubiera dado más de lo que debía seguro se la toma para luego enfermarse.  El primer mes fue la más grande de la camada, muy activa y fuerte, me dio más trabajo que los demás. Pero por lo mismo no es fácil de olvidar cada momento que la alimenté.  Ahora es tan tranquila que no parece la misma cachorra, aunque con lo que respecta a comida de premio sigue siendo voraz. 

A Gecko, lo dejaba de último.  Era el más pequeño de todos, frágil es la palabra correcta para definirlo, y él sí se enfermó apenas entrando en la segunda semana bajo mis cuidados.  Esa vez, luego de limpiarlo, observé que no había evacuado; llamé al doctor y me dijo que lo observara durante ese día.  Una pacha más y nada, llamé de nuevo al doctor y le recetó una medicina de humanos, no funcionó.  En la noche una tercera pacha y el estómago de mi chiquito estaba inflamado, se notaba que el perrito estaba mal, que estaba estreñido.  Llamé de nuevo a la veterinaria para saber si me lo recibían a esa hora, mi médico fue sincero al decirme que sí lo podía llevar pero que el tratamiento básicamente sería el mismo que había recetado.  Luego me dijo:

—Recuerde que en las camadas no siempre se logran todos y siempre es el más pequeño el que no sobrevive, ese cachorro es muy pequeño en comparación de los demás y además tenemos que tomar en cuenta que no está siendo criado de forma natural, o sea con la madre.  Tráigalo o siga dándole la medicina y esperemos lo mejor para él.

Lo que él doctor decía es real, es parte de la naturaleza, me dolía mucho pensar que mi Geckito era la estadística.   Tanto esfuerzo y tratar de hacer lo mejor para ellos y yo había  fallado con ese cachorro.   Le di otra dosis de medicamento y lo coloqué en el nido, arrancamos el carro con Rk y fuimos a la farmacia en la que siempre comprábamos sin tener la menor idea de a qué íbamos.   Los que atendían eran dos hermanos, cordiales y dispuestos a ayudar; les contamos el caso y aunque ellos no sabían nada de curas para perros dijeron que la medicina que se le estaba dando era la que le daban a los niños en esos casos. 

Yo estaba desesperada, no sabía que más hacer, de repente mi cerebro se iluminó para hacer las preguntas correctas:

—¿Y qué le dan a los bebés? ¿Qué es lo usual que las mamás o las abuelitas les dan a los niños? ¿Tal vez que sea natural?

—¡Jugo de ciruela o el agua de ciruelas cocidas! —respondieron.

Ellos no tenían y de inmediato fuimos a conseguir tanto jugo como ciruelas.  Ya en casa me decidí por hervir las ciruelas, considerando que si no funcionaba usaría el jugo.   Esperé unos minutos a que el té se enfriara y le di a Gecko unas cucharadas.  El pobre tenía la pancita morada, consideré que no le quedaba mucho tiempo.  El agua de ciruela funcionó en pocos minutos y a mi perrito le regresó su color.  Le di un día más una cucharada del milagroso té para que su organismo se recobrara del todo y en 24 horas parecía que el cachorro nunca se había enfermado.

Mi Gecko ya no se convirtió en una estadística, pero ahora es un ejemplo de que no siempre debemos darnos por vencidos cuando nos digan que lo que sucede es lo normal.  Podemos cambiar la historia o al menos tratar, y aquí está él a mis pies mientras escribo.

Parece que fue ayer que mis cachorros cabían en mi mano.  Crecen rápido y si uno no presta atención se pierden momentos increíbles.  Cuando los comencé a llevar al jardín usaba una canasta que aún tengo como recuerdo en una mesa.   La veo y me lleva a esos momentos en que podía transportarlos a todos y por lo que me era más sencillo protegerlos.  También me recuerda el día que mientras la cargaba sentí que se tambaleaba porque ellos ya no se quedaban quietos, y entendí que una etapa terminaba y comenzaba otra.  


Mis chiquitos de un mes y tres días. La última vez que usé la canasta.


Gecko de un mes y medio, alimentado por Rk. 


Hasta la próxima
Nova A.S.G.

sábado, 30 de marzo de 2013

Estas son vacaciones



Sólo faltó una piscina para disfrutar con mis perrines, pero aún así ¡estas son vacaciones!  Las caminatas con mis niños caninos fueron más relajadas para ellos porque se les dejó sueltos por momentos (en áreas controladas).  Nos encontramos con algunos vecinos y sus perros, los pocos que no salieron. Ellos también aprovecharon el silencio y la falta de tránsito para pasar tiempo de calidad con sus caninos. 

Otros años durante estas vacaciones colocábamos  una piscina  en el jardín, esas infantiles que toman forma con el volumen del agua.   El que más disfrutaba era Perseo, le encantaba mojar a sus hermanos que se mantenían reticentes a la idea de entrar al agua y por ello más los molestaba.   La falta de Persy puede ser la razón por la que no lo hemos hecho; además, el calor a pesar de que ha sido fuerte aún no lo es tanto como para hacer la fiesta canina de piscina, hay un poco de viento y ellos ahora tienen siete años, tenemos que cuidarlos más.  Sin embargo no es difícil hacer feliz a un perro, una pelota, una buena corrida, explorar lugares, son maneras excelentes para complacerlos.  Ellos son felices y a uno se le olvidan las facturas, los horarios, los pendientes, eso es vacacionar.



Espero que ustedes también hayan tenido un buen descanso. 
Hasta la próxima,
Nova A.S.G.

Pd:
Por poco lo olvido otra vez. Después de leer y compartir este blog entren a sus cuentas  de Facebook, denle “me gusta” a la página de Super Can (www.facebook.com/msa.SuperCan) y luego entren al álbum:Una tonelada de amor (Si no logran abrirla desde este enlace hasta abajo les he copiado el link para que lo peguen) ahí escogen la fotografía de la asociación que desean apoyar y le dan “me gusta” también (la foto del inicio del álbum no vale, son cuatro las asociaciones participantes).  

A la asociación que tenga más “me gusta” le donarán concentrado, y este es necesario para los perritos rescatados.  Es sencillo colaborar.  Sólo valdrán los votos que tengan “me gusta” tanto en Super Can, como en la de la asociación.  Las votaciones terminan el 31 de marzo, no esperen.  ¡Nosotros ya votamos!

Ustedes toman la decisión de la asociación, lo importante es que lo hagan.  Enlace para entrar al álbum: 

viernes, 28 de septiembre de 2012

Ingenio canino II



Siguiendo con la historia de mis Cocker…

Greka aprendió a desfalcarnos con un arte sin igual como les conté en la anécdota: ingenio canino. Mientras tanto en esos mismos días, Musa, deseosa de complacernos y viendo los resultados de las acciones de la pequeña, también comenzó a entrar una que otra carta, pero en cuanto Greka se dio cuenta, le hizo saber (con su mal genio) que el puesto estaba ocupado y que no pensaba en compartirlo con nadie.  Así la carrera de courier de la negra Cocker quedó en el olvido y sólo algunas muy pocas veces, logró agarrar cartas que quedaban tiradas.

El pago del jamón por entrega de correspondencia no lo limitábamos a Cuca (Greka de cariño).  Les dábamos a las tres.  Ya sé, una hacía el trabajo pero no teníamos el corazón de negarles a las otras dos el delicioso bocadito.

Skippy,  entendió la razón, pero ella no estaba dispuesta a realizar trabajos para nadie y mucho menos de quitarle el protagonismo a su hija.  Nunca fue de llevar o traer excepto a su madre jalada de la oreja.  Sin embargo deseaba recibir su parte tan ansiosa como las otras dos, así que decidió convertirse en vocera. 
Cada vez que Greka entraba las cartas, Skippy ladraba y bailaba para llamar la atención.  Entre más rápido lo supiéramos, más rápido recibían el pago.

Ya ninguna de las tres vive, pero cada vez que entro una carta pienso en ellas.  Y me imagino que este aprendizaje queda en los genes porque mi adorado Perseo también lo intentaba, aunque cuando lo hacía, a los sobres siempre les faltó un pedazo. 
Ahora que él tampoco está, me he dado cuenta que alguno de los tres lo hace, porque las deja a medias gradas.  Aún no sé quién es, pero en algún momento lo averiguaré y les contaré.

Hasta una próxima.
Nova A.S.G.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Palabras sabias



Fuimos un día a la clínica veterinaria.  Llevamos a Perseo a revisión.  Entre la plática con el doctor, yo de boca floja me quejé a tono de broma: 
—Doctor, mire este perrito es súper travieso, está contestón y no me hace caso.  Es culpa de RK que lo consiente demasiado.

Entonces el doctor Viau, con gran sabiduría me respondió: 
—¿Y para que otra razón se tiene perro pues?

Aunque siempre he consentido a mis perritos, desde ese día pienso en esa frase, en la dulzura y sinceridad con la que el doctor respondió, esperando que la diga en toda oportunidad que tenga a los protectores de los pacientes que le llegan y que muchas más personas la acepten como un hecho.  
Y es que no podrían ser más ciertas esas palabras.  



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Recuerden que este 27 de septiembre se solicita la presencia de todas las personas que deseen apoyar para que se apruebe la ley de protección de animales de compañía, frente al congreso.  Más información: http://www.guatepets.com/ENoticias.htm#Sept2012

sábado, 5 de mayo de 2012

Aurora

Margarita, está linda la mar, y el viento lleva esencia…
¡Ay no! Me equivoqué.  Cuando pienso en Aurora, este poema se me viene a la mente.  Tal vez porque yo le decía:  ‹‹Aurorita, está linda la perra, y el viento, la primera vez que te vi, trajo tu esencia nada sutil.›› No muy agradable, pero así fue.
Mi esposo, un día, me comentó que una perra apareció en la entrada del aeropuerto.   Mestiza, delgada y vivaracha.  Asumimos que era de los alrededores y que pronto volvería a su hogar.   
Pasó una semana y la perra seguía allí, dormía bajo cualquier lugar cubierto que encontraba y se alimentaba de la basura o de lo que los turistas al entrar al aeropuerto le daban.  
Era cariñosa, al punto de zalamera, sabía que las personas de pelo claro y maletas eran los que sentían lástima por ella y era a los que más se les acercaba.

Un día que fui a dejar a mi esposo al trabajo, la vi, se acercó al automóvil (que conste que no tengo el pelo rubio) y comenzó a realizar todo tipo de gracias.  
—Bien, si te quieres venir, súbete —le dije, mientras le abría la puerta del carro.
Lo hizo, se sentó con delicadeza y con cara de: ¿Esto es secuestro o rescate? Pero se comportó como una experta copiloto.

Mientras la traía a casa, me puse a pensar en todas las posibilidades y en cómo reaccionarían mis perros. En ese entones sólo tenía a dos jóvenes y a Musa ya anciana.  La ventaja es que todavía disponía de un pequeño patio separado del resto de los perros y luego me las ingeniaría.

Los días pasaron, y Aurora (obvio que así la llamamos) se ganó a los demás perros.  Era una más de la manada, un solo problema presentaba: No comía. ¡Se hartaba! Lo de ella, lo de los demás, lo que fuera.
Así que tuve que realizar cambios en la alimentación de los demás, durante el día se le dejaba entrar y en la noche se le sacaba para alimentarla en el espacio separado, y para que los otros también comieran adentro.  

Era una perra de tamaño mediano, no ladraba, esperaba a que uno la sacara a hacer sus necesidades, era tan ideal para cualquier casa y hasta apartamento, no era traviesa, ella era un amor, además la habíamos castrado.  Pero a pesar de todas sus virtudes, nadie la adoptaba. Las personas lo único que veían era una perra mestiza, la típica callejera.

A los siete meses de albergarla, le dije: No le demos más vueltas al asunto, te quedas en casa y ya.

Parece que me entendió, porque a la mañana siguiente se impuso ante mi otra perra, la agredió para dar a conocer su autoridad.  Lo dejé pasar, son cosas de perros, me dije y punto.  Por la tarde de nuevo, a las horas se repitió.  Mi pequeña Nova, llegó al extremo de no pasar cerca de Aurora ya que de inmediato se le tiraba. En una de esas la hirió. 
Aurorita sabía pelear, defenderse y Nova, sin costumbre a las actitudes normales de un perro salía perdiendo, era con la única que tenía problemas.  
Dos semanas pasé en esas, manteniéndolas apartadas como quien tiene perros recién conocidos.  ¡No sabía que hacer!  Ya había llevado a Nova dos veces a la veterinaria para que la curaran.  
Una joven que conozco me dijo: Le había conseguido casa a Aurora pero como me dijo que ya no la daría no le avisé.
El hogar seguía disponible. Conocí al señor y en dónde vivía para asegurarme que la perra estaría bien.   

Entregué a Aurora con lágrimas, convenciendo a mis sentimientos que hacía lo mejor, no sólo para Nova, sino para Aurorita, para no tenerla que mantener encerrada.   

La perra se adaptó bien, adoraba a don Adolfo, su nuevo protector, y él no podía estar más feliz, hablaba con él semana a semana y así pasó casi tres meses.  
Luego un día que hablé con él, me dijo preocupado: —Aurora ha encontrado la manera de hacer hoyos y se sale a casa de los vecinos.  Hasta ahora no sabían porqué los pollos amanecían muertos pero ya vieron que es ella la que lo hace en la noche y regresa a casa por la madrugada.  No es por hambre ya que no se los come, es sólo por ir de cacería.  He pagado las travesuras que hace, pero la amenazaron con que la matarían, cosa que no deseo.  Así que, como me dijo que se la devolviera si no funcionaba, usted me dirá cuando la puedo ir a dejar.

Le pedí unos días en lo que le hacía un corral en casa de mi mamá, era lo último que quería, porque no podría cuidarla de igual manera que antes, pero tampoco quería que regresara a las andadas con Nova.

Días después don Adolfo me contactó de nuevo y me contó que tenía un hogar para Aurora, si yo estaba de acuerdo.  Fuimos a verlo, era un jardín amplio, tenían casa lista para la perra y los recursos para cuidarla.   Se fue para allá.  
Por casi año y medio supe que estaba bien, hasta que me dijeron que se había escapado por una rendija, se le buscó pero nada, Aurora se había esfumado.
A los dos meses el nuevo protector se bajó de un autobús y se sorprendió al ver a una perra similar a Aurora, al otro lado de la calle.  Se acercó a ella, y ¡sí!, era la escapista y traviesa Aurora.  Regresó con él.
Desde ese día la perra no se acerca a la cerca, parece que la calle no le atrae en lo absoluto y hasta dónde yo sé la perra sigue en su jardín.

Todavía a finales del año pasado supe de ella: —Está gorda, algo canosa pero cariñosa como siempre lo ha sido —me dijeron.


viernes, 30 de diciembre de 2011

Celebración de Año Nuevo

En lo que respecta al año nuevo y al año que está a punto de caducar soy infantil.  Los imagino como el sabio anciano a punto de retirarse y el joven inexperto que pronto gobernará.
Por eso, al comenzar a escribir el último tema de este año, me imaginé escribiendo sobre las tristezas que el anciano me causó con las muertes de las mascotas de la familia: Tillo (del que no escribí ya que no era un perro, ni siquiera una mascota convencional), Milagro, Perseo, y Musa, así como un par de rescatados: Oso y Laica II.  Pero para ser justa, también tendría que comentar las satisfacciones que tuve al ayudar a más de un perro (Horus, Beto, Chico y a otros por ahí). 
Sería aburrido, repetitivo y no sería del todo sincera, porque aún siento que el año 2011 me quedó debiendo.
Ya no puedo reclamar, el viejo se va y yo me quedo esperando a que tenga la decencia de avisarle al 2012, lo que le faltó redimir.  A no ser que, también le falle la memoria a estas alturas.

Y pensando en esos años que, uno cree que quedaron en deuda, recuerdo que tuve ya un año similar, fue cuando murió mi abuelita en un mes de noviembre.
El 31 de diciembre, mi madre no estaba para celebraciones y se acostó temprano. Yo no tenía edad suficiente para salir, ni las ganas; tampoco quería estar ahí, triste y recordando las festividades del año anterior.  Pero no tenía opción.
Las lágrimas seguían mojando mi cara, aunque nadie me oía llorar, lo evitaba.    La iluminación era una vela, me imagino que lo hice para no molestar a nadie.   Tenía una taza de ponche ya frío, mientras esperaba sentada en la cama, a que pasara el tiempo.
Vi el reloj una vez más y al mismo tiempo la cohetería resonó en las calles.  Era la media noche.   Consentida mi bella Cocker, de inmediato brincó a mis piernas para que la protegiera pero yo lo sentí como el mejor abrazo de Año Nuevo que jamás tuve.
El gato, celoso de la atención hacia Cony, también fue a rozarse en mi espalda.   Se ganó un par de lamidas (de la perra) y un gran abrazo de mi parte. 
Pasamos horas jugando en silencio, ellos me hicieron reír y olvidar, hasta que en algún momento me quedé dormida. 
Sé que a muchos no les parecerá gran cosa, pero es un grato recuerdo de cómo un gato y una perra iniciaron una celebración.


¡Feliz Año Nuevo 2012!

sábado, 17 de diciembre de 2011

¡Seis!

Hoy es el sexto cumpleaños de mis hijos caninos.   
Es extraño celebrar a tres y pensar en el faltante.   Él era el parrandero, le gustaba la bulla y los regalos, no se quedaba quieto y por eso el año pasado de todas las fotos no salió ninguna en la que estuvieran juntos.  
Es muy raro sonreír con lágrimas nostálgicas mientras recuerdo a Perseo.

Este año la celebración ha sido tranquila, pero les dedicamos todo el tiempo a ellos.   Llevar y traer para que les hicieran su corte de pelo, que buena falta les hacía.  Y aunque no los acompañamos como siempre, hubo que esperarlos mientras comenzaban a trabajarlos y los terminaban.  ¡Han quedado preciosos!
Se les ha dejado a que hagan la caminata a su paso: con prisa. Cosa que no entiendo ¿A dónde quieren llegar tan rápido?  
Se la han pasado a gusto, lo sé porque ahora duermen como angelitos roncadores.

No son los únicos cansados, nosotros los humanos también hemos quedado rendidos. Pero el mejor regalo de cumpleaños será el que viene en cuanto deje de escribir:  Anidar junto a ellos, como les gusta.


¡Feliz Cumpleaños Gecko, Keyla y Nova!

viernes, 24 de junio de 2011

Tristeza canina

Antes de vivirlo, no había pensado en cómo los perros se sentían luego de la muerte de un compañero canino.
Consentida fue la primera perra en mi casa que tuvo de compañía a su hija Skippy.  Cuando Cony murió, fui muy egoísta en pensar sólo en mi dolor y no razoné al principió el porqué de los cambios de humor que Skippy tenía.
Ya he relatado que esta perra fue el modelo del porqué a los Cocker Spaniels se les llama locos.  Ella iba más allá de la palabra traviesa, era destructiva.   Pero nunca pensé que su carácter podía empeorar.

Al morir su mamá, se ensañó con todo y todo el tiempo.  Desgarró cortinas, tiraba adornos y llegó al colmo de realizar sus necesidades dentro de casa, algo que no había hecho desde cachorra.   ¡Era frustrante!
Un día Rk llegó del trabajo y desde la calle escuchó los aullidos de Skippy.  Entró a casa enfadado pero en silencio para observar a la perra ¿Por qué aullaba?
El enojo se convirtió en lástima al ver que Puka (también así la llamábamos de cariño) estaba sentada al pie de la cama viendo la foto de su mamá que tenía al frente.  Ella sufría y nosotros no le dábamos consuelo.   Nuestra actitud cambió, prestamos más atención y la situación con Skippy mejoró en días, en especial cuando llegó Musa  
Cuando Greka, la mamá de mis Cuachuchitos murió, Skippy se dolió también, para entonces tenía catorce años y recién había sido operada de un tumor en el páncreas, pero esa vez se enfocó en cuidar de los cachorros, ellos tenían dos meses y me imagino que sabiéndose abuela  decidió compartir la maternidad de los huérfanos, conmigo.

Los Cuachuchitos no sintieron tan fuerte la pérdida de su mamá, ella no había podido cuidarlos debido a lo enferma que estaba y al estar tan jóvenes no reconocieron la muerte. Pero un año después, cuando Skippy murió a sus quince años,  la lloraron.  Perseo rascaba la tumba aullando y enseñándonos el lugar.  Nova entró en negación y los otros dos no quisieron salir al jardín.   Fue muy doloroso para nosotros, humanos, observarlos y no encontrar la manera de explicarles que así es la vida, en especial porque Puka ya era anciana.

Ahora con la muerte de Perseo son cuatro canes los dolientes.
Nova, de nuevo entró en negación, seguida de días de furia; todavía tiene sus momentos de mírame y no me toques y hasta de no me mires. 
Keyla, es más tranquila.  Se nota que extraña a su hermano pero no en cambios bruscos, casi se podría decir que acepta la muerte sin exagerada preocupación.
Musa, sin ver ni oír, estoy segura que olió que el perrito que más la cuidaba y quería, murió.  Aún así, lo busca por veces.  Ella, por la artritis no sube las gradas, igual se acerca a ellas a ladrar, para ser oída en el segundo nivel, sólo a él llamaba y sé que a él es a quien busca.
Gecko, el otro único macho, mi sorpresa más grande.   Se la pasaban compitiendo, siempre querían comer del mismo plato, marcar el mismo árbol (a veces sólo salían a marcarlo uno tras otro hasta que alguno se cansaba). Deseaban el mismo juguete, se gruñían y mantenían distancia uno del otro a excepciones de cuando pasaba el perro vecino y uno entraba a llamar al otro para que lo acompañara a ladrar.   Era una relación de me estorbas y caes mal pero te quiero.  Gecko es a quien la tristeza se le nota y mucho.   Come y por momentos se queda en espera de que lo empujen del plato, como no sucede se cambia de plato, luego se rinde y se echa en el cojín.  El uso de hueso limpia dientes ya no lo usa tan seguido, pareciera que no es gracioso que Perseo, quien esperaba a que terminara de usarlo, no esté.   Pero la mayor muestra de su pena son los juguetes.  Gecko juega un rato con ellos luego los lleva al jardín y los deja en donde Perseo está enterrado.  A veces se queda esperando ¿una respuesta? ¿Una acción? No sé.

Veo en mis perros, el reflejo de mis sentimientos ante la perdida de Perseo, pero no es que actúen así porque esa energía les transmito.  Ellos también han perdido a un ser amado.   Pero estoy consiente que de Rk y de mi depende que ellos sean felices y por eso los apoyamos con caminatas, juegos, amor y lo que podamos ofrecerles mientras aprendemos a entenderlos más. 

viernes, 17 de junio de 2011

...Cuatro

Una práctica que realizamos en casa, justo antes de salir, es contar los perros que tenemos a la vista.  A Musa no se le incluye en el conteo, desde hace unos años ella no se acerca a la puerta al menos que se le obligue con correa.  Será la ceguera, falta de fuerza por la edad o simple sensatez.  Así que sabemos que, a la hora de salir, Musa estará en su cojín o tomando el sol en el patio.  

Con los Cuachuchitos es otra historia.  No es que se escapen al ver la puerta abierta, es que tienen la costumbre de esconderse y quedarse encerrados en dormitorios o closets.   Entonces para evitar que se queden donde no deben, contamos y si alguno hace falta revisamos hasta encontrarlo y asegurarnos que está bien.

Uno, dos, tres.   Parte de mi sigue pensando en el número cuatro.   En una milésima de segundo pienso: ¿Y ahora en dónde se metió Perseo? Y en el mismo instante recuerdo que no debo buscarlo.   No tengo más un cuarteto de jóvenes Cockers.
El dolor que me ha causado la muerte de mi perrito regresa y la falta de sus ojos traviesos hace que los míos, no puedan contener las lágrimas.  

Mañana, tal vez, no lloraré tanto como ayer y sonreiré ante el recuerdo de sus malcriadeces, su ladrido ronco y sus movimientos felices.  

Uno, dos, tres…, en voz alta. Cuatro, pensaré. 






sábado, 11 de junio de 2011

+

El viernes pasado antes de ir a casa de Horus, llevamos a Perseo, uno de nuestros Cuachuchitos, al veterinario.
Tenía días de estar enfermo, no era raro en él, tenía problemas digestivos.  Se le dio su medicamento y tuvo cierta mejoría pero seguía extraño y por eso lo llevamos a revisión.
A simple vista, a pesar de lo decaído que estaba, la doctora nos indicó que entre todo lo que le pasaba, era normal su condición. Y para mejor diagnóstico le sacaron muestras de sangre.

El sábado por la mañana, la agitación que Perseo tenía era más fuerte, revisé sus ojos y encías.  Estaban pálidas, nuevo síntoma.  Lo primero que se me ocurrió fue hepatitis y sin terminar de pensarlo mí esposo y yo lo subimos al auto para llevarlo al hospital.   

Sólo cuatro cuadras faltaban para llegar, un par de minutos que se convirtieron en una eternidad cuando la vida me falló.   Nunca lo imaginé, aún puedo sentirlo acostado a mis pies esperándome a que termine de escribir.   Mi querido Perseo.

De nada sirvieron los intentos de resucitación, ni las mías mientras llegábamos, ni las del personal del hospital.  El equipo médico sólo demostró la falta de signos vitales.
Ni en un millón de años se me hubiera ocurrido que ese sábado, mi esposo y yo, íbamos a tener que escoger en qué parte del jardín colocaríamos el cuerpo de nuestro perrito.   
Persy Persy.  Mi siempre Perseo.

viernes, 11 de marzo de 2011

Cuachuchitos en Antigua

El domingo pasado en Antigua Guatemala se realizó la actividad: Un día con mi mejor amigo.   Agarramos a los Chuachuchitos y nos fuimos para allá. 

Hasta el momento es lo más lejos que los hemos llevado y no es por falta de ganas, es por la incomodidad de que son muchos para mantenerlos tranquilos.  Aún así, la pasamos bien. Ellos se comportaron como perros cosmopolitas para sorpresa de mi esposo y mía.  Automóviles bajaban la velocidad para felicitarnos por lo bonitos que se veían y los transeúntes igual.  Y sé que no es porque sean de una raza extraña, es porque llaman la atención por ser cuatro, caminando con la gracia que tienen los perros pequeños, con sus colas sincronizadas.

Fue un paseo normal, a excepción de que nos deteníamos a fotografiarlos, a agradecer los cumplidos y a observar las calles animadas por otras colas moviéndose.
Mucha gente asistió y aunque la mayoría de las personas respetaron la limpieza de la ciudad, no faltó el que dejó que su perro hiciera sus necesidades en la banqueta para continuar su camino sin limpiar; a pesar que personal de limpieza pasaba regalando bolsas plásticas para ese uso, la bolsa hasta tenía instrucciones: Meta la mano en la bolsa, recoja los desechos, de vuelta a la bolsa, hágale un nudo y deposítela en un basurero.
Uno pensaría que semejante explicación no es necesaria, pero…

Regresamos a casa, con los perros tan cansados como nosotros, con la diferencia de que ellos durmieron un par de horas y ya estaban listos para otra aventura.  Nosotros no, los humanos apoyábamos el sueño de Musa, que por su avanzada edad la dejamos en casa dormida y a quien encontramos en la misma posición, roncando, sin haberse enterado de la salida.
Los Cuachuchitos posando frente a la fuente del Parque Central.

Así se veían las calles en Antigua Guatemala, llenas de alegría canina.
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Este es un servicio social independiente de la anécdota anterior. Extraviados:
  • Perra Cocker Spaniel, responde al nombre de Honey se extravió el 20 de enero en Reformita, zona 12. Es color canela con parche blanco en el pecho.  Si tienen información el teléfono es: 55971809
  • Me contaron recién que un perrito de tamaño pequeño colocho y blanco (probablemente un Poodle) con collar azul, anda rondando la Iglesia Inmaculado Corazón de María (7 ave. al final del periférico zona 12) desde hace días. Ha de estar perdido porque se queda a dormir en la calle (trataron de agarrarlo pero no se dejó). Si alguien sabe quien busca un perro con estas señas avísenle.