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viernes, 1 de agosto de 2014

Quedaron seis

Los meses de crecimiento de mis cachorros, como he comentado en ocasiones anteriores, fueron difíciles.  Ellos me ponían más trabajo, pero también me causaban la alegría que necesitaba en especial con el fallecimiento de Greka.   También estaba Skippy, cumpliendo ese año sus 14 veranos y en esos días estaba convaleciente; si no recuerdo mal, aún le molestaba el derrame cerebral que había sufrido y del que todos creímos no se recuperaría.  Pero ella era fuerte.

Musa era joven aún, creo que tenía diez años, pero tanta enfermedad congénita la hacían ver y actuar como un perro anciano, mayor que la edad de Skippy.   No era de extrañar, ella fue una perrita comprada en una tienda de mascotas y luego adoptada por nosotros.  Entonces, el Internet no tenía el alcance en nuestro país como hoy en día y pocos sabían (o sabíamos) sobre las  “granjas de perro”.   Ahora, para quien no quiere investigar, la información está hasta en las redes sociales y en algún momento le llegará esa imagen de una asociación pro animalista que demuestre las razones del porqué no comprar.

Así que de ocho perros pasé a tener siete cuando murió Greka. Una convaleciente, otra eternamente enferma y cinco hermosos diablitos peludos que apenas dormían para recargarse y seguir jod… digo jugando.  Pero llegó el día en que los papás de Cocky, el padre de los Cuachuchitos llegarían a conocer a sus nietos y se llevarían a uno para convivir con ellos.  
Yo sabía que ese momento llegaría, se iría uno de mis Cuachuchitos, se me partía el corazón, no por preocupación sino por el dolor de que no iba a estar conmigo o al menos cerca.  Esta familia siempre fue responsable y amorosa con Cocky,  deseaban un nieto canino tanto como Rk y yo, el cuidado y amor que recibiría no era la causa de la aflicción.
Decidieron que se llevarían a un macho, el que era idéntico a su padre y por eso yo lo llamaba Junior.  Se me desgarró el corazón y lloré contar a sólo cuatro cachorros esa noche, no habría importado cuál hubiera sido, a todos los amaba y amo por igual. Todavía lo extraño.  Lo llamaron Mimo y me cuentan que sigue siendo muy malcriado porque tiene el mismo carácter que sus hermanos.   ¡Ya me imagino!  Acostumbrados a la apacible personalidad de Cocky, Mimo ha sido un reto, pero no importa, así lo aman.

A veces, darles una buena vida significa desprenderse y aunque sé que estaría muy bien viviendo conmigo habría sido difícil criar a 3 machos adolescentes mandones.  
Por eso entiendo cuando las personas me dicen: quiero tener un hijo de mi perrito. Sé la emoción que eso causa, la alegría que da. Pasé por eso y explico mi experiencia y en especial les hago saber cuánto perro abandonado hay hoy en día, mestizos o de raza, no se trata de convencer, sino que las personas sepan lo que sucede.  Y si aún están seguros de la idea, les recomiendo que se preparen a quedarse con la camada, porque muy pocas personas cuidarán a esos perritos como uno lo hace. En mi caso, prefiero no tener más nietos de mis Cuachuchitos que, más adelante enterarme que el hogar al que le daba 100 puntos quedó mal y lo abandonó o lo regaló a otros que no podrán darle lo necesario.  No voy a arriesgar vidas por darme un gusto. La gente cambia, muchos juran que aman a su perro como a su propia sangre y en un cambio de vida (se casan, tienen hijos, cambian de casa) resulta que esa frase era sólo un decir, más no su proceder.  Porque los amo y amaría a sus descendientes es que todos están esterilizados/castrados.
Sí no hubiera estado segura de la responsabilidad de los ahora papás de Mimo (Junior) y que tengo contacto con ellos (poco pero lo hay), es probable que mis historias fueran diferentes o que no estuviera escribiendo un blog, por falta de tiempo o porque entre todos los hermanos se habrían comido la computadora.
Así, de pronto, me quedaron seis.




Sea y haga feliz a su perro, disfrute cada momento con él o ella y colabore en la vida de un perro sin hogar.



Hasta la próxima
Nova A.S.G.


viernes, 14 de marzo de 2014

Cachorros tremendos

Los cachorros son tremendos, algunos –muy pocos- son tranquilos pero no es usual.  Por algo los primeros meses los perros se ven más tiernos que nunca y es para hipnotizar a las personas, haciendo que olvidemos los estragos que causan a su paso.  Aún así me encanta la idea de tener un cachorro.

Mis Cuachuchitos eran entretenidos y entrenados por tía Musa, abuela Skippy, mi esposo y yo; claro que la limpieza sólo la hacíamos los humanos.  Era mucho trabajo, porque cuando se terminaba de limpiar el piso por lo de un cachorro, los otros seguían dándonos más quehaceres.  Pero dejando a un lado los cuidados normales que se deben dar a un hogar, en especial con perros, lo que más nos ocupaba era estar pendientes de lo que encontraban para morder.  
En el jardín parecían cabras, lo que se movía lo mordían y lo que no, también.  A cada momento y con cada uno debíamos quitarles de la boca, grama, hojas y hasta piedras.   Se volvieron castores al mordisquear entre todos –en pequeños descuidos- un pequeño árbol de chopo.  Las matas de agapantos se convirtieron en fortalezas para unos y por eso debían de ser destruidas por los otros. Los peluches volaban por el jardín, por la sala, por la cocina; eran motivo de pelea y satisfacción al ser arrebatados.    Uno aullaba porque se lo quitaron, otro correteaba victorioso, y otro corría al vencedor para obtenerlo.   La canasta de los juguetes se convertía en propiedad de uno sólo y se metía adentro para evitar que sacaran algún peluche, luego los demás se unían y el cofre del tesoro (la canasta) era arrastrado, empujado, y volteado.  

Fueron lindos momentos, cansados, pero lindos.   Sí, la idea de convivir con cachorros no se me quita y en definitiva tendría más de uno, porque es más sencillo que gasten las  energías que tienen, entre ellos; pero será más adelante.   La responsabilidad es grande, alimento, gastos veterinarios y si necesitan corte de pelo, se incrementa el presupuesto.  Además con mis cuatro peludos apenas nos alcanza el tiempo, todos requieren atención y aunque han crecido siguen comportándose como cachorros juguetones.  





Sean felices, hagan felices a sus perros y colaboren en la vida de un perro sin hogar.


Hasta la próxima,
Nova A.S.G.


Pd.
La feria de adopciones de los días domingos en la Plaza Cristobal Colón continúa:para quienes usan Facebook este es el enlace del anuncio de la feria de adopciones:
https://www.facebook.com/pasosypedales

La lista de asociaciones la encontrarán aquí:
http://www.guatepets.com/Listaorg.htm

viernes, 28 de febrero de 2014

Juguetes para perros



Con los años hemos logrado tener una buena cantidad de juguetes, gracias a nuestros cuidadosos caninos. Quién diría que podían jugar con ellos sin destrozarlos.  Sí, hay algunos que están más remendados que una cobija creada por abuelitas, pero en general la mayoría a sobrevivido a esas edades en que destrozar es el motivo de vida de un cachorro, talvez porque arremetieron contra sillas y paredes pero eso es otra historia.

Más que escribir sobre el uso que les han dado, hoy me dedicaré a algunos de los juguetes que tuvieron nada aptos y que los describían como adecuados.  



El primero fue un peluche con forma de mapache, al tocarlo se sentía firme pero el relleno le permitía que pudiera doblar sus extremidades.  La verdad era un muñeco muy lindo y cuando lo compramos estaba en el área de mascotas y la etiqueta lo indicaba, aparte de las advertencias  que luego aprendí a entender que cuando dicen: “no es masticable, no se deje al alcance sin supervisión y está hecho con pequeñas partes que pueden ahogar”, entonces no se debe comprar.  Un juguete para perros es para ser mordido, para que se entretengan cuando uno no está y usualmente lo romperán y podrían tragarse algunos de los componentes.    Este peluche entró en las fauces de Skippy y duró algunos días intacto, hasta que un colmillo encontró el punto débil y comenzó a dejar regadas miles de pequeñas pelotitas de plástico.   Sentí interminable la limpieza y continué encontrando esas piezas por varios días, ante cada encuentro sólo pensaba: menos mal que no lo rompió mientras jugaba con la cabeza hacia arriba; como suelen hacer los perros al morder.



El segundo era un bello peluche hipopótamo color crema, el forro era suave y delicado.  Me encantó cuando lo toqué y no lo pensé dos veces al comprarlo.  La etiqueta era grande y se la quité antes de dárselo a Musa,  entonces se vio el plástico cocido en la cabeza.  Me pareció peligroso porque el pedazo transparente podría llamarle la atención para “despulgarlo” y por eso nunca se los di a mis perritas.  Creo que me tocó el juguete colado sin supervisar y sé que muchas veces los canes se entretienen con objetos más dañinos, pero no me arriesgué.



El peor de todos los juguetes, ahora que lo recuerdo, fue una tontera de mi parte comprarlo, no imaginar lo que podía suceder y agradezco que el incidente sucediera cuando estaba con ellos.   Era una especie de pelota, bueno, como una jaula redonda color rosa y adentro tenía un cascabel que atraía al juego.  Era de plástico pero no tan duro como para que un cachorro la rompiera ni tan suave como para que perdiera de inmediato la forma si la agarraban.  Un poco más grande que una pelota de tenis y creí  imposible, por el tamaño de mis cachorros, que en ese momento pudieran morderla y sólo podrían rodarla.    La puse en el nido y todos se volvieron locos de felicidad, corrían atrás de ella, la movían con la cabeza o las patitas.  Fue muy divertido.  Llegó la hora de la comida y entonces se las quité.  El cascabel no me terminaba de convencer, si estaba adentro significaba que podía sacarse y eso me ponía nerviosa, y pensé en dejarla con ellos sólo bajo mi cuidado.  Dos días más y continuaba el juego, el diseño decía ser para perros y parecía funcionar.   Como el cascabel me daba curiosidad la tomé para ver si el riesgo que imaginaba era real y jugueteando con la “pelota” en mis manos, en 10 minutos la bolita metálica se salió por uno de los espacios, posiblemente ampliado por el uso.   Me dio tristeza pensar que el sonido que les encantaba a mis Cuachuchitos ya no lo escucharían, pero estarían seguros y por eso no lo volví a colocar.  Un día después me sorprendí de que la falta no les importaba y que seguían jugando con el rosado juguete.  Esta vez cometí la imprudencia de dejárselos, porque ya no me preocupaba el cascabel.

La siguiente mañana mientras les preparaba su alimento, los fuertes aullidos de uno de los cachorros me asustó.  Subí más rápido que nunca y vi que la que aullaba aterrorizada era Nova y veía a su hermana. Keyla tenía trabado el juguete entre sus finos colmillos y se notaba asustada por no poder mover la mandíbula.  Me llevé a la perrita a otro dormitorio, los gritos de Nova nos ponían más nerviosas.  Me costó zafar a Keyla para no lastimarla, me preocupaba el dolor que sentía por tener la boca abierta por más de cinco minutos y mientras desenredaba sus dientes y colmillos trataba de pensar de qué otra manera podía quitársela sin dañar a mi cachorra; pero  entre la pequeña perra un poco más calmada al estar conmigo y la ayuda que le dí, no sé cómo,  soltó el juguete.

Regresé a Keyla al nido y se fue correteando y moviendo la cola para agarrar un peluche, pero se detuvo a ver a Nova al igual que todos sus hermanos, porque mi pequeña seguía gritando de la impresión.  La abracé por un buen rato y la consolé más de lo que me tocó hacer con su hermana. 



Poco a poco van aprendiendo porqué soy tan sobreprotectora con mis perritos, pero más importante es que ustedes, identifiquen por medio de mis experiencias los posibles peligros a los que los exponemos sin saberlo, y si ya lo sabían o hasta ahora lo saben, díganselo a otros para evitar accidentes y perritos heridos.





Sean felices, hagan feliz a su perro y colaboren en la vida de perros sin hogar.



Hasta la próxima,

Nova A.S.G.





Se me olvidaba, durante este mes de marzo del 2014, la Municipalidad de Guatemala con el apoyo de patrocinadores realizarán ferias de adopción de mascotas los días domingos en la Plaza Cristóbal Colón (frente a canal Fox, avenida Las Américas entre zona 13 y 14), cada domingo serán diferentes asociaciones las que se presentarán con algunos de sus adoptables,  2 de Marzo, las asociaciones presentes: Mascotas X Amor y AGMA.

Para quienes usan Facebook: www.facebook.com/Guatepets entre las publicaciones encontrarán la información.


viernes, 14 de febrero de 2014

Celebrando a mis caninos


La fecha 14 de febrero, más que sentir la celebración del Día del Cariño, desde que Consentida llegó a mi vida, significa para mí el cumpleaños de ella.  No nació ese día, ni siquiera me la dieron a mi en esa fecha; mi adorada Consuelo, Cony, Pupeta como también yo la llamaba o Consentida, como fue bautizada en la tarjeta con la que la entregaron a la familia que luego nos la dio, fue un regalo no solicitado; un regalo de San Valentín.
 
Yo era una niña, vivía justo al lado y jugaba con mi vecinita. Vi cuando el señor tocó el timbre, con mucho cariño entregó a esa adorable cachorra con moña y tarjeta a mi vecina, su ahijada, y se disculpó por haber llegado un día después del Día del Cariño.  Yo amé a esa perra desde ese día y aunque no podía estar junto a ella todo el tiempo como lo deseaba, me conformaba con verla unos minutos diariamente. 
Consentida era traviesa por su edad y raza, por eso para la Navidad de ese mismo año, ella ya vivía en mi casa, no la aguantó su primera familia, pero fue lo mejor que a ambas nos pudo pasar.

Como si fuera un bello recordatorio, Skippy nació el 16 de febrero, así que esos días quedaron marcados en el calendario de mi vida como celebraciones caninas hasta la fecha, aunque ellas ya no estén en este mundo.   Festejarlas se convirtió en algo normal e importante, porque conociendo el orden natural sabía que aunque las cuidara mucho no estarían a mi lado siempre. 
Mi bella Cony murió a los 13 años y luego de los problemas de salud de nuestra adorada Skippy, ni el veterinario, ni mi esposo y yo nos imaginamos que celebraríamos su cumpleaños número 14.   Problemas del corazón, operada por un horrible tumor apenas meses antes, con el inconveniente de la edad, pero ahí estaba ella sentada sobre la silla frente a la mesa esperando que se le diera algo delicioso de comer.  La acompañaban Musa y Greka, aunque mi chiquita sólo lo hizo por complacernos, porque nada de comida le llamaba la atención. Los Cuachuchitos rondaban la mesa, intentando subirse o en nuestros descuidos, mordiendo las sillas ante la frustración y porque eso hacen los cachorros.  Abrazamos a doña Skippy, la felicitamos y la mimamos como nunca.
Toda nuestra familia canina reunida, no podíamos desear más.
 
Musa, Skippy y Greka. Celebración de cumpleaños de Skippy


Creen bellos recuerdos, ese es el sentido de cualquier celebración y espero que hayan tenido un lindo Día del Cariño y la Amistad
Hagan feliz a su perro y colaboren en la vida de un perro sin hogar.


Hasta la próxima,
Nova A.S.G.

viernes, 24 de enero de 2014

Cuachuchitos lastimeros

Como les relaté la semana pasada, los Cuachuchitos nos manipulaban en todo momento.  Los sacaba al jardín mientras hacía la limpieza o para comenzar el entrenamiento de en dónde hacer sus necesidades.   Si no eran los gemidos y sus ojotes lastimeros los que me hacían caer en dejarlos entrar a los pocos minutos de sacarlos, era abuelita Skippy o tía Musa que solicitaba atención con el pretexto de que  tenía que salir. 
Las dos señoras Cocker se ponían ansiosas, caminaban de un lado para otro frente a la puerta, olfateaban el piso y podría jurar que con sus gestos me amenazaban con: ¡me abres la puerta o me orino aquí! 
Les abría, impidiendo el paso a los chiquitos, entonces las adultas Cocker caminaban un rato por la grama, me miraban para ver si yo las observaba y hacían unas gotas apenas.  Luego pedían entrar, pero en cuanto las dejaba, justo en la puerta se entretenían con algo o resultaba que no podían pasar porque en lugar de entrar derechas se ponían en diagonal para que tuviera que darles más espacio y así los cachorros se colaban.  

A Skippy no la dejaba afuera por su convalecencia, era una perra de 14 años con problemas del corazón, a Musa en cambio, sí la deje un par de veces y cuando entendió que no le abriría hasta que yo lo decidiera, aprendió a aullar junto a los cachorros.  De una forma u otra paré haciendo lo que los cachorros querían.  

Además,  quién puede dejar afuera por mucho tiempo a unos cachorros lastimeros como se ven en la fotografía.   Yo no.

Mis bellos Cuachuchitos.  En serio, el vidrio estaba limpio antes de que salieran.


Sean felices, hagan feliz a su perro, acepten y disfruten cuando sus perros los han manipulado porque significa que ellos son ingeniosos.  No olviden colaborar positivamente en la vida de un perro sin hogar.

Hasta la próxima,
Nova A.S.G.

viernes, 17 de enero de 2014

Cachorros con abuelita

Criábamos a los Cuachuchitos con todas las recomendaciones que el Veterinario nos había dado, además por previa experiencia con nuestras hijas caninas incluíamos reglas para que desde jóvenes aprendieran reglas básicas de comportamiento. 

La primera regla olvidada fue el no subirse a los muebles.  No pudimos con mi esposo ni contener a todos al mismo tiempo, ni contenernos nosotros mismos de tenerlos abrazados en el sillón y la cama.
En la que nos manteníamos firmes era en no darles de nuestra comida, por su salud y por la futura tranquilidad nuestra a la hora de comer.    Era difícil no caer en la tentación ante semejantes peluditos y además estar al tanto de las visitas que querían quebrar la regla.  Si son bebés y tienen ganas, decían. O: es que se me cayó de casualidad.   No nos caía en gracia como las personas creerían, porque lo hacíamos para bien de los cachorros. A Rk y a mi nos dolía el no darles a probar un bocadito de lo que estuviéramos comiendo y mis cachorros lo entendían porque nos manipulaban con lloriqueos y esos ojos enormes que saben poner cuando desean algo. Los aromas de la comida los volvían locos, no entendíamos el porqué de la ansiedad ante sabores que no conocían.  Sin embargo a pesar de todos nuestros cuidados ante la comida ellos continuaban solicitando y hasta exigiendo. 

Sé que los Cuachuchitos reconocían a Rk como un padre más consentidor, porque le pedían con más efusividad a él y hacían algo a lo que no le prestábamos importancia cuando estábamos cerca de ellos al terminar de comer: ellos llegaban con Rk y con la nariz le empujaban la quijada, a Skippy, la abuela canina, le hacían lo mismo.

Un día, tal vez estábamos más relajados y pusimos más atención o ese día Skippy  o los cachorros no fueron tan discretos como otras veces. A la abuelita Puka, por su edad y convalecencia de una operación de hacía unos meses, Rk la consentía al punto de prepararle un pequeño plato con “muestras de nuestra comida, lo sano preparado de manera sana.  Terminamos el almuerzo y como otras veces desde que estaban sus nietos, Skippy se levantó y fue al jardín. Entonces escuchamos que gimió muy suave, los Cuachuchitos nos dejaron en paz y salieron corriendo hacia ella, como también solían hacer pero sin tanta algarabía.  Fuimos detrás de ellos, algo malo podría haberle sucedido a Puka, pensamos y fue cuando vimos que ella estaba sentada frente a ellos y cada uno le empujaba la quijada, luego ella regurgitó sólo la comida (no el concentrado) y los cachorros comieron. Vimos la escena con el mismo asco que ustedes estarán sintiendo. Sí, nos pareció dulce el gesto de la abuelita de proporcionarles “lo rico y diferente”, pero poco deseable de ver, además podría afectar la salud de Skippy.  Desde ese día cuidamos de que no se repitiera, dudo que lo hayamos logrado al 100%.

Curioso fue que en esos días pasaban documentales de lobos y entonces una explicación nos interesó: “Las lobas regurgitan previo al destete para preparar a las crías en su futuro consumo de carne, los lobeznos estimulan a la madre frotando su hocico en el hocico de esta o lamiéndole la boca.  Esta acción no suele observarse en los perros domésticos, pero en sus genes está grabado el comportamiento de sus ancestros, por lo cual si una perra no posee suficiente leche no es de extrañar que este recurso sería utilizado para alimentar a sus cachorros.”

Mi bella Skippy, cuidando a sus nietos de la única manera que el cuerpo le proporcionaba y los nietos mañosos aprovechándose de la memoria genética.   

Abuelita Skippy jugando con Perseo.



Sean felices junto a sus perros y ayuden a un perro sin hogar.

Hasta la próxima,
Nova A.S.G.

viernes, 13 de diciembre de 2013

La mejor medicina

El lunes mis hijos caninos, los Cockercitos, cumplirán ocho años.  Yo aún los veo como cachorros aunque en sus ojos se nota la sabiduría que han obtenido de la vida.  Así es con los hijos, veo a mi madre mirarme como en mis primeros recuerdos y yo lo hago igual con mis perritos.  Siempre serán mis cachorros. Aunque adultos,  no puedo evitar recordarlos como en sus primeros meses, cuando mis pequeños Cuachuchitos crecían y descubrían el mundo a su manera.

Desde que nacieron hay un momento que, cuando armamos el árbol, se me viene a la mente. Era la última semana de enero y aún no habíamos quitado el árbol de Navidad.  Podría  tratar de engañarlos diciendo que fue por tanto trabajo inesperado,  atender a Skippy que estaba convaleciente de una fuerte enfermedad, cuidar a Greka por su depresión que no fue diagnosticada sino hasta después de su muerte y criar a los cinco peludos terremotos, porque no tenían madre canina que lo hiciera; pero no, la decoración navideña estaba para quitar la pesadez a los días de un Año Nuevo.   Era como exprimir la poca esencia navideña que quedaba en los adornos y las pascuas aún con flores. 

Hacía unos pocos minutos que había visto a los cachorros corretear en el jardín cargando peluches que eran más grandes que ellos y mordisqueando a Musa cuando pasaba cerca.   Vi el árbol y sabiendo que el fin de semana que se acercaba sería la despedida de este, me senté en el piso para observar cada detalle, recordando que lo armamos antes que los Cockercitos nacieran.   Pensé en todas las ideas que tenía cuando colocamos los adornos, me dio nostalgia que a pesar de tener a mis chiquitos, Greka estaba muy enferma.   Recordé que todavía llevamos a Skippy a ver las luces en la calle y que estando convaleciente  se emocionó al verlas.   Parecía que había sido mucho tiempo atrás, que cada día fueron semanas, pero sólo eran menos de dos meses los que me separaban del recuerdo y del presente.  Estaba absorta en mis penas y reflexiones, cuando las ramas del árbol se sacudieron con fuerza. ¡Fue un gran susto el que me llevé! por el inesperado e inexplicable movimiento y sin tiempo de razonar un porqué, los cachorritos salieron de abajo del árbol abalanzándose sobre mí para lamerme y mordisquear mis piernas.   Verme en el suelo era señal de conquista y nunca desaprovechaban una oportunidad.    ¡Mi día cambió! la tristeza se fue ante las risas y caricias que me dieron mis peluditos traviesos, a los que aún podía cargar en una mano.

Ellos son la mejor medicina ante cualquier dolencia, pero ahora debo tener cuidado porque, aunque crecieron siguen tirándose sobre mí, además Circe los copia y ella pesa por dos.  
¡Imagínense lo que pasé una vez que me operaron y los chiquitos decidieron aliviarme!

Hagan el bien, sean felices junto a sus perros  y ayuden a una mascota sin hogar.

Hasta la próxima
Nova A.S.G.

viernes, 20 de septiembre de 2013

La perseverancia de Gecko

Como he relatado en ocasiones anteriores, Gecko fue el más pequeño de la camada pero  también el más perseverante, al punto de obcecado.  Se creería que por su tamaño fue el último en aprender o realizar ciertas actividades, sin embargo para todo él era el primero. 

En casa, la entrada canina desde el jardín tenía (ahora sólo es una) dos pequeñas gradas de no más de diez centímetros cada una y tienen que cruzar una “puerta” colgante plástica.  Todo un reto para unos cachorros que apenas corrían sin tropezarse.   La altura era suficiente como para no preocuparme de que entraran sin mi permiso, ni siquiera les llamaba la atención mordisquearla que fue lo que pensé que harían.   Un día Gecko me sorprendió, estaba llorando a media sala, el único adentro y se sentía solo.   

Luego de varios días de realizar el ritual de sacarlo de regreso a que jugara con los demás en el jardín, observé que Gecko comenzaba a esperar a sus hermanos con medio cuerpo afuera, y medio adentro; así les enseñó la mágica puerta que los llevaba a los magníficos y gigantescos juguetes para morder dentro de la casa: las sillas, los sillones y todo aquello que encontraran a su paso.

A partir de ese día fue imposible dejarlos afuera por ratos como solía hacer, si cerraba el paso se ponían a llorar al unísono de una manera que le sacarían lágrimas a una piedra y aunque quería que aprendieran a obedecer no debía estimular a que lloraran cuanto quisieran, no a todos les causa ternura; otros podrían creer, a lo lejos, que estaban siendo mal cuidados; y hay quienes no gustan de los animales y el gimoteo de cinco cachorros podrían molestarlos.   ¡El jardín y el primer piso fueron conquistados!

Ellos entraban y salían, olfateaban, jugueteaban y de cuando en cuando lloraban para llamarme, cuando yo estaba en el segundo nivel.  Eso era lo que querían, estar conmigo todo el tiempo, pero por más que yo también lo deseaba no dejaría que me manipularan y más aún que se volvieran dependientes de estar cerca de un humano, se tenían unos a otros y para ciertos momentos eso debía ser suficiente para que la pasaran bien.  Como la altura de cada grada es de unos 30 centímetros, creí que tendría unos veinte días más en lo que ellos crecían y comenzaban sus intentos de subirlas.

Una semana y empezamos a ejercitarnos.   Gecko subía dos gradas y se daba cuenta de que no podía más, se sentía perdido al igual que el valor de bajar y Rk o yo teníamos que bajar a regresarlo a la sala con los demás.    Fuimos testigos el día que logró subirlas todas y ese fue el fin de nuestro imperio humano porque los demás se echaron a la conquista de las alturas. 

Pero esa valentía que Gecko demostró también fue forjada, con cada primer paso infructuoso que dio, en un segundo y tercer intento recibió ayuda.  No se imaginarán de quiénes: abuela Skippy y tía Musa.  Las vimos ante cada triunfo de Gecko,  lo apoyaron, una de un lado de la puerta y la otra del otro.   Una arrinconándolo hacia la pared de las gradas y la otra con la nariz  empujándolo para que lograra subir, una y otra vez.  Fue sorprendente ver a las ancianas enseñando a un cachorro a realizar las actividades que ellas hacían.   Más interesante fue que a quien ayudaron fue al más pequeño y no a los demás. 

¿Estaban conscientes del tamaño o de la perseverancia del cachorro?  Podrían ser ambas las razones, pero también tengo que agregar que más que enseñarlo lo que hicieron fue consentirlo, permitiéndole hacer lo que él deseaba.   Gecko fue y es el más mimado, esa carita tierna todavía engaña a todos, incluyéndome. 

Esa es la razón por la que es tan malcriado, pero es un dulce y sabe qué cara poner para conseguir lo que quiere.   Todos sabemos que nos manipula, pero ninguno se atreve a detenerlo. ¿Por qué lo haríamos? Él es feliz y nosotros también.

Gecko recibiendo la sabiduría de su abuela Skippy.


No olviden compartir con su perro y ayudar a uno sin hogar.  Si quieren ideas de cómo hacerlo les dejo un enlace, de uno de los muchos casos aquí en Guatemala:






Hasta la próxima

Nova A.S.G.

sábado, 22 de junio de 2013

Corazón de León

Lean, aprendan y comparen para cuando se les presente un momento, un síntoma como el que les contaré.

Esa mañana me quedé en casa, no tuve que ir a trabajar y todo estaba normal.  Musa, Greka y Skippy tomaron el sol como siempre.   Me recosté en el sillón un rato y Skippy fue a sentarse a mi lado.  Me vio con sus ojos llenos de experiencia y le pregunté qué quería.  Buscó comodidad sin darme más detalle y se echó.  Lo recuerdo bien, porque luego, muchas veces, pensé y repensé en ese día por si algo se me había pasado por alto.

Aún temprano por la tarde Rk me dijo: Puka está enferma.   ¿Qué? , le pregunté sin observar.  Sus ojos se le están trabando, se le están volteando ¡mira!
Nunca vi algo semejante, un ojo se iba para atrás y el otro de lado a lado con extrema velocidad.  De inmediato fuimos al veterinario. 

El doctor diagnosticó que la perra había sufrido un derrame cerebral.   Para cuando llegamos, Puky (Skippy) presentaba parálisis y síntomas como si estuviera en estado de shock.  Los daños eran severos y debía quedarse internada.  El doctor fue claro: “Entre el daño y la edad no tiene muchas posibilidades a su favor, haremos lo posible pero deben prepararse para lo peor.  Las próximas 24 horas son decisivas.”

Nos fuimos desesperanzados, aunque estábamos deseosos por su recuperación era difícil mantener una actitud positiva ante la realidad, ella tenía más de doce años y su madre padeció del corazón.  

Un día después Skippy estaba estable, pero las posibilidades que tenía de sobrevivir eran del 50%.  Luego de irnos el día anterior había sufrido un segundo ataque, aunque no se repitieron en las horas posteriores.  La recomendación era que no llegáramos a verla, era demasiada ansiedad en su estado.   ¿Se imaginan no poder ver al ser que aman pensando en que no tendrán la oportunidad de verlo vivo de nuevo?

Pasamos tres días sin poder ver a nuestra bella Skippy, al cuarto nos permitieron visitarla por un momento.  Ella estaba echada, casi no se movió.  La acaricié pero la sentí lejana, tal vez porque nunca la había visto tan enferma.   Tenía la almohada que le llevamos y su juguete para que sintiera los olores familiares, pero ella estaba ida.   Nos despedimos, entonces fue cuando ella me vio de forma enojada, quise acariciar su cabeza pero no se dejó y me gruñó.  ¡Jamás ella me había gruñido y me dolió más que si me hubiera mordido!   Salí llorando, pensé que el derrame había afectado su memoria, aunque con Rk se portó indiferente.

No sé si la dieron de alta al quinto o sexto día, sólo sé que  partir de ese día tomó por el resto de su vida medicamento para la presión. Al entregárnosla el doctor nos dijo: ¡Qué chucha tan fuerte!   
Y en cuanto la sacaron del kennel y la cargué para llevarla al auto, la actitud de Spuka cambió, de nuevo era mi hija.  Sólo estuvo molesta porque la habíamos dejado antes.

La salida del hospital fue posible porque el riesgo de otros ataques era menor, su presión estaba controlada y visualmente estaba normal, sin embargo las consecuencias de los primeros estaban presentes: apenas podía levantarse por si sola, se iba para un lado, no podía abrir la boca del todo y por eso no podía masticar.  El doctor nos dijo que no se repondría mucho más de lo que ya estaba, pero así suele ser en esos casos.

Los siguientes días fueron cansados, no es sencillo hacer que un perro que está acostumbrado a brincotear por toda la casa haga reposo.   La razón para que estuviera viva era para que estuviera con nosotros, así que teníamos que cargarla para bajar y subir las gradas, los muebles, la cama; llevarla a hacer sus necesidades y alimentarla con comida especial.   Ella intentaba hacerlo por si sola pero su cuerpo no respondía… al menos las primeras semanas.  Luego comenzó a caminar mejor, se nos escapaba para subir las gradas sin nuestra ayuda y cuando podía se robaba el concentrado de las otras y no comía el paté especial.   Esto último le era difícil, su boca seguía limitándola. 

Una tarde llevamos pizza, Musa y Greka saltaban emocionadas, Skippy sólo caminaba de lado a lado para demostrar su entusiasmo. Ella deseaba un pedazo de pizza, babeaba y aspiraba el olor de ajos y tomate absorbidos por el queso derretido, se estaba volviendo loca y trataba de ladrar pero su hocico trabado no se lo permitía.  Entonces la sorpresa, su deseo fue más fuerte que su dolencia y ladró, ladró y continuó ladrando con triunfo y fuerza.  

Desde ese día la apodé Skippy Corazón de León, por guerrera. Ella se recuperó casi por completo luego de ladrar, un detalle la delataba y era que su cabeza se iba un poco para un lado pero por lo demás su vida siguió como era antes del derrame.

Así era Skippy, bella, fuerte y perseverante.


viernes, 26 de abril de 2013

La mudanza

La casa en donde vivíamos recién casados con Rk fue construida a gusto propio, al menos el que pudimos pagar.  No era grande y el jardín tampoco pero las paredes que nos separaban de las vecindades eran altas, en serio, altas; así que teníamos mucha privacidad y ante todo yo sentía que mis hijas caninas estaban seguras en cuestiones de vecinos que no gustaran de los perros. Pero, todo tiene un imperfecto y en el caso de la casa, era el frente, por la cuadra y por los amantes de lo ajeno.
Mi mayor pena era que sucediera lo que había pasado en la casa de mi madre a la vecindad antes del robo, imagínense la preocupación que sentí al ver que sí podía pasar. 
Pocos meses después se presentó una oportunidad y la tomamos sin medir otra consecuencia más que la vivir seguros con nuestras perritas, y la tomamos.  Cambiamos una preocupación por otra pero esta explicación no es tema de este blog.

Nos mudamos con ilusión por lo nuevo y con tristeza por la antigua casa.  En el proceso de adaptación, la inquietud de la poca privacidad que tendría por paredes de altura normal entre jardines vecinos, me hacía dudar.  También el hecho de que no hay portones, eso significaba menos espacio de libertad para mis hijas caninas.   Pero resultó que sólo eran ideas mías, las perras se preocuparon de ver en donde colocábamos la cama y se echaron a dormir. 
Pensando en Skippy, Musa, Greka y cualquier otro perrito que tuviéramos en el futuro, más la nostalgia de la casa que dejamos, imaginaba posibles problemas, el balcón: se tirarían; al ser un lugar nuevo: ladrarían; que era posible ver por una ventana hacia la calle: ansiedad; y otros detalles como esos.   Al pensar en cada posibilidad también ideaba una solución.   Me adelantaba a los hechos pero más valía prevenir.

Sembramos árboles de poca raíz que servirían de cerco de altura, estos han crecido y no nos dieron la privacidad que soñaba, pero sí la suficiente y el sonido de los Chopos movidos por el viento nos da una paz a todos que no planeamos.  El diminuto balcón no era tan peligroso como pensaba y tanto las perras originales que se mudaron con nosotros, como los que han crecido aquí,  encontraron en él un espacio para divagarse.  A la ventanita se le recubrió con una pantalla que le da un toque decorativo y no invita a observar desde ella.
Mis perras estaban tan tranquilas con la mudanza que mis vecinos se enteraron de que teníamos perros casi un año después y eso que ninguna familia de las casas que nos rodean tiene mascotas.

Con los años han surgido pequeñeces que fuimos solucionando conforme se presentaron, y han sido más que todo para evitar ansiedades a mis caninos.  Perros tranquilos y felices, vecinos satisfechos.  

Y como en otros días, mientras yo escribo los coludos se dedican a tomar el fresco en el otro balcón que queda a pocos pasos de mi escritorio, esperando a que me les una. Así que con permiso, hasta una próxima




Nova A.S.G.

viernes, 19 de abril de 2013

Reeducación

Mi dulce Grekita,  consentida y amada por todos; al fin y al cabo era la más pequeña y por eso la tratábamos como una princesa, humanos y perras.  Pero Greka no era una princesa soberbia, la Cocker tenía una educación innata que hizo que nosotros, sus padres humanos, nos avergonzáramos de nuestro comportamiento.

Sería la familiaridad, las prisas, la juventud, qué sé yo, pero en algún momento perdimos la costumbre de darnos las gracias al terminar de comer y eso que estábamos recién casados. Sólo nos sucedía en privado y no nos hubiéramos percatado de no ser por Greka.  Como siempre (luego de aprender por Grekita que así debía ser) a nuestras perritas les manteníamos sus platos servidos, y cuando nos sentábamos a comer ella también lo hacía.  Terminábamos, recogíamos la mesa y también la pequeña Cocker, se alejaba de la comida, tomaba agua y se acercaba a cada uno de nosotros, llamaba nuestra atención con suaves ladridos hasta que la cargábamos o nos postrábamos ante ella y entonces nos daba una suave lamida.  Rk, Skippy, Musa y yo recibíamos las gratitudes de nuestra consentida.

Un día Rk me dijo: ¿ya te diste cuenta? ¡Greka da las gracias y nosotros no! 
Por supuesto que desde ese momento volvimos a la regla básica.  Una vez más nuestras hijas caninas nos reeducaban.  Cukita (Greka) es ahora un angelito, pero sus educados genes sobrepasaron la muerte, porque sus hijos han sido igual de formales y agradecidos.

Menos mal tuvimos la suerte de tener una encantadora de humanos, y a sus hijos como hermosos recordatorios.

viernes, 11 de enero de 2013

Perras mentoladas

Trato de llevar las anécdotas cronológicamente, sin embargo algunas se me pasan así como sucedió con esta historia.
 
Fuimos a comprar gaseosas y golosinas con Rk a la gasolinera, no quedaba lejos pero era noche y para darles una vuelta nos llevamos a las perras.
De regreso, Consentida estaba acomodada en el sillón junto al freno de mano y Skippy  iba sentada en mis piernas. Para hacerles larga la salida mi novio dio un par de vueltas más a las cuadras y entonces comenzamos a sentir olor a menta.  Un poco primero y luego el aroma envolvió la cabina del pick up.  Nos agarró desprevenidos y pensamos que era en la calle y que se colaba por los ventiladores.
 
El intenso olor nos causaba curiosidad, Puka (Skippy) se agachaba para oler a su mamá, Rk me comentaba que seguramente alguna fábrica de dulces cercana preparaba la deliciosa mezcla y yo  preguntaba en dónde era ya que nunca antes se había sentido.  Cony (Consentida) seguía en la misma posición, muy tranquilita y callada. 
De repente se escuchó un crujido.  ¿Sería del carro? Nuestro primer instantáneo pensamiento que se desvanecía por el mentolado olor que se intensificaba. 
Todo fue en menos de tres segundos: sonido, ¿carro?, olor y caer en la cuenta de que Cony masticaba dulces encontrados y recién robados de la cajuelita cerca al freno de mano.
La muy mañosa sabía lo que hacía, y por eso el silencio, sin embargo por la emoción, la mordida la había delatado.  Al llegar a casa nos habríamos dado cuenta, pero aún así nos vio la cara por un buen rato. 
 
Regañamos a Cony, le quité de su alcance los dulces que quedaban y tan concentrada estaba en amonestarla verbalmente porque ya se había comido dos, según la evidencia de los envoltorios tirados, que no me fijé cuando Skippy me robó uno de los dulces, hasta que escuché la lucha que tenía con el papelito.  
 
Esa noche, mi pobre Puka se quedó con el antojo,  Consentida, regañada pero con el mejor de los alientos y nosotros (los racionales humanos) nos sentimos tontos, tantas conjeturas y pasar por alto lo obvio.

viernes, 4 de enero de 2013

El despertar

Este es un buen tema para que sea el primero del año. 
 
Skippy era… bueno era Skippy.  Ella no paraba nunca, hacía lo que quería y a su manera; pero como todo Cocker: enérgica y jovial.
Meses después que la mamá, Consentida, muriera, una noche llegó nuestro grupo de amigos.  Bromas, risas, plática amena; esas reuniones que se dan porque sí.   Puka (Skippy) adoraba esos momentos, ella creía que llegaban a visitarla y se sentaba junto a uno u otro para compartir con todos.   En ese entonces sólo teníamos a Skippy y a Musa, esta última era más tranquila y siempre encontraba al invitado ideal para reclamarlo como suyo hasta que se despidiera. 
 
Esa noche Puka, luego se juguetear con todos se sentó en mis piernas. No sé si sería que era tarde o fue que el silencio también llegó de visita por un minuto, pero a la media noche, la manecilla del segundero del reloj que siempre había estado en la misma pared, aunque suave se escuchó: tic, tic, tic.    Skippy notó por primera vez el reloj y sorprendida por su descubrimiento siguió la manecilla con la mirada.  
No sé cómo, por qué o de qué siquiera, pero podría jurar que en ese instante mi Cocker tuvo un despertar.
 
A partir de entonces mi perrita comenzó a observar cada detalle que había en la casa, adornos, cuadros y formas; prestaba atención a las acciones que uno realizaba y las consecuencias que estas generaban: botón en pared, luz prendida o apagada en el techo; botón en pequeño aparato de mueble, música; y todos esos pequeños detalles de la vida cotidiana que a uno no le importan.



Ella salía al jardín con cuidado, no con la misma despreocupación de antes, Puka ahora caminaba muy despacio para cruzar la grama y tomar el sol y así evitaba que los coronaditos se espantaran mientras estos descansaban en el arbusto de mirra.   Si acaso no había pájaros, se acercaba a las flores y las olfateaba con ternura.


 
De cuando en cuando miraba el reloj y observaba de nuevo las manecillas.   Se quedaba pensativa y cómo si ese movimiento le indicara algo, al terminar sus meditaciones corría a uno de nosotros para que la acariciáramos. 
 
Puka siguió siendo traviesa, pero parecía más feliz, como dispuesta a que cada tic del segundero le diera satisfacciones.   Así de fabulosa fue mi tremenda y romántica Skippy.




 

viernes, 21 de diciembre de 2012

Cuento de navidad con perros


Terminaba de preparar el ponche una Noche Buena.  Esperábamos, como era usual en ese tiempo (todos nuestros hermanos eran solteros) a la familia completa.   Coloqué en algunas mesas, con anticipación, dulces, manzanas, uvas y nueces en bandejas; para completar el decorado visual y que los invitados degustaran lo que desearan mientras llegaba el momento de la cena.
En la mesa del comedor era en donde había de todo un poco, desde la cocina la vi y recordé que iba a colocar unas velas rojas para completar la imagen navideña que tenía en mente.  Al acercarme noté que no había puesto angelitos en una dulcera que estaba vacía.  Fui por unos cuantos y me aseguré de que todo estaba dispuesto a mis deseos.
 
Mis hermanas, apenas adolescentes, fueron las primeras en llegar.  Como buena anfitriona, les serví ponche y les dije que comieran lo que quisieran.  Ellas se sentaron y sin tener más por hacer se dedicaron a acariciar a las perras.   Greka y Musa se deleitaban, sobadita de pancita, de lomo, de carita, intercambiaban a las niñas y que prosiguieran.  Se levantaban un rato, chequeaban la cocina por aquello de que hubiera qué comer y regresaban.   A Skippy la veía corretear, pasaba husmeando a mis hermanas, subía, regresaba, se echaba un rato y comenzaba de nuevo con su propio juego.
Pregunté si deseaban algo más, y desde la sala me respondieron que no. Revisé bandejas y dulceras por si faltaba algo y vi que en el comedor que no había angelitos.  Puse otros cuantos en el plato y seguí en la cocina.  

Unos minutos después repetí la pregunta y revisión respectiva.  La misma respuesta y de nuevo la falta de angelitos, era lo único que faltaba.  Me pareció extraño porque en la mesa de centro, la dulcera con los coloridos y pequeños marshmallows seguía intacta; entonces por qué mis hermanas iban al comedor. ¿Acaso daban los cuatro pasos para la sala se viera perfecta?  No pude evitar la curiosidad y les pregunté: ¿Por qué se están comiendo los del comedor y no los que tienen enfrente?  Mis hermanas se vieron confusas y contestaron que ellas no estaban ni siquiera comiendo dulces en ese momento.    Ellas son gemelas y tienen sus cosas, así que asumí que era algo de ellas.  Tal vez una le escondía a la otra que estaba consumiendo angelitos por molestar.  Esta vez llené la dulcera, así tardarían más.  En todo ese tiempo mis perritas seguían siendo acariciadas y la otra correteando, así era Skippy, nada inusual.
 
Llegó mi esposo y le comenté la “desaparición” de los angelitos.  Ellas así son, me respondió, mejor dales la bolsa.   Era una buena idea y se las entregué.  Pero nosotros no estamos comiendo, me dijeron; de todas formas la recibieron.  Un momento después, el timbre de la puerta sonó y les pedí que abrieran.  Me volteé hacia el comedor y ahí estaba Skippy, muy cuidadosa, robando angelitos.  
Fue una buena celebración familiar, una comida tranquila, la pequeña casa oliendo a ponche, comentarios y risas por la supuesta culpabilidad de mis hermanas debido a nuestra ladrona Skippy. 
 
Los regalos se abrieron, todos se fueron, Musa y Greka quedaron rendidas ante tanta caricia y durmieron a pierna suelta.  Skippy creo que espantó a Santa Claus porque ella corría y  luego de asegurarme de que no le pasaba nada más y quedarme dormida, ella siguió correteando.

¡Feliz Navidad! Y que nos les pase las mías, atentos ahora de las celebraciones con perros y todas las mascotas. 
Nova A.S.G.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Tradiciones Navideñas

Íbamos en el auto con Rk, Skippy y Musa, una noche en la que el decorado navideño ya adornaba las calles.  Pasamos la Plaza Obelisco y los destellos que, el enorme árbol navideño desprendía, embobaron a Skippy.  


Mi Puka linda siempre fue una perra observadora y ante todo expresiva.  Esa noche vi el árbol brillar desde sus ojos y me causó alegría saber que ella podía admirarse de algo que, para algunas personas no digamos para un perro, podría considerarse banal.  Musa, siempre recatada, lo vio y se le notó una momentánea admiración pero no lo siguió con la mirada, mientras nos alejábamos, como lo hacía Skippy.  
Lo que iba a ser un recorrido de paso se convirtió en un par de vueltas más para que mis chicas Cocker observaran una y otra vez el decorado árbol .  Luego atravesamos la Avenida Reforma para que también los iluminados adornos colgantes fueran observados por ellas.   El pequeño paseo fue un gusto para mí ya que lo navideño me atrae, me siento niña y sonrío sin querer; y esa vez fue mejor, al ver que a una de ellas los colores y brillos de la época le transmitían la misma sensación. 

A partir de entonces continuamos llevándolas a ver las decoraciones navideñas cada año. 
Esa noche fue el inicio de una tradición más en nuestro hogar, creada especialmente para nuestras hijas caninas.
 
 
Hasta una próxima,
Nova A.S.G.

 

sábado, 3 de noviembre de 2012

Competencias caninas

Esta historia es deuda. 



En la anécdota: Compartiendo, relaté que debido a lo excelente alumna que era Greka, el profesor la inscribió a una competencia de obediencia canina, nivel 1.  Sentado, echado, parado quieto y el venga; instrucciones básicas aprendidas en la escuela canina. 
¡Que emoción! ¡Que terror! Yo participaba con ella como todos los manejadores hacían con sus propios perros.  No soy del tipo de persona que pueda interactuar entre mucha gente, ni siquiera podía hacer presentaciones en el colegio sin que se me aguaran los ojos; pero por Greka hice a un lado mis miedos y acepté hacerlo, o al menos lo intenté.

Fue en Tikal Futura, había muchos participantes.  Show canino de razas, de belleza y entrenamiento.  Las perras, Rk y yo llegamos.  Sólo Greka participaría pero mamá Skippy y tía Musa iban de porra.   Nuestra primera equivocación.  Convocados a las 9 de la mañana, llegamos puntuales, en este caso lo consideré otro error, aunque no había un horario definido para el momento de competir de nuestro grupo.
A eso del medio día empezaron con los de obediencia. Tanto perras como nosotros estábamos aburridos, cansados de esperar y ansiosos de no tener idea de cómo nos iría.  Athos, el Gran Danés también competía y estaba intranquilo al punto que quiso que lo cargáramos un par de veces, y cuando un Gran Danés se le sube a uno en la espalda, uno llega al suelo.  Mi lindo gran consentido, luego intentó subirse a nuestras piernas pero prácticamente quedaba parado.  Al fin se calmó al ver como cepillaban a un Viejo Pastor Ingles.  Creo que eso lo distrajo lo suficiente, además de las caricias que sus padres humanos le daban.

Greka, por el aburrimiento y todos los perros conocidos y desconocidos, estaba nerviosa, también porque yo se lo transmitía. Yo sabía mi pecado: la falta de entrenamiento en casa.   Si no hubiéramos esperado tanto, ella habría llegado más fresca y sé que podía hacerlo bien, pero luego de tanta ansiedad, sólo los canes bien preparados podían soportar la presión.   Era una situación como en exámenes, los que memorizan para el momento, si cambia el horario se va olvidando el contenido y los que estudian con dedicación podrán realizar el test en cualquier momento.

Antes que nosotros pasaron unos de otra escuela, ni siquiera presté atención.  Luego el Pit Bull de nuestra clase.  Entrenador y perro lo realizaron de maravilla, estábamos orgullosos del enamorado de Skippy.  
Nos tocó a Greka y a mí.   El juez me confundía, me indicaba con pesadez en dónde pararme, mis movimientos confundían a Greka y al final terminamos la serie de ejercicios más por orgullo de no salirnos que por el gusto de participar.   En realidad pensé que nos había ido peor.  No ganamos, ni siquiera nos acercamos a las 3 primeras posiciones, pero no quedamos entre los últimos tres lugares.  Eso fue suficiente como para saber que mi perrita era un genio y que yo era una tonta por no sacarle provecho a su inteligencia.
Pensamos que el ganador sería el Pit Bull, fue el mejor. Y a Athos imaginamos que al menos tendría el tercer lugar, y resultó que quedó entre los primeros cinco y el chico maravilla Pit Bull ganó el tercero.   Me pareció injusto y si a estos perros que los entrenaron como que si iban a participar en las olimpiadas no tenían las medallas que consideré merecían, todo el asunto no valía la pena para mí. 
De niña, siempre que miraba por televisión las competencias de perros, me ponía soñar despierta: mi perra y yo caminando en círculos frente a la audiencia y luego una gran ovación hacia mi compañía canina.
Al crecer supe que no lo haría por mi miedo al público.  Y al tener la oportunidad la acepté porque uno no debe dejar ir las oportunidades a pesar de los temores. 
El profesor, no estaba decepcionado.  Era la primera participación de la escuela y le había ido bien con sus alumnos.   Me alentó a continuar, Greka tenía potencial y estaba seguro que cuándo lo lograra lo haría en grande, pero Rk y yo desistimos de la idea, las competencias no era lo nuestro.
Mi esposo y yo continuamos asistiendo con las Cockers a clases, nos divertía y era agradable.  Los cursos eran para pasarla bien.  Al aceptar la primera vez la oportunidad, entendí que no era eso lo que quería, ni para mí y mucho menos para mi bella Greka.  Al fin y al cabo sabía que tenía no una, sino tres perras ganadoras y eso era suficiente.
Hasta una próxima
Nova A.S.G.
Pd:
Todas las asociaciones necesitan ayuda, pero en esta vez también los invito a que vean la Fan page  (Facebook) de AMA.  Rescataron a 3 perritos Lhasa Apso, en condiciones deplorables y aparte de necesitar hogar temporal también requieren de donaciones para el tratamiento. El enlace de los perritos de AMA es el siguiente:

viernes, 28 de septiembre de 2012

Ingenio canino II



Siguiendo con la historia de mis Cocker…

Greka aprendió a desfalcarnos con un arte sin igual como les conté en la anécdota: ingenio canino. Mientras tanto en esos mismos días, Musa, deseosa de complacernos y viendo los resultados de las acciones de la pequeña, también comenzó a entrar una que otra carta, pero en cuanto Greka se dio cuenta, le hizo saber (con su mal genio) que el puesto estaba ocupado y que no pensaba en compartirlo con nadie.  Así la carrera de courier de la negra Cocker quedó en el olvido y sólo algunas muy pocas veces, logró agarrar cartas que quedaban tiradas.

El pago del jamón por entrega de correspondencia no lo limitábamos a Cuca (Greka de cariño).  Les dábamos a las tres.  Ya sé, una hacía el trabajo pero no teníamos el corazón de negarles a las otras dos el delicioso bocadito.

Skippy,  entendió la razón, pero ella no estaba dispuesta a realizar trabajos para nadie y mucho menos de quitarle el protagonismo a su hija.  Nunca fue de llevar o traer excepto a su madre jalada de la oreja.  Sin embargo deseaba recibir su parte tan ansiosa como las otras dos, así que decidió convertirse en vocera. 
Cada vez que Greka entraba las cartas, Skippy ladraba y bailaba para llamar la atención.  Entre más rápido lo supiéramos, más rápido recibían el pago.

Ya ninguna de las tres vive, pero cada vez que entro una carta pienso en ellas.  Y me imagino que este aprendizaje queda en los genes porque mi adorado Perseo también lo intentaba, aunque cuando lo hacía, a los sobres siempre les faltó un pedazo. 
Ahora que él tampoco está, me he dado cuenta que alguno de los tres lo hace, porque las deja a medias gradas.  Aún no sé quién es, pero en algún momento lo averiguaré y les contaré.

Hasta una próxima.
Nova A.S.G.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Ingenio canino

Hasta ahora he relatado acciones de Greka que, con probabilidad, ustedes han observado en sus mascotas: Juguetes favoritos, cómo los juegan, cómo los suenan.  Sonidos que realizan, cantan, hablan.  Lo rápido que aprenden u otras características.   Pero lo que les contaré no creo que muchos tengan la oportunidad de vivirlo.  Yo he tenido muchos perros, aún ahora convivo con tres y de todos sólo Greka me resultó con esos alcances.
Si ustedes llegan a reconocer este tipo de personalidad en un perro, estimúlenlo y  siéntanse suertudos.  Si llegan a tener dos, corran a comprar la lotería.

Nos suscribimos al periódico.  El repartidor pasaba todas las madrugadas  a dejarlo, la mayoría de las veces trabado en el alambre de seguridad  sobre el portón, hasta que se le ocurrió pasarlo entre las puertas corredizas del mismo. Skippy, Musa y Greka, notaban cómo todas las mañanas mi esposo o yo lo entrábamos.    Y un día, el periódico apareció adentro.  Greka había decidido entrarlo.  Lo hizo un par de veces y se detuvo.  Al ver que deseaba hacerlo intenté enseñarla, pero el único resultado que tuve fue que no lo hizo más por algunos meses.  Fue mi culpa, confundí  motivar con obligar y perdí la oportunidad, según yo.

Los meses pasaron y pronto cumpliríamos un año de recibir las noticias escritas.   No nos decidíamos si pagar de nuevo para estar nerviosos luego de leerlo o ahorrarnos el dinero y seguir tranquilos. Entonces mi perrita, de nuevo comenzó a entrarlo.   Pagar un año más, bien valía la pena por ver lo linda que se miraba con el paquete en la boca  (¡Soy una tonta!  No se me ocurrió tomarle una foto). Pero su faena no acabó ahí.  Escuchaba el sonido metálico del buzón y corría por las cartas.  Fue una temporada en que ella decidió hacer y sorprendernos.

Aprendida mi lección meses atrás de decirle qué hacer, consideré que lo mejor era premiarla con algo que a Greka le gustara.  Pedazos de jamón fueron bien recibidos y devorados y entonces las cosas cambiaron.  Al inicio recibíamos las cartas por parte de Greka en manojo (como las agarraba del buzón) o lo que pudiera tomar seguido de lo que se le hubiera caído. Cuando comenzamos a pagarle, resultó que entregaba una carta, asumíamos que no había más y pagábamos; unos minutos después nos llevaba otra.  Al principio no prestamos atención y Grekita se aprovechó cada vez que pudo hasta que nos dimos cuenta y de nuevo volvimos a recompensarla por paquete diario. Por lo mismo llegó el punto que ella guardaba varias cartas en su camita y nos las entregaba con un par de horas de diferencia entre una y otra para recibir más jamón.
Greka aprendió a ser empresaria y  entendió que era mejor ser paciente.

Luego estaban los días que en realidad el cartero dejaba sólo una carta.  Se le notaba decepcionada, pero si no tenía ahorros (cartas) de días anteriores se las ingenió para de nuevo tomarnos el pelo.
Yo llegaba de trabajar y Greka me entregaba la carta, le pagaba y colocaba el sobre en la mesa.  Horas después mi esposo llegaba, Greka bajaba a saludarlo, y le entregaba la carta (que había tomado momentos después que yo lo colocara en la mesa), él le pagaba y si Greka tenía suerte era colocada sobre el comedor y la perrita esperaba a que estuviéramos distraídos para entregarnos el sobre  hasta tres veces más por separado. 
La ambición la delató, el cartero nunca llegaba después de las seis, así que cuando comenzamos a recibir cartas a las nueve de la noche, supimos la estafada que nos estuvo dando.
¡Mi dulce Greka!  Exigente como nadie y estafadora como muchas personas pero como pocos perros.


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***Me ha costado encontrar la manera de publicar hoy.  No estoy en casa pero medio he logrado ver algunas noticias con respecto a los perros en Guatemala y parece ser que Cobán también se unirá a las crueles acciones de Totonicapán y se convertirán en asesinos de perros que viven en las calles.   Los invito a que lean, si aún no lo han hecho, la publicación anterior, en dónde están los enlaces para que ustedes puedan seguir estas noticias directamente desde las asociaciones que son publicadas. 
http://guateperros.blogspot.com/2012/08/despacio-pero-legal.html