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viernes, 3 de mayo de 2013

La mudanza (parte 2 y final)

 Todos nos mudamos, ¡todos!

¿Se recuerdan de Consentida?  Mi niña, la grande, mi conciencia.   También recordarán que murió cuando recién me mudaba a la que ahora llamo mi antigua casa.  No escribí detalles porque todavía duele recordar, así es con las pérdidas; uno aprende a vivir con ellas y por eso vale la pena siempre hacer buenos recuerdos. 

Consentida fue enterrada en el jardín al pie de un limonar y al lado de un rosal blanco, muchos días contemplé la grama añorando su presencia,  a veces con lágrimas y otras con sonrisas.
Diez años después nos mudamos de nuevo, como les conté la semana pasada; y luego de trasladar todas las frívolas pertenencias, regresamos una última vez por lo más importante: mi Cony.

Rk no se extrañó ante la petición de desenterrar a Consentida para colocarla en el nuevo jardín, pero sí noté que se tomó su tiempo para decidir la fecha en la que lo haríamos.
Preparé una hermosa caja que compré con anterioridad y esperé el día.  Luego de que este fue pospuesto repetidamente y sin aceptar más pretextos llegamos una tarde a la anterior casa, a eso de las cinco. Mi esposo comenzó a picar la tierra y mientras el sol se alejaba, mi convicción de hacerlo en ese momento también se iba.  Pero él ya estaba en esas y no pude hacerlo cambiar de idea.
Me daba miedo, la hora, el concepto de desenterrar a un muerto, el posible hedor que se sentiría, de cómo se verían los huesos, la piel, toda ella.  Imágenes tétricas se formaban en mi mente y toda la ayuda que le ofrecí al inicio se limitó a pasar la pala y a quedarme lo más alejada posible en la medida de que no notara mis inseguridades.  Si contagiaba a Rk con mis ideas ya no seguiría.  Traté de respirar lo menos posible, no quería que mi sentido del olfato trabajara.
La tierra cedió y utilizó la pala, se guiaba con seguridad.  Rk la había enterrado, sabíamos en dónde estaban los restos. Pero no contamos con los temblores y los cambios que de estos resultan.  Había un hueco pero no mi Cony. 

Él continuó sacando tierra siguiendo la formación de la misma y entonces comencé a sentir olor a rosas blancas (son mis favoritas).   Primero pensé que estaba tan bloqueada con eso de no sentir que mi cerebro me protegía.  No dije nada.  Luego el olor era más fuerte y Rk extrañado me preguntó: ¿Son ideas mías o huele a rosas? Y unos segundos después encontró los huesos limpios de mi  amada perrita y el olor se propagó. Nos admiramos del suceso.  En realidad mi pequeña era tan dulce que nos proveía una manera agradable de trasladarla, al menos eso pensaba yo.
Todo era posible en ese momento, si un arco iris hubiera nacido de ese hoyo en esa oscuridad no me habría sorprendido.

Regresamos a la nueva casa y colocamos la caja con los restos de Consentida en un lugar especial del jardín.  Nuestras mentes creaban teorías,  la lógica trabajaba a toda máquina para darnos respuestas, y la idea de que el rosal de alguna manera había perfumado los restos de Cony era la más probable, pero no por ello el hecho dejaba de ser extraordinario y entonces la razón del por qué sucedió me parecía inexplicablemente prodigioso.   El amor, todo lo puede y todo lo cree.  Mi perra ya fallecida me daba un último regalo o tal vez era su agradecimiento por no dejarla.

No hay casualidades ¿o sí?  Resulta que unos días después del re-entierro, cambiando los canales de la televisión vimos parte de un documental; en ese momento explicaban los estados de los cuerpos luego de ser desenterrados luego de varios años de estar un lugar y de cómo estos eran afectados por las bacterias propias del área y la calidad de la tierra.  Terminando la escena el presentador dijo: “No es de extrañar que en estas situaciones, en el lugar y tiempo adecuados, los olores dulces o florales se puedan sentir.  Los olores a rosas o jazmines son los más usuales.”

No crean que saber esto me decepcionó.  Mi siempre amada Cony, todavía así me dio un último regalo de amor como pensé: el conocimiento.

Hasta una próxima
Nova A.S.G.

sábado, 6 de abril de 2013

Pretextos o verdades

Tengo un balcón frontal en la casa, es tan angosto que apenas caben los perros, y por eso sólo ellos lo usan.  Al menos es un lugar en el que ven pasar la vida ajena y se distraen; una especie de de teatro con función constante de reality show.   La única condición que les tenemos es que no ladren o se les cierra el acceso.

La ventana, siempre y cuando hay humanos, está abierta; un ruido en la calle y salen corriendo a sentarse a ver la causa.   Durante el día, los transeúntes pueden verlos y a veces las visitas de los vecinos se detienen a observar la graciosa fila canina.  Por la noche la historia es otra porque no salen del todo, entre más tarde es, menos cuerpo sacan.  Así que cuando hay reunión o sólo voces que matan el silencio en la calle, entre las cortinas apenas asoman las cabecitas para observar quién está interrumpiendo el sueño.  En la madrugada cualquier voz se escucha y ha sucedido que son pláticas amenas o discusiones.  Estas últimas son las que me ponen nerviosa, las personas están enfadadas y podrían mal interpretar desde afuera la cortina medio levantada.  Podrían pensar que somos unos vecinos metiches.   

A veces me pregunto si llegará un día en que vengan a mi casa a reclamar porque creen que fisgoneamos en la ventana.   
Y más curiosidad si quien lo pregunte creerá la verdad:  "Lo lamento no éramos nosotros (los humanos) fueron mis perritos".  Se parece al pretexto: “Hice la tarea pero mi perro se la comió”.   ¿Ustedes lo creerían?




Feliz fin de semana.
Hasta la próxima, Nova A.S.G.

viernes, 15 de marzo de 2013

El ladrido de Musa

¡Ah, que si a veces los humanos hacemos tonterías! Y no son pocas ¡son varias!
Mi bella negra, Mamush como le decíamos de cariño, Musa la Cocker tranquila y de poca salud, recuerdo que de cachorra tenía una peculiaridad, su ladrido.

Llegó a la casa, se instaló y comenzó a descubrir los diversos juguetes caninos que tenía a su disposición y entre ellos, con los días encontró su vicio: una pelota.  Se divertía con ella de una manera que sólo los perros pueden describir y los humanos adivinar,  llamémosle hipnotizante.   Luego de rodar,  rodar, y rodar, la pelota se habrá cansado y se tomó de excusa por su falta de movimiento el hecho de que quedó trabada en un mueble.    Musa no la alcanzaba con su pequeña pata.  Probó con las dos y nada.   Lloriqueó desesperada, ¡quería su pelota!
Rk y yo observábamos, y no la ayudamos de inmediato porque la estábamos dejando aprender   a resolver sus problemas.  Sabíamos que no era algo dañino o de urgencia, aunque sí era importante para Musita.  Fue tan importante que por primera vez escuchamos su voz, y dijo con tono impaciente y ronco: Agua.

¿Agua? ¿Qué pasó con guau? ¿Desde cuándo los perros dicen agua?   Y ella continuó ladrando por su pelota: Agua, Agua, Agua y de repente por la prisa terminó de ladrar: ¡Gua!

Digo que los humanos hacemos tonteras, porque yo lo hice (y no quiero quedarme sola en acciones tontas), mientras las semanas  y algunos meses pasaban cada vez que Musa ladraba yo la corregía diciendo: Se dice guau.
Me ponía a la par de ella a ladrar para que escuchara cómo debía hacerlo.  Youtube no estaba de moda porque sino seguro habría parado en vídeo.

Musa creció y en sus primeros años dejó de decir agua, y fue cuando supe que había dejado pasar la oportunidad única de tener un perro que dijera algo diferente. Todavía en su vejez se le salía inesperadamente un agua o gua.  

Pero mientras duró fue divertido ponerme enfrente de ella con su trasto y preguntarle: ¿Qué quiere Musa? y escucharla responder ¡Agua!

sábado, 9 de marzo de 2013

Sobre Perro Rojo

Algo que trato de evitar es ver películas sobre mascotas, en especial perros.  Pero hace dos días la falta de sueño y  el inicio del film lograron suficiente interés en mí como para que me quedara viendo la historia de Perro Rojo (Red Dog).   Ya se sabía el final, porque ese es el comienzo, así que uno queda esperanzado con que algo cambie a última hora pero el verdadero gancho es la curiosidad: ¿cómo llegó ahí? y ¿porqué tantas personas están relacionadas con el perrito?

La vida del perro está relatada por los diferentes y supuestamente rudos personajes, a quienes se les llega a conocer su verdadera personalidad conforme la película avanza.  El paisaje variable de Australia y los recorridos del can, a través de este causan admiración, y si bien un par de veces se mencionan hechos poco probables (uno de ellos es que Perro Rojo viaja a Japón) no será por ser película sino porque el perro es ahora una leyenda.  

No deseo que se considere que la vida errante de Perro Rojo sea vista como un ejemplo para estos días, ese fue otro tiempo y otras condiciones. Pero sí podemos tomar de modelo la unión de las personas que deciden cuidarlo y lo aman.

¿Que por qué escribo sobre una película?  Porque este es un blog de historias sobre perros y Perro Rojo, el errante de Pilbara, vivió en Australia en los años 70.  Si tienen la oportunidad, véanla.  No les cuento más sobre el film porque es preferible que cada uno lo descubra. 

Feliz fin de semana y no olviden en esta época de calor proporcionar suficiente agua a sus mascotas y en especial a las que no tienen hogar.
Nova A.S.G.

Autor de la fotografía de la placa: Anthony b Loveridge.
Fuente: http://en.wikipedia.org

 Traducción de la placa:

Perro Rojo.
El Errante de Pilbara.
Murió: noviembre 21, 1979.
Erigida por sus muchos amigos 
que hizo en sus viajes.

viernes, 1 de marzo de 2013

Susto canino

Mi mamá y mis hermanos vivían a la vecindad de mi casa.  Cualquiera pensaría que nos mirábamos a diario, pero no era así. Tal fue el caso que, un día forzaron el portón de la casa de mi madre cuando no había nadie y se entraron a robarles.  Rk y yo sí estábamos en la nuestra pero no escuchamos nada, hasta que alguien fue a tocar el timbre y por quien nos imaginamos salieron corriendo los ladrones dejando algunas de las cosas tiradas en el camino.
Nadie dijo nada, nadie vio algo y hasta aquí no sabemos quién llegó a avisar.

Lo más curioso es que en casa de mi mamá tenían a Laica (la primera), una perra mestiza de Gran Danés con Boxer (talvez).  No había ladrado durante el suceso y en cuanto entramos a la casa, al no verla, pensamos lo peor: ¡Se la habían robado también o la mataron!
Pasamos el garaje y entramos a la sala con miedo, no sabíamos si todavía estaban adentro.  La puerta de esta también estaba doblada, si al menos se hubieran fijado la ventanita estaba abierta y no necesitaban forzarla.   Pero de la perra ni la sombra.  Unas sábanas tiradas con un aparato de video, una televisión en el suelo eran evidencia de que huyeron de repente.
Nosotros seguíamos preocupados por la perra. 

Le avisé por teléfono a mi mamá y me gané la regañada por no escuchar lo que pasó (así es ella).  A mi me temblaban las piernas mientras Rk y yo nos asegurábamos de que no había nadie. ¿Y a Laica, qué le pasó?, pensábamos.
Escuché el auto de mi mamá estacionándose frente a la casa.  Salimos a encontrarla en el garaje y lo primero que preguntó fue: ¿Y Laica?
Le respondimos que no sabíamos y ella en lo que avanzaba decía:
—Talvez la metieron en un clóset —Claro que por su tamaño no podría ser—, o está bajo la cama. —Posible, pero difícil de imaginar que un perro se escondiera así.

Entró y salió en poco tiempo.  Las voces de mis hermanas se sumaban a las nuestras llamando a Laica y entonces fue cuando la vi. 
El garaje era amplio y por eso no se le prestó atención al auto descompuesto con las ventanas abiertas, estaba ahí desde hacía unas semanas.  Dentro de este, vi un bulto sentado frente al timón, la impresión instantánea fue que uno de los ladrones se ocultaba, pero casi al mismo tiempo noté  que era la perra.  Les avisé a todos y me acerqué para ver si estaba bien, porque no se movía.   Ella continuó sentada, digo, petrificada con la vista al frente.  Reaccionó hasta que mi mamá y mis hermanas llegaron a acariciarla.  Se sintió segura y salió del auto moviendo la cola y creo que hasta le escuché un suspiro de alivio.

—¡Que inteligente la perra! Se escondió para que no la lastimaran —dijo con tranquilidad mi mamá y entonces ya fue a revisar qué faltaba y los daños.

A que no habían escuchado una historia así, sobre un perro.



Saludos y feliz fin de semana.
Nova A.S.G.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Una noche antes de Navidad y perros

La semana pasada luego de publicar la anécdota semanal se me ocurrió escribir una versión  canina del cuento: La noche antes de Navidad.  Tenía pensado sólo  cambiar un par de animales por perros, pero el intento me llevó por otro rumbo y el resultado me agradó.  Para leer el cuento este es el enlace: La noche de antes de Navidad en casa de ...  (copien y peguen si el enlace les causa problemas: http://bit.ly/RdKyy5  ).
 
Aún estaba a tiempo de cambiar la publicación, pero deseaba presentarla con un poco de más motivo de la época, necesitaba más libertad y aprovechando el espacio virtual de Guatepets.com la publiqué ahí.  Espero les guste y con ese cuento me despido de las publicaciones del año 2012.

Gecko, Keyla, Nova, Circe y nosotros los humanos Rk y yo desde nuestro hogar les deseamos un Feliz Año 2013.   
 
 
 
 
Les publico una foto, tomada infraganti, para que sepan de dónde tuve la idea una de las frases de mi versión del cuento navideño
 
 

viernes, 21 de diciembre de 2012

Cuento de navidad con perros


Terminaba de preparar el ponche una Noche Buena.  Esperábamos, como era usual en ese tiempo (todos nuestros hermanos eran solteros) a la familia completa.   Coloqué en algunas mesas, con anticipación, dulces, manzanas, uvas y nueces en bandejas; para completar el decorado visual y que los invitados degustaran lo que desearan mientras llegaba el momento de la cena.
En la mesa del comedor era en donde había de todo un poco, desde la cocina la vi y recordé que iba a colocar unas velas rojas para completar la imagen navideña que tenía en mente.  Al acercarme noté que no había puesto angelitos en una dulcera que estaba vacía.  Fui por unos cuantos y me aseguré de que todo estaba dispuesto a mis deseos.
 
Mis hermanas, apenas adolescentes, fueron las primeras en llegar.  Como buena anfitriona, les serví ponche y les dije que comieran lo que quisieran.  Ellas se sentaron y sin tener más por hacer se dedicaron a acariciar a las perras.   Greka y Musa se deleitaban, sobadita de pancita, de lomo, de carita, intercambiaban a las niñas y que prosiguieran.  Se levantaban un rato, chequeaban la cocina por aquello de que hubiera qué comer y regresaban.   A Skippy la veía corretear, pasaba husmeando a mis hermanas, subía, regresaba, se echaba un rato y comenzaba de nuevo con su propio juego.
Pregunté si deseaban algo más, y desde la sala me respondieron que no. Revisé bandejas y dulceras por si faltaba algo y vi que en el comedor que no había angelitos.  Puse otros cuantos en el plato y seguí en la cocina.  

Unos minutos después repetí la pregunta y revisión respectiva.  La misma respuesta y de nuevo la falta de angelitos, era lo único que faltaba.  Me pareció extraño porque en la mesa de centro, la dulcera con los coloridos y pequeños marshmallows seguía intacta; entonces por qué mis hermanas iban al comedor. ¿Acaso daban los cuatro pasos para la sala se viera perfecta?  No pude evitar la curiosidad y les pregunté: ¿Por qué se están comiendo los del comedor y no los que tienen enfrente?  Mis hermanas se vieron confusas y contestaron que ellas no estaban ni siquiera comiendo dulces en ese momento.    Ellas son gemelas y tienen sus cosas, así que asumí que era algo de ellas.  Tal vez una le escondía a la otra que estaba consumiendo angelitos por molestar.  Esta vez llené la dulcera, así tardarían más.  En todo ese tiempo mis perritas seguían siendo acariciadas y la otra correteando, así era Skippy, nada inusual.
 
Llegó mi esposo y le comenté la “desaparición” de los angelitos.  Ellas así son, me respondió, mejor dales la bolsa.   Era una buena idea y se las entregué.  Pero nosotros no estamos comiendo, me dijeron; de todas formas la recibieron.  Un momento después, el timbre de la puerta sonó y les pedí que abrieran.  Me volteé hacia el comedor y ahí estaba Skippy, muy cuidadosa, robando angelitos.  
Fue una buena celebración familiar, una comida tranquila, la pequeña casa oliendo a ponche, comentarios y risas por la supuesta culpabilidad de mis hermanas debido a nuestra ladrona Skippy. 
 
Los regalos se abrieron, todos se fueron, Musa y Greka quedaron rendidas ante tanta caricia y durmieron a pierna suelta.  Skippy creo que espantó a Santa Claus porque ella corría y  luego de asegurarme de que no le pasaba nada más y quedarme dormida, ella siguió correteando.

¡Feliz Navidad! Y que nos les pase las mías, atentos ahora de las celebraciones con perros y todas las mascotas. 
Nova A.S.G.

viernes, 30 de noviembre de 2012

El rescate de Laica

A veces, entre mis anécdotas relato de manera breve sucesos que en ese momento no me parecen relevantes, pero tengo esta historia de uno de los momentos de la vida de Laica entre ceja y ceja desde hace unos días y me pareció que merecía su propio espacio.
  
Pasada la media noche, entre el silencio y el insomnio mi madre escuchó a lo lejos un gran escándalo canino en las calles. Ella me contó que aunque había visto a Laica ese día, se preocupó, pero a la perra se le notaba que había vivido en la calle por mucho tiempo así que se trató de tranquilizar con esta idea y esperó a verla, como siempre, al siguiente día. 
La falta de un horario pueden ser una ventaja, pero al no tener rutina y que el trabajo se realice como vaya saliendo es lo negativo de este aspecto; por lo mismo no se percató de la falta de la perra la siguiente noche.

La tarde del segundo día al recordar la ladradera, preguntó por Laica.  Nadie la había visto, ni el día anterior ni ese.  Entonces decidió ir a buscarla con dos trabajadores.  Intuyó  que Laica estaba mal herida, si bien la perrita no era de ella, tampoco parecía ser de nadie más y por lo mismo no habría otra persona que la extrañara y saliera a auxiliarla en caso necesario.
No tenían idea de adónde ir. No sabían con exactitud el lugar del que se escucharon a los perros; el eco del área y de la madrugada no los dejaba más que adivinar.   Luego de varias horas y casi anocheciendo, a mi mamá se le ocurrió decirle a uno de los jóvenes que se asomara por un lado de un pequeño puente.  Era necesario encontrarla, su falta de respuesta, gimoteos, ladridos o presencia sólo podían significar que Laica estaba muy mal o muerta.
 
Sin ganas y con mucho cuidado el muchacho fue al lugar sugerido, ayudaba el hecho de que no estuviera húmedo siquiera, porque cuando llueve el agua rebalsa el puente y él tenía que llegar por debajo de este.   Desde ahí vio un bulto tirado en una especie de alcantarilla dos metros debajo de donde él estaba.   Fueron a buscar linternas y lazos; planearon cómo bajar, no cabía una escalera con una persona.   Anocheció y los muchachos se rendían. Mi mamá ofreció una recompensa para que la sacaran y el incentivo fue suficiente para que el más delgado bajara amarrado, colocara un costal debajo de la perra y arreglara “el paquete” lo más seguro que podía en las condiciones en las que trabajaba.  
 
Por los golpes que Laica tenía se asumió que al ser atacada había caído en esa trampa, terminando de lastimarla más.  Quedó atorada y herida de una manera que no podía ni ladrar.   Aunque hubiera estado sana, jamás habría salido por sí misma.  Pero al menos estaba viva y era fuerte.
 
Un par de días después, llovió con la fuerza de nuestros temporales y al ver el agua salpicando por encima del puente no pude estar más aliviada de que Laica tuvo la oportunidad de un final diferente.

Saludos y hasta una próxima, Nova A.S.G.

Pd:
Si no les aparece tema del viernes pasado no es un error, sólo fue que no escribí.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Competencias caninas

Esta historia es deuda. 



En la anécdota: Compartiendo, relaté que debido a lo excelente alumna que era Greka, el profesor la inscribió a una competencia de obediencia canina, nivel 1.  Sentado, echado, parado quieto y el venga; instrucciones básicas aprendidas en la escuela canina. 
¡Que emoción! ¡Que terror! Yo participaba con ella como todos los manejadores hacían con sus propios perros.  No soy del tipo de persona que pueda interactuar entre mucha gente, ni siquiera podía hacer presentaciones en el colegio sin que se me aguaran los ojos; pero por Greka hice a un lado mis miedos y acepté hacerlo, o al menos lo intenté.

Fue en Tikal Futura, había muchos participantes.  Show canino de razas, de belleza y entrenamiento.  Las perras, Rk y yo llegamos.  Sólo Greka participaría pero mamá Skippy y tía Musa iban de porra.   Nuestra primera equivocación.  Convocados a las 9 de la mañana, llegamos puntuales, en este caso lo consideré otro error, aunque no había un horario definido para el momento de competir de nuestro grupo.
A eso del medio día empezaron con los de obediencia. Tanto perras como nosotros estábamos aburridos, cansados de esperar y ansiosos de no tener idea de cómo nos iría.  Athos, el Gran Danés también competía y estaba intranquilo al punto que quiso que lo cargáramos un par de veces, y cuando un Gran Danés se le sube a uno en la espalda, uno llega al suelo.  Mi lindo gran consentido, luego intentó subirse a nuestras piernas pero prácticamente quedaba parado.  Al fin se calmó al ver como cepillaban a un Viejo Pastor Ingles.  Creo que eso lo distrajo lo suficiente, además de las caricias que sus padres humanos le daban.

Greka, por el aburrimiento y todos los perros conocidos y desconocidos, estaba nerviosa, también porque yo se lo transmitía. Yo sabía mi pecado: la falta de entrenamiento en casa.   Si no hubiéramos esperado tanto, ella habría llegado más fresca y sé que podía hacerlo bien, pero luego de tanta ansiedad, sólo los canes bien preparados podían soportar la presión.   Era una situación como en exámenes, los que memorizan para el momento, si cambia el horario se va olvidando el contenido y los que estudian con dedicación podrán realizar el test en cualquier momento.

Antes que nosotros pasaron unos de otra escuela, ni siquiera presté atención.  Luego el Pit Bull de nuestra clase.  Entrenador y perro lo realizaron de maravilla, estábamos orgullosos del enamorado de Skippy.  
Nos tocó a Greka y a mí.   El juez me confundía, me indicaba con pesadez en dónde pararme, mis movimientos confundían a Greka y al final terminamos la serie de ejercicios más por orgullo de no salirnos que por el gusto de participar.   En realidad pensé que nos había ido peor.  No ganamos, ni siquiera nos acercamos a las 3 primeras posiciones, pero no quedamos entre los últimos tres lugares.  Eso fue suficiente como para saber que mi perrita era un genio y que yo era una tonta por no sacarle provecho a su inteligencia.
Pensamos que el ganador sería el Pit Bull, fue el mejor. Y a Athos imaginamos que al menos tendría el tercer lugar, y resultó que quedó entre los primeros cinco y el chico maravilla Pit Bull ganó el tercero.   Me pareció injusto y si a estos perros que los entrenaron como que si iban a participar en las olimpiadas no tenían las medallas que consideré merecían, todo el asunto no valía la pena para mí. 
De niña, siempre que miraba por televisión las competencias de perros, me ponía soñar despierta: mi perra y yo caminando en círculos frente a la audiencia y luego una gran ovación hacia mi compañía canina.
Al crecer supe que no lo haría por mi miedo al público.  Y al tener la oportunidad la acepté porque uno no debe dejar ir las oportunidades a pesar de los temores. 
El profesor, no estaba decepcionado.  Era la primera participación de la escuela y le había ido bien con sus alumnos.   Me alentó a continuar, Greka tenía potencial y estaba seguro que cuándo lo lograra lo haría en grande, pero Rk y yo desistimos de la idea, las competencias no era lo nuestro.
Mi esposo y yo continuamos asistiendo con las Cockers a clases, nos divertía y era agradable.  Los cursos eran para pasarla bien.  Al aceptar la primera vez la oportunidad, entendí que no era eso lo que quería, ni para mí y mucho menos para mi bella Greka.  Al fin y al cabo sabía que tenía no una, sino tres perras ganadoras y eso era suficiente.
Hasta una próxima
Nova A.S.G.
Pd:
Todas las asociaciones necesitan ayuda, pero en esta vez también los invito a que vean la Fan page  (Facebook) de AMA.  Rescataron a 3 perritos Lhasa Apso, en condiciones deplorables y aparte de necesitar hogar temporal también requieren de donaciones para el tratamiento. El enlace de los perritos de AMA es el siguiente:

viernes, 19 de octubre de 2012

De terrazas a terrazas



Hace poco pensé en un Cocker de la colonia de mi niñez.  En la tienda de enfrente, tal vez la casa más grande de todas, un día decidieron tener un perro y  una mañana apareció un Cocker Spaniel negro, cachorro aún, en el balcón frontal.   Ese balcón era amplio, tanto o más que un jardín de las casas modernas, así que el perrito tenía espacio suficiente.

En los primeros días, como que lo entraban y lo sacaban a conveniencia porque se le miraba por ratos.

En los días siguientes apareció una casa para perros y platos respectivos y  en menos de dos semanas el perro fue ubicado al balcón para la eternidad.   Creo que limpiaban el área más temprano de lo que yo me levantaba y por eso nunca vi a ser humano alguno junto al perro.

El perro ladraba, aullaba, volvía a ladrar y luego dormía.  Esa fue su vida y no sé cómo habrá terminado ya que unos años después nos mudamos.

Mientras viví ahí y estuvo el perro, cada vez que iba a la tienda les decía que no lo abandonaran de esa manera, porque se aburría de la vida que llevaba.   Las personas que la atendían, respondían que lo entraban y que tenía agua, comida y refugio y que el perro era un mañoso y por eso ladraba tanto.   Mis explicaciones de nada servían y sé que llegué a molestarlos con mi insistencia, lo cual tampoco cambió la vida del perro, sólo sirvió para que me atendieran con desgano y ya no me prestaran atención.

Muchas veces vi al perro sentado bajo la lluvia, aullando por atención.   Me contaron que se había tirado del balcón con la mala suerte de que sobrevivió y luego de su recuperación regresó al mismo lugar.  No sé si en realidad lo llevaron al veterinario por responsabilidad o fue que tenían uno en la familia.  Pero la vida del animal no mejoró.

Se imaginan estar presos aunque sea en un espacio abierto, ni una planta o una sombra. El pavimento quemando nuestros pies y el sol calentado todo el día la lámina de la casa de madera, único refugio que se tiene.  Y para saciar la sed, agua tibia. ¡Qué desgracia de vida!

La pobre imagen del perro se me vino a la mente porque esta semana vi de nuevo la terraza florida (como la llamo yo).  Siempre con sus macetas y perros correteando con felicidad.  La misma señora que los atiende estaba sentada tomando el sol, sonriendo ante las acciones graciosas de los canes.    Entonces pensé: ¿y si esto sólo se trata de un momento o una casualidad y estos perros  se la pasan tristes el resto del día?

Pero tuve la oportunidad de verlos de nuevo, esta vez la señora no estaba.  Un perro dormía panza arriba y otro le jalaba la cola hostigándolo.   Sí, están en una terraza y tal vez es la mitad de espacio de donde mantenían al Cocker.  Pero los perros se hacen compañía entre ellos, disfrutan de la vegetación que tienen.  Aunque la señora sólo suba una vez al día (siendo pesimista), los momentos que he observado se notan que son de calidad.  Son atendidos con amor y con el deseo de compartir con sus perros.

No crean que publico historias como la del Cocker negro por el placer de hacerlo. De hecho, estas me molestan.  Pero son realidades, en este caso del pasado que se repiten en el presente y continuarán en el futuro si no las advertimos.   Con la terraza florida relato la comparación de lo bien que puede estar una mascota en una ubicación similar. 

La felicidad de nuestra mascota dependerá de nosotros y al comentar anécdotas como esta podríamos estar ayudando a que otros también aprendan de los ejemplos.

Hasta una próxima,

Nova A.S.G.



Pd:



Circe sigue en mi casa, esperando un hogar propio.  La llevaré a la feria de adopciones de Mascotas X Amor que se realizará el domingo 21 de este mes (pasado mañana) en la avenida Las Ámericas 20-30 Z.13. de 10 A.M. a 2 P.M.

Lleguen, conózcanla a ella y a otros perritos que esperan una oportunidad de amar a una familia por el resto de su vida.  ¿Qué les parece?  Nos vemos por ahí, en cuanto logre convencerla de salir a la banqueta para subirla al auto, porque ahora resulta que no le gusta la calle.

El mismo domingo 21, Huellitas Guatemala realizará una jornada de castraciones en Villa Nueva para más información comuniquense con ellos: 5953-5433 y 4482-1279 o en el perfil de Facebook: Huellitas Guatemala.

Además, Adopta una Mascota también realizará otra feria de adopciones en el Cerrito del Carmen.  Pueden encontrar más información en la fanpage de Facebook: Adopta una Mascota

viernes, 28 de septiembre de 2012

Ingenio canino II



Siguiendo con la historia de mis Cocker…

Greka aprendió a desfalcarnos con un arte sin igual como les conté en la anécdota: ingenio canino. Mientras tanto en esos mismos días, Musa, deseosa de complacernos y viendo los resultados de las acciones de la pequeña, también comenzó a entrar una que otra carta, pero en cuanto Greka se dio cuenta, le hizo saber (con su mal genio) que el puesto estaba ocupado y que no pensaba en compartirlo con nadie.  Así la carrera de courier de la negra Cocker quedó en el olvido y sólo algunas muy pocas veces, logró agarrar cartas que quedaban tiradas.

El pago del jamón por entrega de correspondencia no lo limitábamos a Cuca (Greka de cariño).  Les dábamos a las tres.  Ya sé, una hacía el trabajo pero no teníamos el corazón de negarles a las otras dos el delicioso bocadito.

Skippy,  entendió la razón, pero ella no estaba dispuesta a realizar trabajos para nadie y mucho menos de quitarle el protagonismo a su hija.  Nunca fue de llevar o traer excepto a su madre jalada de la oreja.  Sin embargo deseaba recibir su parte tan ansiosa como las otras dos, así que decidió convertirse en vocera. 
Cada vez que Greka entraba las cartas, Skippy ladraba y bailaba para llamar la atención.  Entre más rápido lo supiéramos, más rápido recibían el pago.

Ya ninguna de las tres vive, pero cada vez que entro una carta pienso en ellas.  Y me imagino que este aprendizaje queda en los genes porque mi adorado Perseo también lo intentaba, aunque cuando lo hacía, a los sobres siempre les faltó un pedazo. 
Ahora que él tampoco está, me he dado cuenta que alguno de los tres lo hace, porque las deja a medias gradas.  Aún no sé quién es, pero en algún momento lo averiguaré y les contaré.

Hasta una próxima.
Nova A.S.G.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Los tesoros de Milagro

Milagro fue la perrita que acompañó a mi mamá por varios años y como conté cuando la perrita falleció, ya llegó grande a casa porque se rescató en Boca del Monte. Le compraban de cuando en cuando algún juguete pero estos desaparecían en un par de días.  No los destrozaba, no se los tragaba, sólo se evaporaban.
La pregunta de qué se hacían los juguetes se respondía culpando a los demás: mi hermano lo tiró, mis hermanas lo sacaban a la basura o mi mamá con lo distraída que es, seguro los movía sin recordar a dónde.
A veces Milagrín se robaba alguna botella de plástico de gaseosa y pasaba días jugando con ella hasta que se la quitaban, eso era lo único que le tardaba.

Los años pasaron, se cambiaron de casa y todos en algún momento dejaron de comprar esos ocasionales y escurridizos juguetes.  Pero sabiendo que es importante que los tengan para esos momentos de soledad, un día decidí donarle uno de los que mis perritos no usaban.  Era una trenza de pita de colores, estaba casi nueva y al final de la canasta, mis hijas caninas ni siquiera notarían la falta.  Fui a casa de mamá acompañada de Greka y se lo entregué a Milagro.  Lo recibió emocionada, pero Greka se molestó y quiso tomarlo de regreso.  Mila se estiró sobre la trenza y la tapó con su cuerpo para esconderla sin causar problema y mi perrita me insistía que ahí había algo suyo.  Pero al ver que yo no le hacía caso sólo suspiró y se dio la vuelta para irnos de ahí.   Milagro se quedó jugando sobre la cama y con la trenza, se escuchaba la emoción que tenía y quedé satisfecha, le había gustado tanto que tal vez ese juguete duraría.  Días después, la trenza ya no estaba.


Un día mi mamá llevó a un albañil para que cementara justo en la entrada del jardín a forma de corredor y esa tarde me llamaron para que fuera a ver algo.

El señor había picado la tierra para hacer la base y fue cuando encontró: juguetes enterrados, a una considerable profundidad.
Todo ese tiempo Milagro escondió los juguetes. Me imagino que por el recuerdo de su vida en la calle tenía miedo de perder sus pertenencias importantes.  Los hoyos que hizo los tapó como experta y sí, alguna vez le notamos las uñas con tierra pero nada que indicara el arduo trabajo que realizaba cuando nadie la miraba.  Así cuidó ella sus tesoros.
Por cierto los días siguientes que trabajó el albañil hubo que encerrarla porque después del descubrimiento lo único que quería era morderlo.

viernes, 3 de agosto de 2012

Compartiendo

Hace años, asistimos con Greka, Musa y Skippy a clases de adiestramiento canino.  La razón inconsciente pudo ser el deseo de tener a una Lassie, Rin Tin Tin o Boomer en casa.  Pero la idea real en ese momento fue divertirnos con ellas y que compartieran con otros perros para que fueran más sociables.  Cada sábado por más de un año nos preparábamos mi esposo, las perras y yo para llegar a las nueve de la mañana.  No quedaba cerca pero ellas nos motivaban y nos encantaba ver cómo entraban al auto en cuanto abríamos las puertas.  Nadie las sacaba de ahí, hasta que llegábamos al parque en donde se impartía el curso.

En clase, Skippy era consentida por la edad, recuerdo que nuestro maestro (nuestro porque los humanos también debemos aprender para que los caninos lo hagan) decía:   ‹‹Skippy es el ejemplo perfecto de que un perro anciano puede adiestrarse, se le deberá tener más paciencia pero podrá aprender.›› Y así fue, sin tanto esfuerzo, como el que se esperaba realizar, Puka (de cariño) completó y se graduó de tres cursos.  Admito que hizo lo que yo hice en algún momento: prepararse para los exámenes y olvidarse del asunto. Y por supuesto recordaba las órdenes sólo cuando estábamos en clase, a pesar de entonces tener 10 años (yo no la consideraba anciana, pero…), en casa ella seguía siendo la misma: ¡Un terremoto!

Musa aprendió a la misma velocidad que Skippy, era más joven pero me imagino que su distracción se debía a las constantes enfermedades que padecía y de las que habrá quedado medio sorda, si no es que ya había nacido así.  El entrenador la adoraba, le encantaba su pelaje negro, sus enormes y expresivos ojos y su natural timidez ante extraños.  Cada vez que la veía, él la admiraba.  Con tantos perros bellos que asistían me causaba gracia que demostrara preferencia hacia mi pequeña Cocker negra.  También completó sus cursos, pero ella sí continuaba siendo educada en casa cuando lo solicitábamos.

Greka, mi pequeña y adorable Greka.  La más joven de las tres.  Aprendió a una velocidad increíble.  Si ella no se convirtió en una perra de película fue por mi culpa nada más, ya que yo no tenía en casa la constancia de proseguir como se debía entre clases.  Ella ya iba adelantada a muchas cosas, pero estas se las dejo para otro día.
El profesor se sorprendía de la compatibilidad que teníamos ella y yo.  La perrita nunca dejaba de verme, la atención era total.  Y los errores que yo cometía ella los copiaba.  Por ejemplo, el caminado en línea recta por alguna razón me desvío y ella lo hacía igual cuando le tocaba realizar el ejercicio por su cuenta.  Era muy gracioso. 
Esa proyección de perro y protector, decía el maestro, que sólo la había visto dos veces en su vida, y una de esas éramos Greka y yo.  Por supuesto, sus calificaciones fueron excelentes, tanto así que nos inscribieron para una competencia de adiestramiento canino.  El mérito era de ella y tal vez si yo hubiera entrenado más nos habría ido mejor o al menos no tan mal.  Y es que entre todas las virtudes que tenía mi chiquita, un pequeño detalle la desarmaba: Era demasiado nerviosa.

Lo importante mientras asistimos fue que nos divertimos mucho, salimos de la rutina y aprendimos más sobre ellas y nosotros.

Fueron buenos tiempos, bellos recuerdos, momentos sanos.  Esa es la razón de tener perros, para compartir la vida una simple buena vida. 
Sé que no siempre es posible costear cursos, vacacionar o comprarles juguetes, pero ellos no esperan todo esto, sólo quieren estar con nosotros, por eso hasta la caminata más sencilla o por las lluvias jugar con ellos dentro de casa los hará en extremos felices.

¡Vean esas alegres caras, vean esa lengua de fuera y orejas paradas!

Hasta una próxima

viernes, 20 de julio de 2012

Morfeo

Lo nombró Morfeo. La independiente señora con problemas para dormir, pensó que era el nombre ideal para su recién rescatado perro.  Él era mestizo, pero se sabía que sería de tamaño grande.  Estaba bien para la pequeña casa pero con buen jardín.   
Aún era cachorro y no se sentía cómoda en dejarlo afuera, así que le permitió quedarse adentro. Eran ideas de ella, afuera estaban otro par de perros que habían sido recogidos de la calle siendo adultos, Morfeo no se sentiría solo y estaría en buena compañía.  

Apenas de tres meses, el cachorro comenzaba su aprendizaje de en dónde realizar sus necesidades pero la noche dominaba a su edad y por la mañana la señora se levantaba a limpiar pequeños charcos de orines y alguna que otra vez popó.
A la señora, esto la malhumoraba, dormía mal y poco; y a su madura edad esas mañanas de limpieza no eran las deseadas.

Pasaron unas semanas, Morfeo creció y aprendió a avisar que le abrieran la puerta antes de dormir y temprano por la mañana.  La señora estaba satisfecha de la rapidez con la que él aprendía y la compañía cercana del perro le daba cierta tranquilidad.  Ella comenzó a dormir mejor.

Otro par de semanas pasaron y la señora ya dormía tan profundo que no sentía a Morfeo, quien ya estaba más crecido y alcanzaba la cama con sólo colocar la cabeza. Tocarle la cara a la señora con la nariz no era suficiente para despertarla y él deseaba salir, necesitaba hacerlo.  Y con seguridad recordó:  El baño.
Así que una mañana, la sorpresa de la señora fue que cuando ella fue al baño, el piso de este, estaba sucio.   Morfeo había hecho sus evacuaciones en dónde creyó debía hacerlas cuando no le abrían la puerta hacia el jardín.
La señora entendió que era su propia culpa por no sentir, pero ahora ella dormía tan bien, como nunca antes lo había hecho, que decidió que lo mejor era que Morfeo durmiera afuera.

Morfeo aceptó con felicidad pasar la noche con el resto de sus amigos caninos, y según dicen, los tres perros casi sólo durmiendo se la pasan y a la señora en cambio, le ha regresado el insomnio.

viernes, 6 de julio de 2012

Por un poquito

Esta es otra anécdota de la que me había olvidado hasta ahora.   
Conocí a Vero en la universidad, tuve suerte, ya que ese año en mi carrera sólo éramos dos mujeres, y resultó que ella también amaba a los perros y su casa me quedaba en el camino.  La amistad que tendríamos estaba predestinada.

Iba un día a dejarla a su casa, y pasamos a una ferretería que quedaba cerca.  A la vecindad de esta, un perro amarillo y peludo estaba en la banqueta, ladraba y cuando terminaba de hacerlo pegaba de brincos contra el portón negro de esa casa, provocando fuertes sonidos.
Antes de arrancar el auto, esperamos.   No nos habíamos puesto de acuerdo pero ambas queríamos saber qué pasaba con el perrito y las dos asumimos lo mismo: “Lo dejaron afuera y está tocando para entrar.”

El perro se desesperaba, se alejaba un par de metros, y regresaba.  Nosotras, sin prisa, seguíamos al pendiente.
¿Será que no hay nadie? ¿No oyen?  ¿Qué pasa que no le abren?, nos preguntábamos.  Al ver que no había respuesta en el portón, Vero se bajó para ir a tocar.  El perro se sentó a la par de ella, moviendo la cola a más no poder.   Nadie contestó y ella regresó al auto.  El perro continuó haciendo lo suyo.

—Vero, pero si el perro toca más fuerte que tú. Qué te iban a oír, si es que hay alguien —le dije burlona—.  Voy yo.
Con la llave comencé a tocar más fuerte y escuché ruidos adentro.  —Sí, si hay alguien —le grité y ella bajó a acompañarme.  Ahora éramos tres los interesados en que esa puerta se abriera o al menos que alguien contestara. Pasaron un par de minutos y nada.  Nos metimos al auto y el perro también se movió de ahí.  

En ese momento desde arriba del portón grandes chorros de agua cayeron, justo en donde estábamos paradas.  Quedamos sorprendidas por el suceso. Por un poquito y nos bañan en la calle, pero todos tuvimos suerte.
Prevenida sólo bajé el vidrio y comencé a hablar para que quien estuviera adentro me escuchara.  Una señora abrió, todavía con cubeta en mano.  Entendiendo nuestra preocupación nos dijo:  —¡Perdón! No me imaginé que alguien más estuviera afuera. Ese perro es de la otra casa, se les sale para venir a buscar a la perra de aquí porque está en celo. ¿No las mojé. O sí?

Nos despedimos, y vimos que el perro al ver a la señora con la cubeta se fue, sin embargo por el retrovisor noté que cuando el portón se cerró, muy campante y seco volvió para de nuevo probar suerte.

Hasta una próxima
Nova A.S.G.

sábado, 16 de junio de 2012

Caninus Houdinis

Esta semana mi esposo me preguntó si había visto al perro Husky que daban en adopción.   En estas semanas se han encontrado varios de esa raza y en lo que buscan a sus dueños (quienes tal vez no desean ser encontrados) los promueven para adopción.  Como no sabía a cuál se refería, pregunté por más detalles.  
—El que dicen que es escapista.
—Ah, sí. Leí sobre él.
—¡Qué travieso!  ¿Verdad? Abre las chapas con los dientes.  Imagínate, ya que le de vuelta a la perilla; es porque se ha fijado en lo que hacen las personas y sabe copiarlo —dijo. Y los dos recordamos a Skippy.

Había olvidado este detalle de mi tremenda Cocker.  Hasta tuve problemas por su ingenio, les cuento:

Consentida, madre de Skippy todavía estaba con nosotros. Y yo aún vivía en casa de mi madre, mis hermanos y mi padrastro.   Este señor se dedicó a no ser ni amable conmigo desde poco después que se casó con mi mamá.  Y mientras crecí el trato entre ambos era de educación verbal si no podíamos evitarnos: Buenos días y con permiso.  
Por mi parte la razón de mantener esa “cordialidad” era para que no molestar a mi madre.  Por parte de él, era sólo por que no quería ser menos educado que yo.  Era de ese tipo de personalidad que gusta de la confrontación.
Bien, con los años el señor aprendió que mi debilidad eran mis perros, no tenía que ser genio para saberlo pero queriendo molestar buscaba ese pretexto: ‹‹Chuchos pendejos…››, ‹‹Esos perros cabrones…››, ‹‹¡Ah! chucho quítese…››.  
En fin. De un modo u otro mi mamá se las ingeniaba para que mi dormitorio tuviera un jardín privado, por pequeño que fuera y así yo era feliz porque estaba con mis peludas.

En esa última casa, donde convivimos todos, fue que creció sus primeros cuatro años Spooky (también la llamaba así).  La puerta de mi dormitorio estaba separado del resto de la casa por un pequeño patio de un metro de ancho y por este se llegaba a la cocina, con otra puerta de vidrio y chapa de las que se sube y baja el jalador para abrirla o cerrarla.  Desde la cocina se tenía acceso a toda la casa.

De repente comenzaron los disgustos.  Me regañaban por dejar la puerta de vidrio abierta y que las perras entraran a subirse a los sillones, cuando yo no estaba.  O mi mamá me decía que ella había encerrado a las perras porque al entrar a la casa se habían salido al garaje.  El señor comenzó a amenazar que cuando las viera adentro abriría el portón para que se salieran porque ya lo tenían harto.  
Yo no entendía qué sucedía, y la razón lógica que pensé fue que él les abría para causarme problemas, y para de verdad un día sacarlas.
En todos esos años, sí de algo estaba segura es que él no era tan malo, porque si bien nunca fue un buen ejemplo o un consejero, tampoco fue cruel de hacerles daño a mis perros para causarme pesar. Pero la situación había cambiado, según yo.

Entonces yo también me ensañaba con él.  Lo culpaba por la puerta. Lo amenazaba (no sé ni con qué) de regreso por si algo les pasaba a mis peludas. Él lo negaba, pero nadie le creía. Hazte fama y échate a dormir, dice el dicho, y sus acciones lo señalaban.
Fueron días de enojo, malestar, y por primera vez el deseo de irme de la casa y vivir tranquila con mis perritas.

Un día olvidé mi bolsa, regresé y antes de entrar a la casa escuché golpes.  Todavía, vi a Skippy brincando frente a la puerta de vidrio y entendí lo que sucedía.  No lo habría imaginado, ella era pequeña y no alcanzaba la chapa, se me olvidó lo traviesa y perseverante que era.   Me escondí para observarla:  Ella saltaba, con sus patas delanteras bajaba la chapa y con las traseras mientras estaba en el aire empujaba la puerta, dejándola abierta.
Busqué la llave, la utilicé y el problema se solucionó, al menos ese.   Más tarde le expliqué a mi mamá y con doloroso orgullo, cuando vi a mi padrastro murmullé disculpas. Me imagino que las aceptó porque sólo se alejó balbuceando: ‹‹Yo te lo dije, yo te dije que yo no era.››

viernes, 8 de junio de 2012

Greka y los sonidos

Greka tenía una gran sensibilidad para lo sonoro, sino era su huesito verde el que sonaba, era ella tratando de comunicarse con uno, no ladrando ni aullando pero algo entre ambos sonidos.  Buscaba expresarse verbalmente y desde cachorra lo hacía, era innato.  
Si en los platos de las perras no había comida, era usual que Greka los tomara y somatara contra el suelo.  Parecía un preso sonando el plato contra las rejas.  Me entrenó.  Para evitar el molesto ruido siempre mantenían comida. No es que les faltara, sólo que antes de Greka se los servía en ciertas horas.

Yo estaba acostumbrada a que los perros me respondieran con gestos y mirada, con Cuquita (también la llamábamos así de cariño) fue como tener a un niño de meses que trataba de hablar.  Siempre contestaba con su casi rugido.   Cuando yo cantaba, ella hacía coro, claro, talvez se quejaba de mi voz, pero prefiero pensar que me acompañaba, además seguía los tonos.   

Le hice una canción, infantil como lo que ella producía en mí:
Greka, Greka consentida.
Greka de mi vida.
Greka de mi amoooooor.

Cuando yo cantaba amor, ella sabía que era su momento y “cantaba” para que termináramos al unísono la estrofa.   
Si hubiera tenido un piano, estoy segura que Greka habría aprendido a tocar una melodía antes que yo.

Con en ella se me cumplió un gran deseo de mi niñez: Que mi perrito hablara.  Debí ser más específica en lo que deseaba y pedir: Que mi perro hable español.  
Y aún así obtuve más de lo que la realidad dicta.  Fue una perra especial. Mi bella y graciosa Greka.

Hasta una próxima,
Nova A.S.G.

Pd:
Si se les pasó por alto, el miércoles 6 publiqué una historia extra para complementar la del viernes pasado.

sábado, 12 de mayo de 2012

La adopción de Benjamín

Edison Benjamín Calcetas Botón (Benji)


La semana pasada publiqué el tema de Aurora.  Lo había escrito varias semanas atrás pero faltaba la fotografía, por eso lo tenía pendiente.  El viernes 4 yo no estaba de humor ni de ganas de escribir, así que busqué la foto, la coloqué y subí la historia.
De mucho me sirvió tener esa anécdota lista (la única por cierto escrita con tanta anticipación), y es que justo esa mañana me tocó entregar a Benjamín (Benji) a quien al final llamamos Edison por lo inteligente que es.  Así que comprenderán que en casa estábamos tristes y confundidos por dejarlo ir.  Una familia se enamoró de él y de un gato, y fueron adoptados.  

Cuando ofrecimos hogar temporal lo hicimos porque a Adopta Una Mascota le urgía colocarlo a él y a sus hermanas mientras eran adoptados. Estos meses han abundado los reportes de cachorros y como siempre, falta espacio para que puedan ser rescatados para luego procesar las adopciones.  Muchas personas ofrecen pero luego se retractan o no son localizadas, y esto obstaculiza el rescate.
Consideramos que esta vez teníamos el tiempo y por ser cachorro no era necesario tanto espacio, por lo mismo nuestros Cuachuchitos no serían agresivos con él.

El plan era claro: Daríamos hogar temporal por no más de 22 días, por razones de tiempo nuestro, la asociación buscaría un hogar definitivo para él y si no lo encontraban lo llevarían a otro hogar temporal cuando se cumpliera la fecha.  

En casa tres días pasaron y nos enamoramos de Edison. Comenzamos a variar el “plan”.  Si sucedía esto, haríamos lo otro, y si no otra cosa.  Llegamos a una decisión simple:  ‹‹Edison seguirá con nosotros hasta que encuentre hogar definitivo  que le proporcione una mejor vida que la que nosotros podemos darle.  Si para el 18 de mayo no ha sido adoptado se quedará en casa››.  

Comenzamos a reprogramar nuestro tiempo, mientras seguíamos disfrutando de las gracias del cachorro.  Y dejamos que la situación transcurriera por si sola.  Yo también colaboré con la búsqueda de la familia ideal.  Parte de mi deseaba que la encontrara y otra que la vida considerara que nosotros seríamos lo mejor para Edison y que por eso que nadie más fuera adecuado.  El archivo de la solicitud de adopción estuvo varios días abierto.  

El jueves 3 me avisaron que Edison tenía un hogar y debía entregarlo al día siguiente.  Lloré, lloramos, nos despedimos y aceptamos el destino.
El viernes pasado lo entregué y fue hasta ese momento que la asociación se enteró de nuestros nuevos planes.
Magda (de la asociación) me preguntó: —¿Lo quieren adoptar ustedes?
Y mi respuesta fue: —¿Estás segura de que quienes lo adoptan pueden darle un buen hogar?
—¡Sí!  Tienen mucho espacio.  Adoptarán también a un gato, se harán compañía y siempre hay alguien en casa.  Lo querrán mucho.
—Bien.  Si este fin de semana no se enamoran de él nunca lo harán y con gusto lo aceptaremos de nuevo. —Respondí y agradecí la pregunta, al fin y al cabo nunca aplicamos para adoptarlo. Además comprendía que su nueva familia tenía más tiempo y menos mascotas que nosotros, eso significa más atención para él. 

Un par de días después, supe por Liza (también de Adopta una mascota) que lo estaban consintiendo un montón, porque los gatitos aún no lo dejaban jugar con ellos.  Pensé, que al final la familia se había decidido por dos gatos junto con Edison, ayer me enteré que a uno de los felinos le están dando hogar temporal.
Siendo todos bebés, a estas alturas ya  no reconocen sus diferencias y los 3 se han de estar divirtiendo de lo lindo.

Pasó una semana y aunque lo extraño, el no tenerlo de regreso es indicativo de que ya lo aman y que no lo dejarán ir.  Esas son buenas noticias en un país en donde abundan los animales que necesitan un hogar. 
Doy gracias a todas las Asociaciones que ayudan a los animales y un agradecimiento especial a Adopta una mascota por rescatar y encontrar el hogar ideal para Edison.

Decenas de fotografías de él han quedado guardadas en el disco duro.  Quedaron imágenes digitales de cada día que estuvo con nosotros: Cómo dormía, comía, jugaba y hasta sonreía.  Y en mi memoria: sus caricias, sus sonidos de cachorro y sus respuestas en ladridos.  Él es un buen perro (qué perro no lo es, pero Edison es especial), de los mejores que he tenido y por eso debía tener lo mejor.  

Supe que lo han renombrado, pero para mi será mi siempre Edison. ¡Se feliz mi amado cachorro!

viernes, 9 de marzo de 2012

El favorito de Greka

¿Por dónde iba? Ah, sí: ya entramos a las historias de Greka.
Mi chiquita tenía un juguete favorito, un hueso de peluche verde.  Lo cargaba para todos lados y como este tenía un pito que al oprimirlo chillaba, cada vez que deseaba llamar la atención lo mordía para que sonara, sonara y sonara.  ¿Me doy a entender? De veras lo sonaba.  

Nos sorprendía la habilidad que tenía para hincarle el colmillo sin romperlo, hasta que un par de años después sucedió lo inevitable: se le pasó la mano.  Digo, el colmillo.
Siguió acarreándolo de un lado para otro, es más, en esos días nos lo tiraba a la cara o lo colocaba en nuestras manos.  Entendimos que deseaba que lo arregláramos, cosa que no hicimos por dos razones, no teníamos repuesto y se sentía bien no escuchar el wichi wichi que salía del muñeco todo el tiempo.

Greka era una perra pequeña pero para nada tonta, el descanso sonoro duró apenas una semana y comenzó de nuevo; no tan agudo como solía escucharse pero sonaba.
No fue un milagro, fue ingenio de Greka. En algún momento, sin querer, encontró cómo hacerlo. Ella razonó esa casualidad y cada vez que deseaba volvía a sonarlo.
¿Cómo? Se preguntarán.  Verán, colocaba el colmillo justo en el agujero que tenía el huesito y el wichi wichi empezaba
Sabía muy bien cómo agarrarlo, si por la prisa se equivocaba, reacomodaba el peluche y en segundos el juguete se oía.

Esta técnica la realizó por años, hasta que el huesito se rasgó y se salió el pito.  Para entonces ya teníamos varios repuestos, de los muñecos a los que Skippy les realizaba pititomía (término con el llamamos al hecho de que Skippy abría los peluches para sacarles el pito), así el juguete fue reparado y Greka continuó brindándonos sus conciertos, para deleite o no, de nosotros.