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viernes, 9 de mayo de 2014

La felicidad de Musa

El domingo será el día de la madre.  Para los que siguen el blog, saben que ese era el cumpleaños de Musa (según nos dijeron), así que el 10 de mayo siempre me recordará a mi negrita linda.  

Musita a diferencia de mis demás hijos caninos, no tuvo la suerte de ser celebrada en sus onomásticos con todo el festejo que solemos hacer.   Al ser el día de las madres, para estar con ella, tenía que correrlo o atrasarlo un día, aparte teníamos (aún tenemos, menos mal) los gastos de los regalos para las mamás; además, mis hermanas gemelas, Rk y yo cumplimos años unos pocos días después de esto.  Como si no era suficiente, al comenzar las lluvias, la alergia de Musa también aparecía, se tenía que llevar al veterinario, darle medicamento y se la pasaba más enferma que de costumbre.

Así le tocó a Mamush (como le decíamos de cariño), pero entre todo había algo que siempre la hacía más feliz que toda celebración: destapar su regalo y encontrar una pelota.   No importaba si se le daba la misma que tenía, su cara de sorpresa y emoción al quitarle el papel era de increíble felicidad. 
No se imaginan a Musa, corriendo con su pelota y estornudando, tirando la pelota y tosiendo, rodando la pelota y deteniéndose para rascarse la oreja; pero ella fue feliz jugando con su pelota.

Sean y hagan feliz a su perro y no olviden colaborar en la vida de un perro sin hogar. ¿Sabían que también pueden donar juguetes caninos a las asociaciones? Mejor, si se rescatan un perro de la calle y le compran una pelota, es una idea.

Hasta la próxima y a todas las personas que brindan amor maternal: ¡Feliz día de las madres!

Nova A.S.G.

viernes, 13 de diciembre de 2013

La mejor medicina

El lunes mis hijos caninos, los Cockercitos, cumplirán ocho años.  Yo aún los veo como cachorros aunque en sus ojos se nota la sabiduría que han obtenido de la vida.  Así es con los hijos, veo a mi madre mirarme como en mis primeros recuerdos y yo lo hago igual con mis perritos.  Siempre serán mis cachorros. Aunque adultos,  no puedo evitar recordarlos como en sus primeros meses, cuando mis pequeños Cuachuchitos crecían y descubrían el mundo a su manera.

Desde que nacieron hay un momento que, cuando armamos el árbol, se me viene a la mente. Era la última semana de enero y aún no habíamos quitado el árbol de Navidad.  Podría  tratar de engañarlos diciendo que fue por tanto trabajo inesperado,  atender a Skippy que estaba convaleciente de una fuerte enfermedad, cuidar a Greka por su depresión que no fue diagnosticada sino hasta después de su muerte y criar a los cinco peludos terremotos, porque no tenían madre canina que lo hiciera; pero no, la decoración navideña estaba para quitar la pesadez a los días de un Año Nuevo.   Era como exprimir la poca esencia navideña que quedaba en los adornos y las pascuas aún con flores. 

Hacía unos pocos minutos que había visto a los cachorros corretear en el jardín cargando peluches que eran más grandes que ellos y mordisqueando a Musa cuando pasaba cerca.   Vi el árbol y sabiendo que el fin de semana que se acercaba sería la despedida de este, me senté en el piso para observar cada detalle, recordando que lo armamos antes que los Cockercitos nacieran.   Pensé en todas las ideas que tenía cuando colocamos los adornos, me dio nostalgia que a pesar de tener a mis chiquitos, Greka estaba muy enferma.   Recordé que todavía llevamos a Skippy a ver las luces en la calle y que estando convaleciente  se emocionó al verlas.   Parecía que había sido mucho tiempo atrás, que cada día fueron semanas, pero sólo eran menos de dos meses los que me separaban del recuerdo y del presente.  Estaba absorta en mis penas y reflexiones, cuando las ramas del árbol se sacudieron con fuerza. ¡Fue un gran susto el que me llevé! por el inesperado e inexplicable movimiento y sin tiempo de razonar un porqué, los cachorritos salieron de abajo del árbol abalanzándose sobre mí para lamerme y mordisquear mis piernas.   Verme en el suelo era señal de conquista y nunca desaprovechaban una oportunidad.    ¡Mi día cambió! la tristeza se fue ante las risas y caricias que me dieron mis peluditos traviesos, a los que aún podía cargar en una mano.

Ellos son la mejor medicina ante cualquier dolencia, pero ahora debo tener cuidado porque, aunque crecieron siguen tirándose sobre mí, además Circe los copia y ella pesa por dos.  
¡Imagínense lo que pasé una vez que me operaron y los chiquitos decidieron aliviarme!

Hagan el bien, sean felices junto a sus perros  y ayuden a una mascota sin hogar.

Hasta la próxima
Nova A.S.G.

sábado, 17 de diciembre de 2011

¡Seis!

Hoy es el sexto cumpleaños de mis hijos caninos.   
Es extraño celebrar a tres y pensar en el faltante.   Él era el parrandero, le gustaba la bulla y los regalos, no se quedaba quieto y por eso el año pasado de todas las fotos no salió ninguna en la que estuvieran juntos.  
Es muy raro sonreír con lágrimas nostálgicas mientras recuerdo a Perseo.

Este año la celebración ha sido tranquila, pero les dedicamos todo el tiempo a ellos.   Llevar y traer para que les hicieran su corte de pelo, que buena falta les hacía.  Y aunque no los acompañamos como siempre, hubo que esperarlos mientras comenzaban a trabajarlos y los terminaban.  ¡Han quedado preciosos!
Se les ha dejado a que hagan la caminata a su paso: con prisa. Cosa que no entiendo ¿A dónde quieren llegar tan rápido?  
Se la han pasado a gusto, lo sé porque ahora duermen como angelitos roncadores.

No son los únicos cansados, nosotros los humanos también hemos quedado rendidos. Pero el mejor regalo de cumpleaños será el que viene en cuanto deje de escribir:  Anidar junto a ellos, como les gusta.


¡Feliz Cumpleaños Gecko, Keyla y Nova!

viernes, 6 de mayo de 2011

10 de mayo

El martes será el día de las madres y además el cumpleaños de Musa.   Me he salvado de que no sea niña, sino una Cocker Spaniel de color negro, digo: ¡Me he salvado! ¡Porque cumple quince años!  No tendré gastos de recepción, pastel, ni vestido.   Son otros temas, que su edad me trae. 

Musa ha sobrepasado el promedio de vida de un Cocker Spaniel, que es de doce años. Y no me sorprende tanto que llegue a los quince años, por el alimento y cariño que ha tenido en su vida, la extrañeza es porque desde que vino a casa, la perra no ha sido saludable un solo día.
Si no era tos, eran ronchas, infecciones, picazón, etc.   Tratarla con antibióticos sólo la empeoraba y eso que seguíamos las instrucciones al pie de la letra. La pobre, conoció más veterinarios que los que asisten a las convenciones médicas veterinarias.
Mi esposo y yo estamos seguros que otra familia, con menos tolerancia a los enfermos, la habría dormido antes de que cumpliera un año.   No sé si eso era lo mejor para Musa, reconozco que ha pasado sus malos ratos pero también ha tenido muchos buenos.
El caso es que con enfermedades y ahora achaques de la edad ha llegado a su quinceavo cumpleaños.

Lo qué considero gracioso es que desde que cumplió diez, por sus dolencias, he pensado: ‹‹Este es su último cumpleaños››, ‹‹Esta es su última Navidad››.
Tal vez ese sea el secreto, Musa es muy terca y al sentir-oír (tomen en cuenta que es sorda) la frase, decide no dar lugar a los presagios.

¡Feliz Cumpleaños Musita!

viernes, 17 de diciembre de 2010

Quinto cumpleaños

Cinco años cumplieron ayer mis Cuachuchitos, así les digo a los cuatro Cocker Spaniels hermanos.   Golosinas y abrazos extras recibieron mis peludos.

De las fotografías que se les tomaron, intentado que salieran juntos, ninguna salió bien.   Para ellos fue un juego, saltando enfrente de quien tenía la cámara, huyendo de quien los llamaba a sentarse por un segundo; corriendo de sillón en sillón, con las orejas corridas hacia atrás, como se ven los perros escapando de las carnicerías al robar un hueso.   Fueron más rápidos que el autoenfoque de la cámara y que la seudofotográfo, que reía a más no poder.

Las imágenes sólo tienen sentido para mi esposo y para mí.  Las veremos algún día, dentro de algunos años y no necesitaremos explicaciones del porqué la foto salió cortada, borrosa, o con ojos ya no rojos sino blancos.  Pensaremos en Musa, la Cocker de catorce años, que no salió en ninguna fotografía porque prefirió (con justa razón) seguir durmiendo en su cálido rincón en lugar de participar en la algarabía de los jóvenes cumpleañeros. 

Los Cuachuchitos hoy están cansados, acurrucados entre sí, tal vez esperando otro momento igual que ayer, porque para ellos las fechas no tienen relevancia, sólo las caricias y el tiempo que se les dedica.   Y por qué no, mejor dejo esto por hoy y me retiro para disfrutar de mis chiquitos.