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viernes, 6 de junio de 2014

Destino de Navegante


Vean esta fotografía. ¿Verdad que es lindo?  Es una de esas caritas que se pueden colocar en un póster.  Llama la atención, uno quiere  abrazarlo, quererlo, uno lo quiere en casa y luego recordamos que no podemos por espacio, economía, ya tenemos cuatro que requieren amor y cuidados.   Pero es una fotografía y se dice así mismo:   ¡Qué lindo perrito!  Y se piensa en otra cosa.  Si se ve en persona, la misma historia y tomamos la misma decisión, porque somos responsables, conocemos nuestros límites y uno más no es posible.

He mencionado en otras ocasiones que me encantaría adoptar a una cachorra, la idea de una hembra es porque Gecko es territorial a pesar de estar castrado, en general no le gustan otros perros y con Circe la historia fue diferente porque el carácter de ella es lo más dócil que se puede encontrar sobre la faz de la tierra.  Lo enamoró. 
Keyla y Nova, tampoco son llevaderas y aunque aman a Circe, siempre le hacen saber que debe respetarlas en todo y malcriadeces.  Ella lo acepta y todos felices.
Además Nova padece del corazón y se pone tan mal que le afecta la piel; cuando traje a la cuñada (Circe), no sólo tuvimos que costear una perrita más y su esterilización sino también tratar a Nova porque pasaron meses antes que se recuperará al fin de la “sorpresa” de convivir con una perra más.  La decisión es muy clara para mí, ante rescates: no más, por la vida de mi hija canina.

Pero entre todos los perros sin hogar tan necesitados y enfermos,  cómo todavía puedo ver uno que está muy mal y dejarlo ahí.   Con mucho dolor de conciencia y plegarias ruego cada día no encontrarme a uno que no pueda evitar.  El martes, no fui escuchada ante ese ruego. Pasé justo a una hora que no debí pasar, frente a una calle que no suelo tomar y entre buses personas y un tránsito de hora pico vi a un cachorro.  Llovía y él estaba mojado, olfateando la calle mientras la cruzaba.  Me estacioné cerca, tan pronto pude y fui por él.  Ya no lo encontré, estuve dando vueltas por el lugar y le encargué a un taxista que me llamara por teléfono si lo miraba.   El señor aún me preguntó —: ¿No es ese? —Señalándome a un perro pequeño Poodle mix, color negro, también necesitado, pero no el que yo había visto.   Quise acercarme, pero no sabía cómo lo ayudaría, este negrito se alejó y yo aún trato de no pensar en lo que no hice por él.   Sé que no era el lugar adecuado para agarrar a un perrito escurridizo como vi que se comportó, pero soy sincera al decir que en mi sólo quedó la intención pero no hice el intento porque no se veía tan mal como el que me hizo estacionar, y que tampoco tenía idea de qué haría por el o ella, ni cómo lo haría.
El perrito que me llamó la atención desde la distancia que lo visualicé, tal vez podría compararse con un Cocker mix, pero no fue eso lo que atrajo mi vista, fue su estómago con esa forma que ya había visto en un caso anterior: Bamito Bambino.  Si estaba embarazada, como aseguró el taxista cuando se lo describí, su vientre estaba muy extraño para que fuera normal y yo sabía que era macho en los pocos segundos que volteé a verlo.   Me fui de ahí con una gran tristeza ante los diez perros que andaban por ahí incluido el negrito.   En la calle de regreso, recé por ellos por no saber qué más hacer y agregué: Si conviene que lo ayude, déjame encontrarlo, sino sabré que no debía ser así.  Y entones lo divisé una cuadra adelante.  Más claro no estaba, lo que debía hacer estaba destinado.

En lo que llegué al lugar, el perro se había refugiado bajo el techo de una tienda, le pregunté al guardia que estaba ahí si reconocía al perro o si sabía de quién era.  Lléveselo si lo quiere, por estas calles a estado vagando, me respondió.
Acaricié al perro, que se extrañó ante mi actitud y me recibió comida, así lo atraje hasta mi carro y lo subí, algo le dolió porque gimió, pero luego trató de acomodarse sin saber bien cómo hacerlo. Sí, era macho con pancita de embarazada.  Un cachorro que estaba en los huesos, aunque el pelaje no estaba tan maltratado, extraño ¿no?

Manejé sin saber hacia dónde, el perro durmió sentado pero antes buscó mi mano para una caricia.   Me dirigí hacia la veterinaria más cercana que conocía, pero si lo dejaba en hospedaje no podía costearla.   Había fila para entrar y comencé a hacerla, entonces recordé una pequeña clínica que queda a la vuelta de donde yo estaba y decidí ir allí.

Delia, la groomista iba de salida cuando llegué, y me informó que la doctora se había ido más temprano de lo usual.  Le expliqué el caso y con mucha tranquilidad me dijo: déjelo, que se quede aquí y mañana lo revisará la doctora en cuanto venga.   Me quitó un gran peso de encima.  Ella lo bajó del auto aunque el perrito quiso morderla por hacerlo, Delia no se molestó, comprendió que él estaba tan cómodo que no quería que ese momento terminara.

No suelo pedir favores, porque no quiero molestar, no quiero pasar un mal momento o que crean que me aprovecho, en especial quiero evitarme el escuchar un no.  Pero cuando uno recibe ayuda de alguien desconocido, es una sensación increíble, se restaura la fe en la humanidad y  este fue uno de esos casos.   Saben, en muchas clínicas no suelen recibir a los perros así porque las personas los  dejan abandonados y sé que se tomaron el riesgo conmigo por ayudar al perrito.
Conocí a la Dra. Marisol al día siguiente,  al hacerlo me di cuenta del porqué trabajan juntas, él mismo carácter jovial, ambas aman su profesión,  aman a los animales y están dispuestas a colaborar por el bienestar de ellos.  No sé cómo agradecer el apoyo que me han ofrecido y el haberlas encontrado en el momento preciso.


Regresando al tema del perro,  lo nombré: Ágenor – Navegante.  Los resultados confirman su estado físico: daño hepático; y también insuficiencia renal.  Además tiene una anemia severa y tenía tantos parásitos internos como se puede uno imaginar.  Creo que no tenía una sola garrapata por la anemia, porque no tendrían de qué alimentarse y el par de pulgas que se aferraban a ese cuerpo murieron ante la bañada. Tiene gastritis y tal vez más dolencias que para conocerlas se necesitarían otros exámenes, pero como todo, tienen un costo.
El pronóstico es reservado, se le está brindando tratamiento y se hará seguimiento para saber cómo está respondiendo.  Hoy, estaba mejor que ayer y que anteayer ¿acaso no vale la pena el intento? si Ágenor mueve la cola cuando come, camina y saluda.

La Dra. Marisol y Delia le regalaron a Ágenor dos noches de hospedaje, baño, vitaminas y hasta la castrada, porque se  aprovechó la sedación del tratamiento para extraer el líquido abdominal. Le había regalado la desparasitada, pero insistí en reponerle la pastilla porque sé que la clínica es su medio de subsistencia.   Ellas han ayudado a Ágenor y por lo mismo a mí y también saben que yo estoy haciendo lo que puedo con lo que tengo.

No sé que haré con Ágenor, por el momento está en hospedaje en la clínica, desde el jueves con un descuento de casi la mitad de lo que suelen cobrar por este servicio.  Entre los laboratorios, la extracción de líquido, la comida especial, medicamentos y el hospedaje, no sé cómo le haré para comprar la siguiente bolsa de concentrado que se terminará en pocos días, algo se me ocurrirá, alguna puerta se abrirá y es que aunque no quisiera hacerlo, sacarlo de la calle estaba predestinado o las cosas no habrían ocurrido como ocurrieron.



Sean felices, hagan feliz a su perro y colaboren en la vida de un perro sin hogar. Y si lo desean, pueden colaborar con Ágenor donando alimento del que necesita: concentrado K/D (para problemas renales) y enviarlo a la clínica: Centro Veterinario Dog´s Land. 8 calle, 15-13, zona 13 local “A”. ¡Qué bello sería, saber que puedo contar con este apoyo!

Mis agradecimientos a:
Dra. Marisol Gonzáles y Delia López.



Hasta la próxima
Nova A.S.G.
guateperros@gmail.com 

La continuación de Ágenor: http://www.guateperros.com/2014/06/navegante-agenor-nikola-bones.html

sábado, 18 de mayo de 2013

Consentida adolorida



Un día regresé del colegio y Consentida estaba acostada en el moisés.   Lo normal es que estuviera en mi cama pero esa vez no fue así.  Me acerqué a saludarla y apenas me movió la cola.  Con molestia se levantó para darme mi beso y fue cuando supe con certeza que algo  estaba mal.   No había razón simple para que estuviera adolorida pensé, y le pregunté a la chica que trabajaba en la casa.   Ella me contó que Consentida había salido a hacer sus necesidades a media mañana y luego  había entrado bien.  La perra se quedó a partir de ese momento en mi cuarto, como siempre. 
María (así se llama la chica), estuvo pendiente de la perra y del gato como solía hacerlo, sólo los dejó cuando fue a la tienda.   Yo nunca dudé de ella, más que una trabajadora doméstica ella era y es mi amiga.  En ese entonces, también vivía con nosotros mi padrastro y María era mi aliada y cuando yo no estaba cuidaba mis cosas y a mis peludos hijos, porque no confiábamos en él.  Así que haciéndola de Sherlock Holmes, deduje que él había lastimado a Cony (Consentida).

Le pregunté a mi mamá si la Cocker se había salido de mi área y respondió que no y luego como cosa rara, con tranquilidad le dije: “Creo que tu esposo la lastimó”.   Mi madre de inmediato fue a preguntarle y él lo negó.  Pero yo estaba segura, no había otra explicación ¿o sí? La remota duda era porque el dolor que tenía Cony podría ser por alguna enfermedad.  Sus pupilas y encías estaban normales, no tenía heridas físicas; sí, tenía que ser por un golpe, pero yo no era ni soy veterinaria.
Mientras llevaba a Consentida con el Dr. J. Melgar, pensaba en las mil y una palabras que le diría al esposo de mi mamá por su horrible acción, cuando me confirmaran que estaba golpeada.  ¿Qué más podía hacer?
Llegué a la clínica y el doctor la revisó y en lo que lo hacía, yo argumentaba sobre el golpe que Cony tenía.   El doctor desde que lo conocí, siempre fue muy respetuoso y paternal, no sólo cuidaba de mis mascotas, me daba consejos sanos, por eso creo que le tenía la confianza de desahogarme, cuando lo miraba. 
Él terminó de revisarla y me dijo: mire mi´ja, se le pasó la mano a su imaginación, bien sabe que no considero a  su padrastro como persona grata, pero lo justo es justo y su perra lo que tiene es un problema de espalda, está inflamada.  Podemos sacarle rayos X, si usted quiere, pero no es necesaria.   Siga las instrucciones de la receta y manténgala en reposo.  Este es un problema que algunos Cocker presentan, si bien puede ser causado por un golpe, también pudo ser por saltar de la cama.

Al regresar a la casa bajé el colchón de mi cama para que fuera más sencillo para Consentida subirse, tranquila porque mis suposiciones  eran erradas pero siempre con un ojo vigilante.  En el término de diez días Cony estaba como nueva.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Palabras sabias



Fuimos un día a la clínica veterinaria.  Llevamos a Perseo a revisión.  Entre la plática con el doctor, yo de boca floja me quejé a tono de broma: 
—Doctor, mire este perrito es súper travieso, está contestón y no me hace caso.  Es culpa de RK que lo consiente demasiado.

Entonces el doctor Viau, con gran sabiduría me respondió: 
—¿Y para que otra razón se tiene perro pues?

Aunque siempre he consentido a mis perritos, desde ese día pienso en esa frase, en la dulzura y sinceridad con la que el doctor respondió, esperando que la diga en toda oportunidad que tenga a los protectores de los pacientes que le llegan y que muchas más personas la acepten como un hecho.  
Y es que no podrían ser más ciertas esas palabras.  



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Recuerden que este 27 de septiembre se solicita la presencia de todas las personas que deseen apoyar para que se apruebe la ley de protección de animales de compañía, frente al congreso.  Más información: http://www.guatepets.com/ENoticias.htm#Sept2012

sábado, 13 de agosto de 2011

Diagnósticos y tratamientos

Hace meses que Nova (la verdadera, la Cocker, por quien uso el seudónimo) está en tratamiento médico.  Primero le apareció una mancha en el lomo, a la que no prestamos mucha atención.  Luego una roncha en el cuello, a la que tratamos con medicamentos en crema que tenemos en casa.  No mejoró.  La llevamos a examinar y el veterinario le recetó antibiótico.  Se curó por unos días y luego le salieron dos ronchas.  El doctor conociendo que en casa somos responsables de seguir las indicaciones asumió que necesitaba un antibiótico más específico.  Se lo proporcionamos a Nova y el resultado fue el mismo. Y así continuamos una vez más.

Perseo murió y me imagino que por el estrés de este suceso la condición de la perra empeoró.  Hartos ya de los gastos de consultas y medicinas sin efecto duradero la llevamos de nuevo pero esta vez solicitamos un raspado de piel, la lógica nos dictaba que podrían ser hongos.  Nuestro doctor no estaba y su colega, aunque no muy convencido por nuestra solicitud, obtuvo la muestra.  Diez días después nos decía que había salido positiva a estafilococo y a un hongo llamado malassezia.  Además, el resultado definía cuáles medicinas eran las apropiadas pero sólo para la bacteria, por alguna razón en el laboratorio no habían sacado ese dato para el hongo.  Somos clientes y sabían que el costo extra lo pagaríamos.
Tuvimos que esperar una semana más.

El tratamiento adecuado tardó tanto en proporcionársele que el hongo aprovechó y lo que pudo curarse en dos semanas llevará, mínimo, dos meses.
Sé que los antimicóticos son muy fuertes para el hígado (podrían causar la muerte dependiendo de la salud de la mascota) y luego de esta experiencia no nos dejamos llevar por lo que el médico “considera” que está bien, así que a medio tratar la llevamos a sacarle muestras de sangre para chequear su funcionamiento hepático.  Hasta ahora todo bien, pero la mejoría va lenta, al menos sabemos que le estamos dando las medicinas correctas.

—¿Por qué el doctor no dudó que tuviera hongos? —pienso.  Recuerdo que él, al principio del problema (y también su colega) nos hablaron de reacciones alérgicas y se concentraron en ese tema.  Para nosotros (Rk y yo) fue más sencillo aceptar los primeros diagnósticos, fáciles y económicos de tratar ‹‹—Son sólo un par de ronchas —pensamos››.  Los doctores se equivocaron y nosotros también por consentir el mismo diagnóstico más de una vez.

Espero que esta experiencia les sirva para buscar más información sobre la dolencia de su mascota en caso necesario.

sábado, 4 de junio de 2011

Horus

Apenas una semana hace que, el perro que confundí con Onyx, fue rescatado.  Entre la pena de ver al pobre animal en tan desgraciada condición, a mis amigos adoptantes no les quedó más que bromear: ‹‹En la foto que enviaste, se miraba mejor. ¡Que baboseada nos diste!››
Y es cierto, en las fotografías no capté la realidad, aunque eso ya no es importante ahora.   

Me contaron que los otros dos perros (un Gran Danés y una Chihuahua) que tienen, aceptaron al refugiado sin mayor problema. Lo llevaron con la Doctora Veterinaria con la que asisten, quien donó sus servicios.  Los costos de medicamentos se sumaron a la cuenta de alimentación, ya que por lo desnutrido que está el concentrado no le apetecía del todo y hubo que estimularlo con proteínas más agradables.   
‹‹Lo llamaremos Horus›› me dijo Olga por teléfono, yo que sólo pienso en perros y sus formas, a primera oída lo confundí con Anubis.  
‹‹Ya hace el intento de ladrar a los extraños, aunque apenas le sale la voz.››

Hoy fui a la casa de mis amigos, me sorprendió ver lo repuesto que está.  Mueve la cola con facilidad, se comportaba como si allí hubiera vivido toda su vida.  Es sociable y cariñoso. Sigue flaco pero no como estaba, por lo mismo tendrán que esperar al menos un mes para castrarlo.
Es un respondón, se le regañó por tomar una galleta de la mesa (esa comida sí le apeteció) y se puso a refunfuñar, no fue agresivo pero sí expresó su desacuerdo al haberle negado la acción.

No todo es perfecto, Horus comienza a reponerse y eso significa que su personalidad comenzará a sobresalir.   Entelerido y todo, hay indicios de que es un perro dominante y comienza a hacérselo saber  a Cronos el Gran Danés, quien por su parte es pacifista y no le dará con facilidad, oportunidad de pelea, por ahora.

Tomé una fotografía viendo al perro desde arriba para que puedan observar como está.  Tienen que recordar que a pesar de cómo se ve, él estaba peor.  Horus es un lindo perro que alguien decidió abandonar, tal vez hasta lo dejaron donde se le encontró para que muriera.  

Hay cosas que no tienen solución, pero esta no es una de ellas, sólo es necesario tener la determinación de ayudar.


viernes, 13 de mayo de 2011

Predicción

Una noche, mientras dormía, escuché respiraciones fuertes, tos seca y ya.   Serían segundos, pero los síntomas fueron intensos. Encendí la lámpara. Cony estaba en la alfombra estirada, demasiado quieta para sólo pensar que dormía.  La levanté, nunca antes había pesado tanto.
¡No respiraba!

Comencé a llorar y al mismo tiempo a darle respiración boca a boca.  Por instinto, le presionaba el pecho, imitando lo que se hace con las personas.   En realidad, no sabía qué más hacer, aunque igual no tenía conocimientos sobre lo que estaba haciendo.
Pasaron talvez dos minutos, los sentí como horas pero al fin ¡Consentida reaccionó!   La abracé con angustia y alivio, Skippy en ese momento también empezó a lamerla, todo ese tiempo se había mantenido alejada.

A la mañana siguiente fui con el Dr. J.Melgar, nuestro Veterinario de cabecera, médico de gran experiencia.  Expliqué lo sucedido, tratando de convencerlo de que no lo había soñado.   No era necesario, él me creía y luego de examinar a Cony me dijo: ‹‹—Mi´ja, su perra padece del corazón››.

El diagnóstico era una predicción. Consentida tenía más de diez años y aunque se le veía sana, su corazón en algún momento debilitaría el mío.   
Por muchos meses no dormí tranquila desde entonces.  Y consiente de un final que con todos será irremediable, recordé a partir de ese día, despertarme agradeciendo por cada nuevo amanecer que tuve al lado de Cony.  

viernes, 10 de diciembre de 2010

Perros y coheterías

Como escribí la semana anterior: “Estamos en época navideña.”   Por lo mismo vamos a tener que aguantarnos la cohetería de quienes tienen por costumbre celebrar de esa manera.

Publicidad proveniente de los amantes de los animales comienza a circular, en donde solicitan que en las fiestas no se use pirotecnia. Explican que los perros son cuatro veces más sensibles a los sonidos que los humanos, que se angustian, que se desorientan.
Y por si el lector no se interesó por los canes, una frase con la imagen de un niño vendado dice: “Si no lo haces por ellos (los perros) hazlo por los tuyos.” ¡Tienen toda la razón! 

Ahora nos toca a los demás, y como quien toca la misma canción, repito: Eduquemos.
Informemos a todas las personas que conozcamos, sobre la consecuencia de la cohetería en los perros: Se estresan.  Y el estrés desencadena un comportamiento anormal: agresividad, escapan de casa, destruyen objetos. Esto es con los canes que tienen un hogar, imaginen los miles (porque sí son miles) de perros callejeros que sufren más de lo que ya acostumbran, debido a estos ruidos. 

Y mientras convencemos al mundo de celebrar sin el escándalo, escribo unos consejos para las celebraciones:
  • No todos los perros reaccionan igual, pero sin importar como lo hagan, la mayor recomendación que puedo brindar es: Nunca exponga a un animal cerca de cohetes.  Ni siquiera apagados, una chispa puede caer cerca, o podrían ser masticados por el animal.
  • Observe a su mascota y tome en cuenta su comportamiento en estos días si piensa dejarlo solo.   Si no va a estar usted en casa a las horas de la cohetería, provéale un lugar seguro, ventilado, pero asegurándose de que no haya posibilidad que le caiga un petardo. Si piensa salir por varios días y no hay quien lo cuide, cotice hoteles para mascotas, alguno se ajustará a sus necesidades y economía.
  • No automedique a su mascota, para tranquilizarlo.  El Veterinario Homeópata Jorge S. Muñoz dice: La gente recurre a los tranquilizantes o sedantes, y los medica por su cuenta. Deben saber que estos sedantes, son muy potentes, bajan la presión sanguínea y pueden ser peligrosos. Deben ser manejados e indicados por profesionales,  y que les den la dosis correcta a cada individuo.


Buscando la información más apropiada sobre perros y reacciones ante la pirotecnia, encontré la página Web: Homeovet, en la que hay un artículo escrito por el Veterinario Homeópata Jorge S. Muñoz, acerca del tema.
La explicación que escribe de la conducta canina ante los ruidos de las celebraciones, me pareció adecuada para que las personas aprendamos a conocer más a nuestra mascota y la influencia que tenemos sobre ella.  Según el comportamiento del perro, los ha catalogado en cinco grupos, cada una con ejemplos.  
Y ahora usted se preguntará: ¿En qué grupo se encuentra mi perro?  Para que no se quede con la duda, dejo el enlace a continuación:   Temor a los cohetes en los perros

viernes, 20 de agosto de 2010

Salud y Veterinarios

Muchas veces dejamos la salud en un segundo plano.  En lugar de ser previsores y e ir a chequeo con el médico, esperamos que un dolor fuerte (porque los suaves los dejamos pasar) nos advierta que tenemos que hacer una cita con el doctor.
Con las mascotas, la situación no es mejor.   Las visitas al veterinario son exclusivas para vacunaciones (si es que las hacen, no entraré en detalles) o cuando vemos al animal en mal estado: no comen, están letárgicos, se quejan al ser acariciados, etc.
Un buen protector (“dueño”)  llevará al enfermo de inmediato al doctor, este examinará a la mascota, si es una enfermedad de fácil diagnóstico le recetará el medicamento necesario y hasta ahí todos felices.   Pero qué pasa si no se cura.   Entonces pregúntese:
  • ¿Qué fue lo que lo decidió a ir a ese veterinario?  La mayoría responderá: la cercanía al hogar y el costo de la consulta.  Es lógico, lo hacemos con nosotros mismos.  No significa que esto sea malo, sólo que está limitando sus opciones.
  • ¿Sabe cuánta experiencia tiene el doctor?  Tenemos que recordar que por tener el título, no significa que lo sabe todo.  Y hasta los más experimentados pueden equivocarse.
  • Si ha ido por la misma razón más de dos veces, y la mascota no se cura ¿Por qué cree que será diferente una siguiente?  Tomando en cuenta que estamos tratando al animalito tal y como nos fue indicado.  

Durante mi vida he compartido con tantos perros que he aprendido a entender un poco más cuando están enfermos, y más o menos que tipo de atención necesitarán.  Por eso es que tengo en mi agenda cuatro contactos:  El veterinario de toda la vida, con la experiencia y sabiduría suficiente  como para haberme recomendado al doctor número dos, quien tiene una clínica con equipo necesario para grandes emergencias.  La clínica número tres, también recomendada por el primero, me es conveniente por la cercanía, aunque no tiene tanto equipo como la segunda, pero es ideal cuando el tiempo es primordial.   El cuarto contacto, es un doctor a quien otros veterinarios acuden para exámenes de laboratorio.   
No es que vaya con todos al mismo tiempo, como escribí: depende de la necesidad.   Ellos lo saben y respetan mi decisión.

Sugiero, que tengan al menos dos opciones en su directorio, entre ellas una clínica con un buen laboratorio. Recuerde, a veces gastamos más en medicina innecesaria por falta de un examen, además de poner en riesgo la vida del paciente.  Y esto vale, no sólo para animales, sino también para los humanos, porque nunca se sabe cuándo necesitaremos una segunda opinión. 

Infórmese de las enfermedades propias de la raza de su mascota.   Y ante todo, ayude a la salud de esta, con la vacunación apropiada, alimento adecuado, ejercicio y mucho cariño. 

viernes, 14 de mayo de 2010

Popeye

Luego de Duquesa llegó Popeye, un perro mestizo, se veía como un Beagle,  con manchas y todo aunque unos veinte centímetros más alto y se notaba que no era de raza, pero era lindo y ante todo único. Muy cariñoso y amable con las personas.
Una tarde se salió tras de mi cuando fui a la vecindad.   Tendría yo unos tres años, y por mi edad me imagino que lo ahuyenté de forma indebida.  Sé que no lo dañé, pero lo puse nervioso.  Me mordió, no, ni siquiera llegó a ser eso.  Pasó sus dientes en mi mano, causándome algo menos que un rasguño.   Lloré, pero por el susto.  Y como él no estaba vacunado me gané las dosis de antirrábicas en el estómago. 

En donde existe ignorancia el oportunista hace fiesta, y eso sucedió en casa, ahora lo sé.  Mi mami por ese entonces tenía huéspedes. Estos eran jóvenes del resto de Centro América, estudiantes de la Universidad San Carlos;  entre ellos uno estudiaba veterinaria.
Arnoldo, el seudo veterinario, aseveró que Popeye tenía rabia y no vi más al perro.  Días después el estudiante pegaba huesos en un cartón para una presentación.  Pregunté y contestó que era una tarea que tenía que entregar: Huesos de perro.   Entendí que era Popeye.  Me dolió (más que las inyecciones) pero  mi perrito estaba enfermo y no había cura, fue lo que pensé, con más madurez que la que hoy tengo.

Los sucesos no se olvidan, lo que pasa es que uno no los recuerda hasta que algo los trae del fondo de nuestra mente.   Ese algo llegó un día en mi adolescencia, mientras conversaba con un Doctor Veterinario. —Puede presentarse de dos maneras mi´ja.  Les dicen:  rabia furiosa y  rabia muda —dijo y me explicó los síntomas.  Recordé a Popeye.  Él no presentaba ninguna de las señales.  Le conté al doctor y preguntó:
—¿Lo dejaban salir a callejear?  ¿Tenía contacto con otros animales?
—No.
—Pues —respondió, rascándose la cabeza—, no hay manera de asegurar o negar que su perro tenía rabia. Sin síntomas se puede sospechar, si no se conoce al animal.  Es normal que su familia se preocupara y no tomara riesgos, más, porque alguien les aseguró que estaba enfermo.  Quién sabe qué pasó en realidad —dijo discreto, mientras su rostro expresaba lo que concluí en ese  momento. 

Ahora me pregunto: ¡¿Y si ese huésped,  hubiera decidido estudiar medicina?!

viernes, 2 de abril de 2010

A veces nos parecemos

Hace algunos años un Cocker Spaniel se atravesaba con lentitud la avenida Hincapié, no teníamos la intención de recogerlo nos dirigíamos atrasados al trabajo, pero el perro iba tan despacio, confuso y oliendo la calle que mientras lo pasábamos en el vehículo seguimos sus pasos por los retrovisores.  Por como lo vimos, giramos de regreso unos cien metros adelante, y el perro seguía cruzando entre el tránsito así que lo subimos al carro.  Era un perro viejito, se notaba que no oía porque ningún ruido lo perturbó en el camino, tenía cataratas más una infección en un ojo y en el otro un gran lunar en el párpado.
Llamé al veterinario que atendía a los nuestros y le pregunté si podía tenerlo en lo que encontrábamos cómo acomodarlo y salíamos de nuestras prisas, además su clínica nos quedaba camino al trabajo.  Con gusto lo recibió.  Tendríamos de hospedaje  tres días gratuitos mientras resolvíamos qué hacer con él y sólo nos cobraría el medicamento para tratarle el ojo.
Avisamos a los vecinos, contactamos a las dos asociaciones que existían (en ese momento estaban atoradas de perros y por eso no podían recibirlo), no podíamos quedárnoslo porque tampoco teníamos espacio, llamamos a quienes se nos ocurrió y al fin entre conocidos de conocidos nos dieron el número de teléfono de un señor que recogía perros sin hogar y los cuidaba (para evitar que sufrieran en la calle).
Llamé y le conté al desconocido benefactor de canes lo sucedido.
—Mire patoja ¿Tiene usted idea de lo que es lidiar con más de cien perros? ¿Que lo llamen a uno sólo para eso? ¿Que yo ya no tenga vida por tener que estar al tanto de los perros y de los patojos que  contrato para que los cuiden?
—No —contesté, extrañada que me hablara con un tono de voz tan fuerte.

El señor se quejó, maldijo al mundo por dejar abandonados a los perros, insultó a todos los que no ayudaban; más de hora y media lo escuché y confieso que por educación porque con todo lo que  dijo no creía que le diera lugar a un perro más, se escuchaba muy frustrado.  De vez en cuando yo sólo podía contestar: “Tiene razón.”  “Ha de ser difícil.” “Que pena.” Y yo lo decía en serio, no era por llevarle la corriente.
Al fin, suspiró y pidió disculpas por su manera de hablar.  —Me desahogué con usted, traiga al perro, uno más uno menos no me hace la diferencia ya —dijo con resignación.

Seguí buscando,  no quería darle más trabajo a ese señor que quedó atrapado en la caridad hacia los perros, aunque  tal vez sería la única opción.
Los tres días se cumplieron y fui por el perro sin aún saber que hacer, al regreso cerré el portón de mi casa, iba a bajar el can del carro cuando un vecino me dijo: Acabo de enterarme que a un señor que vive a una cuadra de la Hincapié se le perdió su perro hace tres días. Sentí gran alivio al saber por la descripción que se trataba de un Cocker Spaniel.  Típica historia, se salió cuando la puerta quedó abierta.

Llegamos con el perro, tocamos el timbre varias veces y luego de cierto tiempo salió el "dueño".  No tuvimos que preguntar,  era el "propietario".  Era un hombre anciano, caminaba despacio, miraba poco por las cataratas en sus ojos y ¡tenía un gran lunar de carne en un párpado!  Con mucha alegría lo recibió.  Nos agradeció que le evitáramos a su amigo un accidente y se disculpó por la demora de abrir.  —Es que ya estoy algo sordo —expresó, como si no lo hubiéramos deducido ya.