Mostrando entradas con la etiqueta Cachorros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cachorros. Mostrar todas las entradas

viernes, 21 de marzo de 2014

De estilo moderno a estilo perroco

Continuando con las travesuras de los cachorros.   

Adentro de la casa mis Cuahuchitos tenían suficientes juguetes para entretenerse, pero la infancia en cualquier especie es llamada por la curiosidad, nuevos sabores, texturas y el simple hecho de tomar lo que se les da la gana.    Así sucedió también con las esquinas de las paredes, fueron esculpidas por finos dientes de cachorros. He leído que cuando el organismo necesita suplir minerales faltantes, el instinto busca los materiales que podrían compensar esa falta.   También un entrenador de perros me explicó la posibilidad de que Circe masticara cables era por la misma necesidad.   Pero aunque esa haya sido la razón, en ambos casos era contraproducente por la salud de mis caninos, además de los costos de los arreglos en el hogar.

Los Cuachuchitos seguían arrasando con la casa, el único lugar que dejaron intacto y no tengo idea del porqué pero se los agradezco fue la cocina.   Y así los muebles de sala tenían las marcas de cuánto crecían esos hociquitos o simplemente no tenían forro.   Ni soñar con alfombras y a las patas del juego de comedor que eran rectas, mis chiquitos las rediseñaron a un estilo perroco.  Esos dientes fueron hechos para morder y decidieron hacerlo con gusto.   Yo me rendí, lo que podía salvar lo escondí y lo que no, decidí aprender a vivir con ello mientras la etapa pasaba.  Ellos eran cinco y no me daba abasto.
Rk, sin embargo seguía en la lucha.  El humano contra las travesuras de los jóvenes perros.  Trataba de impedir paso, de colocar límites y de adelantarse a los hechos; pero esto sólo les daba un poco de trabajo extra y mucha más diversión.   Rk, se enojaba, luego reía y trataba de nuevo; no obstante la perseverancia,  inocencia y la necesidad de recreación de los peluditos eran más fuertes.   Entonces, un día fui testigo de cómo mi esposo fue vencido.

Íbamos a salir, nos despedimos de los chiquitos, Rk una vez más les decía que se portaran bien, les acercó juguetes, les enseñó la canasta con el resto de los peluches para que jugaran y al hacerlo miró las patas de las sillas y la mesa, ninguna estaba sin morder; me imagino que creyó que podía evitar que las siguieran mordiendo y por eso con mucha seriedad me dijo: —Hoy sí se fregaron, no se las dejaré al alcance.
Pensé que iba a guardarlas en la cocina, pero en ese momento comenzó a colocarlas al revés sobre la mesa y los respaldos quedaron colgando. Me reí y él de inmediato respondió ante mi risa: —No llegan.

Regresamos un par de horas después y no me quedó más que aceptar que el juego de comedor ahora sí había sido redecorado por completo, las patas hacían juego con las esquinas de los respaldos.   Rk, aceptó la derrota al principio con malhumor y al final riendo conmigo.   Y es que esa vez, no pude evitar reírme como nunca y por eso es la anécdota que siempre les cuento a las personas cuando hablo de cachorros, porque así son: traviesos y más cuando uno les da oportunidad.  


Sean felices, hagan feliz a sus perros y colaboren en la vida de un perro sin hogar.

Hasta la próxima,
Nova A.S.G.


Aún pueden asistir a las ferias de adopción de mascotas, este domingo estarán presentes: AMA Asociación de Amigos de los Animales y Mascotas X Amor. 
Domingos de marzo, en avenida Las Américas, Plaza Cristóbal Colón (entre zonas 13 y 14).
Para quienes usan Facebook este es el enlace del anuncio de la feria de adopciones:
https://www.facebook.com/hashtag/feriadeadopcionesgt 

viernes, 14 de marzo de 2014

Cachorros tremendos

Los cachorros son tremendos, algunos –muy pocos- son tranquilos pero no es usual.  Por algo los primeros meses los perros se ven más tiernos que nunca y es para hipnotizar a las personas, haciendo que olvidemos los estragos que causan a su paso.  Aún así me encanta la idea de tener un cachorro.

Mis Cuachuchitos eran entretenidos y entrenados por tía Musa, abuela Skippy, mi esposo y yo; claro que la limpieza sólo la hacíamos los humanos.  Era mucho trabajo, porque cuando se terminaba de limpiar el piso por lo de un cachorro, los otros seguían dándonos más quehaceres.  Pero dejando a un lado los cuidados normales que se deben dar a un hogar, en especial con perros, lo que más nos ocupaba era estar pendientes de lo que encontraban para morder.  
En el jardín parecían cabras, lo que se movía lo mordían y lo que no, también.  A cada momento y con cada uno debíamos quitarles de la boca, grama, hojas y hasta piedras.   Se volvieron castores al mordisquear entre todos –en pequeños descuidos- un pequeño árbol de chopo.  Las matas de agapantos se convirtieron en fortalezas para unos y por eso debían de ser destruidas por los otros. Los peluches volaban por el jardín, por la sala, por la cocina; eran motivo de pelea y satisfacción al ser arrebatados.    Uno aullaba porque se lo quitaron, otro correteaba victorioso, y otro corría al vencedor para obtenerlo.   La canasta de los juguetes se convertía en propiedad de uno sólo y se metía adentro para evitar que sacaran algún peluche, luego los demás se unían y el cofre del tesoro (la canasta) era arrastrado, empujado, y volteado.  

Fueron lindos momentos, cansados, pero lindos.   Sí, la idea de convivir con cachorros no se me quita y en definitiva tendría más de uno, porque es más sencillo que gasten las  energías que tienen, entre ellos; pero será más adelante.   La responsabilidad es grande, alimento, gastos veterinarios y si necesitan corte de pelo, se incrementa el presupuesto.  Además con mis cuatro peludos apenas nos alcanza el tiempo, todos requieren atención y aunque han crecido siguen comportándose como cachorros juguetones.  





Sean felices, hagan felices a sus perros y colaboren en la vida de un perro sin hogar.


Hasta la próxima,
Nova A.S.G.


Pd.
La feria de adopciones de los días domingos en la Plaza Cristobal Colón continúa:para quienes usan Facebook este es el enlace del anuncio de la feria de adopciones:
https://www.facebook.com/pasosypedales

La lista de asociaciones la encontrarán aquí:
http://www.guatepets.com/Listaorg.htm

viernes, 24 de enero de 2014

Cuachuchitos lastimeros

Como les relaté la semana pasada, los Cuachuchitos nos manipulaban en todo momento.  Los sacaba al jardín mientras hacía la limpieza o para comenzar el entrenamiento de en dónde hacer sus necesidades.   Si no eran los gemidos y sus ojotes lastimeros los que me hacían caer en dejarlos entrar a los pocos minutos de sacarlos, era abuelita Skippy o tía Musa que solicitaba atención con el pretexto de que  tenía que salir. 
Las dos señoras Cocker se ponían ansiosas, caminaban de un lado para otro frente a la puerta, olfateaban el piso y podría jurar que con sus gestos me amenazaban con: ¡me abres la puerta o me orino aquí! 
Les abría, impidiendo el paso a los chiquitos, entonces las adultas Cocker caminaban un rato por la grama, me miraban para ver si yo las observaba y hacían unas gotas apenas.  Luego pedían entrar, pero en cuanto las dejaba, justo en la puerta se entretenían con algo o resultaba que no podían pasar porque en lugar de entrar derechas se ponían en diagonal para que tuviera que darles más espacio y así los cachorros se colaban.  

A Skippy no la dejaba afuera por su convalecencia, era una perra de 14 años con problemas del corazón, a Musa en cambio, sí la deje un par de veces y cuando entendió que no le abriría hasta que yo lo decidiera, aprendió a aullar junto a los cachorros.  De una forma u otra paré haciendo lo que los cachorros querían.  

Además,  quién puede dejar afuera por mucho tiempo a unos cachorros lastimeros como se ven en la fotografía.   Yo no.

Mis bellos Cuachuchitos.  En serio, el vidrio estaba limpio antes de que salieran.


Sean felices, hagan feliz a su perro, acepten y disfruten cuando sus perros los han manipulado porque significa que ellos son ingeniosos.  No olviden colaborar positivamente en la vida de un perro sin hogar.

Hasta la próxima,
Nova A.S.G.

viernes, 17 de enero de 2014

Cachorros con abuelita

Criábamos a los Cuachuchitos con todas las recomendaciones que el Veterinario nos había dado, además por previa experiencia con nuestras hijas caninas incluíamos reglas para que desde jóvenes aprendieran reglas básicas de comportamiento. 

La primera regla olvidada fue el no subirse a los muebles.  No pudimos con mi esposo ni contener a todos al mismo tiempo, ni contenernos nosotros mismos de tenerlos abrazados en el sillón y la cama.
En la que nos manteníamos firmes era en no darles de nuestra comida, por su salud y por la futura tranquilidad nuestra a la hora de comer.    Era difícil no caer en la tentación ante semejantes peluditos y además estar al tanto de las visitas que querían quebrar la regla.  Si son bebés y tienen ganas, decían. O: es que se me cayó de casualidad.   No nos caía en gracia como las personas creerían, porque lo hacíamos para bien de los cachorros. A Rk y a mi nos dolía el no darles a probar un bocadito de lo que estuviéramos comiendo y mis cachorros lo entendían porque nos manipulaban con lloriqueos y esos ojos enormes que saben poner cuando desean algo. Los aromas de la comida los volvían locos, no entendíamos el porqué de la ansiedad ante sabores que no conocían.  Sin embargo a pesar de todos nuestros cuidados ante la comida ellos continuaban solicitando y hasta exigiendo. 

Sé que los Cuachuchitos reconocían a Rk como un padre más consentidor, porque le pedían con más efusividad a él y hacían algo a lo que no le prestábamos importancia cuando estábamos cerca de ellos al terminar de comer: ellos llegaban con Rk y con la nariz le empujaban la quijada, a Skippy, la abuela canina, le hacían lo mismo.

Un día, tal vez estábamos más relajados y pusimos más atención o ese día Skippy  o los cachorros no fueron tan discretos como otras veces. A la abuelita Puka, por su edad y convalecencia de una operación de hacía unos meses, Rk la consentía al punto de prepararle un pequeño plato con “muestras de nuestra comida, lo sano preparado de manera sana.  Terminamos el almuerzo y como otras veces desde que estaban sus nietos, Skippy se levantó y fue al jardín. Entonces escuchamos que gimió muy suave, los Cuachuchitos nos dejaron en paz y salieron corriendo hacia ella, como también solían hacer pero sin tanta algarabía.  Fuimos detrás de ellos, algo malo podría haberle sucedido a Puka, pensamos y fue cuando vimos que ella estaba sentada frente a ellos y cada uno le empujaba la quijada, luego ella regurgitó sólo la comida (no el concentrado) y los cachorros comieron. Vimos la escena con el mismo asco que ustedes estarán sintiendo. Sí, nos pareció dulce el gesto de la abuelita de proporcionarles “lo rico y diferente”, pero poco deseable de ver, además podría afectar la salud de Skippy.  Desde ese día cuidamos de que no se repitiera, dudo que lo hayamos logrado al 100%.

Curioso fue que en esos días pasaban documentales de lobos y entonces una explicación nos interesó: “Las lobas regurgitan previo al destete para preparar a las crías en su futuro consumo de carne, los lobeznos estimulan a la madre frotando su hocico en el hocico de esta o lamiéndole la boca.  Esta acción no suele observarse en los perros domésticos, pero en sus genes está grabado el comportamiento de sus ancestros, por lo cual si una perra no posee suficiente leche no es de extrañar que este recurso sería utilizado para alimentar a sus cachorros.”

Mi bella Skippy, cuidando a sus nietos de la única manera que el cuerpo le proporcionaba y los nietos mañosos aprovechándose de la memoria genética.   

Abuelita Skippy jugando con Perseo.



Sean felices junto a sus perros y ayuden a un perro sin hogar.

Hasta la próxima,
Nova A.S.G.

viernes, 13 de diciembre de 2013

La mejor medicina

El lunes mis hijos caninos, los Cockercitos, cumplirán ocho años.  Yo aún los veo como cachorros aunque en sus ojos se nota la sabiduría que han obtenido de la vida.  Así es con los hijos, veo a mi madre mirarme como en mis primeros recuerdos y yo lo hago igual con mis perritos.  Siempre serán mis cachorros. Aunque adultos,  no puedo evitar recordarlos como en sus primeros meses, cuando mis pequeños Cuachuchitos crecían y descubrían el mundo a su manera.

Desde que nacieron hay un momento que, cuando armamos el árbol, se me viene a la mente. Era la última semana de enero y aún no habíamos quitado el árbol de Navidad.  Podría  tratar de engañarlos diciendo que fue por tanto trabajo inesperado,  atender a Skippy que estaba convaleciente de una fuerte enfermedad, cuidar a Greka por su depresión que no fue diagnosticada sino hasta después de su muerte y criar a los cinco peludos terremotos, porque no tenían madre canina que lo hiciera; pero no, la decoración navideña estaba para quitar la pesadez a los días de un Año Nuevo.   Era como exprimir la poca esencia navideña que quedaba en los adornos y las pascuas aún con flores. 

Hacía unos pocos minutos que había visto a los cachorros corretear en el jardín cargando peluches que eran más grandes que ellos y mordisqueando a Musa cuando pasaba cerca.   Vi el árbol y sabiendo que el fin de semana que se acercaba sería la despedida de este, me senté en el piso para observar cada detalle, recordando que lo armamos antes que los Cockercitos nacieran.   Pensé en todas las ideas que tenía cuando colocamos los adornos, me dio nostalgia que a pesar de tener a mis chiquitos, Greka estaba muy enferma.   Recordé que todavía llevamos a Skippy a ver las luces en la calle y que estando convaleciente  se emocionó al verlas.   Parecía que había sido mucho tiempo atrás, que cada día fueron semanas, pero sólo eran menos de dos meses los que me separaban del recuerdo y del presente.  Estaba absorta en mis penas y reflexiones, cuando las ramas del árbol se sacudieron con fuerza. ¡Fue un gran susto el que me llevé! por el inesperado e inexplicable movimiento y sin tiempo de razonar un porqué, los cachorritos salieron de abajo del árbol abalanzándose sobre mí para lamerme y mordisquear mis piernas.   Verme en el suelo era señal de conquista y nunca desaprovechaban una oportunidad.    ¡Mi día cambió! la tristeza se fue ante las risas y caricias que me dieron mis peluditos traviesos, a los que aún podía cargar en una mano.

Ellos son la mejor medicina ante cualquier dolencia, pero ahora debo tener cuidado porque, aunque crecieron siguen tirándose sobre mí, además Circe los copia y ella pesa por dos.  
¡Imagínense lo que pasé una vez que me operaron y los chiquitos decidieron aliviarme!

Hagan el bien, sean felices junto a sus perros  y ayuden a una mascota sin hogar.

Hasta la próxima
Nova A.S.G.

viernes, 27 de septiembre de 2013

La piedra mágica

Un momento que no olvidaremos con Rk, fue el encuentro de la piedra mágica, así le llamamos.  

Perseo desde cachorro tenía afición por las piedras, tenía sus favoritas que había sacado del jardín.   Al principio se las quitábamos para evitar que se lastimara, pero siempre encontraba otra y otra.  Le gustaban mucho y las entraba para tirarlas en el suelo, escuchar cómo sonaban y en nuestros descuidos tratar de clavarles el diente.   Aún guardamos las dos piedras que cuidó por años.

Un día a Rk se le cayó un hielo, Persy lo escuchó, llegó  y vio esa piedra blanca, casi transparente.  No dejó que mi esposo la agarrara, porque logró tomarla antes.  Lo frío evitó que la mantuviera en la boca y la soltó por unos segundos, pero al ver que nosotros íbamos por ella la volvió a agarrar y corrió hacia el jardín.  Estaba feliz por su nueva “piedra”, se le notaba en sus ojos,  la colocó en la grama y en lo que el cachorro nos miraba orgulloso por su tesoro, el hielo se derritió.   Perseo pasó varios minutos buscándola.  En ese momento no creo que entendiera qué había pasado. 
Luego, conforme creció, supo que esas piedras eran diferentes y ya no perdió el tiempo llevándoselas a otro lugar; en cuanto encontraba una  de inmediato jugaba con ella, la derretía en su boca o la deslizaba en el piso empujándola con la pata o la nariz.  
Era un gusto observarlo, más porque siempre nos recordaba la cara de incredulidad que puso la primera vez cuando se le desapareció como por arte de magia.


Cada momento y acción cuentan, jueguen con su perro, obsérvenlo y sepan que esos recuerdos son los tesoros que ellos  nos dan y que perduran.


Hasta la próxima
Nova A.S.G.


P.D.
Mañana 28 de septiembre es el Día Mundial Contra la Rabia.   No olviden vacunar a sus mascotas y en la medida de lo posible a las que no tienen un hogar.

He estado leyendo que en este mes en los Centros de Salud de Guatemala estarán proporcionando la vacuna de forma gratuita gracias al apoyo del Ministerio de Salud, sin embargo no he encontrado un enlace para corroborar esta información.  Si usted está interesado pregunte en el Centro de Salud más cercano.

viernes, 20 de septiembre de 2013

La perseverancia de Gecko

Como he relatado en ocasiones anteriores, Gecko fue el más pequeño de la camada pero  también el más perseverante, al punto de obcecado.  Se creería que por su tamaño fue el último en aprender o realizar ciertas actividades, sin embargo para todo él era el primero. 

En casa, la entrada canina desde el jardín tenía (ahora sólo es una) dos pequeñas gradas de no más de diez centímetros cada una y tienen que cruzar una “puerta” colgante plástica.  Todo un reto para unos cachorros que apenas corrían sin tropezarse.   La altura era suficiente como para no preocuparme de que entraran sin mi permiso, ni siquiera les llamaba la atención mordisquearla que fue lo que pensé que harían.   Un día Gecko me sorprendió, estaba llorando a media sala, el único adentro y se sentía solo.   

Luego de varios días de realizar el ritual de sacarlo de regreso a que jugara con los demás en el jardín, observé que Gecko comenzaba a esperar a sus hermanos con medio cuerpo afuera, y medio adentro; así les enseñó la mágica puerta que los llevaba a los magníficos y gigantescos juguetes para morder dentro de la casa: las sillas, los sillones y todo aquello que encontraran a su paso.

A partir de ese día fue imposible dejarlos afuera por ratos como solía hacer, si cerraba el paso se ponían a llorar al unísono de una manera que le sacarían lágrimas a una piedra y aunque quería que aprendieran a obedecer no debía estimular a que lloraran cuanto quisieran, no a todos les causa ternura; otros podrían creer, a lo lejos, que estaban siendo mal cuidados; y hay quienes no gustan de los animales y el gimoteo de cinco cachorros podrían molestarlos.   ¡El jardín y el primer piso fueron conquistados!

Ellos entraban y salían, olfateaban, jugueteaban y de cuando en cuando lloraban para llamarme, cuando yo estaba en el segundo nivel.  Eso era lo que querían, estar conmigo todo el tiempo, pero por más que yo también lo deseaba no dejaría que me manipularan y más aún que se volvieran dependientes de estar cerca de un humano, se tenían unos a otros y para ciertos momentos eso debía ser suficiente para que la pasaran bien.  Como la altura de cada grada es de unos 30 centímetros, creí que tendría unos veinte días más en lo que ellos crecían y comenzaban sus intentos de subirlas.

Una semana y empezamos a ejercitarnos.   Gecko subía dos gradas y se daba cuenta de que no podía más, se sentía perdido al igual que el valor de bajar y Rk o yo teníamos que bajar a regresarlo a la sala con los demás.    Fuimos testigos el día que logró subirlas todas y ese fue el fin de nuestro imperio humano porque los demás se echaron a la conquista de las alturas. 

Pero esa valentía que Gecko demostró también fue forjada, con cada primer paso infructuoso que dio, en un segundo y tercer intento recibió ayuda.  No se imaginarán de quiénes: abuela Skippy y tía Musa.  Las vimos ante cada triunfo de Gecko,  lo apoyaron, una de un lado de la puerta y la otra del otro.   Una arrinconándolo hacia la pared de las gradas y la otra con la nariz  empujándolo para que lograra subir, una y otra vez.  Fue sorprendente ver a las ancianas enseñando a un cachorro a realizar las actividades que ellas hacían.   Más interesante fue que a quien ayudaron fue al más pequeño y no a los demás. 

¿Estaban conscientes del tamaño o de la perseverancia del cachorro?  Podrían ser ambas las razones, pero también tengo que agregar que más que enseñarlo lo que hicieron fue consentirlo, permitiéndole hacer lo que él deseaba.   Gecko fue y es el más mimado, esa carita tierna todavía engaña a todos, incluyéndome. 

Esa es la razón por la que es tan malcriado, pero es un dulce y sabe qué cara poner para conseguir lo que quiere.   Todos sabemos que nos manipula, pero ninguno se atreve a detenerlo. ¿Por qué lo haríamos? Él es feliz y nosotros también.

Gecko recibiendo la sabiduría de su abuela Skippy.


No olviden compartir con su perro y ayudar a uno sin hogar.  Si quieren ideas de cómo hacerlo les dejo un enlace, de uno de los muchos casos aquí en Guatemala:






Hasta la próxima

Nova A.S.G.

viernes, 23 de agosto de 2013

Motivando cachorros

La motivación a temprana edad desarrolla el proceso del cerebro para que el aprendizaje sea más rápido y a mayor capacidad; también debe tomarse en cuenta que el crecimiento del individuo sea en un ambiente adecuado y con una alimentación sana.

A mis chiquitos los alimenté lo mejor que se pudo sabiendo que nada podría suplantar la leche materna que les faltó, y su nido lo mantuve lo mejor posible pero por más que intenté no podía permanecer junto a ellos como lo habría hecho la madre, por eso en su crianza en donde enfaticé fue en estimularlos en todas las formas que se me ocurrió.   Les ponía música, clásica en su mayoría; les demostraba objetos, juguetes caninos y los tapaba con los mismos periódicos que forraban el suelo para que ellos buscaran.  Conforme fueron creciendo también cambié la caja y les conseguí una grande para que tuvieran espacio cubierto, más una cerca alrededor para que corretearan fuera de ella. Todo esto dentro de un cuarto  por supuesto y siendo ellos tan bebés todo les era grande.    A la caja le hice un par de recovecos a diferentes alturas para que se ejercitaran tratando de alcanzarlos.  Al principio todos cabían y luego se peleaban por esos espacios porque sólo uno podía dormir allí, eran los lugares favoritos para dormitar.   Además colgué un par de muñecos para jugaran y no me imaginé que el reto de agarrarlos por verlos flotando les causaría tantas horas de distracción.

Puedo afirmar que tuvieron una linda canina-aniñada infancia.  No sé hasta dónde la estimulación y la genética comienzan y acaban.   Son bastante comunicativos verbalmente, no me refiero sólo a ladridos sino a ciertas vocalizaciones que realizan para que uno haga algo por ellos, pero Greka (la madre) hacía lo mismo. 
Utilizan las manos para muchas cosas, en especial para acariciar y halarlo a uno para hacerlo.  Tengo el pelo largo y con las patas me lo halan cuando estoy sentada para que me acueste, no lo muerden; y a mi esposo le agarran la frente desde atrás para lo mismo, algo que nos recuerda mucho a Skippy (la abuela).  El busca y encuentra objetos ahora es diferente, Nova los esconde y nos pone a buscarlos, créanme tiene su forma de hacernos loquear por su peluche favorito para que al final si no lo encontramos nosotros nos enseña en dónde lo había escondido.  Perseo era el especialista para traerme mis calcetas. A propósito le dejaba la gaveta abierta y le pedía que me diera un par, escogía las que él quería aunque no siempre era la mejor opción para mi vestimenta.

Cada uno tiene habilidades que sobresalen y desde cachorros comenzaron a demostrarlas.  Pero sé que la motivación fue importante porque ocuparon su mente mientras crecieron, no fueron unos perritos que permanecieron en una caja esperando comida y limpieza. Claro, no tuvieron enseñanza maternal pero ellos fortalecieron sus capacidades con los juegos y retos que les proporcioné. Por eso me imagino que los perros que sobreviven en la calle son tan inteligentes, sólo que para ellos no es un juego sino la vida.   Y veo a Circe, que sin haber crecido con los Cuachuchitos los imita, comprende que ellos son su modelo a seguir para vivir en armonía.  

Mimo al fondo y Gecko rendido bajo el muñeco.

Una rápida fotografía luego de colocarlos para que comieran.


Hasta la próxima y no olviden hacer feliz a un perro sin hogar.
Nova A.S.G.

sábado, 10 de agosto de 2013

Cachorros dominantes

Por lo general los cachorros interactúan con la madre y sus hermanos mientras crecen.  En esta fase aprenden límites propios y los de los demás por medio del juego, los mordiscos,  las riñas y la madre los corrige cuando es necesario.  Así comienzan a formarse personalidades de acuerdo a los genes, la educación y el ambiente.  Luego cuando son separados de la madre y son adoptados por los humanos, las personas les enseñan las “reglas” de la nueva familia: qué pueden agarrar, morder, en dónde dormir, etc.
Con los perros que son rescatados de la calle y luego adoptados es bastante sencillo que se adapten a las nuevas costumbres.  Toda su vida se han basado en las jerarquías de la manada con la que compartían.  Tal vez en algunos casos serán escapistas, dependiendo de las rutinas que llevaban en su anterior vida, pero con el tiempo, paseo y adiestramiento por parte de adoptante esto cambia y como escribí no todos son así, sino vean el caso de Circe que ella no se aleja de nosotros aunque esté suelta.

Cuando tomé el rol de mamá de los cachorros, por no tener tiempo para razonarlo, ni siquiera lo consideré, los eduqué como un adulto lo hace con un niño y vaya problema el que causé.  
Desde la primera semana se notaba quién era Alfa, y aunque un etólogo canino me dijo que no existen las hembras Alfa, sigo en la idea de que Keyla lo era, ¿es?  No sólo era la más grande, también se imponía ante sus hermanos, armaba y unía al grupito, lideraba con facilidad. No causaba problemas y de hecho se llevaba muy bien con Nova, la otra hembra quien era en extremo tímida y la segunda más pequeña de la camada.  Mimo y Perseo, eran más o menos del mismo tamaño (no tan grandes como Keyla) y competían entre sí.  Pero quien llevaba la peor parte era Gecko, el más pequeño de todos.  Él era dulce y tranquilo, por lo mismo en las trifulcas en el nido siempre salía volando, no lo dejaban comer, agarrar los juguetes y en los retozos paraba en líos con los demás.
No sabían competir por el mejor puesto para tomar la leche ya que fueron criados con biberón, no hubo mamá canina que les diera una reprimenda y en cuanto ellos comenzaron a movilizarse y ver el mundo por si mismos, usaban toda la fuerza que tenían.   No me pareció justo y comencé a regañarlos y separarlos en situaciones que normalmente la madre sólo les hubiera dejado aprender o si mucho, a darles un hocicazo para calmarlos.

Entonces lo que logré fue que nunca aprendieran cuándo detenerse, abstenerse y terminar la pelea.  Convertí a todos mis cachorros en dominantes, con conflictos fraternales sin resolver.   La parte más difícil (me lo explicó el mismo etólogo) es que al ser de la misma edad siempre necesitarían demostrar su autoridad ante el otro.   Y para rematar en mis errores, los sobreprotegí.  No dejé que interactuaran con otros perros más que entre ellos, me daba miedo que los lastimaran o les contagiaran alguna enfermedad.  Cuando miraba otros perritos de inmediato cargaba a mis chiquitos, como pudiera y esta es la mejor manera de evitarles la sociabilidad.   Ahora que ya están grandes he trabajado con ellos para adaptarlos al mundo real, un mundo en el que ellos no son los más fuertes pero los resultados son apreciables cuando están separados; unidos es como tener un grupito de combate.  Con otros perros son agresivos, pero no muerden a menos que se sientan agredidos, el problema es que con la manera en que ellos se acercan, intimidan y  reciben de respuesta gruñidos, ahí comienza el lío si lo permito.  Me imagino que por eso fue diferente con Circe, siendo de personalidad sumisa y acostumbrada a grupos de  perros en la calle, no le fue difícil aceptar la brusquedad de mis chiquitos. De ellos no recibió una sola mordida, varias reprimendas sí, pero sin daño físico.  Y ella no respondió agresivamente en ningún caso.

A los seis años las personalidades de mi hijos caninos ya están definidas y pueden apreciarse las diferencias de cómo nacieron y el resultado de la crianza.
Keyla, dejó de ser la perra Alfa, o al menos de demostrarlo cuando tenía tres años, creo que fue luego de una pelea con Nova de la que no fui testigo, pero un día al regresar del trabajo se notaba que habían peleado.  A partir de ese día es la más tranquila de todos.
Mimo, es dominante a pesar de que a él si le permitieron en su juventud interactuar con otros perros. 
Perseo, luego de cumplir su primer mes de vida, se convirtió en el perro más grande.  También fue dominante y bastante terco.
Nova, dejó de ser tímida y se convirtió en una diva; claro, nosotros la consentimos a más no poder.  Es dominante pasiva, posesiva y muy mandona.
Gecko, sí, yo lo malcrié, fue al que más sobreprotegí por ser tan chiquito.  Es dominante y contestón, a pesar que se comporta más agresivo que todos creo que todavía es más manejable que Perseo.

Por supuesto que todos son cariñosos, dulces con nosotros, les encanta tener visitas humanas, sólo tienen ese pequeño defecto que les conté,  pero como resumiría Freud (sin que tenga nada que ver con sus teorías): es culpa de la madre.

Hasta la próxima
Nova A.S.G.

sábado, 3 de agosto de 2013

Cuachuchitos cachorros II

Les dije que esta semana les contaría más sobre crianza de mis Cuachuchitos.  

Darles de comer a Mimo (vive con Cocky, su papá de sangre y su linda familia) y a Nova (a quien desde su primer día yo sabía que se quedaría en casa), era lo más tranquilo y dulce que uno podía realizar, tomaban su biberón como buenos cachorros, les sacaba el aire y los limpiaba, luego ellos seguían durmiendo.  Eran esas escenas de película, la experiencia  positiva total. 

Mi fallecido y amado Perseo, en cambio, había que despertarlo para que comiera, aún así prefería dormir y mejor si podía hacerlo entre la barba de mi esposo.  La primera vez que lo hizo pensé que se enfermaría, cada comida cuenta para un cachorro en especial cuando no está siendo alimentado por su madre natural.  No teníamos pensado quedarnos con todos y menos con los machos pero Persy escogió a mi esposo como su padre, como la compañía que deseaba para toda la vida y así fue.  Durante su vida fue un perro feliz, confidente y seguidor de Rk; si yo lo regañaba era como gritarle al viento y si me miraba enojada en verdad se iba a buscar a su papá y estoy segura que me sacaba la lengua.  Pero volviendo al relato, no, él no se enfermó y mientras lo alimentara Rk, Perseo no se perdió de otra comida.

Con Keyla la historia era otra.  Era la cachorra más loca que he visto para comer, me arañaba toda para agarrar la pacha.  Succionaba tan fuerte que movía el mamón y se regaba la leche, y si le hubiera dado más de lo que debía seguro se la toma para luego enfermarse.  El primer mes fue la más grande de la camada, muy activa y fuerte, me dio más trabajo que los demás. Pero por lo mismo no es fácil de olvidar cada momento que la alimenté.  Ahora es tan tranquila que no parece la misma cachorra, aunque con lo que respecta a comida de premio sigue siendo voraz. 

A Gecko, lo dejaba de último.  Era el más pequeño de todos, frágil es la palabra correcta para definirlo, y él sí se enfermó apenas entrando en la segunda semana bajo mis cuidados.  Esa vez, luego de limpiarlo, observé que no había evacuado; llamé al doctor y me dijo que lo observara durante ese día.  Una pacha más y nada, llamé de nuevo al doctor y le recetó una medicina de humanos, no funcionó.  En la noche una tercera pacha y el estómago de mi chiquito estaba inflamado, se notaba que el perrito estaba mal, que estaba estreñido.  Llamé de nuevo a la veterinaria para saber si me lo recibían a esa hora, mi médico fue sincero al decirme que sí lo podía llevar pero que el tratamiento básicamente sería el mismo que había recetado.  Luego me dijo:

—Recuerde que en las camadas no siempre se logran todos y siempre es el más pequeño el que no sobrevive, ese cachorro es muy pequeño en comparación de los demás y además tenemos que tomar en cuenta que no está siendo criado de forma natural, o sea con la madre.  Tráigalo o siga dándole la medicina y esperemos lo mejor para él.

Lo que él doctor decía es real, es parte de la naturaleza, me dolía mucho pensar que mi Geckito era la estadística.   Tanto esfuerzo y tratar de hacer lo mejor para ellos y yo había  fallado con ese cachorro.   Le di otra dosis de medicamento y lo coloqué en el nido, arrancamos el carro con Rk y fuimos a la farmacia en la que siempre comprábamos sin tener la menor idea de a qué íbamos.   Los que atendían eran dos hermanos, cordiales y dispuestos a ayudar; les contamos el caso y aunque ellos no sabían nada de curas para perros dijeron que la medicina que se le estaba dando era la que le daban a los niños en esos casos. 

Yo estaba desesperada, no sabía que más hacer, de repente mi cerebro se iluminó para hacer las preguntas correctas:

—¿Y qué le dan a los bebés? ¿Qué es lo usual que las mamás o las abuelitas les dan a los niños? ¿Tal vez que sea natural?

—¡Jugo de ciruela o el agua de ciruelas cocidas! —respondieron.

Ellos no tenían y de inmediato fuimos a conseguir tanto jugo como ciruelas.  Ya en casa me decidí por hervir las ciruelas, considerando que si no funcionaba usaría el jugo.   Esperé unos minutos a que el té se enfriara y le di a Gecko unas cucharadas.  El pobre tenía la pancita morada, consideré que no le quedaba mucho tiempo.  El agua de ciruela funcionó en pocos minutos y a mi perrito le regresó su color.  Le di un día más una cucharada del milagroso té para que su organismo se recobrara del todo y en 24 horas parecía que el cachorro nunca se había enfermado.

Mi Gecko ya no se convirtió en una estadística, pero ahora es un ejemplo de que no siempre debemos darnos por vencidos cuando nos digan que lo que sucede es lo normal.  Podemos cambiar la historia o al menos tratar, y aquí está él a mis pies mientras escribo.

Parece que fue ayer que mis cachorros cabían en mi mano.  Crecen rápido y si uno no presta atención se pierden momentos increíbles.  Cuando los comencé a llevar al jardín usaba una canasta que aún tengo como recuerdo en una mesa.   La veo y me lleva a esos momentos en que podía transportarlos a todos y por lo que me era más sencillo protegerlos.  También me recuerda el día que mientras la cargaba sentí que se tambaleaba porque ellos ya no se quedaban quietos, y entendí que una etapa terminaba y comenzaba otra.  


Mis chiquitos de un mes y tres días. La última vez que usé la canasta.


Gecko de un mes y medio, alimentado por Rk. 


Hasta la próxima
Nova A.S.G.

viernes, 26 de julio de 2013

Cuachuchitos cachorros


¿Tienen idea de lo que es cuidar a cachorros de 14 días?  Apenas han comenzado a abrir sus ojos, necesitan alimentarse varias veces al día, y luego de alimentarlos hay que limpiarlos con un pañito remojado en agua tibia para estimular a que orinen y defequen, al igual que lo hace la madre al lamerlos.
Pensar en hacerlo es una de las ideas más tiernas que se me pudieron ocurrir hasta que me tocó realizarlo: es realmente agotador. Para colmo,  no vendían leche para cachorros aún, o al menos no encontramos.  El doctor nos dio una receta casera que había que realizarla poco antes de que se les diera el biberón para que se mantuviera fresca y de temperatura ideal.  No me pregunten cuál fue, en realidad no lo recuerdo y la receta la guardé al igual que unos ganchos que no encuentro desde hace años, sólo sé que están bien guardados.

Cinco perritos que comían y comían, cuando no lo hacían dormían y yo preparaba las siguientes raciones.  Gran error el que cometimos de comprar pachas de las “especiales”  para cachorros, el mamón es una punta que no tiene un borde amplio para que ellos puedan realizar el movimiento de empujar con la lengua y patitas para succionar la leche.  Las primeras 24 horas me junté con cinco chiquitos hambrientos y confusos del cambio de “mamá”.
Al siguiente día fuimos por biberones para niños con mamones de los más pequeños que había, fue un buen cambio, aunque no proporcionaron toda el área a la que estaban acostumbrados a empujar con las patas, tuvieron más agarre con estas en la rosca y espacio en la goma para rodear con la lengua.
Rk me ayudaba cuando regresaba del trabajo, pero con su horario tempranero el sueño lo vencía, y yo no me atreví a despertarlo por consideración.  Recuerdo que la última porción se las daba a la una de la mañana, para comenzar de nuevo a las cinco, caía muerta pero entre mi natural insomnio y la pena de saber que pronto tendría que levantarme apenas dormía, además también había que atender a mi bella Greka porque no quería comer.  

El trabajo maternal no acababa ahí, tenía que mantener limpio el nido, cambiar el papel a cada momento y cuidar de que estuviera a buena temperatura el cuarto.   Mis niños necesitaban calor y se les colocaba bolsas de agua caliente forradas en toallas para que no se quemaran, a estas les hacía recambio cada 3 horas porque aparte de todo fueron unas semanas muy frías.   No se les podía colocar muchas cobijas, por el peligro de que se ahogaran al quedar atrapados en ellas. Así que si no estaba alimentándolos o limpiándolos, estaba preparando la leche, esterilizando mamilas, hirviendo agua para las bolsas de agua caliente, con Greka o limpiando el cuarto.  Estaba pendiente de ellos, cansada o no debía de hacerlo.  
Siempre me han gustado los cachorros ¿a quién no? y he deseado que esa etapa dure más pero en ese momento, que era yo la encargada, agradecí que no fuera así.

Fueron un poco más de cinco semanas de atención constante, en realidad no es mucho tiempo cuando se realizan tareas en horarios normales, pero este no fue el caso, era cuidado 24 por 24 y con la responsabilidad de seres vivos.  No había margen para errores.   Un par de sustos me llevé pero se los contaré la próxima semana.

Hoy en día veo esas colitas moviéndose y siento el amor en sus miradas: ¡Valió la pena el esfuerzo!  

Sean felices y hagan felices a sus perros
Nova A.S.G.

sábado, 12 de mayo de 2012

La adopción de Benjamín

Edison Benjamín Calcetas Botón (Benji)


La semana pasada publiqué el tema de Aurora.  Lo había escrito varias semanas atrás pero faltaba la fotografía, por eso lo tenía pendiente.  El viernes 4 yo no estaba de humor ni de ganas de escribir, así que busqué la foto, la coloqué y subí la historia.
De mucho me sirvió tener esa anécdota lista (la única por cierto escrita con tanta anticipación), y es que justo esa mañana me tocó entregar a Benjamín (Benji) a quien al final llamamos Edison por lo inteligente que es.  Así que comprenderán que en casa estábamos tristes y confundidos por dejarlo ir.  Una familia se enamoró de él y de un gato, y fueron adoptados.  

Cuando ofrecimos hogar temporal lo hicimos porque a Adopta Una Mascota le urgía colocarlo a él y a sus hermanas mientras eran adoptados. Estos meses han abundado los reportes de cachorros y como siempre, falta espacio para que puedan ser rescatados para luego procesar las adopciones.  Muchas personas ofrecen pero luego se retractan o no son localizadas, y esto obstaculiza el rescate.
Consideramos que esta vez teníamos el tiempo y por ser cachorro no era necesario tanto espacio, por lo mismo nuestros Cuachuchitos no serían agresivos con él.

El plan era claro: Daríamos hogar temporal por no más de 22 días, por razones de tiempo nuestro, la asociación buscaría un hogar definitivo para él y si no lo encontraban lo llevarían a otro hogar temporal cuando se cumpliera la fecha.  

En casa tres días pasaron y nos enamoramos de Edison. Comenzamos a variar el “plan”.  Si sucedía esto, haríamos lo otro, y si no otra cosa.  Llegamos a una decisión simple:  ‹‹Edison seguirá con nosotros hasta que encuentre hogar definitivo  que le proporcione una mejor vida que la que nosotros podemos darle.  Si para el 18 de mayo no ha sido adoptado se quedará en casa››.  

Comenzamos a reprogramar nuestro tiempo, mientras seguíamos disfrutando de las gracias del cachorro.  Y dejamos que la situación transcurriera por si sola.  Yo también colaboré con la búsqueda de la familia ideal.  Parte de mi deseaba que la encontrara y otra que la vida considerara que nosotros seríamos lo mejor para Edison y que por eso que nadie más fuera adecuado.  El archivo de la solicitud de adopción estuvo varios días abierto.  

El jueves 3 me avisaron que Edison tenía un hogar y debía entregarlo al día siguiente.  Lloré, lloramos, nos despedimos y aceptamos el destino.
El viernes pasado lo entregué y fue hasta ese momento que la asociación se enteró de nuestros nuevos planes.
Magda (de la asociación) me preguntó: —¿Lo quieren adoptar ustedes?
Y mi respuesta fue: —¿Estás segura de que quienes lo adoptan pueden darle un buen hogar?
—¡Sí!  Tienen mucho espacio.  Adoptarán también a un gato, se harán compañía y siempre hay alguien en casa.  Lo querrán mucho.
—Bien.  Si este fin de semana no se enamoran de él nunca lo harán y con gusto lo aceptaremos de nuevo. —Respondí y agradecí la pregunta, al fin y al cabo nunca aplicamos para adoptarlo. Además comprendía que su nueva familia tenía más tiempo y menos mascotas que nosotros, eso significa más atención para él. 

Un par de días después, supe por Liza (también de Adopta una mascota) que lo estaban consintiendo un montón, porque los gatitos aún no lo dejaban jugar con ellos.  Pensé, que al final la familia se había decidido por dos gatos junto con Edison, ayer me enteré que a uno de los felinos le están dando hogar temporal.
Siendo todos bebés, a estas alturas ya  no reconocen sus diferencias y los 3 se han de estar divirtiendo de lo lindo.

Pasó una semana y aunque lo extraño, el no tenerlo de regreso es indicativo de que ya lo aman y que no lo dejarán ir.  Esas son buenas noticias en un país en donde abundan los animales que necesitan un hogar. 
Doy gracias a todas las Asociaciones que ayudan a los animales y un agradecimiento especial a Adopta una mascota por rescatar y encontrar el hogar ideal para Edison.

Decenas de fotografías de él han quedado guardadas en el disco duro.  Quedaron imágenes digitales de cada día que estuvo con nosotros: Cómo dormía, comía, jugaba y hasta sonreía.  Y en mi memoria: sus caricias, sus sonidos de cachorro y sus respuestas en ladridos.  Él es un buen perro (qué perro no lo es, pero Edison es especial), de los mejores que he tenido y por eso debía tener lo mejor.  

Supe que lo han renombrado, pero para mi será mi siempre Edison. ¡Se feliz mi amado cachorro!

sábado, 21 de abril de 2012

Benjamín Calcetas Botón

(Benji)

El nombre para proceso de adopción es Benji.  Él es un perrito, chiquitito y juguetón (como todos y la canción) pero además es el cachorro más tranquilo que he conocido y al que tenemos la suerte de darle hogar temporal por unas semanas, en lo que encuentra hogar permanente.

Mi esposo quiso chapinizar con elegancia el nombre y por eso desde que lo vio lo llamó Benjamín, no sabía que mientras yo lo traía a casa, su cara graciosa y pequeña me hizo llamarle Botón.  Calcetas se lo he agregado para darle una graciosa distinción, además los colores de su pelaje terminan con puntas blancas en las patas a manera de calcetas deportivas.  

Me dijeron que es un perro mestizo, pero al observarlo se nota que es un bello ejemplar de Beagle Guatemalense.  Está bien, no existe esa raza, pero mis Cockercitos se lo han creído  y han acordado que les parece fabulosa, ya que no requiere de tanto mantenimiento como ellos.  Creo que los escuché comentar (los entiendo por tanto año que he compartido con ellos) que es increíble la magnifica postura que posee, la cual termina con una cola larga y erguida.   

Pero dejando a un lado el esnobismo canino racial, Benjamin es precioso no sólo por su físico, tiene una personalidad jovial y respetuosa, y eso que aún es cachorro.  En los tres días que ha estado en nuestra casa, con apenas dos meses ya aprendió la orden de sentarse.  Y entiende el significado de: “No”.  Vamos no minimicen el conocimiento de este perrito. ¿Acaso no conocen personas quienes siendo adultas no entienden el concepto?  Así que en comparación: ¡Benjamín es un genio!


Si están interesados en adoptar a este cachorrito, la solicitud tendrán que hacerla por medio de Adopta una Mascota, e-mail: mascota.adopcion@gmail.com
Pero advierto que les he solicitado que sólo tomen en cuenta hogares en donde Benjamín sea súper consentido, que le proporcionen educación para que su intelecto continúe desarrollándose y si es posible que de cuando en cuando me permitan visitarlo.  

Hasta la próxima Nova A.S.G.

viernes, 5 de agosto de 2011

Musa (continuación)

El primer día que Musa llegó a casa,  Skippy se comportó como si no le importara su presencia.  En cambio la cachorra trataba de llamar su atención como fuera.
En ese entonces nuestro jardín era de unos 16 metros cuadrados, más grande que lo que ofrecen las casas hoy en día y con seguridad más pequeño que mis deseos.  Pero este espacio fue suficiente para que Musa corriera, corriera…y corriera.  Lo hizo en círculo por más de media hora y en todo ese tiempo Skippy estuvo al centro.   Al fin, la perrita se echó.

Puka continuó haciéndose la desentendida, ignorando a la nueva integrante de la familia, hasta que nosotros dejamos de prestarles atención, entonces Skippy la interrogó con la nariz.  La olfateó una y otra vez, la colocó boca arriba y siguió averiguando más sobre la perra negra.  Cada vez que Musa trataba de levantarse, la otra la empujaba y le demostraba quién tenía mayor jerarquía, brusca pero sin lastimarla.
Luego de revisarla, Skippy con cierta insolencia la dejó en paz.  Musa consideró que había hecho una nueva amiga y la persiguió por toda la casa, actitud que a Skippy le parecía irritable.

Tengo muy claro cual fue la manzana de la discordia, lo que no sé es cómo paró en el piso de la sala: una tortilla tiesa.   En cuanto Musa la vio caer fue por ella, Skippy observó desde el sillón en el que se había subido para que la cachorra dejara de hostigarla.   La nueva Cocker apenas había alcanzado la tortilla cuando Puka le cayó encima, se la arrebató con grosería y gruñendo.  Musa lloró, tal fue el susto que se orinó y  Skippy se subió de nuevo al sofá a mordisquear la dichosa tortilla; sabíamos que no le gustaba, de hecho, en menos de un minuto la abandonó. 

Días después vimos a Skippy enseñando a Musa cómo salir al jardín, en dónde estaba la comida y los juguetes.  Fue amable y cariñosa.  La cachorra desde el primer día había aprendido quien mandaba y fue suficiente para que respetara el espacio de la otra. 
Fue una amistad que duró hasta la muerte de Skippy.

Ahora veo a Musa con su cara casi blanca por las canas y me pregunto si añora esos días en que podía corretear y dormir a la par de su compañera.  ¿Pensará en su juventud, como lo hacemos los humanos y en la soledad por la falta de compañía de los de su misma edad?
Con dificultad camina hacia al jardín en los días soleados y se acuesta en el lugar de siempre, suspira, dormita y luego entra con el mismo paso cansado con el que salió.   Y yo, al verla así, la imagen que se me viene a la mente es la de esa cachorra que saltaba tanto que las orejas se abrían como alas, enmarcando un rostro de brilloso pelaje negro lleno de vida.

viernes, 29 de julio de 2011

Musa

Skippy estaba sola.  La madre, Consentida había muerto.   Su duelo, como lo comenté en Tristeza canina, fue casi inaguantable, pero no era para menos, ahora que lo veo desde otra perspectiva.
En esos días muchos cambios sucedieron en la vida de Skippy, cambio de casa, la falta de su compañera canina y días sin mí, cuando me fui de luna de miel; no fueron muchos y estuvo bien cuidada, pero me imagino que fue estresante que el mundo como lo conocía cambiara tanto en un par de meses.

Rk y yo logramos controlar hasta cierto punto la tristeza de la perra pero seguía faltando algo…, alguien.  Y Musa llegó a casa, todavía cachorra, Cocker y negra como los pecados.  Preciosa.
Ella salió de una de esas tiendas de mascotas, no la querían y por eso pasó a ser parte de nuestra familia.  Aunque admito que si hubiéramos pensado en tener otro perro no se nos hubiera ocurrido adoptar, no había tanta información sobre los perros sin hogar y no se les veía tanto como ahora y éramos ignorantes al respecto.

Musa era educada, graciosa y juguetona pero tenía un defecto: Tosía como un tuberculoso.  Los que nos la dieron nos recomendaron que fuéramos a la tienda en donde había sido adquirida, tenía “garantía”.   No entendimos el concepto, no era un electrodoméstico, así que asumimos que cubrirían los gastos de veterinario.   No fue así, una frase simple explicó qué significaba la palabra: ‹‹Tráiganla de vuelta, con gusto se la cambiamos.›› ¡Qué horror!  Sólo tenía un par de días con nosotros pero ya la amábamos. No tuvimos que pensarlo. Rk y yo ni siquiera nos vimos para responder al unísono: ¡No!

Ella es el ejemplo perfecto de lo que pasa con muchos perros que son vendidos de esa manera.  Nacen enfermos, alguien los devuelve o regala.  En su caso ella tuvo la oportunidad de ser parte de una familia, no todos la tienen.
Y como la historia ya se convirtió en enseñanza, prometo que luego continuaré relatando anécdotas sobre Musa.

viernes, 24 de junio de 2011

Tristeza canina

Antes de vivirlo, no había pensado en cómo los perros se sentían luego de la muerte de un compañero canino.
Consentida fue la primera perra en mi casa que tuvo de compañía a su hija Skippy.  Cuando Cony murió, fui muy egoísta en pensar sólo en mi dolor y no razoné al principió el porqué de los cambios de humor que Skippy tenía.
Ya he relatado que esta perra fue el modelo del porqué a los Cocker Spaniels se les llama locos.  Ella iba más allá de la palabra traviesa, era destructiva.   Pero nunca pensé que su carácter podía empeorar.

Al morir su mamá, se ensañó con todo y todo el tiempo.  Desgarró cortinas, tiraba adornos y llegó al colmo de realizar sus necesidades dentro de casa, algo que no había hecho desde cachorra.   ¡Era frustrante!
Un día Rk llegó del trabajo y desde la calle escuchó los aullidos de Skippy.  Entró a casa enfadado pero en silencio para observar a la perra ¿Por qué aullaba?
El enojo se convirtió en lástima al ver que Puka (también así la llamábamos de cariño) estaba sentada al pie de la cama viendo la foto de su mamá que tenía al frente.  Ella sufría y nosotros no le dábamos consuelo.   Nuestra actitud cambió, prestamos más atención y la situación con Skippy mejoró en días, en especial cuando llegó Musa  
Cuando Greka, la mamá de mis Cuachuchitos murió, Skippy se dolió también, para entonces tenía catorce años y recién había sido operada de un tumor en el páncreas, pero esa vez se enfocó en cuidar de los cachorros, ellos tenían dos meses y me imagino que sabiéndose abuela  decidió compartir la maternidad de los huérfanos, conmigo.

Los Cuachuchitos no sintieron tan fuerte la pérdida de su mamá, ella no había podido cuidarlos debido a lo enferma que estaba y al estar tan jóvenes no reconocieron la muerte. Pero un año después, cuando Skippy murió a sus quince años,  la lloraron.  Perseo rascaba la tumba aullando y enseñándonos el lugar.  Nova entró en negación y los otros dos no quisieron salir al jardín.   Fue muy doloroso para nosotros, humanos, observarlos y no encontrar la manera de explicarles que así es la vida, en especial porque Puka ya era anciana.

Ahora con la muerte de Perseo son cuatro canes los dolientes.
Nova, de nuevo entró en negación, seguida de días de furia; todavía tiene sus momentos de mírame y no me toques y hasta de no me mires. 
Keyla, es más tranquila.  Se nota que extraña a su hermano pero no en cambios bruscos, casi se podría decir que acepta la muerte sin exagerada preocupación.
Musa, sin ver ni oír, estoy segura que olió que el perrito que más la cuidaba y quería, murió.  Aún así, lo busca por veces.  Ella, por la artritis no sube las gradas, igual se acerca a ellas a ladrar, para ser oída en el segundo nivel, sólo a él llamaba y sé que a él es a quien busca.
Gecko, el otro único macho, mi sorpresa más grande.   Se la pasaban compitiendo, siempre querían comer del mismo plato, marcar el mismo árbol (a veces sólo salían a marcarlo uno tras otro hasta que alguno se cansaba). Deseaban el mismo juguete, se gruñían y mantenían distancia uno del otro a excepciones de cuando pasaba el perro vecino y uno entraba a llamar al otro para que lo acompañara a ladrar.   Era una relación de me estorbas y caes mal pero te quiero.  Gecko es a quien la tristeza se le nota y mucho.   Come y por momentos se queda en espera de que lo empujen del plato, como no sucede se cambia de plato, luego se rinde y se echa en el cojín.  El uso de hueso limpia dientes ya no lo usa tan seguido, pareciera que no es gracioso que Perseo, quien esperaba a que terminara de usarlo, no esté.   Pero la mayor muestra de su pena son los juguetes.  Gecko juega un rato con ellos luego los lleva al jardín y los deja en donde Perseo está enterrado.  A veces se queda esperando ¿una respuesta? ¿Una acción? No sé.

Veo en mis perros, el reflejo de mis sentimientos ante la perdida de Perseo, pero no es que actúen así porque esa energía les transmito.  Ellos también han perdido a un ser amado.   Pero estoy consiente que de Rk y de mi depende que ellos sean felices y por eso los apoyamos con caminatas, juegos, amor y lo que podamos ofrecerles mientras aprendemos a entenderlos más. 

viernes, 8 de abril de 2011

Laica

Hace unas semanas escribí que Milagro había muerto.  Para pensamientos prácticos esto significaría que hay espacio para otro perro, luego del luto.  Ahora relataré porqué esa idea es improbable:

Mi madre se mudó al lugar en donde ahora vive hace casi dos años ya.  Con desgano se acomodó lo mejor que pudo junto con Milagro.  La casa estaba descuidada, con apenas cerca perimetral y monte que llegaba al cuello.
A las dos semanas de estar viviendo ahí comenzó a llegar una perra sin hogar, con cara de Pitbull, manchas de Boxer, cuerpo de quién sabe qué y con la mejor disposición a hacer amistades.
La perra se acercaba a los barrotes que la separaban de Milagro lo más que podía.  Le movía y removía la cola, se le acostaba de panza y hacía miradas de inocencia eterna. 
Al principio, Milagrito era un hígado con patas, gruñía, ladraba y amenazaba a la intrusa.  Mi madre por sus ocupaciones y el cambio reciente no prestó atención y al ver que la otra sólo trataba de hacer amistad se limitó a proporcionarle comida cuando llegaba.  Era necesario, estaba desnutrida.

De decir: “la perra que viene”, “la chucha”, “la perrita”, a llamarla: “Laica” pasó en días, así como que a Laica le agarrara la tarde para irse de donde venía y de cuando en cuando comenzara a quedarse a dormir entre el monte de la propiedad.
Una noche, me contaron, que se escuchó en la calle una trifulca de perros.  Laica no llegó por dos días, mi madre se preocupó y con un par de trabajadores fueron a buscarla.  La encontraron al fondo de un pequeño puente, estaba atrapada y con heridas de mordidas.  Tuvo mucha suerte, era invierno pero no había llovido.   Sacarla requirió de mucho esfuerzo y creatividad.
Entonces fue cuando mamá entendió que había “adoptado” perra sin saberlo y resignada le colocó una casa canina.  

Laica se recuperaba de manera admirable, Milagro ya estaba menos molesta con su presencia.  Y luego de quince días en que dejé de ir a visitar a mamá y volví a ver a Laica, sólo me quedó decir: ‹‹Vas a necesitar periódico viejo, porque esta perra pronto va a parir››
Pensé que aún faltaba una semana, pero fue al día siguiente.   La idea que habíamos hablado días antes, de operar a la perra, por supuesto se pospuso.  Ella había llegado embarazada.

Para la felicidad de Milagro que fue una especie de niñera de perros, Laica tuvo siete cachorros y como en aquella canción infantil (que nunca entendí cuál era la gracia que se hubieran muerto todos) uno murió, a otro se lo robaron, otro fue adoptado y a los cuatro restantes, como las personas que decían querer uno no convencieron a mi mamá, se quedaron viviendo ahí.  Unos son peludos, otros pelo corto, de diferentes colores y alturas nadie creería que son hermanos.  Se han apoderado del espacio, ni un humano y menos un perro desconocido puede entrar a la propiedad.   Son dulces, con mamá.  Al menos está bien cuidada.
Así que como verán, por esa jauría territorial es más práctico no pensar en llevar otro perro. 
 

sábado, 27 de noviembre de 2010

De personalidad salvaje

Skippy nació en una casa grande, aunque con poco jardín tenía suficiente espacio para corretear.  Sin embargo a los tres meses de su nacimiento nos mudamos de nuevo hacia una casa en donde viví en un apartamento independiente.  Era pequeño y con apenas un patio para que hicieran sus necesidades.
Yo comenzaba la universidad así que el tiempo que tenía para compartir con las Cocker, era poco.  Salía a caminar con ellas, si mucho dos veces por semana.  Cony, tranquila de por sí, se entretenía criando a su hija, pero la cachorra solicitaba más atención de la que le podíamos brindar. 

Sé que les tenía juguetes, pero tal vez no los suficientes y apropiados para descargar la energía de una joven perra.   Entonces comenzó a encontrar su desahogo.  Un día, al regresar de estudiar, encontré a la perra cansada y dos de los sillones muy bien masticados en las esquinas. ¿Qué si me enojé? ¡Sí! Estaba encolerizada, y por lo mismo ni intenté nalguearla.  No la dejé dormir en mi cama toda la semana.   No me imaginé que sus travesuras apenas comenzaban.

Libros, documentos legales, zapatos, edredones, plantas, jabones, y más, pasaron por los dientes de Skippy.   Si no se envenenó fue porque no había con qué.  No tenía idea de cómo reprenderla para que se comportara como Cony.   La madre Cocker ni en sus peores momentos de travesura había sido así.   Para colmo mi mamá me reclamó que cuando yo a veces salía por la noche, la perrita, se ponía a aullar y que no dejaba dormir. 

Entre la desesperación para corregirla, fui aprendiendo a convivir con semejante ser salvaje.  Me volví más ordenada, todas las prendas y zapatos resultaron bien guardados en el ropero.  Noté que cuando le entraban sus berrinches agarraba lo que veía.  No lo buscaba, era lo que encontraba a su altura visual para rematar su mal humor.   Así que objetos importantes y adornos fueron colocados medio metro, arriba de su cabeza.
Las plantas fueron regadas con pimienta por un par de semanas, suficiente para que no siguiera intentado acercarse a ellas. 
Claro, esto fue aprendido a prueba y error; manteniendo la idea de no causarle daño.  Mientras tanto ella crecía pero no maduraba a la misma velocidad.  Y acepto que por perros como Skippy es que la raza Cocker Spaniel tienen fama de locos.

La prueba que quedaba superar, era la del aullido.   Un día mi novio me sugirió que al salir dejáramos la vídeo cámara escondida para ver el comportamiento de las perras.   Así se hizo.  
Al regresar vimos la grabación:   Consentida se acostó en una almohada y durmió.  Skippy en cambió, estuvo frente a la puerta cinco minutos, cuando se aseguró de mi ausencia, comenzó a aullar, a saltar entre los sillones y la cama, hizo una cueva con el edredón y desde allí siguió aullando por más de una hora.
Comencé una rutina de fingir salidas (salía donde me veía y olía, luego entraba por otra puerta a esperar su reacción) para quitarle la certeza de mi alejamiento.  Al empezar los aullidos la sorprendía para callarla.   No fue la solución final, pero funcionó.
Las grabaciones posteriores demostraron que se mantenía siempre atenta a mi regreso, pero el 80% del tiempo en silencio. 

Hoy en día, a la falta de experiencia como esa vez, haría las cosas diferentes. Buscaría consejos e información en el Internet sobre el comportamiento canino (hay bastante y hasta programas de televisión sobre el mismo tema).
No tendría la opción de cambiarme de casa, así que primero que nada, me esforzaría a sacarlas a caminar al menos (sí, como mínimo) un día si y un día no.
Como ahora hay variedad de juguetes para perros en las tiendas de Guatemala, le  daría más opciones a Skippy.   Siempre tendría que ser ordenada para evitar tentaciones.

Con estos dos cambios, la perra estaría en parte satisfecha y cansada; a partir de allí, observaría hasta que punto su carácter dominante necesita entrenamiento (ya existen varias escuelas de adiestramiento en donde uno participa con el perro).

Pero no puedo cambiar el pasado, lo que sí puedo hacer es compartir mi experiencia.  Por eso si ha decidido compartir su vida con un perro:
  • Asegúrese de tener el espacio adecuado para el can.  
  • Ejercítelo.  
  • Proporciónele entretenimiento. Muchos juguetes aparte de distraer al perro sirven para limpieza de dientes.   Adquiera el adecuado para el tamaño de su nuevo amigo.  Evite los que son de plástico suave, se rompen fácil y los pedazos podrían ser tragados.
Si le tocó un perro con el carácter de Skippy, no desespere. Instrúyase de cómo cambiar esos malos hábitos y trabaje con él esa fuerte personalidad.  No se rinda, no se arrepentirá. 

viernes, 5 de noviembre de 2010

Skippy

Skippy, nació el 16 de febrero de 1,992.  Hija de Consentida y un rojizo Cocker Spaniel llamado Caramelo.  Los nombres reflejaban el carácter tranquilo y cariñoso de cada uno, y pensé que los cuatro cachorros, si no eran más dulces, al menos serían igual; error de soñadora. 
En mi circulo de amistades, Consentida era famosa por su temperamento jovial e inteligencia, así que pude escoger entre varias solicitudes, los hogares para los otros cuatro.  Aunque luego tuve que lidiar con los reclamos de quienes no tuvieron la oportunidad, quedé tranquila haciendo lo mejor para mis nietos caninos.

Mientras llegaba el tiempo apropiado para darlos en sus nuevos hogares, yo tenía la ventaja: Escoger a la Cocker que se quedaría en casa (con seguridad sería hembra).   Ninguno salió bicolor como deseaba y esperaba, entre el cruce de una color champagne y un rojizo.  Así que me enfoqué en observar, mientras crecían, la inteligencia.  Ver crecer cachorros es una experiencia inolvidable ¡y yo estaba en primera fila!

Skippy se destacó por mucho entre sus hermanos.  Aparte de que era la única hembra rojiza, era la más avispada; hoy en día la calificaría de tremenda.  Fue la primera en todo: Ladrar, caminar, escaparse del nido, perseguir una pelota, mordisquear la caja en donde dormían, tomar agua. 
La nombré Skippy, sin pensarlo, ella era saltarina, traviesa y desde cachorra, audaz.  No temía a nada y creo que bastaba para que uno le dijera ‹‹¡No!››  para que le fuera más atractivo hacer lo que se le negaba. 
Y sin olvidar la felicidad que a Consentida y a mí nos brindó, tengo que escribir: que a pesar de mi juventud entonces, por Skippy me salió mi primera cana.