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viernes, 22 de agosto de 2014

Sombras caninas

Imagino que:

Las sombras que nos siguen cuando la luna nos ilumina, no son nuestras.
Son espíritus que velan por indefensos como tu.
La brisa, es la caricia que pueden ofrecerte.
Y el soplar del viento, susurro de afecto.

Tu sombra, mucho más pequeña que la mía, es la de tantos que no tuvieron oportunidad.
Ahora se acogen contigo para conocer lo que les fue negado en vida.
Esa es la razón por la que te mantienes firme ante tu cuerpo indeciso.
Tanta es tu nobleza, aún si no eres victorioso, has conocido y dado a conocer la paz.

Mi sombra, podría ser que sean los que velan por causas como la tuya.
Por amor a los indefensos en vida, o penitencia por la falta de este.
Me acompañan, aún sin luna; me apoyan, aún sin cuerpo.
Las sombras sólo son oscuras pero tan buenas o tenebrosas como nuestros propios pensamientos.


Sé que:

Sin importar cuándo, así sea sola o acompañada desde ahora siempre veré tu sombra junto a la mía.


viernes, 15 de agosto de 2014

Prisionero de las dolencias

Para Ágenor, un perro luchador.
Nova A.S.G.

Ese flemático caminar tuyo,  te duele, me duele.

La apatía de tus pasos se ve y se escucha cuando arrastras una pata tras de la otra.
Al verte busco a ese perro jadeante por el cansancio del juego y la emoción.
Pero estás muy lejos aún de ser de ser uno de ellos.
Tampoco eres como los otros que jadean por la fatiga de buscar alimento y por la sed.
No, tu cuerpo no pierde energía en demostrar cómo se siente.  Ya no es necesario.

¿Cómo te veías cuando diste tus primeros pasos?
Seguro fueron más fuertes y decididos.  El mundo y la vida te causaban curiosidad.
Pasaron semanas que se convirtieron en meses.
La curiosidad se convirtió en hambre y sed, en necesidad por lograr un día más.
Un día conociste el dolor en tu cuerpo y ya no te dejó.

Ahora tienes un collar con tu nombre y un jalador para los paseos.
Pero caminas como cautivo.
Porque eres prisionero de las dolencias que te ha dado tu corta vida.
Entre momentos te liberas, olvidas, dejas atrás tu pasado con algunas zancadas.
Y luego… tu cuerpo no te lo permite por completo,  de nuevo te esclaviza.

Mientras caminamos, me pregunto: quién, por qué, cuál fue la razón de tu abandono.
Tú eres más sabio, no pierdes tiempo ante respuestas que no darán solución.
No te gastas en el enojo, te esfuerzas por el próximo paso y los que le siguen.
Mueves la cola al escuchar tu nombre y con ella todo tu cuerpo débil se balancea.
Recuerdas que estás aquí, en tu presente y tu cabeza se yergue y caminas con paso más firme.

Entonces ese flemático caminar tuyo ya no me duele tanto.




Sean felices, hagan felices a sus perros y colaboren en la vida de un perro sin hogar.
Hasta la próxima,
Nova A.S.G.

viernes, 25 de julio de 2014

Paseos, higiene y perros

No entraré en detalles del porque escribo sobre esto, pero como he leído en mensajes y hasta anuncios en lugares públicos en donde se suele pasear a perros, señoras y señores: ¡si su perro lo hizo es suyo!   ¡Recoja las heces de sus mascotas!

Amo a los perros y como saben tengo varios, entre el gusto de convivir con ellos también con mi esposo tenemos la obligación de limpiar lo que ellos hagan en casa y en especial en áreas públicas. 
¿Saben cuántas personas se desagradan ante la idea de caminar en donde han pasado perros? Muchos y lamentablemente la mayoría culpa a los perros por la suciedad y no a los responsables que son quienes los pasean, sea la familia o un empleado de esta.  

Cuando he platicado del tema con otras personas en mi colonia, la respuesta usual es que las empleadas (quienes sacan a caminar a los perros) son las sucias, las incultas, las ignorantes; sin embargo en estas últimas semanas he sido testigo de que más de la mitad de las personas que los pasean no suele recoger los excrementos de  los caninos, entre ellas: no sólo empleadas, también  los protectores (término correcto en lugar de dueños), de estos jóvenes, adultos, incluidas personas de otros países que supuestamente tienen culturas positivas con respecto a la limpieza y perros.   Si bien es triste pensar que ellos permiten que sus perros caminen sobre las heces de otros perros y las de ellos mismos, es muy molesto saber que por culpa de ellos en los paseos con mis peludos nuestro recorrido es zigzagueante para esquivar la suciedad ajena.

Sabían qué: cuando en una colonia, condominio o cualquier lugar se cobra mantenimiento y dice que incluye limpieza y mantenimiento de áreas verdes, esto no contempla recoger excremento de mascotas de forma diaria (mucho menos por horas, porque no todos salen con sus perros al mismo tiempo).  De hecho la molestia puede llegar a ser tanta que podría por medio de una junta de vecinos agregar multas a los transgresores, o peor limitar las áreas en las que las personas pueden pasear con sus perros.  En este último caso los justos pagan por pecadores dice el dicho porque hasta los que han sido cuidadosos van a perder espacio.  

¿Qué pasa cuando se deja el excremento en la calle?
Se ve mal el área (obvio).
Hiede.
Atrae ratas.
Son contaminantes.  Sus propios perros y otros al acercarse a oler pueden infectarse de parásitos y otras enfermedades.  Y al descomponerse al aire libre, todos respiramos las bacterias que las heces tienen ¿no se les había ocurrido? 
Y sin ir más lejos: demuestra la falta de higiene por parte de las personas que lo permiten.

Cada vez que recogemos los desechos de nuestros caninos colaboramos a que:
El área permanezca limpia y estética.
Los paseos sean tranquilos con aire menos contaminado.
Nuestros perros se mantendrán más sanos.
A vivir en armonía con las personas, en especial con las que no gustan de los perros.


Con Rk, salimos con bolsas en cada paseo con nuestros peludos (si acaso nos falta bolsa o se nos olvidó, buscamos o pedimos), y si ellos realizan sus necesidades fisiológicas, las recogemos.  A veces regresamos con más de una bolsa en uso y si bien tener que recoger excremento no es una actividad agradable (creo que para nadie), traer una bolsa para la basura no es vergüenza sino muestra de limpieza y  respeto que tenemos para el lugar y las demás personas que suelen pasear con o sin perros por esas áreas.  
¡Si lo hizo su perro: recójalo!




Sea feliz junto a su perro y colabore en la vida de un perro sin hogar. 

Hasta la próxima
Nova A.S.G.




Pd. Use bolsas biodegradables y colabore con el medio ambiente.

viernes, 11 de julio de 2014

A simple vista

Las primeras semanas sacábamos a  Ágenor hasta 8 veces al día, por su salud y a la vez estimularlo. Los paseos han sido tan continuos, que lo han llegado a conocer varios vecinos y yo los he conocido a ellos.  Todos se sorprenden al verlo por lo flaco que está, algunos creen que es uno de los nuestros que se enfermó y luego se enteran de que él estaba abandonado y más enfermo de lo que ahora se ve.  Como si estuviera vendiendo religión al contar la historia de este perrito en huesos, aprovecho a dar a conocer las ventajas de adoptar y demostrar con el vivo ejemplo de Ágenor el porqué se debe esterilizar ya que no todos podrán saber el futuro de un cachorro.

En estos paseos he observado que todos lo acarician, dicen que es bello (es cierto), le alaban sus ojos expresivos y se nota que esperan ver el resultado final al igual que yo.  La mayoría son sinceros al decir que no se habrían animado a agarrarlo aún viéndolo como va, mucho menos cuando les explico las condiciones en las que estaba; y no es para menos, cuando se analiza el futuro cansado trabajo que puede llevar una acción, pocas  veces nos animamos a llevarla a cabo.  Esto a todos nos pasa.   Algo me inquieta, con Circe sólo un par de personas vieron el antes y el después, la lisonjearon y hasta ahí.  ¿Tendrá que ver que ella no se ve como de raza?   Ágenor podríamos decir que es un Setter en miniatura o un eterno joven Golden, y sin pensar mucho: un enfermo Cocker.  ¿Es porque es peludito que llama la atención? ¿O su condición es tan mala que es lo que atrae la vista?
Puede ser que a Circe no la conocieron tantos porque no tenía la necesidad de salir varias veces al día, o cuando la vieron no se le miraba con la muerte encima, o sea arrastrando las patas como caminaba Ágenor.   A las personas les cuento sobre Circe, la perra amarilla similar a las que se encuentran en todas las calles y entonces dejan de interesarse en la parte importante: ella ha equilibrado a los Cuachuchitos con su energía y  tranquilidad.  No tuve que entrenarla para que fuera al baño y desde el principio fue dócil y paciente con mis chiquitos.  
Ágenor, ahora ha aprendido a ir a hacer sus necesidades al jardín, lo que la principio creí era educación de calle porque no se hacía adentro de la casa, era que no lo mantenía adentro tanto tiempo.     Es sociable, pero tenía un problema de conducta y es que ningún perro podía estar siquiera a un metro de su plato de comida porque se ponía agresivo; comprensible ante las necesidades que pasó.  Esta situación ha mejorado a base de trabajar con él y Circe, ahora ya está en la fase de que pueden estar a la par de él todos mientras come, es un gran avance en pocas semanas y en parte es porque también entiende que tendrá comida,  en esta casa no hay competencia.  Cuando se recupere, se verá hermoso y además esos dos pequeños detalles negativos que mencioné serán sólo una historia que quedó escrita en este día.

Cada perro es especial y tiene personalidad, sólo al convivir con ellos podemos conocerla pero al igual que con las personas no debemos juzgar por la apariencia física.  Además al convivir con los perros (de raza o mestizos),  tratarlos como se merecen y educarlos podemos fomentar las características positivas que nos harán decir: ¡vivo con un perro como de película!

Sean felices, hagan felices a sus perros y colaboren en la vida de un perro sin hogar.

Hasta la próxima,
Nova A.S.G.

sábado, 4 de enero de 2014

El tiempo

Hace años vi por primera vez a un Golden Retriever siendo paseado en la avenida Las Américas, muy bien cepillado, con un pelo precioso y brillante.  Lo continué viendo de cuando en cuando por casualidad.  Unos años después eran dos Golden Retriever, siempre bien cuidados y creo que con el mismo señor, quien se notaba que trabajaba para la familia del perro.  
Los años pasaron —como sucede— y por casualidad seguí viéndolos una que otra vez en el camino.  Las narices se fueron poniendo canosas y se notaba que caminaban más despacio. Luego los observé con sus caritas blancas ya y con el pelaje más platinado que dorado.
No sé si fueron meses o un par de años, pero la siguiente vez sólo era un perro, aunque anciano siempre regio.  Me dio tristeza, no los conocía en persona, únicamente eran los perros que paseaban y que yo miraba en el camino, pero me daba nostalgia haber visto lo que para mi fue el inicio y de repente verlos envejecer. 

Con los meses pareció que la familia no quiso ponerle fin a mi historia visual, porque al perro anciano lo acompañaba otro, siempre Golden, más joven y se notaba aún inexperto en las delicadas caminatas que acostumbraba su compañero.   El nuevo perro era curioso y se adelantaba; el señor que los paseaba también canoso entonces, se portaba paciente y seguía el ritmo del perro anciano enseñando al inmaduro can a que jalar la correa no le haría llegar más rápido.   Poco después, eran tres perros de la misma raza.  Ese día al ver al can más viejito recuerdo que pensé: ¡Qué perro tan longevo!  Esa fue la última vez que lo vi.

Los inviernos y veranos pasaron, volví a ver a los dos perros jóvenes convertidos en señoriales adultos. Tan bellos como sus predecesores, su caminar era lento no por decisión de ellos sino por su paseador, el mismo señor con la mirada de siempre  dejando sus pensamientos ante cada paso. La siguiente vez ya no era él, otro lo había reemplazado, pero no duró tanto tiempo.
De nuevo me encontré con los perros, la misma ruta, pero inquietos. Quien los sacaba a caminar era más joven que los dos anteriores trabajadores  y no cumplía con su deber.  Fue en una temporada que los miré casi a diario, nunca caminando sino parados o sentados mientras el muchacho hablaba por el teléfono celular, apoyado en un árbol o cerca de una fuente.   Era una pena, la bella rutina rota por irresponsabilidad.
La familia habrá notado el cambio de comportamiento de los perros o también fueron testigos de cómo el muchacho utilizó las horas de ejercicio porque cuando los vi después, caminaban en el área con otro señor y es quien continuó la tranquila labor, según he observado.

Así las escenas se han repetido con los años.  La vejez también les llegó a los nuevos perros y los brillos del pelaje fueron suplantados por canas, entre mis intermitentes   encuentros.
Ayer los vi, al paseador y a un sólo anciano pero majestuoso Golden Retriever, el mismo recorrido otra vez en pasos lentos.


Comiencen con buen pie el nuevo año y disfruten cada paso que dan, hagan feliz a su perro y colaboren en la vida de un perro sin hogar.

Hasta la próxima,
Nova A.S.G.

sábado, 30 de marzo de 2013

Estas son vacaciones



Sólo faltó una piscina para disfrutar con mis perrines, pero aún así ¡estas son vacaciones!  Las caminatas con mis niños caninos fueron más relajadas para ellos porque se les dejó sueltos por momentos (en áreas controladas).  Nos encontramos con algunos vecinos y sus perros, los pocos que no salieron. Ellos también aprovecharon el silencio y la falta de tránsito para pasar tiempo de calidad con sus caninos. 

Otros años durante estas vacaciones colocábamos  una piscina  en el jardín, esas infantiles que toman forma con el volumen del agua.   El que más disfrutaba era Perseo, le encantaba mojar a sus hermanos que se mantenían reticentes a la idea de entrar al agua y por ello más los molestaba.   La falta de Persy puede ser la razón por la que no lo hemos hecho; además, el calor a pesar de que ha sido fuerte aún no lo es tanto como para hacer la fiesta canina de piscina, hay un poco de viento y ellos ahora tienen siete años, tenemos que cuidarlos más.  Sin embargo no es difícil hacer feliz a un perro, una pelota, una buena corrida, explorar lugares, son maneras excelentes para complacerlos.  Ellos son felices y a uno se le olvidan las facturas, los horarios, los pendientes, eso es vacacionar.



Espero que ustedes también hayan tenido un buen descanso. 
Hasta la próxima,
Nova A.S.G.

Pd:
Por poco lo olvido otra vez. Después de leer y compartir este blog entren a sus cuentas  de Facebook, denle “me gusta” a la página de Super Can (www.facebook.com/msa.SuperCan) y luego entren al álbum:Una tonelada de amor (Si no logran abrirla desde este enlace hasta abajo les he copiado el link para que lo peguen) ahí escogen la fotografía de la asociación que desean apoyar y le dan “me gusta” también (la foto del inicio del álbum no vale, son cuatro las asociaciones participantes).  

A la asociación que tenga más “me gusta” le donarán concentrado, y este es necesario para los perritos rescatados.  Es sencillo colaborar.  Sólo valdrán los votos que tengan “me gusta” tanto en Super Can, como en la de la asociación.  Las votaciones terminan el 31 de marzo, no esperen.  ¡Nosotros ya votamos!

Ustedes toman la decisión de la asociación, lo importante es que lo hagan.  Enlace para entrar al álbum: 

viernes, 22 de marzo de 2013

Veraneando

¿Ya se van? ¿Ya se fueron? ¿Se quedan?  Para todas las respuestas que piensen, porque sé que no me las dicen, se vale lo siguiente:

  • Sea cual sea su destino a vacacionar, no olviden dejar a sus mascotas en lugares y con personas responsables.  Pidan recomendaciones con amigos y/o asociaciones pro animalistas, e infórmeles todos los detalles posibles: enfermedades, personalidad, gustos, alergias. Más vale: “me lo dijo pero no sucedió” a un “como no me dijo”.
  • Provéanles mucha agua, estén atentos a la temperatura, los perros no sudan para mantener la temperatura normal del cuerpo como los humanos.  
  • Nunca los dejen encerrados, mucho menos en vehículos, si dejan una ventana medio abierta puede suceder que no sea suficiente para proporcionarles ventilación y muera o que sea robado. 
  • Datos de un hospital veterinario que atienda emergencias, siempre a la mano.
  • En las caminatas, cerciórense de la temperatura de la calle, banqueta o arena; ¡ellos no llevan zapatos y se pueden producir graves quemaduras en las cebollas!  Su mascota sufrirá y ustedes pagarán la cuenta.
  • No olviden las bolsitas para recoger los deshechos de sus mascotas en los paseos.
  • Dejen al alcance agua y si es posible alimento para las mascotas sin hogar, en vacaciones les es más difícil encontrarlas, porque algunas personas con las que cuentan no llegan a sus áreas por varios días.

Sigan los buenos consejos, como los anteriores y los de los humanos como: “Si bebe no maneje”. Imaginen: si les pasa algo ¿Quién por sus perros? 

Si son de los que se quedan en casa, sé que la pasarán muy bien; escucharán a los pájaros silvestres trinar (no hay tanto tránsito), podrán pasear más con sus perros, tendrán oportunidad de terminar de leer un libro junto a sus mascotas o ver junto a ellos una buena película: Hachiko, Marley y yo, Red dog (está bien, no tiene que ser sobre perros). 
Qué tal aprender a hacer galletas para mascotas y pasteles para humanos. También pueden incluir en sus agenda lecturas de blogs, sé de uno que se llama Guateperros, no siempre son historias, pero seguro los mantendrá entretenidos.  
Para esta época les recomiendo los temas: Vacunas y vacaciones  y, En cualquier vacación.

Descansen y disfruten, merecido lo tienen por amar y ser responsable con las mascotas.

Que tengan unas tranquilas vacaciones y no duden en ayudar a un perro sin hogar.
Hasta la próxima, 
Nova A.S.G.

viernes, 11 de enero de 2013

Perras mentoladas

Trato de llevar las anécdotas cronológicamente, sin embargo algunas se me pasan así como sucedió con esta historia.
 
Fuimos a comprar gaseosas y golosinas con Rk a la gasolinera, no quedaba lejos pero era noche y para darles una vuelta nos llevamos a las perras.
De regreso, Consentida estaba acomodada en el sillón junto al freno de mano y Skippy  iba sentada en mis piernas. Para hacerles larga la salida mi novio dio un par de vueltas más a las cuadras y entonces comenzamos a sentir olor a menta.  Un poco primero y luego el aroma envolvió la cabina del pick up.  Nos agarró desprevenidos y pensamos que era en la calle y que se colaba por los ventiladores.
 
El intenso olor nos causaba curiosidad, Puka (Skippy) se agachaba para oler a su mamá, Rk me comentaba que seguramente alguna fábrica de dulces cercana preparaba la deliciosa mezcla y yo  preguntaba en dónde era ya que nunca antes se había sentido.  Cony (Consentida) seguía en la misma posición, muy tranquilita y callada. 
De repente se escuchó un crujido.  ¿Sería del carro? Nuestro primer instantáneo pensamiento que se desvanecía por el mentolado olor que se intensificaba. 
Todo fue en menos de tres segundos: sonido, ¿carro?, olor y caer en la cuenta de que Cony masticaba dulces encontrados y recién robados de la cajuelita cerca al freno de mano.
La muy mañosa sabía lo que hacía, y por eso el silencio, sin embargo por la emoción, la mordida la había delatado.  Al llegar a casa nos habríamos dado cuenta, pero aún así nos vio la cara por un buen rato. 
 
Regañamos a Cony, le quité de su alcance los dulces que quedaban y tan concentrada estaba en amonestarla verbalmente porque ya se había comido dos, según la evidencia de los envoltorios tirados, que no me fijé cuando Skippy me robó uno de los dulces, hasta que escuché la lucha que tenía con el papelito.  
 
Esa noche, mi pobre Puka se quedó con el antojo,  Consentida, regañada pero con el mejor de los alientos y nosotros (los racionales humanos) nos sentimos tontos, tantas conjeturas y pasar por alto lo obvio.

viernes, 3 de agosto de 2012

Compartiendo

Hace años, asistimos con Greka, Musa y Skippy a clases de adiestramiento canino.  La razón inconsciente pudo ser el deseo de tener a una Lassie, Rin Tin Tin o Boomer en casa.  Pero la idea real en ese momento fue divertirnos con ellas y que compartieran con otros perros para que fueran más sociables.  Cada sábado por más de un año nos preparábamos mi esposo, las perras y yo para llegar a las nueve de la mañana.  No quedaba cerca pero ellas nos motivaban y nos encantaba ver cómo entraban al auto en cuanto abríamos las puertas.  Nadie las sacaba de ahí, hasta que llegábamos al parque en donde se impartía el curso.

En clase, Skippy era consentida por la edad, recuerdo que nuestro maestro (nuestro porque los humanos también debemos aprender para que los caninos lo hagan) decía:   ‹‹Skippy es el ejemplo perfecto de que un perro anciano puede adiestrarse, se le deberá tener más paciencia pero podrá aprender.›› Y así fue, sin tanto esfuerzo, como el que se esperaba realizar, Puka (de cariño) completó y se graduó de tres cursos.  Admito que hizo lo que yo hice en algún momento: prepararse para los exámenes y olvidarse del asunto. Y por supuesto recordaba las órdenes sólo cuando estábamos en clase, a pesar de entonces tener 10 años (yo no la consideraba anciana, pero…), en casa ella seguía siendo la misma: ¡Un terremoto!

Musa aprendió a la misma velocidad que Skippy, era más joven pero me imagino que su distracción se debía a las constantes enfermedades que padecía y de las que habrá quedado medio sorda, si no es que ya había nacido así.  El entrenador la adoraba, le encantaba su pelaje negro, sus enormes y expresivos ojos y su natural timidez ante extraños.  Cada vez que la veía, él la admiraba.  Con tantos perros bellos que asistían me causaba gracia que demostrara preferencia hacia mi pequeña Cocker negra.  También completó sus cursos, pero ella sí continuaba siendo educada en casa cuando lo solicitábamos.

Greka, mi pequeña y adorable Greka.  La más joven de las tres.  Aprendió a una velocidad increíble.  Si ella no se convirtió en una perra de película fue por mi culpa nada más, ya que yo no tenía en casa la constancia de proseguir como se debía entre clases.  Ella ya iba adelantada a muchas cosas, pero estas se las dejo para otro día.
El profesor se sorprendía de la compatibilidad que teníamos ella y yo.  La perrita nunca dejaba de verme, la atención era total.  Y los errores que yo cometía ella los copiaba.  Por ejemplo, el caminado en línea recta por alguna razón me desvío y ella lo hacía igual cuando le tocaba realizar el ejercicio por su cuenta.  Era muy gracioso. 
Esa proyección de perro y protector, decía el maestro, que sólo la había visto dos veces en su vida, y una de esas éramos Greka y yo.  Por supuesto, sus calificaciones fueron excelentes, tanto así que nos inscribieron para una competencia de adiestramiento canino.  El mérito era de ella y tal vez si yo hubiera entrenado más nos habría ido mejor o al menos no tan mal.  Y es que entre todas las virtudes que tenía mi chiquita, un pequeño detalle la desarmaba: Era demasiado nerviosa.

Lo importante mientras asistimos fue que nos divertimos mucho, salimos de la rutina y aprendimos más sobre ellas y nosotros.

Fueron buenos tiempos, bellos recuerdos, momentos sanos.  Esa es la razón de tener perros, para compartir la vida una simple buena vida. 
Sé que no siempre es posible costear cursos, vacacionar o comprarles juguetes, pero ellos no esperan todo esto, sólo quieren estar con nosotros, por eso hasta la caminata más sencilla o por las lluvias jugar con ellos dentro de casa los hará en extremos felices.

¡Vean esas alegres caras, vean esa lengua de fuera y orejas paradas!

Hasta una próxima

viernes, 11 de marzo de 2011

Cuachuchitos en Antigua

El domingo pasado en Antigua Guatemala se realizó la actividad: Un día con mi mejor amigo.   Agarramos a los Chuachuchitos y nos fuimos para allá. 

Hasta el momento es lo más lejos que los hemos llevado y no es por falta de ganas, es por la incomodidad de que son muchos para mantenerlos tranquilos.  Aún así, la pasamos bien. Ellos se comportaron como perros cosmopolitas para sorpresa de mi esposo y mía.  Automóviles bajaban la velocidad para felicitarnos por lo bonitos que se veían y los transeúntes igual.  Y sé que no es porque sean de una raza extraña, es porque llaman la atención por ser cuatro, caminando con la gracia que tienen los perros pequeños, con sus colas sincronizadas.

Fue un paseo normal, a excepción de que nos deteníamos a fotografiarlos, a agradecer los cumplidos y a observar las calles animadas por otras colas moviéndose.
Mucha gente asistió y aunque la mayoría de las personas respetaron la limpieza de la ciudad, no faltó el que dejó que su perro hiciera sus necesidades en la banqueta para continuar su camino sin limpiar; a pesar que personal de limpieza pasaba regalando bolsas plásticas para ese uso, la bolsa hasta tenía instrucciones: Meta la mano en la bolsa, recoja los desechos, de vuelta a la bolsa, hágale un nudo y deposítela en un basurero.
Uno pensaría que semejante explicación no es necesaria, pero…

Regresamos a casa, con los perros tan cansados como nosotros, con la diferencia de que ellos durmieron un par de horas y ya estaban listos para otra aventura.  Nosotros no, los humanos apoyábamos el sueño de Musa, que por su avanzada edad la dejamos en casa dormida y a quien encontramos en la misma posición, roncando, sin haberse enterado de la salida.
Los Cuachuchitos posando frente a la fuente del Parque Central.

Así se veían las calles en Antigua Guatemala, llenas de alegría canina.
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Este es un servicio social independiente de la anécdota anterior. Extraviados:
  • Perra Cocker Spaniel, responde al nombre de Honey se extravió el 20 de enero en Reformita, zona 12. Es color canela con parche blanco en el pecho.  Si tienen información el teléfono es: 55971809
  • Me contaron recién que un perrito de tamaño pequeño colocho y blanco (probablemente un Poodle) con collar azul, anda rondando la Iglesia Inmaculado Corazón de María (7 ave. al final del periférico zona 12) desde hace días. Ha de estar perdido porque se queda a dormir en la calle (trataron de agarrarlo pero no se dejó). Si alguien sabe quien busca un perro con estas señas avísenle.

viernes, 18 de febrero de 2011

La promesa (Parte final)

Bajamos del ferry con perras y demás, caminamos hacia la playa para buscar desde ahí hotel.   Encontramos uno más rápido de lo que pensamos, eran bungalows.  Luego de acordar el precio y asegurarnos de que aceptaran a las Cocker, nos acomodamos.   No podía creer la suerte que teníamos, y la pena de regresarnos el mismo día, se me fue.

Había una pequeña piscina en frente de nuestro bungalow, nos moríamos de las ganas por ver si las perras se animaban, pedimos permiso.  El guardián nos respondió: —No hay nadie más en el hotel, pueden usarla con las perras, pero el dueño viene mañana por la tarde asegúrense de que no las vea dentro de la piscina, yo me encargo de limpiarla cuando él venga.
Agradecimos su amabilidad, creo que él también tenía curiosidad por saber qué harían.  Nos pusimos las calzonetas y nos tiramos, junto con nosotros se tiró de panzazo Skippy, quien nadaba hacia la orilla para volver a tirarse.  Consentida como siempre, precavida, nadaba a la par de la grada que le llegaba a las patas, sin tirarse o salpicar siquiera.

A media tarde fuimos a caminar por la playa, las perras contemplaban el océano y yo a ellas, me recordó la primera vez que siendo niña había conocido el mar, la misma mirada de inocencia y admiración.
Aprovechamos la luz para chapotear con las perras en el mar, corrimos, jugamos pelota y cuando al fin nos cansamos nos sentamos los cuatro a ver el atardecer.
La promesa había sido al fin cumplida.  No lo fue por mí, sino por la insistencia de Rk, a quien siempre agradeceré por ello.

Al regresar, en el hotel seguíamos siendo los únicos huéspedes, así que continuamos en la piscina, de la que Skippy se había hecho fanática.

Pasamos un grato fin de semana y era momento de regresar.   El ferry avanzaba con esa velocidad que siente uno que no es tanta.   Yo llevaba a Cony en mis piernas y miraba a Skippy con cara de quiero hacer un clavado.
—Agárrala bien, porque se quiere tirar —le dije a Rk
—La llevo con la correa. No lo va a hacer, cómo crees —respondió burlón de mi idea.
—Sé lo que te digo porque…

Y la perra se tiró.  La habilidad del lanchero para maniobrar el motor y la correa sujetada por Rk, impidieron que Skippy fuera lastimada o peor.  La subimos de regreso, sólo estaba mojada y muy sonriente, había hecho lo que deseaba.

Ya en casa, luego de descargar el pickup, nos tocó el trabajo pesado: bañar a las perras hasta que logramos sacarles la arena.
Por varias noches las perras soñaron, me imagino que sería que nadaban y corrían en la playa, porque dormidas sus patitas y colas se movían más de lo acostumbrado.

viernes, 11 de febrero de 2011

La promesa

No recuerdo de dónde se me vino la idea, sólo sé que le decía a Consentida: ‹‹Te llevaré a conocer un lago algún día.  Te llevaré a Amatitlán.›› Y mientras lo decía me imaginaba rentando un bote para remar lejos de la gente y descansar con ella a mi lado.  Yo llevaría un libro que tal vez no leería, por estar observando las expresiones de mi perra al estar rodeada de tanta agua.

Crecíamos juntas y agregué a la idea: colocarle a Consentida un salvavidas, sólo, sólo por si acaso ella decidiera tirarse en un descuido mío.   Mi madre, sin saber que era para la perra, me compró el salvavidas y no comprendió porque me había decidido por uno tan sencillo cuando el que me ofrecía era uno de chaleco. Pero el que yo había escogido podía adaptarlo para que Cony lo usara. 
‹‹Cuando tenga carro te llevo.›› Agregué a la frase que ya consideraba una promesa.

Celebramos cumpleaños y Años Nuevos.  Llegó el momento en el que podía disponer de automóvil y continué ofreciendo el viaje sin decidirme a hacerlo.  Para entonces ya estaba Skippy y yo me preocupaba por la seguridad de las dos perras.

Un día, con Rk decidimos ir a la playa de Monterrico y mi frasecita -ya rayada- salió de mi boca al despedirme de las canes: ‹‹La próxima será chicas, hoy no.››
—Y porqué no las llevamos —preguntó Rk.
—¡Qué! ¡Estás loco! Les puede pasar algo.
—¿Qué les va a pasar? Van con nosotros, llevamos correas.
—¿Y si no encontramos hotel que nos acepte con perros?
—Nos regresamos hoy mismo.

Su propuesta era razonable, pero yo acepté sin ganas, sólo porque no tuve como rechazarla.  Subimos al auto: mochilas, hielera, agua extra, platos y comida para perros, además de las perras; quienes sin tener idea de hacia donde nos dirigíamos, estaban emocionadas como siempre que veían las correas.  Y el salvavidas que por tanto tiempo había guardado se quedó refundido entre el closet.

Rk manejaba, a mí me tocó llevar las Cocker en las piernas (íbamos en pickup), y en el camino le explicaba a Cony que no sería un lago el que conocería al fin, sería algo más grande: el mar. 
A pesar del escepticismo que tenía por llevarlas, estaba alegre por ellas.
Tres horas después llegamos al embarcadero de La Avellana. 
Las perras me jalaban para todos lados, querían conocer, ladraban en señal de felicidad, saludaban a los perros que pasaban por ahí.   Nos acomodamos en el ferry y comenzamos el trayecto que nos llevaría a: ¿un par de horas en la playa? o ¿un fin de semana con perras cubiertas en arena?...

viernes, 21 de enero de 2011

La cojera

Mi novio y yo sacábamos a caminar a las perras por las tardes.  Skippy lo conocía a él desde siempre y se sentía cómoda con cualquiera de nosotros dos.  Consentida lo adoraba, pero por costumbre hacía el recorrido a mi lado.

Una vez, nos preparamos; el ritual era: Tenis y gorra, collares y correas para las peludas.  Salimos, llegamos al portón de la casa y recordé que no llevaba dinero, ya saben por si en el camino se me antojaba algo.  Regresé y dejé que Rk (mi novio) se adelantara con las Cocker.

Me tardé unos cinco minutos, no recuerdo porqué, tal vez buscaba sencillo entre los sillones, quién sabe.  Cuando salí, los tres estaban casi frente al portón aún y Rk se veía algo pálido.  Le pregunté por qué no había seguido y me respondió: Revisa a Cony parece que se ha golpeado una pata.
La miré y ella, feliz, movía la cola tirando con el collar para proseguir con el paseo.  Examiné sus patitas, en busca de piedras o algo que la lastimara y no encontré nada.  Di unos pasos con ella y caminó normal.  Nada me indicó que estuviera lesionada.

—No tiene nada —dije, extrañada que él pensara lo contrario.  Me respondió:
—Seguimos caminando cuando entraste, Consentida no quería y se quedaba viendo a la puerta, esperándote.  La llamé varias veces y al fin avanzó un par de metros, se detuvo y volvió a esperar.  La halé un poco y le dije que no fuera tan mañosa, que pronto nos alcanzarías; entonces caminó, pero al dar dos pasos comenzó a cojear.  Mi pena es que pensaras que la había lastimado, no podía creer que justo conmigo le fuera a pasar algo.

Continuamos el paseo, Cony corría y Skippy la alcanzaba, hasta donde daba el largo de las correas y nosotros permitíamos.  No pasó a más y olvidé el suceso.

Otro día, le dí la correa a mi madre para que entrara a Cony, mientras amarraba mis zapatos.  Aunque estábamos en el garaje, Consentida recurrió a su acto: Cojeaba sin dejar de verme.   Luego me acerqué y comenzó a saltar, satisfecha de que yo estuviera a su lado.
Entonces recordé la primera vez que lo había hecho.  Caí en la cuenta: Consentida sabía mentir.

sábado, 27 de noviembre de 2010

De personalidad salvaje

Skippy nació en una casa grande, aunque con poco jardín tenía suficiente espacio para corretear.  Sin embargo a los tres meses de su nacimiento nos mudamos de nuevo hacia una casa en donde viví en un apartamento independiente.  Era pequeño y con apenas un patio para que hicieran sus necesidades.
Yo comenzaba la universidad así que el tiempo que tenía para compartir con las Cocker, era poco.  Salía a caminar con ellas, si mucho dos veces por semana.  Cony, tranquila de por sí, se entretenía criando a su hija, pero la cachorra solicitaba más atención de la que le podíamos brindar. 

Sé que les tenía juguetes, pero tal vez no los suficientes y apropiados para descargar la energía de una joven perra.   Entonces comenzó a encontrar su desahogo.  Un día, al regresar de estudiar, encontré a la perra cansada y dos de los sillones muy bien masticados en las esquinas. ¿Qué si me enojé? ¡Sí! Estaba encolerizada, y por lo mismo ni intenté nalguearla.  No la dejé dormir en mi cama toda la semana.   No me imaginé que sus travesuras apenas comenzaban.

Libros, documentos legales, zapatos, edredones, plantas, jabones, y más, pasaron por los dientes de Skippy.   Si no se envenenó fue porque no había con qué.  No tenía idea de cómo reprenderla para que se comportara como Cony.   La madre Cocker ni en sus peores momentos de travesura había sido así.   Para colmo mi mamá me reclamó que cuando yo a veces salía por la noche, la perrita, se ponía a aullar y que no dejaba dormir. 

Entre la desesperación para corregirla, fui aprendiendo a convivir con semejante ser salvaje.  Me volví más ordenada, todas las prendas y zapatos resultaron bien guardados en el ropero.  Noté que cuando le entraban sus berrinches agarraba lo que veía.  No lo buscaba, era lo que encontraba a su altura visual para rematar su mal humor.   Así que objetos importantes y adornos fueron colocados medio metro, arriba de su cabeza.
Las plantas fueron regadas con pimienta por un par de semanas, suficiente para que no siguiera intentado acercarse a ellas. 
Claro, esto fue aprendido a prueba y error; manteniendo la idea de no causarle daño.  Mientras tanto ella crecía pero no maduraba a la misma velocidad.  Y acepto que por perros como Skippy es que la raza Cocker Spaniel tienen fama de locos.

La prueba que quedaba superar, era la del aullido.   Un día mi novio me sugirió que al salir dejáramos la vídeo cámara escondida para ver el comportamiento de las perras.   Así se hizo.  
Al regresar vimos la grabación:   Consentida se acostó en una almohada y durmió.  Skippy en cambió, estuvo frente a la puerta cinco minutos, cuando se aseguró de mi ausencia, comenzó a aullar, a saltar entre los sillones y la cama, hizo una cueva con el edredón y desde allí siguió aullando por más de una hora.
Comencé una rutina de fingir salidas (salía donde me veía y olía, luego entraba por otra puerta a esperar su reacción) para quitarle la certeza de mi alejamiento.  Al empezar los aullidos la sorprendía para callarla.   No fue la solución final, pero funcionó.
Las grabaciones posteriores demostraron que se mantenía siempre atenta a mi regreso, pero el 80% del tiempo en silencio. 

Hoy en día, a la falta de experiencia como esa vez, haría las cosas diferentes. Buscaría consejos e información en el Internet sobre el comportamiento canino (hay bastante y hasta programas de televisión sobre el mismo tema).
No tendría la opción de cambiarme de casa, así que primero que nada, me esforzaría a sacarlas a caminar al menos (sí, como mínimo) un día si y un día no.
Como ahora hay variedad de juguetes para perros en las tiendas de Guatemala, le  daría más opciones a Skippy.   Siempre tendría que ser ordenada para evitar tentaciones.

Con estos dos cambios, la perra estaría en parte satisfecha y cansada; a partir de allí, observaría hasta que punto su carácter dominante necesita entrenamiento (ya existen varias escuelas de adiestramiento en donde uno participa con el perro).

Pero no puedo cambiar el pasado, lo que sí puedo hacer es compartir mi experiencia.  Por eso si ha decidido compartir su vida con un perro:
  • Asegúrese de tener el espacio adecuado para el can.  
  • Ejercítelo.  
  • Proporciónele entretenimiento. Muchos juguetes aparte de distraer al perro sirven para limpieza de dientes.   Adquiera el adecuado para el tamaño de su nuevo amigo.  Evite los que son de plástico suave, se rompen fácil y los pedazos podrían ser tragados.
Si le tocó un perro con el carácter de Skippy, no desespere. Instrúyase de cómo cambiar esos malos hábitos y trabaje con él esa fuerte personalidad.  No se rinda, no se arrepentirá. 

viernes, 3 de septiembre de 2010

Pasos, pedales y perros

Los paseos en el recorrido de Pasos y Pedales, se han vuelto parte de cada domingo desde que el recorrido fue programado.  Nosotros también asistimos al principio y por supuesto, los perros eran los más emocionados. 

Lo más normal era salir de casa con las tres perras muy bien peinadas (para que salieran coquetas), collares limpios y no faltaban las correas, pero ante todo, bolsitas para las heces.
Con las semanas se observaban cada vez más personas con sus canes y así mismo el descuido se hizo presente.   Con sorpresa aprendimos que no todos llevaban bolsa, y el paseo se convirtió, de una caminata tranquila a un paseo minado.  Cuidábamos nuestros pasos, los pasos de los perros y tratábamos de esquivar con la mayor distancia posible los deshechos, para evitarles a las nuestras, la tentación de olfatearlos o que los pisaran.
Volantes comenzaron a circular, para educar a las personas sobre basura y demás; desde entonces creo que sí aminoró la suciedad.  No sé cómo está ahora, tenemos meses de no ir.

Un detalle que sí ha quedado como tradición a estos paseos dominicales son los perros perdidos.
Sé de ellos seguido, por anuncios en carteleras de supermercados y cuando me cuentan amigos.   Perros de raza y sin raza, de todos tamaños, son buscados por sus “dueños” desesperados.  Hay información en e-mails circulantes, en la página Web de AMA, Facebook y no me extrañaría que también en Twitter.
¡Que triste!  un día de tranquilidad familiar convertido en semanas de angustia, o en un imprevisto para siempre adiós, por no utilizar una correa.
Sin importar lo entrenado que esté un perro, siempre estará la posibilidad de que salga corriendo: sociabilidad, curiosidad, miedo.  
Si personas se pierden, cómo no le puede pasar a un perro.

Este domingo al salir con su peludo amigo (el perro, no el humano) lleve un par de bolsas y: ¡No se arriesgue!  Vista a su perro con correa, hay de varios largos y estilos, con seguridad encontrará alguna que lo  haga ver a la última moda.
Y disfrute su paseo.