Mostrando entradas con la etiqueta Comportamiento canino. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Comportamiento canino. Mostrar todas las entradas

viernes, 11 de julio de 2014

A simple vista

Las primeras semanas sacábamos a  Ágenor hasta 8 veces al día, por su salud y a la vez estimularlo. Los paseos han sido tan continuos, que lo han llegado a conocer varios vecinos y yo los he conocido a ellos.  Todos se sorprenden al verlo por lo flaco que está, algunos creen que es uno de los nuestros que se enfermó y luego se enteran de que él estaba abandonado y más enfermo de lo que ahora se ve.  Como si estuviera vendiendo religión al contar la historia de este perrito en huesos, aprovecho a dar a conocer las ventajas de adoptar y demostrar con el vivo ejemplo de Ágenor el porqué se debe esterilizar ya que no todos podrán saber el futuro de un cachorro.

En estos paseos he observado que todos lo acarician, dicen que es bello (es cierto), le alaban sus ojos expresivos y se nota que esperan ver el resultado final al igual que yo.  La mayoría son sinceros al decir que no se habrían animado a agarrarlo aún viéndolo como va, mucho menos cuando les explico las condiciones en las que estaba; y no es para menos, cuando se analiza el futuro cansado trabajo que puede llevar una acción, pocas  veces nos animamos a llevarla a cabo.  Esto a todos nos pasa.   Algo me inquieta, con Circe sólo un par de personas vieron el antes y el después, la lisonjearon y hasta ahí.  ¿Tendrá que ver que ella no se ve como de raza?   Ágenor podríamos decir que es un Setter en miniatura o un eterno joven Golden, y sin pensar mucho: un enfermo Cocker.  ¿Es porque es peludito que llama la atención? ¿O su condición es tan mala que es lo que atrae la vista?
Puede ser que a Circe no la conocieron tantos porque no tenía la necesidad de salir varias veces al día, o cuando la vieron no se le miraba con la muerte encima, o sea arrastrando las patas como caminaba Ágenor.   A las personas les cuento sobre Circe, la perra amarilla similar a las que se encuentran en todas las calles y entonces dejan de interesarse en la parte importante: ella ha equilibrado a los Cuachuchitos con su energía y  tranquilidad.  No tuve que entrenarla para que fuera al baño y desde el principio fue dócil y paciente con mis chiquitos.  
Ágenor, ahora ha aprendido a ir a hacer sus necesidades al jardín, lo que la principio creí era educación de calle porque no se hacía adentro de la casa, era que no lo mantenía adentro tanto tiempo.     Es sociable, pero tenía un problema de conducta y es que ningún perro podía estar siquiera a un metro de su plato de comida porque se ponía agresivo; comprensible ante las necesidades que pasó.  Esta situación ha mejorado a base de trabajar con él y Circe, ahora ya está en la fase de que pueden estar a la par de él todos mientras come, es un gran avance en pocas semanas y en parte es porque también entiende que tendrá comida,  en esta casa no hay competencia.  Cuando se recupere, se verá hermoso y además esos dos pequeños detalles negativos que mencioné serán sólo una historia que quedó escrita en este día.

Cada perro es especial y tiene personalidad, sólo al convivir con ellos podemos conocerla pero al igual que con las personas no debemos juzgar por la apariencia física.  Además al convivir con los perros (de raza o mestizos),  tratarlos como se merecen y educarlos podemos fomentar las características positivas que nos harán decir: ¡vivo con un perro como de película!

Sean felices, hagan felices a sus perros y colaboren en la vida de un perro sin hogar.

Hasta la próxima,
Nova A.S.G.

viernes, 31 de enero de 2014

Greka proper

Me siento a escribir sin saber aún qué y escucho que he dejado de fondo el televisor prendido.  Están pasando Harry Potter, me levanto y en ese momento está enfocada en toda la pantalla la imagen de Hermoine, la niña sabelotodo y un poco presumida por ello.   Me causa ternura y sonrío, porque esta chiquita me recuerda a mi Greka. 
Hace años mi esposo fue el primero en decirlo en voz alta: esa niña se me hace la Greka, porque se sabe las lecciones y por eso siempre les dice a los demás que deben hacer.
Él lo dijo y yo también lo pensaba, el personaje de la sabionda Hermoine y hasta ciertos gestos los consideraba muy parecidos a mi Cockercita.
Greka era una perrita que se comportaba correctamente, se esforzaba en complacerlo a uno pero también corregía y exigía cuando consideraba que ella  tenía la razón, o sea casi siempre.
Aunque Greka era divina por su personalidad, ser una “caniña proper” la agobiaba, se notaba que se estresaba por saber y hacer lo adecuado.   No deseábamos que fuera así si le causaba molestia y tratábamos de que se relajara, que corriera como desbocada, que  olvidara el glamour y la perfección, pero no lo logramos.   Me imagino que esto tuvo que ver con la depresión que sufrió y muchas veces he pensado si acaso su infancia hubiera sido entre más cachorros o con niños tal vez habría crecido más relajada.



Siempre habrá una parte de los perros y mascotas en general, que no conoceremos por completo.  Podemos proveerles una vida saludable físicamente y lineamientos para salud mental, pero al ser individuos (como todos los somos) no se puede generalizar cuando se trata de personalidades,  lo que cada uno piensa y cómo percibe el mundo.  Es por eso que aparte de conocer las cualidades únicas de cada uno de mis chiquitos, trato de todas las formas que ellos sean felices y de aprovechar cada momento que estoy con ellos porque el tiempo pasa rápido, los momentos se vuelven recuerdos y no se puede regresar.   Y escribo esto no para que se preocupen por el futuro, sino para que se enfoquen en hoy, en ser mejores, hacer buenas acciones (mejor si es por los perros sin hogar), ser felices y que disfruten de la sana compañía de su perro.

Sean felices, hagan feliz a su perro y  colaboren con un perro sin hogar.

Hasta la próxima,
Nova A.S.G.



viernes, 24 de enero de 2014

Cuachuchitos lastimeros

Como les relaté la semana pasada, los Cuachuchitos nos manipulaban en todo momento.  Los sacaba al jardín mientras hacía la limpieza o para comenzar el entrenamiento de en dónde hacer sus necesidades.   Si no eran los gemidos y sus ojotes lastimeros los que me hacían caer en dejarlos entrar a los pocos minutos de sacarlos, era abuelita Skippy o tía Musa que solicitaba atención con el pretexto de que  tenía que salir. 
Las dos señoras Cocker se ponían ansiosas, caminaban de un lado para otro frente a la puerta, olfateaban el piso y podría jurar que con sus gestos me amenazaban con: ¡me abres la puerta o me orino aquí! 
Les abría, impidiendo el paso a los chiquitos, entonces las adultas Cocker caminaban un rato por la grama, me miraban para ver si yo las observaba y hacían unas gotas apenas.  Luego pedían entrar, pero en cuanto las dejaba, justo en la puerta se entretenían con algo o resultaba que no podían pasar porque en lugar de entrar derechas se ponían en diagonal para que tuviera que darles más espacio y así los cachorros se colaban.  

A Skippy no la dejaba afuera por su convalecencia, era una perra de 14 años con problemas del corazón, a Musa en cambio, sí la deje un par de veces y cuando entendió que no le abriría hasta que yo lo decidiera, aprendió a aullar junto a los cachorros.  De una forma u otra paré haciendo lo que los cachorros querían.  

Además,  quién puede dejar afuera por mucho tiempo a unos cachorros lastimeros como se ven en la fotografía.   Yo no.

Mis bellos Cuachuchitos.  En serio, el vidrio estaba limpio antes de que salieran.


Sean felices, hagan feliz a su perro, acepten y disfruten cuando sus perros los han manipulado porque significa que ellos son ingeniosos.  No olviden colaborar positivamente en la vida de un perro sin hogar.

Hasta la próxima,
Nova A.S.G.

viernes, 6 de diciembre de 2013

No no novidad

En la radio se escuchan ya las melodías propias de la temporada, anuncios que nos invitan a comprar lo que no sabíamos que necesitábamos.  En las calles las vitrinas están listas vestidas de luces, más de lo usual.  Y en algunas casas también las decoraciones han aparecido al igual que las macetas de pascuas y de las que cada año hay más variedad.
Sí, me contagio rápido y aunque no pasara afuera de todas formas decoraría Navideñamente (si no existe la palabra, hagan de cuenta que la inventé) mi hogar.

Los Cockercitos están acostumbrados y como siempre acompañan con algarabía, al momento de armar el árbol, están atentos para  indicar en dónde cayó la bombita o cualquier otro adorno;  De cuando en cuando se acuestan en los sillones para observarnos a Rk y a mí mientras disponemos de las decoraciones.   Luego se levantan impetuosamente en cuanto nos ven con otra caja, para curiosear qué es lo que hay dentro de ella, y con la nariz mueven las cosas, buscando no sé qué.
Nova siempre atenta a cual adorno se coloca en tal lugar. Keyla, suspira y cuando cree que no la vemos camina bajo las ramas cepillándose el lomo. Los tres ponen cara romántica al ver las luces colocadas y prendidas. Pero Gecko parece que es quien más disfruta al mirarlas.  Se queda absorto por largos ratos, se sienta a ver el árbol por minutos, como si estuviera esperando una respuesta o talvez me imita. 
Circe, en cambio, se ve sorprendida de diferente manera; parece que no encuentra el mismo sentido en la decoración como los otros, y por falta de costumbre o la edad no sabe que debe mantener la distancia.   Por eso creemos que ha comenzado a pensar que es la época de NO.

No se te ocurra morder esa pascua. No puedes agarrar ese adorno. ¡No, no, no debes morder el cable de las luces! ¡No Circe!  Cuando la regañamos vemos que entiende que no debe hacerlo, pero ¿se le olvida? ¿no le importa? ¿se distrae?
El año pasado no fue tan traviesa y hasta que decidimos adoptarla, la niña canina comenzó a hacer de las suyas, aunque admito que son contadas.

No es la primera perra que intenta hacerla de Grinch en mi casa.  Skippy también arremetió contra las luces ya colocadas en el árbol, Musa decidió cosechar las manzanas decorativas y hasta tuve un gato que se basó en catástrofes naturales y simuló un tornado en el nacimiento.

Las mascotas hacen travesuras de cuando en cuando, es parte de la gracia de tenerlas.  Nos sacan de la rutina y de la perfección, porque al final nada es perfecto. Recordarlo es relajante.
Pienso en las travesuras actuales y recuerdo la primera Navidad que pasó Circe con nosotros, apenas el año pasado. Jugó, corrió y estaba contenta de tener atención.  Al final de la noche se acostó bajo el árbol y se miraba como un bello regalo de la vida.

El siguiente año, no sé qué pasará, seguiré preocupándome por evitar que Circe se lastime y me deje sin luces o sólo recordaré la extraña fase por la que estas fechas de no no novidad está pasando, pero por el momento he de cuidar a mis caninos y a disfrutar sus ocurrencias.



Hasta la próxima
Nova A.S.G.

Pd. ¡Cuidado! La flor de pascua es tóxica para las mascotas. Más información sobre plantas y alimentos dañinos: http://www.guatepets.com/Consejos.htm
Y de nuevo está disponible el cuento de navidad en casa de rescatista: http://bit.ly/RdKyy5

viernes, 23 de agosto de 2013

Motivando cachorros

La motivación a temprana edad desarrolla el proceso del cerebro para que el aprendizaje sea más rápido y a mayor capacidad; también debe tomarse en cuenta que el crecimiento del individuo sea en un ambiente adecuado y con una alimentación sana.

A mis chiquitos los alimenté lo mejor que se pudo sabiendo que nada podría suplantar la leche materna que les faltó, y su nido lo mantuve lo mejor posible pero por más que intenté no podía permanecer junto a ellos como lo habría hecho la madre, por eso en su crianza en donde enfaticé fue en estimularlos en todas las formas que se me ocurrió.   Les ponía música, clásica en su mayoría; les demostraba objetos, juguetes caninos y los tapaba con los mismos periódicos que forraban el suelo para que ellos buscaran.  Conforme fueron creciendo también cambié la caja y les conseguí una grande para que tuvieran espacio cubierto, más una cerca alrededor para que corretearan fuera de ella. Todo esto dentro de un cuarto  por supuesto y siendo ellos tan bebés todo les era grande.    A la caja le hice un par de recovecos a diferentes alturas para que se ejercitaran tratando de alcanzarlos.  Al principio todos cabían y luego se peleaban por esos espacios porque sólo uno podía dormir allí, eran los lugares favoritos para dormitar.   Además colgué un par de muñecos para jugaran y no me imaginé que el reto de agarrarlos por verlos flotando les causaría tantas horas de distracción.

Puedo afirmar que tuvieron una linda canina-aniñada infancia.  No sé hasta dónde la estimulación y la genética comienzan y acaban.   Son bastante comunicativos verbalmente, no me refiero sólo a ladridos sino a ciertas vocalizaciones que realizan para que uno haga algo por ellos, pero Greka (la madre) hacía lo mismo. 
Utilizan las manos para muchas cosas, en especial para acariciar y halarlo a uno para hacerlo.  Tengo el pelo largo y con las patas me lo halan cuando estoy sentada para que me acueste, no lo muerden; y a mi esposo le agarran la frente desde atrás para lo mismo, algo que nos recuerda mucho a Skippy (la abuela).  El busca y encuentra objetos ahora es diferente, Nova los esconde y nos pone a buscarlos, créanme tiene su forma de hacernos loquear por su peluche favorito para que al final si no lo encontramos nosotros nos enseña en dónde lo había escondido.  Perseo era el especialista para traerme mis calcetas. A propósito le dejaba la gaveta abierta y le pedía que me diera un par, escogía las que él quería aunque no siempre era la mejor opción para mi vestimenta.

Cada uno tiene habilidades que sobresalen y desde cachorros comenzaron a demostrarlas.  Pero sé que la motivación fue importante porque ocuparon su mente mientras crecieron, no fueron unos perritos que permanecieron en una caja esperando comida y limpieza. Claro, no tuvieron enseñanza maternal pero ellos fortalecieron sus capacidades con los juegos y retos que les proporcioné. Por eso me imagino que los perros que sobreviven en la calle son tan inteligentes, sólo que para ellos no es un juego sino la vida.   Y veo a Circe, que sin haber crecido con los Cuachuchitos los imita, comprende que ellos son su modelo a seguir para vivir en armonía.  

Mimo al fondo y Gecko rendido bajo el muñeco.

Una rápida fotografía luego de colocarlos para que comieran.


Hasta la próxima y no olviden hacer feliz a un perro sin hogar.
Nova A.S.G.

sábado, 11 de mayo de 2013

Control de animales

La Ley para el Control de Animales Peligrosos en Guatemala, esta causando controversia en los medios sociales.  Los que la apoyan o al menos no les molesta y los que están en contra; discuten, ofenden, son ofendidos y por supuesto no se ponen de acuerdo.
El tema legal no es uno de mis conocimientos y sólo puedo comentar sobre lo que entiendo como cualquier ser mortal que lee y re lee para encontrar puntos y comas que me indiquen los límites de los dichosos escritos.  Hasta el momento lo único que puedo expresar al respecto es que, es preocupante la amplitud que han dejado para que sea utilizada en un “futuro” por las autoridades respectivas.   En todo caso, considero que el perro juzgado saldrá perdiendo la vida.

En el decreto de ley especifican razas, reconocidas como “peligrosas” sin embargo entre los artículos del reglamento dicen:
“Dentro de este registro de animales peligrosos se incluirán todos aquellos perros que han sido adiestrados para ataque y defensa no obstante que su raza no se encuentre dentro de las contempladas”.
“En cada Gobernación Departamental debe crearse la Unidad de Control y Registro de Animales Peligrosos, la cual se encargará del Registro Central Informático respectivo; la cual podrá incluir dentro de la categoría de peligrosos otras razas que en Guatemala por la degeneración de los caracteres propios de cada raza derivados de condiciones propias de la región o de una mala reproducción puedan surgir en el futuro.”

Para empezar no estoy de acuerdo con la frase de “razas peligrosas”.  El peligroso es el dueño, como he escrito en varias ocasiones nuestras mascotas son nuestro reflejo.  Aunque nunca he tenido perros de las razas mencionadas en el decreto, los que he conocido tienen la dulzura de un chocolate y el alma de algodón.
Y por lo que entiendo es:  si alguien entrenó a su Chihuahua para ataque, esté es considerado como peligroso.  No se rían conozco a un par de estos perritos que fueron entrenados y les advierto,  son feroces ante la orden de defender.
Además, si cada departamento llega a considerar a los perros mestizos sin hogar como una degeneración de raza también podrían ser asesinados legalmente.
No hay suficientes voluntarios, ni asociaciones que puedan velar por la vida de estos perros ante un marco legal.  La ley está y mientras buscan recursos para evitarla los perros morirán.
En el artículo 8 del decreto: También se considerarán como peligrosos aquellos que han tenido episodios de agresiones contra personas u otros perros. 
Ahora imaginemos: alguien nos ataca y nuestro perro nos defiende. ¿Qué pasará si nuestro agresor decide formular cargos?  Hay de casos a casos y nunca faltará el ocurrente, en Estados Unidos un ladrón quedó atrapado varios días en la casa que robó.  Luego de que los dueños regresaron, este salió y los demandó por no tener una salida de emergencia. 
¿Y qué creen que pasará si el vecino con el que se llevan tan mal decide informar que su perro (el de ustedes) es agresivo?  

En el decreto se describen datos como microchip,  seguro y licencia de registro; y por supuesto tiene sus ventajas como las sanciones económicas ante las personas que se dediquen a entrenar para que los perros peleen, pero es sólo eso.  Así que quien tenga malos "hábitos" y le recojan al perro, pagará y se hará de otro.  De nuevo, el perro pagará con su vida las acciones del humano.
Y quien no pueda y ni desee cumplir abandonará a los perros en la calle.

Sí necesitamos leyes, pero para proteger a los animales, para que sean castrados, para evitar abandonos y malos tratos.  Necesitamos sanciones más que económicas, métodos correctivos por los que las personas piensen dos veces antes de realizar un acto de crueldad hacia los animales y en este caso los perros.

Yo puedo seguir escribiendo lo que entiendo y me preocupa de esta ley, pero lo ideal es que ustedes las lean y saquen sus propias conclusiones.   ¿En realidad trae más beneficios que desventajas? Como sociedad ¿Estamos listos para tener este tipo de ley? 

Les dejo los enlaces (por razones de permisos copien y peguen en su explorador, si estos no abren) del Decreto y el Acuerdo (reglamento del Decreto), creo que ente caso sí estarán disponibles por más tiempo que el de la ley 870, que recién verifiqué y resulta que ya no existe.

http://www.scribd.com/doc/132316679/Decreto-22-2003-Ley-Para-El-Control-de-Animales-Peligrosos

http://www.scribd.com/doc/136736862/ACUERDO-GUBERNATIVO-NUMERO-113-2013-pdf


Hasta una próxima
Nova A.S.G.


Junio 14:
Recién me enteré que han creado un grupo abierto en Facebook específicamente para el tema de No a la ley 113-2013. Quien desee aportar ideas o informarse al respecto pueden unirse. El grupo se llama: Defensores de los animales y los buenos dueños en Guatemala.

También han creado una solicitud de firmas de quienes estén en contra del acuerdo en Avaaz.org:



viernes, 26 de abril de 2013

La mudanza

La casa en donde vivíamos recién casados con Rk fue construida a gusto propio, al menos el que pudimos pagar.  No era grande y el jardín tampoco pero las paredes que nos separaban de las vecindades eran altas, en serio, altas; así que teníamos mucha privacidad y ante todo yo sentía que mis hijas caninas estaban seguras en cuestiones de vecinos que no gustaran de los perros. Pero, todo tiene un imperfecto y en el caso de la casa, era el frente, por la cuadra y por los amantes de lo ajeno.
Mi mayor pena era que sucediera lo que había pasado en la casa de mi madre a la vecindad antes del robo, imagínense la preocupación que sentí al ver que sí podía pasar. 
Pocos meses después se presentó una oportunidad y la tomamos sin medir otra consecuencia más que la vivir seguros con nuestras perritas, y la tomamos.  Cambiamos una preocupación por otra pero esta explicación no es tema de este blog.

Nos mudamos con ilusión por lo nuevo y con tristeza por la antigua casa.  En el proceso de adaptación, la inquietud de la poca privacidad que tendría por paredes de altura normal entre jardines vecinos, me hacía dudar.  También el hecho de que no hay portones, eso significaba menos espacio de libertad para mis hijas caninas.   Pero resultó que sólo eran ideas mías, las perras se preocuparon de ver en donde colocábamos la cama y se echaron a dormir. 
Pensando en Skippy, Musa, Greka y cualquier otro perrito que tuviéramos en el futuro, más la nostalgia de la casa que dejamos, imaginaba posibles problemas, el balcón: se tirarían; al ser un lugar nuevo: ladrarían; que era posible ver por una ventana hacia la calle: ansiedad; y otros detalles como esos.   Al pensar en cada posibilidad también ideaba una solución.   Me adelantaba a los hechos pero más valía prevenir.

Sembramos árboles de poca raíz que servirían de cerco de altura, estos han crecido y no nos dieron la privacidad que soñaba, pero sí la suficiente y el sonido de los Chopos movidos por el viento nos da una paz a todos que no planeamos.  El diminuto balcón no era tan peligroso como pensaba y tanto las perras originales que se mudaron con nosotros, como los que han crecido aquí,  encontraron en él un espacio para divagarse.  A la ventanita se le recubrió con una pantalla que le da un toque decorativo y no invita a observar desde ella.
Mis perras estaban tan tranquilas con la mudanza que mis vecinos se enteraron de que teníamos perros casi un año después y eso que ninguna familia de las casas que nos rodean tiene mascotas.

Con los años han surgido pequeñeces que fuimos solucionando conforme se presentaron, y han sido más que todo para evitar ansiedades a mis caninos.  Perros tranquilos y felices, vecinos satisfechos.  

Y como en otros días, mientras yo escribo los coludos se dedican a tomar el fresco en el otro balcón que queda a pocos pasos de mi escritorio, esperando a que me les una. Así que con permiso, hasta una próxima




Nova A.S.G.

viernes, 19 de abril de 2013

Reeducación

Mi dulce Grekita,  consentida y amada por todos; al fin y al cabo era la más pequeña y por eso la tratábamos como una princesa, humanos y perras.  Pero Greka no era una princesa soberbia, la Cocker tenía una educación innata que hizo que nosotros, sus padres humanos, nos avergonzáramos de nuestro comportamiento.

Sería la familiaridad, las prisas, la juventud, qué sé yo, pero en algún momento perdimos la costumbre de darnos las gracias al terminar de comer y eso que estábamos recién casados. Sólo nos sucedía en privado y no nos hubiéramos percatado de no ser por Greka.  Como siempre (luego de aprender por Grekita que así debía ser) a nuestras perritas les manteníamos sus platos servidos, y cuando nos sentábamos a comer ella también lo hacía.  Terminábamos, recogíamos la mesa y también la pequeña Cocker, se alejaba de la comida, tomaba agua y se acercaba a cada uno de nosotros, llamaba nuestra atención con suaves ladridos hasta que la cargábamos o nos postrábamos ante ella y entonces nos daba una suave lamida.  Rk, Skippy, Musa y yo recibíamos las gratitudes de nuestra consentida.

Un día Rk me dijo: ¿ya te diste cuenta? ¡Greka da las gracias y nosotros no! 
Por supuesto que desde ese momento volvimos a la regla básica.  Una vez más nuestras hijas caninas nos reeducaban.  Cukita (Greka) es ahora un angelito, pero sus educados genes sobrepasaron la muerte, porque sus hijos han sido igual de formales y agradecidos.

Menos mal tuvimos la suerte de tener una encantadora de humanos, y a sus hijos como hermosos recordatorios.

sábado, 6 de abril de 2013

Pretextos o verdades

Tengo un balcón frontal en la casa, es tan angosto que apenas caben los perros, y por eso sólo ellos lo usan.  Al menos es un lugar en el que ven pasar la vida ajena y se distraen; una especie de de teatro con función constante de reality show.   La única condición que les tenemos es que no ladren o se les cierra el acceso.

La ventana, siempre y cuando hay humanos, está abierta; un ruido en la calle y salen corriendo a sentarse a ver la causa.   Durante el día, los transeúntes pueden verlos y a veces las visitas de los vecinos se detienen a observar la graciosa fila canina.  Por la noche la historia es otra porque no salen del todo, entre más tarde es, menos cuerpo sacan.  Así que cuando hay reunión o sólo voces que matan el silencio en la calle, entre las cortinas apenas asoman las cabecitas para observar quién está interrumpiendo el sueño.  En la madrugada cualquier voz se escucha y ha sucedido que son pláticas amenas o discusiones.  Estas últimas son las que me ponen nerviosa, las personas están enfadadas y podrían mal interpretar desde afuera la cortina medio levantada.  Podrían pensar que somos unos vecinos metiches.   

A veces me pregunto si llegará un día en que vengan a mi casa a reclamar porque creen que fisgoneamos en la ventana.   
Y más curiosidad si quien lo pregunte creerá la verdad:  "Lo lamento no éramos nosotros (los humanos) fueron mis perritos".  Se parece al pretexto: “Hice la tarea pero mi perro se la comió”.   ¿Ustedes lo creerían?




Feliz fin de semana.
Hasta la próxima, Nova A.S.G.

viernes, 1 de marzo de 2013

Susto canino

Mi mamá y mis hermanos vivían a la vecindad de mi casa.  Cualquiera pensaría que nos mirábamos a diario, pero no era así. Tal fue el caso que, un día forzaron el portón de la casa de mi madre cuando no había nadie y se entraron a robarles.  Rk y yo sí estábamos en la nuestra pero no escuchamos nada, hasta que alguien fue a tocar el timbre y por quien nos imaginamos salieron corriendo los ladrones dejando algunas de las cosas tiradas en el camino.
Nadie dijo nada, nadie vio algo y hasta aquí no sabemos quién llegó a avisar.

Lo más curioso es que en casa de mi mamá tenían a Laica (la primera), una perra mestiza de Gran Danés con Boxer (talvez).  No había ladrado durante el suceso y en cuanto entramos a la casa, al no verla, pensamos lo peor: ¡Se la habían robado también o la mataron!
Pasamos el garaje y entramos a la sala con miedo, no sabíamos si todavía estaban adentro.  La puerta de esta también estaba doblada, si al menos se hubieran fijado la ventanita estaba abierta y no necesitaban forzarla.   Pero de la perra ni la sombra.  Unas sábanas tiradas con un aparato de video, una televisión en el suelo eran evidencia de que huyeron de repente.
Nosotros seguíamos preocupados por la perra. 

Le avisé por teléfono a mi mamá y me gané la regañada por no escuchar lo que pasó (así es ella).  A mi me temblaban las piernas mientras Rk y yo nos asegurábamos de que no había nadie. ¿Y a Laica, qué le pasó?, pensábamos.
Escuché el auto de mi mamá estacionándose frente a la casa.  Salimos a encontrarla en el garaje y lo primero que preguntó fue: ¿Y Laica?
Le respondimos que no sabíamos y ella en lo que avanzaba decía:
—Talvez la metieron en un clóset —Claro que por su tamaño no podría ser—, o está bajo la cama. —Posible, pero difícil de imaginar que un perro se escondiera así.

Entró y salió en poco tiempo.  Las voces de mis hermanas se sumaban a las nuestras llamando a Laica y entonces fue cuando la vi. 
El garaje era amplio y por eso no se le prestó atención al auto descompuesto con las ventanas abiertas, estaba ahí desde hacía unas semanas.  Dentro de este, vi un bulto sentado frente al timón, la impresión instantánea fue que uno de los ladrones se ocultaba, pero casi al mismo tiempo noté  que era la perra.  Les avisé a todos y me acerqué para ver si estaba bien, porque no se movía.   Ella continuó sentada, digo, petrificada con la vista al frente.  Reaccionó hasta que mi mamá y mis hermanas llegaron a acariciarla.  Se sintió segura y salió del auto moviendo la cola y creo que hasta le escuché un suspiro de alivio.

—¡Que inteligente la perra! Se escondió para que no la lastimaran —dijo con tranquilidad mi mamá y entonces ya fue a revisar qué faltaba y los daños.

A que no habían escuchado una historia así, sobre un perro.



Saludos y feliz fin de semana.
Nova A.S.G.

sábado, 2 de febrero de 2013

Negro

Negro es un perro sin hogar real.  Apareció en una colonia un día, no era cachorro a la vista pero sí en edad.   Nadie lo entró a su casa para cuidarlo y así como se ganó enemigos de la nada (las personas que no gustan de los perros tienden a enemistarse con ellos sólo porqué sí) también se hizo de amigos humanos que lo alimentaban, un pan por aquí, concentrado por allá y así sobrevivió.  Creció y más personas lo conocieron.  Comenzó a acompañar a las personas que le daban cariño y entre caminata y caminata un joven llamado Fer le abrió las puertas de su casa, pero Negro se sentía de todos y de nadie, no soportaba estar encerrado y de tanto somatón a la puerta, Fer  entendió lo que Negro quería: salir a caminar con doña Minga, saludar a don Paco, acompañar a comprar las tortillas a doña Luz.  En resumen, continuar su vida como siempre había sido: el perro de la colonia.

Ya han pasado más de siete años, logró evadir enemistades siguió comiendo de todos y ahora, desde que Fer lo entró a su hogar, tiene un techo para dormir.  Negro toca el portón para salir y para entrar a descansar luego de un arduo día de socializar con los vecinos o porque la lluvia no lo deja ver a sus amistades humanas.   Y aunque no es la situación ideal, ahí está feliz el Negro,  el Flaco, el Toro, el Bobby, y no sé que más nombres que cada vecino le ha puesto y a los que todos entiende.
Entre esos buenos amigos y vecinos Negro conoció a mis suegros de las veces que ellos estaban en la colonia. 

Me contó mi suegra que hace unas semanas mientras caminaba junto a su esposo, mi suegro se sofocó y de inmediato se tuvo que sentar por la falta de aíre.  Negro llegó al instante, lloriqueó mientras buscaba que el señor le diera cariño como solía hacer y lo acompañó hasta que mi suegro se pudo levantar para irse a su casa.  Unos días después, al fin de tanto insistir que el señor se sentía grave, el IGSS aceptó internarlo.

No sé si fue la última vez que Negro vio a mi suegro, pero las largas ausencias de los padres de Rk no eran extrañas para el perro (misma razón por la que ellos no lo adoptaron).  Hoy me contó mi esposo que a principios de esta semana, mientras manejaba el auto de su papá para realizar los trámites póstumos, el perro vio el carro desde lejos, movió la cola, paró las orejas, y trataba de ver al chófer.  Negro corrió al encuentro, y con la cercanía notó que quien manejaba era Rk y no mi suegro.   La cola se detuvo y bajó las orejas, el perro ya no siguió corriendo, se sentó en la banqueta y se quedó observando el auto, casi podría decirse que con desconsuelo, mientras este se alejaba. 

Ayer vi a Negro, me saludó con la efusión que me saludan los perros: los cuates de siempre.  Asomó la cara por la puerta y divisó a mi suegra pasando entre las visitas que han llegado a la casa a presentar sus respetos.  Ella no lo vio por las prisas, las penas y sus propios pensamientos, pero el perro quería verla, sus ojitos estaban iluminados, me imagino que deseaba ser acariciado por ella, ayudarla con su dolor con esa manera única que tienen los perros.  Ayer no era el momento, pero cuando sea él estará ahí porque, así son los perros.



Pd.  Para quienes esperaron el tema de la semana pasada, luego de leer esta publicación comprenderán la razón por la que no hubo. Y nunca olviden ayudar a un perro sin hogar, Gracias. Nova A.S.G. guateperros@gmail.com

viernes, 11 de enero de 2013

Perras mentoladas

Trato de llevar las anécdotas cronológicamente, sin embargo algunas se me pasan así como sucedió con esta historia.
 
Fuimos a comprar gaseosas y golosinas con Rk a la gasolinera, no quedaba lejos pero era noche y para darles una vuelta nos llevamos a las perras.
De regreso, Consentida estaba acomodada en el sillón junto al freno de mano y Skippy  iba sentada en mis piernas. Para hacerles larga la salida mi novio dio un par de vueltas más a las cuadras y entonces comenzamos a sentir olor a menta.  Un poco primero y luego el aroma envolvió la cabina del pick up.  Nos agarró desprevenidos y pensamos que era en la calle y que se colaba por los ventiladores.
 
El intenso olor nos causaba curiosidad, Puka (Skippy) se agachaba para oler a su mamá, Rk me comentaba que seguramente alguna fábrica de dulces cercana preparaba la deliciosa mezcla y yo  preguntaba en dónde era ya que nunca antes se había sentido.  Cony (Consentida) seguía en la misma posición, muy tranquilita y callada. 
De repente se escuchó un crujido.  ¿Sería del carro? Nuestro primer instantáneo pensamiento que se desvanecía por el mentolado olor que se intensificaba. 
Todo fue en menos de tres segundos: sonido, ¿carro?, olor y caer en la cuenta de que Cony masticaba dulces encontrados y recién robados de la cajuelita cerca al freno de mano.
La muy mañosa sabía lo que hacía, y por eso el silencio, sin embargo por la emoción, la mordida la había delatado.  Al llegar a casa nos habríamos dado cuenta, pero aún así nos vio la cara por un buen rato. 
 
Regañamos a Cony, le quité de su alcance los dulces que quedaban y tan concentrada estaba en amonestarla verbalmente porque ya se había comido dos, según la evidencia de los envoltorios tirados, que no me fijé cuando Skippy me robó uno de los dulces, hasta que escuché la lucha que tenía con el papelito.  
 
Esa noche, mi pobre Puka se quedó con el antojo,  Consentida, regañada pero con el mejor de los alientos y nosotros (los racionales humanos) nos sentimos tontos, tantas conjeturas y pasar por alto lo obvio.

viernes, 4 de enero de 2013

El despertar

Este es un buen tema para que sea el primero del año. 
 
Skippy era… bueno era Skippy.  Ella no paraba nunca, hacía lo que quería y a su manera; pero como todo Cocker: enérgica y jovial.
Meses después que la mamá, Consentida, muriera, una noche llegó nuestro grupo de amigos.  Bromas, risas, plática amena; esas reuniones que se dan porque sí.   Puka (Skippy) adoraba esos momentos, ella creía que llegaban a visitarla y se sentaba junto a uno u otro para compartir con todos.   En ese entonces sólo teníamos a Skippy y a Musa, esta última era más tranquila y siempre encontraba al invitado ideal para reclamarlo como suyo hasta que se despidiera. 
 
Esa noche Puka, luego se juguetear con todos se sentó en mis piernas. No sé si sería que era tarde o fue que el silencio también llegó de visita por un minuto, pero a la media noche, la manecilla del segundero del reloj que siempre había estado en la misma pared, aunque suave se escuchó: tic, tic, tic.    Skippy notó por primera vez el reloj y sorprendida por su descubrimiento siguió la manecilla con la mirada.  
No sé cómo, por qué o de qué siquiera, pero podría jurar que en ese instante mi Cocker tuvo un despertar.
 
A partir de entonces mi perrita comenzó a observar cada detalle que había en la casa, adornos, cuadros y formas; prestaba atención a las acciones que uno realizaba y las consecuencias que estas generaban: botón en pared, luz prendida o apagada en el techo; botón en pequeño aparato de mueble, música; y todos esos pequeños detalles de la vida cotidiana que a uno no le importan.



Ella salía al jardín con cuidado, no con la misma despreocupación de antes, Puka ahora caminaba muy despacio para cruzar la grama y tomar el sol y así evitaba que los coronaditos se espantaran mientras estos descansaban en el arbusto de mirra.   Si acaso no había pájaros, se acercaba a las flores y las olfateaba con ternura.


 
De cuando en cuando miraba el reloj y observaba de nuevo las manecillas.   Se quedaba pensativa y cómo si ese movimiento le indicara algo, al terminar sus meditaciones corría a uno de nosotros para que la acariciáramos. 
 
Puka siguió siendo traviesa, pero parecía más feliz, como dispuesta a que cada tic del segundero le diera satisfacciones.   Así de fabulosa fue mi tremenda y romántica Skippy.




 

viernes, 21 de diciembre de 2012

Cuento de navidad con perros


Terminaba de preparar el ponche una Noche Buena.  Esperábamos, como era usual en ese tiempo (todos nuestros hermanos eran solteros) a la familia completa.   Coloqué en algunas mesas, con anticipación, dulces, manzanas, uvas y nueces en bandejas; para completar el decorado visual y que los invitados degustaran lo que desearan mientras llegaba el momento de la cena.
En la mesa del comedor era en donde había de todo un poco, desde la cocina la vi y recordé que iba a colocar unas velas rojas para completar la imagen navideña que tenía en mente.  Al acercarme noté que no había puesto angelitos en una dulcera que estaba vacía.  Fui por unos cuantos y me aseguré de que todo estaba dispuesto a mis deseos.
 
Mis hermanas, apenas adolescentes, fueron las primeras en llegar.  Como buena anfitriona, les serví ponche y les dije que comieran lo que quisieran.  Ellas se sentaron y sin tener más por hacer se dedicaron a acariciar a las perras.   Greka y Musa se deleitaban, sobadita de pancita, de lomo, de carita, intercambiaban a las niñas y que prosiguieran.  Se levantaban un rato, chequeaban la cocina por aquello de que hubiera qué comer y regresaban.   A Skippy la veía corretear, pasaba husmeando a mis hermanas, subía, regresaba, se echaba un rato y comenzaba de nuevo con su propio juego.
Pregunté si deseaban algo más, y desde la sala me respondieron que no. Revisé bandejas y dulceras por si faltaba algo y vi que en el comedor que no había angelitos.  Puse otros cuantos en el plato y seguí en la cocina.  

Unos minutos después repetí la pregunta y revisión respectiva.  La misma respuesta y de nuevo la falta de angelitos, era lo único que faltaba.  Me pareció extraño porque en la mesa de centro, la dulcera con los coloridos y pequeños marshmallows seguía intacta; entonces por qué mis hermanas iban al comedor. ¿Acaso daban los cuatro pasos para la sala se viera perfecta?  No pude evitar la curiosidad y les pregunté: ¿Por qué se están comiendo los del comedor y no los que tienen enfrente?  Mis hermanas se vieron confusas y contestaron que ellas no estaban ni siquiera comiendo dulces en ese momento.    Ellas son gemelas y tienen sus cosas, así que asumí que era algo de ellas.  Tal vez una le escondía a la otra que estaba consumiendo angelitos por molestar.  Esta vez llené la dulcera, así tardarían más.  En todo ese tiempo mis perritas seguían siendo acariciadas y la otra correteando, así era Skippy, nada inusual.
 
Llegó mi esposo y le comenté la “desaparición” de los angelitos.  Ellas así son, me respondió, mejor dales la bolsa.   Era una buena idea y se las entregué.  Pero nosotros no estamos comiendo, me dijeron; de todas formas la recibieron.  Un momento después, el timbre de la puerta sonó y les pedí que abrieran.  Me volteé hacia el comedor y ahí estaba Skippy, muy cuidadosa, robando angelitos.  
Fue una buena celebración familiar, una comida tranquila, la pequeña casa oliendo a ponche, comentarios y risas por la supuesta culpabilidad de mis hermanas debido a nuestra ladrona Skippy. 
 
Los regalos se abrieron, todos se fueron, Musa y Greka quedaron rendidas ante tanta caricia y durmieron a pierna suelta.  Skippy creo que espantó a Santa Claus porque ella corría y  luego de asegurarme de que no le pasaba nada más y quedarme dormida, ella siguió correteando.

¡Feliz Navidad! Y que nos les pase las mías, atentos ahora de las celebraciones con perros y todas las mascotas. 
Nova A.S.G.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Tradiciones Navideñas

Íbamos en el auto con Rk, Skippy y Musa, una noche en la que el decorado navideño ya adornaba las calles.  Pasamos la Plaza Obelisco y los destellos que, el enorme árbol navideño desprendía, embobaron a Skippy.  


Mi Puka linda siempre fue una perra observadora y ante todo expresiva.  Esa noche vi el árbol brillar desde sus ojos y me causó alegría saber que ella podía admirarse de algo que, para algunas personas no digamos para un perro, podría considerarse banal.  Musa, siempre recatada, lo vio y se le notó una momentánea admiración pero no lo siguió con la mirada, mientras nos alejábamos, como lo hacía Skippy.  
Lo que iba a ser un recorrido de paso se convirtió en un par de vueltas más para que mis chicas Cocker observaran una y otra vez el decorado árbol .  Luego atravesamos la Avenida Reforma para que también los iluminados adornos colgantes fueran observados por ellas.   El pequeño paseo fue un gusto para mí ya que lo navideño me atrae, me siento niña y sonrío sin querer; y esa vez fue mejor, al ver que a una de ellas los colores y brillos de la época le transmitían la misma sensación. 

A partir de entonces continuamos llevándolas a ver las decoraciones navideñas cada año. 
Esa noche fue el inicio de una tradición más en nuestro hogar, creada especialmente para nuestras hijas caninas.
 
 
Hasta una próxima,
Nova A.S.G.

 

viernes, 9 de noviembre de 2012

Alertas caninas

¡Vaya! ¡Qué sismote!  


Anteayer miércoles, unos inconvenientes me dejaron sin poder salir de casa.  Aprovechando la situación dejé a Circe en el jardín toda la mañana para que estirara las patas y se asoleara.  Como les he contado cuando no hay personas en casa por su protección se tiene que quedar en un pequeño patio en donde apenas está su casita y la pobre se la pasa acostada dentro de ella por tanto aburrimiento.  
Ella salió y sabiendo que debe sacar beneficio del espacio, corrió alrededor de la grama y luego encontró el mejor lugar para tomar el sol. 

Cada vez que me acordaba, la observaba.  No estoy acostumbrada a que un perro rescatado sea tan tranquilo y a veces el silencio en ellos me alerta de una travesura.  Pero ella seguía dormitando.  
Adentro, mis Cuachuchitos dormían a pierna suelta con esa paz que sólo los que nunca han tenido necesidades pueden tener.  Nova, roncaba.  Gecko con un ojo abierto y otro cerrado abrazando su peluche y Keyla respiraba con fuerza mientras movía sus patas, soñando.

A media mañana Circe gimió, en ese tono que ella usa para comunicarse con uno.  La vi y estaba parada buscando atención.  Asumí que deseaba entrar así que no le hice caso.
Luego, se puso inquieta y botó una maceta vacía que ha estado en el mismo lugar desde que ella vino.  Me extrañé porque ella no suele hacer esas cosas y pensé en regañarla a la próxima “travesura”.  Un momento después Circe ladró, me levanté de la silla y vi que mis perritos todavía dormían.  ¡¿Por qué habrá ladrado?!  El tercer ladrido desde que la recogí.  Lo que faltaba, pensé, ahora resulta que le va a dar por ladrar y entonces no podré tenerla más de refugiada en la casa.   Me volví a sentar y la casa comenzó a moverse, se levantaron los Cocker y caminaron de un lado a otro cerca de mí.  Mi refresco se tambaleó, la lámpara no dejaba de mecerse y yo me puse a realizar un recuento mental: todos tienen collares puestos, las cadenas están cerca de la puerta, Circe está segura en donde está; no hay objetos que interfieran nuestro escape. 
En fin, analicé todos esos detalles que se pueden planear, porque eso es lo que hago y tal vez por eso no me pongo nerviosa ante ese tipo de eventualidades. 
 
El sismo cesó y una vez que la lámpara dejó de moverse fui a revisar que todo estuviera en su lugar.   Y regresé a hacer lo que hacía.  Los Cockers esta vez se quedaron a mi lado.  Media hora después Circe ladró de nuevo.  Aproveché el aviso y bajé seguida de los Cuachuchitos, si en caso era cierto al menos ya estábamos en el primer nivel.  Nada, al menos yo no sentí nada, dicen que hubo réplicas en ese momento pero no creo que se sintieran en la capital.  De todas formas me queda de experiencia, cuando Circe ladra es por algo, ya que no lo ha hecho a menudo.  ¿Quién puede decir que su perro ladró cierta cantidad de veces?  Circe lo ha hecho cuatro.  Dos, que creo fueron por felicidad y los últimos dos por serio aviso. 


No me queda duda que mis perritos Cocker han perdido o no hacen caso de ese instinto por la comodidad en la que viven.   Igual sucede con las personas, al menos yo me encontré con una alarma sísmica personal canina, y es de observar mientras le encuentro adoptantes.


Recuerden colaborar con las personas afectadas y sus animales de compañía; también realicen un plan de emergencia para su hogar que incluya a sus mascotas.  Y presten atención, tal vez ustedes también tengan sus propias alarmas y no lo han notado.
 
 
Hasta una próxima
Nova A.S.G.
 
 Fotografías tomadas hoy por la noche, en la primera Circe siempre atenta y educada cuando uno le da la orden de sentado.  La segunda, timida ante la camára ya que estaba jugando solita.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Ingenio canino II



Siguiendo con la historia de mis Cocker…

Greka aprendió a desfalcarnos con un arte sin igual como les conté en la anécdota: ingenio canino. Mientras tanto en esos mismos días, Musa, deseosa de complacernos y viendo los resultados de las acciones de la pequeña, también comenzó a entrar una que otra carta, pero en cuanto Greka se dio cuenta, le hizo saber (con su mal genio) que el puesto estaba ocupado y que no pensaba en compartirlo con nadie.  Así la carrera de courier de la negra Cocker quedó en el olvido y sólo algunas muy pocas veces, logró agarrar cartas que quedaban tiradas.

El pago del jamón por entrega de correspondencia no lo limitábamos a Cuca (Greka de cariño).  Les dábamos a las tres.  Ya sé, una hacía el trabajo pero no teníamos el corazón de negarles a las otras dos el delicioso bocadito.

Skippy,  entendió la razón, pero ella no estaba dispuesta a realizar trabajos para nadie y mucho menos de quitarle el protagonismo a su hija.  Nunca fue de llevar o traer excepto a su madre jalada de la oreja.  Sin embargo deseaba recibir su parte tan ansiosa como las otras dos, así que decidió convertirse en vocera. 
Cada vez que Greka entraba las cartas, Skippy ladraba y bailaba para llamar la atención.  Entre más rápido lo supiéramos, más rápido recibían el pago.

Ya ninguna de las tres vive, pero cada vez que entro una carta pienso en ellas.  Y me imagino que este aprendizaje queda en los genes porque mi adorado Perseo también lo intentaba, aunque cuando lo hacía, a los sobres siempre les faltó un pedazo. 
Ahora que él tampoco está, me he dado cuenta que alguno de los tres lo hace, porque las deja a medias gradas.  Aún no sé quién es, pero en algún momento lo averiguaré y les contaré.

Hasta una próxima.
Nova A.S.G.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Los tesoros de Milagro

Milagro fue la perrita que acompañó a mi mamá por varios años y como conté cuando la perrita falleció, ya llegó grande a casa porque se rescató en Boca del Monte. Le compraban de cuando en cuando algún juguete pero estos desaparecían en un par de días.  No los destrozaba, no se los tragaba, sólo se evaporaban.
La pregunta de qué se hacían los juguetes se respondía culpando a los demás: mi hermano lo tiró, mis hermanas lo sacaban a la basura o mi mamá con lo distraída que es, seguro los movía sin recordar a dónde.
A veces Milagrín se robaba alguna botella de plástico de gaseosa y pasaba días jugando con ella hasta que se la quitaban, eso era lo único que le tardaba.

Los años pasaron, se cambiaron de casa y todos en algún momento dejaron de comprar esos ocasionales y escurridizos juguetes.  Pero sabiendo que es importante que los tengan para esos momentos de soledad, un día decidí donarle uno de los que mis perritos no usaban.  Era una trenza de pita de colores, estaba casi nueva y al final de la canasta, mis hijas caninas ni siquiera notarían la falta.  Fui a casa de mamá acompañada de Greka y se lo entregué a Milagro.  Lo recibió emocionada, pero Greka se molestó y quiso tomarlo de regreso.  Mila se estiró sobre la trenza y la tapó con su cuerpo para esconderla sin causar problema y mi perrita me insistía que ahí había algo suyo.  Pero al ver que yo no le hacía caso sólo suspiró y se dio la vuelta para irnos de ahí.   Milagro se quedó jugando sobre la cama y con la trenza, se escuchaba la emoción que tenía y quedé satisfecha, le había gustado tanto que tal vez ese juguete duraría.  Días después, la trenza ya no estaba.


Un día mi mamá llevó a un albañil para que cementara justo en la entrada del jardín a forma de corredor y esa tarde me llamaron para que fuera a ver algo.

El señor había picado la tierra para hacer la base y fue cuando encontró: juguetes enterrados, a una considerable profundidad.
Todo ese tiempo Milagro escondió los juguetes. Me imagino que por el recuerdo de su vida en la calle tenía miedo de perder sus pertenencias importantes.  Los hoyos que hizo los tapó como experta y sí, alguna vez le notamos las uñas con tierra pero nada que indicara el arduo trabajo que realizaba cuando nadie la miraba.  Así cuidó ella sus tesoros.
Por cierto los días siguientes que trabajó el albañil hubo que encerrarla porque después del descubrimiento lo único que quería era morderlo.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Ingenio canino

Hasta ahora he relatado acciones de Greka que, con probabilidad, ustedes han observado en sus mascotas: Juguetes favoritos, cómo los juegan, cómo los suenan.  Sonidos que realizan, cantan, hablan.  Lo rápido que aprenden u otras características.   Pero lo que les contaré no creo que muchos tengan la oportunidad de vivirlo.  Yo he tenido muchos perros, aún ahora convivo con tres y de todos sólo Greka me resultó con esos alcances.
Si ustedes llegan a reconocer este tipo de personalidad en un perro, estimúlenlo y  siéntanse suertudos.  Si llegan a tener dos, corran a comprar la lotería.

Nos suscribimos al periódico.  El repartidor pasaba todas las madrugadas  a dejarlo, la mayoría de las veces trabado en el alambre de seguridad  sobre el portón, hasta que se le ocurrió pasarlo entre las puertas corredizas del mismo. Skippy, Musa y Greka, notaban cómo todas las mañanas mi esposo o yo lo entrábamos.    Y un día, el periódico apareció adentro.  Greka había decidido entrarlo.  Lo hizo un par de veces y se detuvo.  Al ver que deseaba hacerlo intenté enseñarla, pero el único resultado que tuve fue que no lo hizo más por algunos meses.  Fue mi culpa, confundí  motivar con obligar y perdí la oportunidad, según yo.

Los meses pasaron y pronto cumpliríamos un año de recibir las noticias escritas.   No nos decidíamos si pagar de nuevo para estar nerviosos luego de leerlo o ahorrarnos el dinero y seguir tranquilos. Entonces mi perrita, de nuevo comenzó a entrarlo.   Pagar un año más, bien valía la pena por ver lo linda que se miraba con el paquete en la boca  (¡Soy una tonta!  No se me ocurrió tomarle una foto). Pero su faena no acabó ahí.  Escuchaba el sonido metálico del buzón y corría por las cartas.  Fue una temporada en que ella decidió hacer y sorprendernos.

Aprendida mi lección meses atrás de decirle qué hacer, consideré que lo mejor era premiarla con algo que a Greka le gustara.  Pedazos de jamón fueron bien recibidos y devorados y entonces las cosas cambiaron.  Al inicio recibíamos las cartas por parte de Greka en manojo (como las agarraba del buzón) o lo que pudiera tomar seguido de lo que se le hubiera caído. Cuando comenzamos a pagarle, resultó que entregaba una carta, asumíamos que no había más y pagábamos; unos minutos después nos llevaba otra.  Al principio no prestamos atención y Grekita se aprovechó cada vez que pudo hasta que nos dimos cuenta y de nuevo volvimos a recompensarla por paquete diario. Por lo mismo llegó el punto que ella guardaba varias cartas en su camita y nos las entregaba con un par de horas de diferencia entre una y otra para recibir más jamón.
Greka aprendió a ser empresaria y  entendió que era mejor ser paciente.

Luego estaban los días que en realidad el cartero dejaba sólo una carta.  Se le notaba decepcionada, pero si no tenía ahorros (cartas) de días anteriores se las ingenió para de nuevo tomarnos el pelo.
Yo llegaba de trabajar y Greka me entregaba la carta, le pagaba y colocaba el sobre en la mesa.  Horas después mi esposo llegaba, Greka bajaba a saludarlo, y le entregaba la carta (que había tomado momentos después que yo lo colocara en la mesa), él le pagaba y si Greka tenía suerte era colocada sobre el comedor y la perrita esperaba a que estuviéramos distraídos para entregarnos el sobre  hasta tres veces más por separado. 
La ambición la delató, el cartero nunca llegaba después de las seis, así que cuando comenzamos a recibir cartas a las nueve de la noche, supimos la estafada que nos estuvo dando.
¡Mi dulce Greka!  Exigente como nadie y estafadora como muchas personas pero como pocos perros.


-------------------------

***Me ha costado encontrar la manera de publicar hoy.  No estoy en casa pero medio he logrado ver algunas noticias con respecto a los perros en Guatemala y parece ser que Cobán también se unirá a las crueles acciones de Totonicapán y se convertirán en asesinos de perros que viven en las calles.   Los invito a que lean, si aún no lo han hecho, la publicación anterior, en dónde están los enlaces para que ustedes puedan seguir estas noticias directamente desde las asociaciones que son publicadas. 
http://guateperros.blogspot.com/2012/08/despacio-pero-legal.html

viernes, 6 de julio de 2012

Por un poquito

Esta es otra anécdota de la que me había olvidado hasta ahora.   
Conocí a Vero en la universidad, tuve suerte, ya que ese año en mi carrera sólo éramos dos mujeres, y resultó que ella también amaba a los perros y su casa me quedaba en el camino.  La amistad que tendríamos estaba predestinada.

Iba un día a dejarla a su casa, y pasamos a una ferretería que quedaba cerca.  A la vecindad de esta, un perro amarillo y peludo estaba en la banqueta, ladraba y cuando terminaba de hacerlo pegaba de brincos contra el portón negro de esa casa, provocando fuertes sonidos.
Antes de arrancar el auto, esperamos.   No nos habíamos puesto de acuerdo pero ambas queríamos saber qué pasaba con el perrito y las dos asumimos lo mismo: “Lo dejaron afuera y está tocando para entrar.”

El perro se desesperaba, se alejaba un par de metros, y regresaba.  Nosotras, sin prisa, seguíamos al pendiente.
¿Será que no hay nadie? ¿No oyen?  ¿Qué pasa que no le abren?, nos preguntábamos.  Al ver que no había respuesta en el portón, Vero se bajó para ir a tocar.  El perro se sentó a la par de ella, moviendo la cola a más no poder.   Nadie contestó y ella regresó al auto.  El perro continuó haciendo lo suyo.

—Vero, pero si el perro toca más fuerte que tú. Qué te iban a oír, si es que hay alguien —le dije burlona—.  Voy yo.
Con la llave comencé a tocar más fuerte y escuché ruidos adentro.  —Sí, si hay alguien —le grité y ella bajó a acompañarme.  Ahora éramos tres los interesados en que esa puerta se abriera o al menos que alguien contestara. Pasaron un par de minutos y nada.  Nos metimos al auto y el perro también se movió de ahí.  

En ese momento desde arriba del portón grandes chorros de agua cayeron, justo en donde estábamos paradas.  Quedamos sorprendidas por el suceso. Por un poquito y nos bañan en la calle, pero todos tuvimos suerte.
Prevenida sólo bajé el vidrio y comencé a hablar para que quien estuviera adentro me escuchara.  Una señora abrió, todavía con cubeta en mano.  Entendiendo nuestra preocupación nos dijo:  —¡Perdón! No me imaginé que alguien más estuviera afuera. Ese perro es de la otra casa, se les sale para venir a buscar a la perra de aquí porque está en celo. ¿No las mojé. O sí?

Nos despedimos, y vimos que el perro al ver a la señora con la cubeta se fue, sin embargo por el retrovisor noté que cuando el portón se cerró, muy campante y seco volvió para de nuevo probar suerte.

Hasta una próxima
Nova A.S.G.