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viernes, 1 de agosto de 2014

Quedaron seis

Los meses de crecimiento de mis cachorros, como he comentado en ocasiones anteriores, fueron difíciles.  Ellos me ponían más trabajo, pero también me causaban la alegría que necesitaba en especial con el fallecimiento de Greka.   También estaba Skippy, cumpliendo ese año sus 14 veranos y en esos días estaba convaleciente; si no recuerdo mal, aún le molestaba el derrame cerebral que había sufrido y del que todos creímos no se recuperaría.  Pero ella era fuerte.

Musa era joven aún, creo que tenía diez años, pero tanta enfermedad congénita la hacían ver y actuar como un perro anciano, mayor que la edad de Skippy.   No era de extrañar, ella fue una perrita comprada en una tienda de mascotas y luego adoptada por nosotros.  Entonces, el Internet no tenía el alcance en nuestro país como hoy en día y pocos sabían (o sabíamos) sobre las  “granjas de perro”.   Ahora, para quien no quiere investigar, la información está hasta en las redes sociales y en algún momento le llegará esa imagen de una asociación pro animalista que demuestre las razones del porqué no comprar.

Así que de ocho perros pasé a tener siete cuando murió Greka. Una convaleciente, otra eternamente enferma y cinco hermosos diablitos peludos que apenas dormían para recargarse y seguir jod… digo jugando.  Pero llegó el día en que los papás de Cocky, el padre de los Cuachuchitos llegarían a conocer a sus nietos y se llevarían a uno para convivir con ellos.  
Yo sabía que ese momento llegaría, se iría uno de mis Cuachuchitos, se me partía el corazón, no por preocupación sino por el dolor de que no iba a estar conmigo o al menos cerca.  Esta familia siempre fue responsable y amorosa con Cocky,  deseaban un nieto canino tanto como Rk y yo, el cuidado y amor que recibiría no era la causa de la aflicción.
Decidieron que se llevarían a un macho, el que era idéntico a su padre y por eso yo lo llamaba Junior.  Se me desgarró el corazón y lloré contar a sólo cuatro cachorros esa noche, no habría importado cuál hubiera sido, a todos los amaba y amo por igual. Todavía lo extraño.  Lo llamaron Mimo y me cuentan que sigue siendo muy malcriado porque tiene el mismo carácter que sus hermanos.   ¡Ya me imagino!  Acostumbrados a la apacible personalidad de Cocky, Mimo ha sido un reto, pero no importa, así lo aman.

A veces, darles una buena vida significa desprenderse y aunque sé que estaría muy bien viviendo conmigo habría sido difícil criar a 3 machos adolescentes mandones.  
Por eso entiendo cuando las personas me dicen: quiero tener un hijo de mi perrito. Sé la emoción que eso causa, la alegría que da. Pasé por eso y explico mi experiencia y en especial les hago saber cuánto perro abandonado hay hoy en día, mestizos o de raza, no se trata de convencer, sino que las personas sepan lo que sucede.  Y si aún están seguros de la idea, les recomiendo que se preparen a quedarse con la camada, porque muy pocas personas cuidarán a esos perritos como uno lo hace. En mi caso, prefiero no tener más nietos de mis Cuachuchitos que, más adelante enterarme que el hogar al que le daba 100 puntos quedó mal y lo abandonó o lo regaló a otros que no podrán darle lo necesario.  No voy a arriesgar vidas por darme un gusto. La gente cambia, muchos juran que aman a su perro como a su propia sangre y en un cambio de vida (se casan, tienen hijos, cambian de casa) resulta que esa frase era sólo un decir, más no su proceder.  Porque los amo y amaría a sus descendientes es que todos están esterilizados/castrados.
Sí no hubiera estado segura de la responsabilidad de los ahora papás de Mimo (Junior) y que tengo contacto con ellos (poco pero lo hay), es probable que mis historias fueran diferentes o que no estuviera escribiendo un blog, por falta de tiempo o porque entre todos los hermanos se habrían comido la computadora.
Así, de pronto, me quedaron seis.




Sea y haga feliz a su perro, disfrute cada momento con él o ella y colabore en la vida de un perro sin hogar.



Hasta la próxima
Nova A.S.G.


viernes, 9 de mayo de 2014

La felicidad de Musa

El domingo será el día de la madre.  Para los que siguen el blog, saben que ese era el cumpleaños de Musa (según nos dijeron), así que el 10 de mayo siempre me recordará a mi negrita linda.  

Musita a diferencia de mis demás hijos caninos, no tuvo la suerte de ser celebrada en sus onomásticos con todo el festejo que solemos hacer.   Al ser el día de las madres, para estar con ella, tenía que correrlo o atrasarlo un día, aparte teníamos (aún tenemos, menos mal) los gastos de los regalos para las mamás; además, mis hermanas gemelas, Rk y yo cumplimos años unos pocos días después de esto.  Como si no era suficiente, al comenzar las lluvias, la alergia de Musa también aparecía, se tenía que llevar al veterinario, darle medicamento y se la pasaba más enferma que de costumbre.

Así le tocó a Mamush (como le decíamos de cariño), pero entre todo había algo que siempre la hacía más feliz que toda celebración: destapar su regalo y encontrar una pelota.   No importaba si se le daba la misma que tenía, su cara de sorpresa y emoción al quitarle el papel era de increíble felicidad. 
No se imaginan a Musa, corriendo con su pelota y estornudando, tirando la pelota y tosiendo, rodando la pelota y deteniéndose para rascarse la oreja; pero ella fue feliz jugando con su pelota.

Sean y hagan feliz a su perro y no olviden colaborar en la vida de un perro sin hogar. ¿Sabían que también pueden donar juguetes caninos a las asociaciones? Mejor, si se rescatan un perro de la calle y le compran una pelota, es una idea.

Hasta la próxima y a todas las personas que brindan amor maternal: ¡Feliz día de las madres!

Nova A.S.G.

viernes, 14 de marzo de 2014

Cachorros tremendos

Los cachorros son tremendos, algunos –muy pocos- son tranquilos pero no es usual.  Por algo los primeros meses los perros se ven más tiernos que nunca y es para hipnotizar a las personas, haciendo que olvidemos los estragos que causan a su paso.  Aún así me encanta la idea de tener un cachorro.

Mis Cuachuchitos eran entretenidos y entrenados por tía Musa, abuela Skippy, mi esposo y yo; claro que la limpieza sólo la hacíamos los humanos.  Era mucho trabajo, porque cuando se terminaba de limpiar el piso por lo de un cachorro, los otros seguían dándonos más quehaceres.  Pero dejando a un lado los cuidados normales que se deben dar a un hogar, en especial con perros, lo que más nos ocupaba era estar pendientes de lo que encontraban para morder.  
En el jardín parecían cabras, lo que se movía lo mordían y lo que no, también.  A cada momento y con cada uno debíamos quitarles de la boca, grama, hojas y hasta piedras.   Se volvieron castores al mordisquear entre todos –en pequeños descuidos- un pequeño árbol de chopo.  Las matas de agapantos se convirtieron en fortalezas para unos y por eso debían de ser destruidas por los otros. Los peluches volaban por el jardín, por la sala, por la cocina; eran motivo de pelea y satisfacción al ser arrebatados.    Uno aullaba porque se lo quitaron, otro correteaba victorioso, y otro corría al vencedor para obtenerlo.   La canasta de los juguetes se convertía en propiedad de uno sólo y se metía adentro para evitar que sacaran algún peluche, luego los demás se unían y el cofre del tesoro (la canasta) era arrastrado, empujado, y volteado.  

Fueron lindos momentos, cansados, pero lindos.   Sí, la idea de convivir con cachorros no se me quita y en definitiva tendría más de uno, porque es más sencillo que gasten las  energías que tienen, entre ellos; pero será más adelante.   La responsabilidad es grande, alimento, gastos veterinarios y si necesitan corte de pelo, se incrementa el presupuesto.  Además con mis cuatro peludos apenas nos alcanza el tiempo, todos requieren atención y aunque han crecido siguen comportándose como cachorros juguetones.  





Sean felices, hagan felices a sus perros y colaboren en la vida de un perro sin hogar.


Hasta la próxima,
Nova A.S.G.


Pd.
La feria de adopciones de los días domingos en la Plaza Cristobal Colón continúa:para quienes usan Facebook este es el enlace del anuncio de la feria de adopciones:
https://www.facebook.com/pasosypedales

La lista de asociaciones la encontrarán aquí:
http://www.guatepets.com/Listaorg.htm

viernes, 21 de febrero de 2014

Despedida


Greka, dulce y mandona Greka.
No hay manera sencilla de despedirse de un ser amado, más dolor se siente aún cuando no ha sido posible dar ese último adiós.   Me lo imaginaba porque a pesar de todo nuestro  esfuerzo  y hospitalizaciones no había mejoría; pero no era posible que su vida se esfumara poco a poco, ante mi mirada y cuidados.  Soy yo la que pierdo la esperanza, me engañaba al observarla.  Ella me lo decía con su mirada y yo lo sabía, pero no aceptaba su despedida, aún no lo hago.
 
Mi bella y amada Greka, todavía la lloro.  Siete años no han mitigado el dolor y sé que setenta tampoco lo harán.

Una semana después de la celebración de Skippy, la historia de nuestra bella y completa familia canina cambió, Greka falleció un par de días luego de haber sido internada nuevamente en el hospital.  Sólo quienes han amado a sus perros como hijos propios saben el dolor que sentí y siento al recordarla.


Amen a sus perros, sean felices junto a ellos y colaboren en la vida de un perro sin hogar.

Hasta la próxima,
Nova A.S.G.

viernes, 31 de enero de 2014

Greka proper

Me siento a escribir sin saber aún qué y escucho que he dejado de fondo el televisor prendido.  Están pasando Harry Potter, me levanto y en ese momento está enfocada en toda la pantalla la imagen de Hermoine, la niña sabelotodo y un poco presumida por ello.   Me causa ternura y sonrío, porque esta chiquita me recuerda a mi Greka. 
Hace años mi esposo fue el primero en decirlo en voz alta: esa niña se me hace la Greka, porque se sabe las lecciones y por eso siempre les dice a los demás que deben hacer.
Él lo dijo y yo también lo pensaba, el personaje de la sabionda Hermoine y hasta ciertos gestos los consideraba muy parecidos a mi Cockercita.
Greka era una perrita que se comportaba correctamente, se esforzaba en complacerlo a uno pero también corregía y exigía cuando consideraba que ella  tenía la razón, o sea casi siempre.
Aunque Greka era divina por su personalidad, ser una “caniña proper” la agobiaba, se notaba que se estresaba por saber y hacer lo adecuado.   No deseábamos que fuera así si le causaba molestia y tratábamos de que se relajara, que corriera como desbocada, que  olvidara el glamour y la perfección, pero no lo logramos.   Me imagino que esto tuvo que ver con la depresión que sufrió y muchas veces he pensado si acaso su infancia hubiera sido entre más cachorros o con niños tal vez habría crecido más relajada.



Siempre habrá una parte de los perros y mascotas en general, que no conoceremos por completo.  Podemos proveerles una vida saludable físicamente y lineamientos para salud mental, pero al ser individuos (como todos los somos) no se puede generalizar cuando se trata de personalidades,  lo que cada uno piensa y cómo percibe el mundo.  Es por eso que aparte de conocer las cualidades únicas de cada uno de mis chiquitos, trato de todas las formas que ellos sean felices y de aprovechar cada momento que estoy con ellos porque el tiempo pasa rápido, los momentos se vuelven recuerdos y no se puede regresar.   Y escribo esto no para que se preocupen por el futuro, sino para que se enfoquen en hoy, en ser mejores, hacer buenas acciones (mejor si es por los perros sin hogar), ser felices y que disfruten de la sana compañía de su perro.

Sean felices, hagan feliz a su perro y  colaboren con un perro sin hogar.

Hasta la próxima,
Nova A.S.G.



viernes, 24 de enero de 2014

Cuachuchitos lastimeros

Como les relaté la semana pasada, los Cuachuchitos nos manipulaban en todo momento.  Los sacaba al jardín mientras hacía la limpieza o para comenzar el entrenamiento de en dónde hacer sus necesidades.   Si no eran los gemidos y sus ojotes lastimeros los que me hacían caer en dejarlos entrar a los pocos minutos de sacarlos, era abuelita Skippy o tía Musa que solicitaba atención con el pretexto de que  tenía que salir. 
Las dos señoras Cocker se ponían ansiosas, caminaban de un lado para otro frente a la puerta, olfateaban el piso y podría jurar que con sus gestos me amenazaban con: ¡me abres la puerta o me orino aquí! 
Les abría, impidiendo el paso a los chiquitos, entonces las adultas Cocker caminaban un rato por la grama, me miraban para ver si yo las observaba y hacían unas gotas apenas.  Luego pedían entrar, pero en cuanto las dejaba, justo en la puerta se entretenían con algo o resultaba que no podían pasar porque en lugar de entrar derechas se ponían en diagonal para que tuviera que darles más espacio y así los cachorros se colaban.  

A Skippy no la dejaba afuera por su convalecencia, era una perra de 14 años con problemas del corazón, a Musa en cambio, sí la deje un par de veces y cuando entendió que no le abriría hasta que yo lo decidiera, aprendió a aullar junto a los cachorros.  De una forma u otra paré haciendo lo que los cachorros querían.  

Además,  quién puede dejar afuera por mucho tiempo a unos cachorros lastimeros como se ven en la fotografía.   Yo no.

Mis bellos Cuachuchitos.  En serio, el vidrio estaba limpio antes de que salieran.


Sean felices, hagan feliz a su perro, acepten y disfruten cuando sus perros los han manipulado porque significa que ellos son ingeniosos.  No olviden colaborar positivamente en la vida de un perro sin hogar.

Hasta la próxima,
Nova A.S.G.

sábado, 4 de enero de 2014

El tiempo

Hace años vi por primera vez a un Golden Retriever siendo paseado en la avenida Las Américas, muy bien cepillado, con un pelo precioso y brillante.  Lo continué viendo de cuando en cuando por casualidad.  Unos años después eran dos Golden Retriever, siempre bien cuidados y creo que con el mismo señor, quien se notaba que trabajaba para la familia del perro.  
Los años pasaron —como sucede— y por casualidad seguí viéndolos una que otra vez en el camino.  Las narices se fueron poniendo canosas y se notaba que caminaban más despacio. Luego los observé con sus caritas blancas ya y con el pelaje más platinado que dorado.
No sé si fueron meses o un par de años, pero la siguiente vez sólo era un perro, aunque anciano siempre regio.  Me dio tristeza, no los conocía en persona, únicamente eran los perros que paseaban y que yo miraba en el camino, pero me daba nostalgia haber visto lo que para mi fue el inicio y de repente verlos envejecer. 

Con los meses pareció que la familia no quiso ponerle fin a mi historia visual, porque al perro anciano lo acompañaba otro, siempre Golden, más joven y se notaba aún inexperto en las delicadas caminatas que acostumbraba su compañero.   El nuevo perro era curioso y se adelantaba; el señor que los paseaba también canoso entonces, se portaba paciente y seguía el ritmo del perro anciano enseñando al inmaduro can a que jalar la correa no le haría llegar más rápido.   Poco después, eran tres perros de la misma raza.  Ese día al ver al can más viejito recuerdo que pensé: ¡Qué perro tan longevo!  Esa fue la última vez que lo vi.

Los inviernos y veranos pasaron, volví a ver a los dos perros jóvenes convertidos en señoriales adultos. Tan bellos como sus predecesores, su caminar era lento no por decisión de ellos sino por su paseador, el mismo señor con la mirada de siempre  dejando sus pensamientos ante cada paso. La siguiente vez ya no era él, otro lo había reemplazado, pero no duró tanto tiempo.
De nuevo me encontré con los perros, la misma ruta, pero inquietos. Quien los sacaba a caminar era más joven que los dos anteriores trabajadores  y no cumplía con su deber.  Fue en una temporada que los miré casi a diario, nunca caminando sino parados o sentados mientras el muchacho hablaba por el teléfono celular, apoyado en un árbol o cerca de una fuente.   Era una pena, la bella rutina rota por irresponsabilidad.
La familia habrá notado el cambio de comportamiento de los perros o también fueron testigos de cómo el muchacho utilizó las horas de ejercicio porque cuando los vi después, caminaban en el área con otro señor y es quien continuó la tranquila labor, según he observado.

Así las escenas se han repetido con los años.  La vejez también les llegó a los nuevos perros y los brillos del pelaje fueron suplantados por canas, entre mis intermitentes   encuentros.
Ayer los vi, al paseador y a un sólo anciano pero majestuoso Golden Retriever, el mismo recorrido otra vez en pasos lentos.


Comiencen con buen pie el nuevo año y disfruten cada paso que dan, hagan feliz a su perro y colaboren en la vida de un perro sin hogar.

Hasta la próxima,
Nova A.S.G.

viernes, 13 de diciembre de 2013

La mejor medicina

El lunes mis hijos caninos, los Cockercitos, cumplirán ocho años.  Yo aún los veo como cachorros aunque en sus ojos se nota la sabiduría que han obtenido de la vida.  Así es con los hijos, veo a mi madre mirarme como en mis primeros recuerdos y yo lo hago igual con mis perritos.  Siempre serán mis cachorros. Aunque adultos,  no puedo evitar recordarlos como en sus primeros meses, cuando mis pequeños Cuachuchitos crecían y descubrían el mundo a su manera.

Desde que nacieron hay un momento que, cuando armamos el árbol, se me viene a la mente. Era la última semana de enero y aún no habíamos quitado el árbol de Navidad.  Podría  tratar de engañarlos diciendo que fue por tanto trabajo inesperado,  atender a Skippy que estaba convaleciente de una fuerte enfermedad, cuidar a Greka por su depresión que no fue diagnosticada sino hasta después de su muerte y criar a los cinco peludos terremotos, porque no tenían madre canina que lo hiciera; pero no, la decoración navideña estaba para quitar la pesadez a los días de un Año Nuevo.   Era como exprimir la poca esencia navideña que quedaba en los adornos y las pascuas aún con flores. 

Hacía unos pocos minutos que había visto a los cachorros corretear en el jardín cargando peluches que eran más grandes que ellos y mordisqueando a Musa cuando pasaba cerca.   Vi el árbol y sabiendo que el fin de semana que se acercaba sería la despedida de este, me senté en el piso para observar cada detalle, recordando que lo armamos antes que los Cockercitos nacieran.   Pensé en todas las ideas que tenía cuando colocamos los adornos, me dio nostalgia que a pesar de tener a mis chiquitos, Greka estaba muy enferma.   Recordé que todavía llevamos a Skippy a ver las luces en la calle y que estando convaleciente  se emocionó al verlas.   Parecía que había sido mucho tiempo atrás, que cada día fueron semanas, pero sólo eran menos de dos meses los que me separaban del recuerdo y del presente.  Estaba absorta en mis penas y reflexiones, cuando las ramas del árbol se sacudieron con fuerza. ¡Fue un gran susto el que me llevé! por el inesperado e inexplicable movimiento y sin tiempo de razonar un porqué, los cachorritos salieron de abajo del árbol abalanzándose sobre mí para lamerme y mordisquear mis piernas.   Verme en el suelo era señal de conquista y nunca desaprovechaban una oportunidad.    ¡Mi día cambió! la tristeza se fue ante las risas y caricias que me dieron mis peluditos traviesos, a los que aún podía cargar en una mano.

Ellos son la mejor medicina ante cualquier dolencia, pero ahora debo tener cuidado porque, aunque crecieron siguen tirándose sobre mí, además Circe los copia y ella pesa por dos.  
¡Imagínense lo que pasé una vez que me operaron y los chiquitos decidieron aliviarme!

Hagan el bien, sean felices junto a sus perros  y ayuden a una mascota sin hogar.

Hasta la próxima
Nova A.S.G.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Historia fotográfica de Circe II


Si entró a este título y no sabe el porqué de las fotos puede visualizar la primera parte en este enlace: Historia fotográfica de Circe I.

Como habrán notado me tomé ciertas libertades al imaginar los pensamientos de Circe, pero esa es la ventaja de ser la creadora del blog.  
 
En cada fotografía se ve el cambio físico de Circe, no es que fuera fea como he escuchado que algunas personas se refieren a los perros que viven en la calle, y su problema de piel no había avanzado aún como para que se notara a simple vista, es sólo que ahora ella vive tranquila, cuidada y amada. 
Cuando me preguntan acerca de la raza o cómo es la perra adoptada, les digo que ella es como la mayoría de los perros que pueden ver esperando comida en carretas de comida, cerca de los mercados, o en las paradas de bus.  Circe es así, pelo corto, tamaño mediano y color amarillo.  Me ven extrañados por la descripción tan simple que doy y luego les muestro una foto de antes y otra de ahora y entonces saben a lo que me refiero, sé que  algunas personas no entienden el ejemplo visual, pero otras han cambiado la forma en que visualizan al perro que ven en la esquina de su casa.  De eso se trata, que conozcan la belleza que tienen todos los perros sin importar raza o dónde están. 


Espero también les guste la 2da parte de la historia y compártanla para que muchos más aprendan a  apreciar a los caninos que se encuentran en su camino.
 
 












 

Amen a sus perros y ayuden a uno sin hogar
Hasta la próxima Nova A.S.G.
 

sábado, 2 de noviembre de 2013

Historia fotográfica de Circe I

 
Realicé esta historia hace unos meses, con algunas de  las fotografías que he le tomado. Mi deseo era compartirla por este medio cuando ella cumpliera un año de vivir con nosotros y, aunque la compartí en el perfil de Guateperros, el tiempo se me fue de las manos y no lo hice en el blog, hasta ahora.
 
Mi idea fue realizarla desde el punto de vista de Circe, adivinando sus pensamientos, creando su voz relatando esos momentos que la han transformado de ser una perra que vivía en la calle a ser una mimada con hogar.   Nadie sabrá, hasta que se haga un traductor canino-humano, en realidad que pensó; pero no se puede negar que sintió hambre y frío antes de su rescate.  Un probable miedo (desconfianza o incertidumbre al menos) ante las personas desconocidas que la agarraron el día que la recogimos y curiosidad del porqué lo hicimos.   Qué creo que piensa ahora, que ella ha sido de la familia desde siempre y por eso  sé que mis deseos de bienestar para otros “callejeros” son los mismos que ella tiene.  
 
Aquí está la primera parte y si me es posible la otra semana tendrán la otra.  Espero les guste. 

 












 
 
Continuará...
 
Amen a sus perros y ayuden a uno sin hogar.
Hasta la próxima Nova A.S.G.

viernes, 18 de octubre de 2013

Poly Poly

Siempre bello Poly Poly.
Hace más de tres años escribí el tema: Que no le gustaban.  Era sobre mi amiga Kh que decía eso sobre los perros y con el tiempo aprendió que se mentía a sí misma.
En estos últimos años compartió su vida con Poly, un bello French Poodle color negro que llegó a su hogar siendo joven adulto y con una salud sicológica cuestionable.  Agresivo por nervios al punto que le daban ataques epilépticos.  Pasaron un par de años antes de que el perro se estabilizara emocionalmente y se dejara convertir en un perro mimado.
Poly en su adultez y vejez, a pesar de su salud inicial fue un perro sano, claro con achaques propios de la edad, que fueron disminuidos por los medicamentos y el alimento adecuado.   

La primera semana de este mes fui a visitar a mi amiga —un hecho poco usual de mi parte—.   Ella estaba preocupada. Desde hacía un tiempo a Poly le costaba caminar en el piso porque se resbalaba, y no tenía mucho equilibrio para mantenerse parado.  Ya no miraba y creo que casi no escuchaba.  Sin embargo aún tenía un gran sentido del olfato y buen apetito.   Kh sabía que su perrito pronto partiría y no había nada por hacer.   Entendí su miedo y dolor, pero también le recordé que él era un perro feliz y amado.  Sus dolencias eran las que todo ser viviente anciano siente y que en esos momentos solo nos queda dar lo mejor de nosotros y aprovechar los abrazos y besos que se pueden brindar. 
Acaricié a Poly Poly (como le decía yo), con el respeto que solicitó desde siempre por su personalidad y más por su edad.   Vi su piel suave y frágil cubierta por el delicado pelaje blanco, esas canitas escondidas entre sus colochos grisáceos; y me causó ternura observar cómo el tiempo trata a todos por igual.   Me dio tristeza pensar que esa podría ser la última vez que lo miraba, por su edad y mis pocas visitas; también pensé en Kh, en el pesar que le vendría al perder a su único hijo canino.  

No imaginé que el día que uno no desea llegara tan pronto. El lunes siguiente siete de octubre, con la recomendación del Veterinario, Kh tuvo que tomar la decisión de dormir a Poly.  Ese fin de semana fue el decisivo, su cuerpo había dado todo lo que podía y para evitar el sufrimiento en los posibles tres días que le quedaban, por amor a él lo dejó partir.   Poly murió meses después de cumplir 17 años.

Cuando uno ama a su perro, no existe el consuelo: vivió mucho tiempo.   Siempre se deseará más. La pérdida es total, no hay reemplazo.  Habrá otro amor pero no el mismo y es por eso que duele.   Los que hemos amado y amamos a nuestras mascotas, sabemos que son nuestra familia, conocemos el desconsuelo de cuando se nos muere una, y el temor silencioso con el que vivimos sabiendo que la que tenemos partirá en algún momento. 
Pero la felicidad que nos dan es tan grande que bien vale la pena, cuando estamos listos, repetir el vínculo porque necesitamos en nuestra vida a un perro.

Aprovechen cada minuto posible con su perro y ayuden a uno sin hogar.

Hasta la próxima,
Nova A.S.G.

viernes, 20 de septiembre de 2013

La perseverancia de Gecko

Como he relatado en ocasiones anteriores, Gecko fue el más pequeño de la camada pero  también el más perseverante, al punto de obcecado.  Se creería que por su tamaño fue el último en aprender o realizar ciertas actividades, sin embargo para todo él era el primero. 

En casa, la entrada canina desde el jardín tenía (ahora sólo es una) dos pequeñas gradas de no más de diez centímetros cada una y tienen que cruzar una “puerta” colgante plástica.  Todo un reto para unos cachorros que apenas corrían sin tropezarse.   La altura era suficiente como para no preocuparme de que entraran sin mi permiso, ni siquiera les llamaba la atención mordisquearla que fue lo que pensé que harían.   Un día Gecko me sorprendió, estaba llorando a media sala, el único adentro y se sentía solo.   

Luego de varios días de realizar el ritual de sacarlo de regreso a que jugara con los demás en el jardín, observé que Gecko comenzaba a esperar a sus hermanos con medio cuerpo afuera, y medio adentro; así les enseñó la mágica puerta que los llevaba a los magníficos y gigantescos juguetes para morder dentro de la casa: las sillas, los sillones y todo aquello que encontraran a su paso.

A partir de ese día fue imposible dejarlos afuera por ratos como solía hacer, si cerraba el paso se ponían a llorar al unísono de una manera que le sacarían lágrimas a una piedra y aunque quería que aprendieran a obedecer no debía estimular a que lloraran cuanto quisieran, no a todos les causa ternura; otros podrían creer, a lo lejos, que estaban siendo mal cuidados; y hay quienes no gustan de los animales y el gimoteo de cinco cachorros podrían molestarlos.   ¡El jardín y el primer piso fueron conquistados!

Ellos entraban y salían, olfateaban, jugueteaban y de cuando en cuando lloraban para llamarme, cuando yo estaba en el segundo nivel.  Eso era lo que querían, estar conmigo todo el tiempo, pero por más que yo también lo deseaba no dejaría que me manipularan y más aún que se volvieran dependientes de estar cerca de un humano, se tenían unos a otros y para ciertos momentos eso debía ser suficiente para que la pasaran bien.  Como la altura de cada grada es de unos 30 centímetros, creí que tendría unos veinte días más en lo que ellos crecían y comenzaban sus intentos de subirlas.

Una semana y empezamos a ejercitarnos.   Gecko subía dos gradas y se daba cuenta de que no podía más, se sentía perdido al igual que el valor de bajar y Rk o yo teníamos que bajar a regresarlo a la sala con los demás.    Fuimos testigos el día que logró subirlas todas y ese fue el fin de nuestro imperio humano porque los demás se echaron a la conquista de las alturas. 

Pero esa valentía que Gecko demostró también fue forjada, con cada primer paso infructuoso que dio, en un segundo y tercer intento recibió ayuda.  No se imaginarán de quiénes: abuela Skippy y tía Musa.  Las vimos ante cada triunfo de Gecko,  lo apoyaron, una de un lado de la puerta y la otra del otro.   Una arrinconándolo hacia la pared de las gradas y la otra con la nariz  empujándolo para que lograra subir, una y otra vez.  Fue sorprendente ver a las ancianas enseñando a un cachorro a realizar las actividades que ellas hacían.   Más interesante fue que a quien ayudaron fue al más pequeño y no a los demás. 

¿Estaban conscientes del tamaño o de la perseverancia del cachorro?  Podrían ser ambas las razones, pero también tengo que agregar que más que enseñarlo lo que hicieron fue consentirlo, permitiéndole hacer lo que él deseaba.   Gecko fue y es el más mimado, esa carita tierna todavía engaña a todos, incluyéndome. 

Esa es la razón por la que es tan malcriado, pero es un dulce y sabe qué cara poner para conseguir lo que quiere.   Todos sabemos que nos manipula, pero ninguno se atreve a detenerlo. ¿Por qué lo haríamos? Él es feliz y nosotros también.

Gecko recibiendo la sabiduría de su abuela Skippy.


No olviden compartir con su perro y ayudar a uno sin hogar.  Si quieren ideas de cómo hacerlo les dejo un enlace, de uno de los muchos casos aquí en Guatemala:






Hasta la próxima

Nova A.S.G.

viernes, 7 de junio de 2013

Grillo - Edison Benjamín


Hace un año y unas semanas le dimos hogar temporal a Edison Benjamin Calcetas Botón un adorable e inteligente cachorro, ¿se recuerdan?
De cuando en cuando preguntaba por él, luego de que fue adoptado y si no lo hice a diario fue porque me aguanté para no cansar a las voluntarias de la asociación.  Pero ellas sabían que estaba bien, porque la familia lo lleva con  una  Dra. Veterinaria que colabora con la organización.
Tuve la oportunidad de ver a Grillo (así lo nombró su familia, por lo saltarín que es), se le nota que es un perro feliz, que es amado y consentido.  Se preguntarán si me reconoció y la respuesta es no.   Es normal, no creo que sea porque era un cachorro cuando dejamos de vernos, si no porque su vida es satisfactoria, su familia lo llena por completo, y esto a mí me hace también feliz porque es todo lo que deseé para él.  

Pero hace un mes, me contaron que Grillo tenía un problema en las patas traseras y que era delicado.  En palabras sencillas, estaba poniéndose corneto.   
Cuando los perros lo padecen no sólo es un inconveniente estético, es una deformación congénita y sólo se observa cuando han crecido.  Si no se corrige, se agrava con el tiempo; causa malformación de columna, mucho dolor y puede dejar al perro inmóvil,  en pocos meses por el sufrimiento se deben poner a dormir (eutanasia).   Pero en la mayoría de estos casos hay solución: se opera cada pata (primero una, luego la otra), reubicando cada hueso para que tenga la posición correcta.  

A Grillo se le puede operar, es joven y saludable, sin embargo, la operación es costosa a pesar de que el médico veterinario que la realizará ofreció un precio especial, la familia no puede por sí sola pagarla.   Creo que la mayoría estaríamos en las mismas.   Para algunas personas esto no parecerá una necesidad real, pero para quienes amamos a nuestras mascotas esto es tan urgente como lo sería con cualquier miembro humano de nuestra familia. 

Grillo pasó de caminar tres kilómetros diarios a sólo soportar tres cuadras, se echa y llora por el dolor que siente. Él desea hacer lo que siempre ha hecho: acompañar a sus protectores en los paseos, menear la cola, sentir el aire de la calle mientras ladra saludando a sus vecinos caninos, pero sus patas no lo dejan.  Tiene que ser operado y aunque ha de ser dolorosa la recuperación, en un par de meses estará como nuevo, corriendo y brincando con su hermano el gato (a quien adoptaron al mismo tiempo) y ante todo, sin dolor.

Hoy no sólo escribo para ponerlos al día de la vida de quien siempre será mi chiquito genio, también lo hago para solicitar su colaboración para reunir los fondos de las cirugías que requiere.   Y como siempre digo, no importa cuánto.  Sólo recuerden que las playas son muchos granitos de arena.

Para colaborar pueden escribirme a guateperros@gmail.com o bien pueden comunicarse directamente a: angelesperrunosguatemala@gmail.com (la dirección de la asociación que recaudará los fondos donados).  Gracias.

Fotografías proporcionadas por la familia de Grillo.




Hasta la próxima,
Nova A.S.G.

sábado, 1 de junio de 2013

Circe es de la familia

Circe ya es parte de la familia desde hace meses, y ahora no nos imaginamos cómo sería no tenerla en casa. Claro, la bolsa del concentrado alcanzaría unos días más, un gasto menos de vacunas, y alguna que otra cosa que no estaría mordisqueada por ella. Pero también faltaría la felicidad y serenidad que nos brinda a todos con sus ocurrencias.   No soy una persona amena por las mañanas, mis chiquitos son iguales, Circe ahora ya lo sabe y no nos saluda hasta que yo digo ¡Buenos días!  La pobre, acostumbrada al horario de los soldados del puesto de registro, no entendía los primeros días por qué todos refunfuñábamos cuando ella llegaba a saludarnos a la cama.

Ha hecho travesuras, pero es normal, es joven y sus inicios en la calle fueron sin límites.
Es una nena linda que adora ver la correa porque sabe que es momento de pasear, y a pesar de la libertad con la que vivió durante meses, de buen grado acepta que la caminata sea de quince minutos (cuando tenemos prisa) o una hora.   Veinte pasos son los que le cuestan entrar en razón, en donde saca toda su energía y luego como que se acuerda que debe comportarse y camina regia y natural.

Entiende muy bien, demasiado literal, creo, porque la hemos dejado con los Cockercitos algunas horas y de cuando en cuando encontramos algo mordido, se le regaña y se le enseña que no se debe hacer.   Así que un día, antes de salir le demostré todo lo que no debía morder y de último le enseñe la canasta con sus juguetes adentro y le dije: Esto sí puedes usarlo Circe, ¿entiendes? Todo lo demás no, pero esto sí.
Cuando regresé, la casa estaba perfecta, todo en su lugar, hasta los juguetes, pero la canasta estaba mordida.  ¿Cómo podía amonestarla por eso? Yo le había dicho que eso sí se podía morder, no me quedó de otra que reírme y ahora resulta que debo aprender a expresarme correctamente para evitar malos entendidos.

Cuando está aburrida y Gecko no quiere jugar (es con quien lo hace), juega al perro muerto, así le digo yo.  No sé por qué, pero he notado que los perros que han vivido en la calle una de sus maneras de recrearse es así: retozan solos un rato y luego se colocan panza arriba con los ojos abiertos y se quedan varios minutos en esa posición sin importar quién pase a su lado o que les hablen.   Milagro, la fallecida perra rescatada por mi mamá, hacía lo mismo y varias veces le causó tremendo susto pensando que algo le había pasado.   Creo que aprenden que en la calle esta es una manera de llamar la atención de las personas y ¿sorprenderlas? ¿recibir caricias? ¿reírse de los humanos? No sé, pero parece divertirles, levantarse inesperadamente y ver la reacción de uno.

De todos Gecko es el que está más feliz con la presencia de Circe, juegan y juegan, él ahora hasta comparte sus juguetes con ella, los jalonean, pero Wiwi (así llamamos a Circe también) sabe que ella es más fuerte y que a él no le gusta perder, así que los muñecos son apenas agarrados por los dientes y así Gecko se los arrebata, él gana y ella se pone feliz porque al final del juego él la besa y descansan juntos.   Parecen compañeros de toda la vida.

Quién iba a decir en septiembre del año pasado que tendría otra perra en casa.   Ella, con su paciencia se encargó de las barreras territoriales de mis malcriados peludos.  Al final ellos decidieron adoptarla a ella, pero fue porque ella quiso adoptarnos a nosotros.  


sábado, 18 de mayo de 2013

Consentida adolorida



Un día regresé del colegio y Consentida estaba acostada en el moisés.   Lo normal es que estuviera en mi cama pero esa vez no fue así.  Me acerqué a saludarla y apenas me movió la cola.  Con molestia se levantó para darme mi beso y fue cuando supe con certeza que algo  estaba mal.   No había razón simple para que estuviera adolorida pensé, y le pregunté a la chica que trabajaba en la casa.   Ella me contó que Consentida había salido a hacer sus necesidades a media mañana y luego  había entrado bien.  La perra se quedó a partir de ese momento en mi cuarto, como siempre. 
María (así se llama la chica), estuvo pendiente de la perra y del gato como solía hacerlo, sólo los dejó cuando fue a la tienda.   Yo nunca dudé de ella, más que una trabajadora doméstica ella era y es mi amiga.  En ese entonces, también vivía con nosotros mi padrastro y María era mi aliada y cuando yo no estaba cuidaba mis cosas y a mis peludos hijos, porque no confiábamos en él.  Así que haciéndola de Sherlock Holmes, deduje que él había lastimado a Cony (Consentida).

Le pregunté a mi mamá si la Cocker se había salido de mi área y respondió que no y luego como cosa rara, con tranquilidad le dije: “Creo que tu esposo la lastimó”.   Mi madre de inmediato fue a preguntarle y él lo negó.  Pero yo estaba segura, no había otra explicación ¿o sí? La remota duda era porque el dolor que tenía Cony podría ser por alguna enfermedad.  Sus pupilas y encías estaban normales, no tenía heridas físicas; sí, tenía que ser por un golpe, pero yo no era ni soy veterinaria.
Mientras llevaba a Consentida con el Dr. J. Melgar, pensaba en las mil y una palabras que le diría al esposo de mi mamá por su horrible acción, cuando me confirmaran que estaba golpeada.  ¿Qué más podía hacer?
Llegué a la clínica y el doctor la revisó y en lo que lo hacía, yo argumentaba sobre el golpe que Cony tenía.   El doctor desde que lo conocí, siempre fue muy respetuoso y paternal, no sólo cuidaba de mis mascotas, me daba consejos sanos, por eso creo que le tenía la confianza de desahogarme, cuando lo miraba. 
Él terminó de revisarla y me dijo: mire mi´ja, se le pasó la mano a su imaginación, bien sabe que no considero a  su padrastro como persona grata, pero lo justo es justo y su perra lo que tiene es un problema de espalda, está inflamada.  Podemos sacarle rayos X, si usted quiere, pero no es necesaria.   Siga las instrucciones de la receta y manténgala en reposo.  Este es un problema que algunos Cocker presentan, si bien puede ser causado por un golpe, también pudo ser por saltar de la cama.

Al regresar a la casa bajé el colchón de mi cama para que fuera más sencillo para Consentida subirse, tranquila porque mis suposiciones  eran erradas pero siempre con un ojo vigilante.  En el término de diez días Cony estaba como nueva.

viernes, 15 de marzo de 2013

El ladrido de Musa

¡Ah, que si a veces los humanos hacemos tonterías! Y no son pocas ¡son varias!
Mi bella negra, Mamush como le decíamos de cariño, Musa la Cocker tranquila y de poca salud, recuerdo que de cachorra tenía una peculiaridad, su ladrido.

Llegó a la casa, se instaló y comenzó a descubrir los diversos juguetes caninos que tenía a su disposición y entre ellos, con los días encontró su vicio: una pelota.  Se divertía con ella de una manera que sólo los perros pueden describir y los humanos adivinar,  llamémosle hipnotizante.   Luego de rodar,  rodar, y rodar, la pelota se habrá cansado y se tomó de excusa por su falta de movimiento el hecho de que quedó trabada en un mueble.    Musa no la alcanzaba con su pequeña pata.  Probó con las dos y nada.   Lloriqueó desesperada, ¡quería su pelota!
Rk y yo observábamos, y no la ayudamos de inmediato porque la estábamos dejando aprender   a resolver sus problemas.  Sabíamos que no era algo dañino o de urgencia, aunque sí era importante para Musita.  Fue tan importante que por primera vez escuchamos su voz, y dijo con tono impaciente y ronco: Agua.

¿Agua? ¿Qué pasó con guau? ¿Desde cuándo los perros dicen agua?   Y ella continuó ladrando por su pelota: Agua, Agua, Agua y de repente por la prisa terminó de ladrar: ¡Gua!

Digo que los humanos hacemos tonteras, porque yo lo hice (y no quiero quedarme sola en acciones tontas), mientras las semanas  y algunos meses pasaban cada vez que Musa ladraba yo la corregía diciendo: Se dice guau.
Me ponía a la par de ella a ladrar para que escuchara cómo debía hacerlo.  Youtube no estaba de moda porque sino seguro habría parado en vídeo.

Musa creció y en sus primeros años dejó de decir agua, y fue cuando supe que había dejado pasar la oportunidad única de tener un perro que dijera algo diferente. Todavía en su vejez se le salía inesperadamente un agua o gua.  

Pero mientras duró fue divertido ponerme enfrente de ella con su trasto y preguntarle: ¿Qué quiere Musa? y escucharla responder ¡Agua!

viernes, 4 de enero de 2013

El despertar

Este es un buen tema para que sea el primero del año. 
 
Skippy era… bueno era Skippy.  Ella no paraba nunca, hacía lo que quería y a su manera; pero como todo Cocker: enérgica y jovial.
Meses después que la mamá, Consentida, muriera, una noche llegó nuestro grupo de amigos.  Bromas, risas, plática amena; esas reuniones que se dan porque sí.   Puka (Skippy) adoraba esos momentos, ella creía que llegaban a visitarla y se sentaba junto a uno u otro para compartir con todos.   En ese entonces sólo teníamos a Skippy y a Musa, esta última era más tranquila y siempre encontraba al invitado ideal para reclamarlo como suyo hasta que se despidiera. 
 
Esa noche Puka, luego se juguetear con todos se sentó en mis piernas. No sé si sería que era tarde o fue que el silencio también llegó de visita por un minuto, pero a la media noche, la manecilla del segundero del reloj que siempre había estado en la misma pared, aunque suave se escuchó: tic, tic, tic.    Skippy notó por primera vez el reloj y sorprendida por su descubrimiento siguió la manecilla con la mirada.  
No sé cómo, por qué o de qué siquiera, pero podría jurar que en ese instante mi Cocker tuvo un despertar.
 
A partir de entonces mi perrita comenzó a observar cada detalle que había en la casa, adornos, cuadros y formas; prestaba atención a las acciones que uno realizaba y las consecuencias que estas generaban: botón en pared, luz prendida o apagada en el techo; botón en pequeño aparato de mueble, música; y todos esos pequeños detalles de la vida cotidiana que a uno no le importan.



Ella salía al jardín con cuidado, no con la misma despreocupación de antes, Puka ahora caminaba muy despacio para cruzar la grama y tomar el sol y así evitaba que los coronaditos se espantaran mientras estos descansaban en el arbusto de mirra.   Si acaso no había pájaros, se acercaba a las flores y las olfateaba con ternura.


 
De cuando en cuando miraba el reloj y observaba de nuevo las manecillas.   Se quedaba pensativa y cómo si ese movimiento le indicara algo, al terminar sus meditaciones corría a uno de nosotros para que la acariciáramos. 
 
Puka siguió siendo traviesa, pero parecía más feliz, como dispuesta a que cada tic del segundero le diera satisfacciones.   Así de fabulosa fue mi tremenda y romántica Skippy.