sábado, 9 de marzo de 2013

Sobre Perro Rojo

Algo que trato de evitar es ver películas sobre mascotas, en especial perros.  Pero hace dos días la falta de sueño y  el inicio del film lograron suficiente interés en mí como para que me quedara viendo la historia de Perro Rojo (Red Dog).   Ya se sabía el final, porque ese es el comienzo, así que uno queda esperanzado con que algo cambie a última hora pero el verdadero gancho es la curiosidad: ¿cómo llegó ahí? y ¿porqué tantas personas están relacionadas con el perrito?

La vida del perro está relatada por los diferentes y supuestamente rudos personajes, a quienes se les llega a conocer su verdadera personalidad conforme la película avanza.  El paisaje variable de Australia y los recorridos del can, a través de este causan admiración, y si bien un par de veces se mencionan hechos poco probables (uno de ellos es que Perro Rojo viaja a Japón) no será por ser película sino porque el perro es ahora una leyenda.  

No deseo que se considere que la vida errante de Perro Rojo sea vista como un ejemplo para estos días, ese fue otro tiempo y otras condiciones. Pero sí podemos tomar de modelo la unión de las personas que deciden cuidarlo y lo aman.

¿Que por qué escribo sobre una película?  Porque este es un blog de historias sobre perros y Perro Rojo, el errante de Pilbara, vivió en Australia en los años 70.  Si tienen la oportunidad, véanla.  No les cuento más sobre el film porque es preferible que cada uno lo descubra. 

Feliz fin de semana y no olviden en esta época de calor proporcionar suficiente agua a sus mascotas y en especial a las que no tienen hogar.
Nova A.S.G.

Autor de la fotografía de la placa: Anthony b Loveridge.
Fuente: http://en.wikipedia.org

 Traducción de la placa:

Perro Rojo.
El Errante de Pilbara.
Murió: noviembre 21, 1979.
Erigida por sus muchos amigos 
que hizo en sus viajes.

viernes, 1 de marzo de 2013

Susto canino

Mi mamá y mis hermanos vivían a la vecindad de mi casa.  Cualquiera pensaría que nos mirábamos a diario, pero no era así. Tal fue el caso que, un día forzaron el portón de la casa de mi madre cuando no había nadie y se entraron a robarles.  Rk y yo sí estábamos en la nuestra pero no escuchamos nada, hasta que alguien fue a tocar el timbre y por quien nos imaginamos salieron corriendo los ladrones dejando algunas de las cosas tiradas en el camino.
Nadie dijo nada, nadie vio algo y hasta aquí no sabemos quién llegó a avisar.

Lo más curioso es que en casa de mi mamá tenían a Laica (la primera), una perra mestiza de Gran Danés con Boxer (talvez).  No había ladrado durante el suceso y en cuanto entramos a la casa, al no verla, pensamos lo peor: ¡Se la habían robado también o la mataron!
Pasamos el garaje y entramos a la sala con miedo, no sabíamos si todavía estaban adentro.  La puerta de esta también estaba doblada, si al menos se hubieran fijado la ventanita estaba abierta y no necesitaban forzarla.   Pero de la perra ni la sombra.  Unas sábanas tiradas con un aparato de video, una televisión en el suelo eran evidencia de que huyeron de repente.
Nosotros seguíamos preocupados por la perra. 

Le avisé por teléfono a mi mamá y me gané la regañada por no escuchar lo que pasó (así es ella).  A mi me temblaban las piernas mientras Rk y yo nos asegurábamos de que no había nadie. ¿Y a Laica, qué le pasó?, pensábamos.
Escuché el auto de mi mamá estacionándose frente a la casa.  Salimos a encontrarla en el garaje y lo primero que preguntó fue: ¿Y Laica?
Le respondimos que no sabíamos y ella en lo que avanzaba decía:
—Talvez la metieron en un clóset —Claro que por su tamaño no podría ser—, o está bajo la cama. —Posible, pero difícil de imaginar que un perro se escondiera así.

Entró y salió en poco tiempo.  Las voces de mis hermanas se sumaban a las nuestras llamando a Laica y entonces fue cuando la vi. 
El garaje era amplio y por eso no se le prestó atención al auto descompuesto con las ventanas abiertas, estaba ahí desde hacía unas semanas.  Dentro de este, vi un bulto sentado frente al timón, la impresión instantánea fue que uno de los ladrones se ocultaba, pero casi al mismo tiempo noté  que era la perra.  Les avisé a todos y me acerqué para ver si estaba bien, porque no se movía.   Ella continuó sentada, digo, petrificada con la vista al frente.  Reaccionó hasta que mi mamá y mis hermanas llegaron a acariciarla.  Se sintió segura y salió del auto moviendo la cola y creo que hasta le escuché un suspiro de alivio.

—¡Que inteligente la perra! Se escondió para que no la lastimaran —dijo con tranquilidad mi mamá y entonces ya fue a revisar qué faltaba y los daños.

A que no habían escuchado una historia así, sobre un perro.



Saludos y feliz fin de semana.
Nova A.S.G.

viernes, 15 de febrero de 2013

Perros extraviados

En lo que va del año he visto en las Fan page de asociaciones, un gran número de fotografías de perros perdidos, también información de varios encontrados.  Para quien se lo esté preguntando: no, no son los mismos.

La idea de que uno de mis hijos caninos se pierda es aterrorizante.   Entre todo lo horrible que puede suceder, como encontrarse con perros que no desean competencia con la comida en la calle, tránsito, frío, hambre y enfermedades que se desencadenarían por el estrés, lo peor sería que malas personas lo encontraran.  Sin embargo, ahí están las fotografías de los perritos encontrados y nadie pregunta por ellos.   ¿Por qué? Porque muchas personas aún viven en un mundo color rosa.  Un mundo en el que alguien encontrará a su mascota y se lo llevará a su casa para ser querido y ya; el perro se perdió y bueno, alguien lo habrá encontrado y a comprar otro (porque tampoco saben que se puede adoptar).

Esto lo sé porque hace unas semanas me encontré con un antiguo vecino, él vive en una bella colonia, es una persona a la que se le podría llamar exitosa, por lo trabajador que es y un par de títulos universitarios.   Yo tenía "amistad" con Draco, su bello Labrador dorado.  Le pregunté por mi amigo canino y me respondió: se perdió hace unos meses.

—¿Cómo es posible? ¿Colocó anuncios? ¿Avisó a asociaciones? Pero, lo sigue buscando ¿verdad?
—Lo llevé a dar una vuelta cerca de un lugar en donde tuve que realizar un trabajo. Se ha de haber abierto la puerta y se salió.  Coloqué un par de volantes en esos días, pregunté por ahí, y nada.  Seguro, como era tan dócil, alguien se lo llevó. Así pasa con los perros de raza. Pero ¿qué asociaciones dice usted? —preguntó despreocupado.
 
Le di el dato de las que me acordé en ese momento, mientras me decidía pensar de él si era ignorante, mala persona o ambas, por no hacer más por encontrar a Draco.  Estoy segura que, de todas formas luego de que le informé de las organizaciones no siguió la búsqueda, por el poco interés que demostró al recibir mi nota. Cree con firmeza en un mundo perfecto. Yo me he puesto a husmear entre las varias fotografías de encontrados que han compartido, pero al no tener una para comparar o una fecha exacta para partir desde ahí debo admitir que no es sencillo.
Por eso siempre opino que un buen protector (termino correcto en lugar de dueño) no debe medirse por su estatus social, económico o nivel de educación.  Amor es amor, sin importar la billetera o si puede hablar más de dos idiomas.
Y mientras personas como él olvidan que el perro puede aún estar desprotegido o en manos inadecuadas, hay otros que sin importar el tiempo, siguen buscando a su perrito perdido; como es el caso de Honey, una Cocker Spaniel que se extravió hace dos años y la protectora continúa pendiente cada vez que se sabe de una perrita similar.
 
Nunca hay que limitar una búsqueda y por eso es importante que la información del perrito perdido o encontrado se difunda a conocidos, amigos de amigos y solicitar ayuda a las asociaciones. 
Sabían que hace unos meses la Asociación Amigos de los Animales compartió la fotografía de un perrito encontrado en zona 12, alguien la vio y recordó que había visto uno parecido en un volante en la zona 5.  Parecía improbable que fuera el mismo perro, que se hubiera trasladado de un punto a otro en menos de una semana.  Sin embargo avisó de las similitudes y resultó que sí era. ¿Cómo llegó? Yo creo que fue un quien, ¿un mal vecino?, ¿un desconocido? Las intenciones jamás las sabremos. 
Esta es una muestra de lo que puede suceder.   Además un perro, dependiendo del tamaño y especialmente si está asustado puede recorrer grandes distancias.  Insisto, no creo que este sea el caso.
Vean la fotografía del reencuentro de esa historia que Amigos de los Animales publicó (sigan el enlace).
Los invito a que vean de cuando en cuando las fotografías que publican las asociaciones, entre los rescates que realizan puede estar Fido, el perro de su jefe; o Cuzca, la perrita de su vecino; o cualquier otra mascota perdida de la que ustedes sepan.  También comenten sobre estas entre sus conocidos, para que  ellos puedan ayudar a que un perro encuentre a su familia o que aconsejen a alguien que perdió o encontró a uno y que comparta la información.  

Un listado de las asociaciones las puede encontrar en: Guatepets, listado de asociaciones
y otras direcciones nuevas sólo para la publicación de perros extraviados:AMA Perdidos y encontrados;
y aunque se parece en nombre es de personas individuales: Animales perdidos y encontrados.
 
Esta es otra razón para esterilizar a las mascotas, sin importar si es macho o hembra, en caso de que se extravíen o sean robados tendrán más posibilidades de ser devueltas a sus familiares ya que no podrán explotarlos para que tengan crías.
 
Ayudemos a ayudar, difundamos y sean felices junto a sus perros.
Hasta la próxima y ¡cuidado con esa puerta abierta!
Nova A.S.G.
 
 
Pd: ¿Ya compraron una medalla de identificación para su perro? ¿¡No!? ¿Qué están esperando? ¡Corran a comprarla y póngansela!

viernes, 8 de febrero de 2013

Perreras municipales

Hace unas semanas publiqué un enlace en el perfil de Facebook de Guateperros.  El encuentro del artículo enlazado me llevó a publicarlo de inmediato en ese medio porque no podía esperar a un viernes para ponerlo de tema en el blog.  Sin embargo lo utilizaré hoy ya que sé que no debe pasar inadvertido.  
No es la primera vez que encuentro información de esa índole, la mayoría de las veces es en inglés; pero esta no sólo está escrita en español sino que describe la situación desde el punto de vista del trabajador de una perrera.  

Cuando encontré el enlace recordé las varias veces que he leído que las personas desearían la opción de una perrera municipal. En muchos países las tienen y por eso no se ven tan seguido los perros vagando en la calle, como sucede aquí en Guatemala. Sin embargo, luego de leer la Carta del trabajador de una perrera, sabrán el porqué se difunde tanto sobre la castración y adopción de perros rescatados. 

He visto que hay personas individuales que realizan rescates a su propio paso y medios; y las asociaciones que velan por los animales en Guatemala trabajan gracias a donaciones, voluntarios y hogares temporales, pero estos no son suficientes debido a que hay muchos perros y gatos abandonados; y estos tienen que esperar su oportunidad hasta que haya espacio disponible (también tomen en cuenta los fondos).
La cifra de mascotas sin hogar seguirá en aumento a menos que, el hecho de esterilizar a las mascotas (sin o con hogar) sea una cultura.
Esterilicen, apadrinen esterilizaciones y mediten la idea de adoptar antes de comprar. 

Sigan  el enlace al final, léanlo, difúndanlo; la ignorancia es la causa de que muchas personas aún no tomen conciencia de que las mascotas son seres vivientes y no son descartables. 



sábado, 2 de febrero de 2013

Negro

Negro es un perro sin hogar real.  Apareció en una colonia un día, no era cachorro a la vista pero sí en edad.   Nadie lo entró a su casa para cuidarlo y así como se ganó enemigos de la nada (las personas que no gustan de los perros tienden a enemistarse con ellos sólo porqué sí) también se hizo de amigos humanos que lo alimentaban, un pan por aquí, concentrado por allá y así sobrevivió.  Creció y más personas lo conocieron.  Comenzó a acompañar a las personas que le daban cariño y entre caminata y caminata un joven llamado Fer le abrió las puertas de su casa, pero Negro se sentía de todos y de nadie, no soportaba estar encerrado y de tanto somatón a la puerta, Fer  entendió lo que Negro quería: salir a caminar con doña Minga, saludar a don Paco, acompañar a comprar las tortillas a doña Luz.  En resumen, continuar su vida como siempre había sido: el perro de la colonia.

Ya han pasado más de siete años, logró evadir enemistades siguió comiendo de todos y ahora, desde que Fer lo entró a su hogar, tiene un techo para dormir.  Negro toca el portón para salir y para entrar a descansar luego de un arduo día de socializar con los vecinos o porque la lluvia no lo deja ver a sus amistades humanas.   Y aunque no es la situación ideal, ahí está feliz el Negro,  el Flaco, el Toro, el Bobby, y no sé que más nombres que cada vecino le ha puesto y a los que todos entiende.
Entre esos buenos amigos y vecinos Negro conoció a mis suegros de las veces que ellos estaban en la colonia. 

Me contó mi suegra que hace unas semanas mientras caminaba junto a su esposo, mi suegro se sofocó y de inmediato se tuvo que sentar por la falta de aíre.  Negro llegó al instante, lloriqueó mientras buscaba que el señor le diera cariño como solía hacer y lo acompañó hasta que mi suegro se pudo levantar para irse a su casa.  Unos días después, al fin de tanto insistir que el señor se sentía grave, el IGSS aceptó internarlo.

No sé si fue la última vez que Negro vio a mi suegro, pero las largas ausencias de los padres de Rk no eran extrañas para el perro (misma razón por la que ellos no lo adoptaron).  Hoy me contó mi esposo que a principios de esta semana, mientras manejaba el auto de su papá para realizar los trámites póstumos, el perro vio el carro desde lejos, movió la cola, paró las orejas, y trataba de ver al chófer.  Negro corrió al encuentro, y con la cercanía notó que quien manejaba era Rk y no mi suegro.   La cola se detuvo y bajó las orejas, el perro ya no siguió corriendo, se sentó en la banqueta y se quedó observando el auto, casi podría decirse que con desconsuelo, mientras este se alejaba. 

Ayer vi a Negro, me saludó con la efusión que me saludan los perros: los cuates de siempre.  Asomó la cara por la puerta y divisó a mi suegra pasando entre las visitas que han llegado a la casa a presentar sus respetos.  Ella no lo vio por las prisas, las penas y sus propios pensamientos, pero el perro quería verla, sus ojitos estaban iluminados, me imagino que deseaba ser acariciado por ella, ayudarla con su dolor con esa manera única que tienen los perros.  Ayer no era el momento, pero cuando sea él estará ahí porque, así son los perros.



Pd.  Para quienes esperaron el tema de la semana pasada, luego de leer esta publicación comprenderán la razón por la que no hubo. Y nunca olviden ayudar a un perro sin hogar, Gracias. Nova A.S.G. guateperros@gmail.com

viernes, 18 de enero de 2013

El dragón

Una sola vez me ha asustado un perro en serio, pero con el tamaño que tenía él y cómo lo conocí no es para menos.

Iba en mi bicicleta, pensando en naranjas y fresas (o sea nada en especial), llevándomelas de princesa, soñando despierta, jugando con mi imaginación.  Yo era un jinete  a la conquista de un reino.  La más veloz del mundo (pedaleando a velocidad de paseo).  Vuelta a una cuadra, vuelta en la otra.   De repente, por instinto subí el codo izquierdo y escuché dientes encontrándose, sentí la saliva salpicando.  Seguía pedaleando pero volví la vista hacia mi brazo sin sospechar siquiera que me encontraría con semejante rostro.

Un hermoso San Bernardo corría a mi lado y había tratado de agarrar mi brazo.  Con seguridad él jugaba, porque aceleré como si había visto al diablo y él sólo correteó un rato más.   De querer alcanzarme, yo no habría escapado ni con motocicleta porque el perro no necesitaba estirarse y no corría a toda velocidad como puede un can de su tamaño.
Alejada varios metros escuché que se despedía con un ronco ladrido, para entonces de verdad yo iba más veloz de lo que recién había imaginado hacer.

Días después vi que ese era el jueguito con los niños de su cuadra.   El perro escogía a uno para agarrarlo del suéter o camisa mientras iban en bicicleta y luego le tocaba el turno a otro niño.  Se escapaban, el perro corría babeando con la lengua de fuera y atrapaba.  Todos reían y seguían escapando.  Tal vez ellos también imaginaban al igual que yo, la conquista de un reino pero este era custodiado por un dragón.  El perro se prestaba y se notaba que se divertía tanto como sus amiguitos humanos.

Ojalá me hubieran avisado, porque por escapar por poco me mal mato por una piedra.

viernes, 11 de enero de 2013

Perras mentoladas

Trato de llevar las anécdotas cronológicamente, sin embargo algunas se me pasan así como sucedió con esta historia.
 
Fuimos a comprar gaseosas y golosinas con Rk a la gasolinera, no quedaba lejos pero era noche y para darles una vuelta nos llevamos a las perras.
De regreso, Consentida estaba acomodada en el sillón junto al freno de mano y Skippy  iba sentada en mis piernas. Para hacerles larga la salida mi novio dio un par de vueltas más a las cuadras y entonces comenzamos a sentir olor a menta.  Un poco primero y luego el aroma envolvió la cabina del pick up.  Nos agarró desprevenidos y pensamos que era en la calle y que se colaba por los ventiladores.
 
El intenso olor nos causaba curiosidad, Puka (Skippy) se agachaba para oler a su mamá, Rk me comentaba que seguramente alguna fábrica de dulces cercana preparaba la deliciosa mezcla y yo  preguntaba en dónde era ya que nunca antes se había sentido.  Cony (Consentida) seguía en la misma posición, muy tranquilita y callada. 
De repente se escuchó un crujido.  ¿Sería del carro? Nuestro primer instantáneo pensamiento que se desvanecía por el mentolado olor que se intensificaba. 
Todo fue en menos de tres segundos: sonido, ¿carro?, olor y caer en la cuenta de que Cony masticaba dulces encontrados y recién robados de la cajuelita cerca al freno de mano.
La muy mañosa sabía lo que hacía, y por eso el silencio, sin embargo por la emoción, la mordida la había delatado.  Al llegar a casa nos habríamos dado cuenta, pero aún así nos vio la cara por un buen rato. 
 
Regañamos a Cony, le quité de su alcance los dulces que quedaban y tan concentrada estaba en amonestarla verbalmente porque ya se había comido dos, según la evidencia de los envoltorios tirados, que no me fijé cuando Skippy me robó uno de los dulces, hasta que escuché la lucha que tenía con el papelito.  
 
Esa noche, mi pobre Puka se quedó con el antojo,  Consentida, regañada pero con el mejor de los alientos y nosotros (los racionales humanos) nos sentimos tontos, tantas conjeturas y pasar por alto lo obvio.

viernes, 4 de enero de 2013

El despertar

Este es un buen tema para que sea el primero del año. 
 
Skippy era… bueno era Skippy.  Ella no paraba nunca, hacía lo que quería y a su manera; pero como todo Cocker: enérgica y jovial.
Meses después que la mamá, Consentida, muriera, una noche llegó nuestro grupo de amigos.  Bromas, risas, plática amena; esas reuniones que se dan porque sí.   Puka (Skippy) adoraba esos momentos, ella creía que llegaban a visitarla y se sentaba junto a uno u otro para compartir con todos.   En ese entonces sólo teníamos a Skippy y a Musa, esta última era más tranquila y siempre encontraba al invitado ideal para reclamarlo como suyo hasta que se despidiera. 
 
Esa noche Puka, luego se juguetear con todos se sentó en mis piernas. No sé si sería que era tarde o fue que el silencio también llegó de visita por un minuto, pero a la media noche, la manecilla del segundero del reloj que siempre había estado en la misma pared, aunque suave se escuchó: tic, tic, tic.    Skippy notó por primera vez el reloj y sorprendida por su descubrimiento siguió la manecilla con la mirada.  
No sé cómo, por qué o de qué siquiera, pero podría jurar que en ese instante mi Cocker tuvo un despertar.
 
A partir de entonces mi perrita comenzó a observar cada detalle que había en la casa, adornos, cuadros y formas; prestaba atención a las acciones que uno realizaba y las consecuencias que estas generaban: botón en pared, luz prendida o apagada en el techo; botón en pequeño aparato de mueble, música; y todos esos pequeños detalles de la vida cotidiana que a uno no le importan.



Ella salía al jardín con cuidado, no con la misma despreocupación de antes, Puka ahora caminaba muy despacio para cruzar la grama y tomar el sol y así evitaba que los coronaditos se espantaran mientras estos descansaban en el arbusto de mirra.   Si acaso no había pájaros, se acercaba a las flores y las olfateaba con ternura.


 
De cuando en cuando miraba el reloj y observaba de nuevo las manecillas.   Se quedaba pensativa y cómo si ese movimiento le indicara algo, al terminar sus meditaciones corría a uno de nosotros para que la acariciáramos. 
 
Puka siguió siendo traviesa, pero parecía más feliz, como dispuesta a que cada tic del segundero le diera satisfacciones.   Así de fabulosa fue mi tremenda y romántica Skippy.