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viernes, 14 de junio de 2013

Excelente terapia



Hoy llevamos a castrar a Tyson, un perrito que tuvo una de las rescatadas de mi mamá.   Llegué al lugar cuando mi madre lo llevaba de regreso a casa.  Él iba todavía algo atontado por la anestesia pero lo suficientemente lúcido para mover la cola al verse en “su” carro.
Me despedía del perro cuando Luisa, de Mascotas X Amor (con quien fue la jornada) me saludó desde unos metros atrás.   Se le notaba apresurada y en pocas palabras me explicó que estaban saturados de trabajo adentro, así que nos despedimos.

Sentí el impulso de quedarme pero estaba mal estacionada y tenía menos de una hora para proseguir con mi trabajo.  Arranqué y me fui, pero sólo le di la vuelta a la cuadra para dejar el auto en mejor lugar y regresé a preguntar si podía ayudar en algo en esos pocos minutos disponibles.   Me envió al área de postoperatorio, varias personas con muchos perritos adormitados estaban ahí y me encargaron a Channel (a quien llaman Gucci también).   Lo único que necesitaba es que estuviera al tanto de ella, que la acariciara, que se mantuviera tapada y de cuando en cuando voltearla para que cualquier residuo de anestesia se metabolizara más rápido.  Tan sencillo y a la vez tan abrumador, ver a estos inocentes peludos, saber que en algún momento estuvieron en la calle sin nada ni nadie, y que hay miles más que no han sido rescatados.

En el lugar se respiraba esperanza.  Una energía de satisfacción brotaba de las lindas personas que llevaron a sus temporales a operar, sabiéndose constructores de una mejor vida futura para las mascotas cuando sean adoptadas.   Sí, hubo lágrimas, porque llegaron los adoptantes de Nenito (Nene 2) uno de los cachorros y las despedidas son así: emocionales. Una semana o un mes y las mascotas temporales siempre le roban el corazón a uno.  La familia temporal de Nenito aún tiene a la hermana Nenita esperando la oportunidad de una familia propia.  Ella es una perrita blanca con trompita de puchero, parece hecha para besar.  Apenas despidió a su hermano, un segundo sueño la atrapó justo en ese momento.

Channel es preciosa, me sorprendió que fuera rescatada de la calle porque la confundí con una cachorra  Cocker Spaniel de unos cuatro meses, pero ella ya es adulta y al poco tiempo de que la encontraron tuvo cachorros, unas bellezas por cierto.  Se parece a Prisci, sólo que Channel es todavía un poco más pequeña de tamaño y su pelaje más suave.
Media hora fue suficiente para saber que Channel es una perrita mimosa.  Desde el momento que despertó no se movió y aceptó mis caricias.  Pensé que seguía bastante sedada y continué cuidándola como debía hacer.   Llegó el momento de irme y en cuanto dejó de sentir mis manos levantó su cabeza y me vio con exigencia para que continuara.  Regresé para despedirme de ella con propiedad, entonces  ella volvió a recostarse para proseguir siendo mimada.  Un par de minutos después, cuando me retiré volvió a buscarme con sus ojos dulces y luego siguió descansando en espera a que su familia temporal llegara por ella.

Fue un momento, pero fue mucha paz la que recibí, la mejor terapia para un día ajetreado.  Y saber que este tipo de colaboración también es necesaria.    
Hay tantas maneras de mejorar sino la vida, al menos un momento, a otro ser; en especial si es a un perro.


Hasta la próxima
Nova A.S.G.


Pd.
¿Desean saber sobre las jornadas, adopciones y eventos con respecto a mascotas?  En mi perfil de Facebook Guateperros, siempre publico perros disponibles para adoptar de varias asociaciones.

Y en la Fan page de Guatepets, publican todos los eventos (de los que se enteran) con respecto a mascotas en Guatemala.

viernes, 19 de agosto de 2011

Lindo piojoso

El lunes de esta semana, esperaba a mi mamá para ir a trabajar.
—Acabo de ver un perro, tan, pero tan maltratado en la carretera que hice a un lado el auto y me bajé a traerlo.  Se metió entre el monte y no logré agarrarlo. —Fue lo primero que me dijo cuando vino.
Metimos una caja y bolsas plásticas para, si fuera necesario, usarlas de guantes.  No lo encontramos.

El miércoles, regresando del trabajo, vi, entre las llantas de una camioneta, a un perrito en tan fatal condición que apenas le dije a mi mamá que disminuyera la velocidad mientras me bajaba.  No sé a que horas saqué las dos bolsas que llevaba de repuesto del lunes anterior (mamá siempre pierde las cosas y por eso llevaba un par extras), ni siquiera sé cual fue mi impulso a sacarlas, la mayoría de las veces que recojo a un perro callejero lo hago sin protección.
En lo que alcanzaba al can, escuché la voz de mamá que decía: —¡Ese es el perrito del que te hablé!

El perro, aunque cojeando, corrió para alejarse cuando entendió mi intención y yo tras él.  Los trabajadores de la municipalidad que estaban por ahí ofrecieron ayudarme.  Me contaron que el perro estaba en los alrededores desde el día anterior y que de mote le llamaron Toro.
Cuando vean la foto les causará tanta gracia como a mí.

El perro se rindió al llegar frente a la tienda, no le daban para más las fuerzas.  La tendera se rió al verme de nuevo, esta vez corriendo un perro, me reconoció del año pasado cuando anduve buscando el hogar de Prisci.
Lo metimos en la caja (como cosa rara no la habían sacado del auto) y lo llevamos al veterinario. 

Unas horas después me llamaban para que fuera por el perro.  No se podía quedar en el hospital.  Me pareció extraño, me ofusqué, me indigné.  Luego me explicaron que estaba cubierto de: ¡Piojos!
Tenían muchos huéspedes caninos y no había un lugar en donde lo pudieran aislar.
Me empezó a picar todo el cuerpo, me sentía infestada a pesar de los cuidados que había tenido.
Por la salud de mis perros, el ritual, luego que rescato un callejero es este: Lavo mis brazos, piernas y zapatos antes de entrar a casa, me aplico un líquido especial contra parásitos, entro sin tener contacto con mis perros, de inmediato lavo la ropa y me baño. Además, a este perro ni siquiera lo había tocado, gracias a las bolsas.
Así que reconozco que la sensación era mental.

El baño que le realizaron en la veterinaria lo había limpiado pero no por completo, se le tiene que seguir tratando, al igual que una infección en los ojos.  La cojera, resultado tal vez de que alguien lo tiró de lado, no presenta quebraduras.
Para quien no logre visualizarlo desde ahora, le digo: Cuando se reponga ¡Será un perro precioso!

Mi mamá lo ha nombrado Beto.  Como es pequeño y tranquilo lo ha aislado no sólo por los piojos, sino por los demás perros (agresivos) que tiene.
Al momento, el grupo Adopta a una Mascota ha colaborado promoviendo la adopción de Beto.

Estoy segura que encontrará un excelente hogar. 


Si desea información de Adopta una Mascota, sobre los perritos disponibles para adoptar escriban a: mascota_adopcion@yahoo.com o por medio de Facebook, perfil: Adopta una Mascota


Beto, fotografía tomada hoy
(Les juro que se ve mejoría de cómo estaba hace dos días)

sábado, 16 de octubre de 2010

La repuesta: Priscy y Montúfar

Esta semana me llegó un email con la pregunta: ¿Y que pasó con las perras? Priscy y Montúfar
Así que en lugar de desempolvar mi cerebro y pensar en el tema de hoy, contaré el resumen de las dos. Aunque ya había escrito el resultado de la perra pequeña, aquí va de nuevo.

A Priscy, la entregamos a la familia Lux.  Sus primeros días, me contaron, fueron difíciles. Estaba triste e incómoda de compartir su nuevo hogar con la perra que ellos ya tenían. Por lo mismo, con mi esposo pensamos que la tendríamos de regreso.  Estábamos dispuestos a quedárnosla, a pesar de los cinco que ya tenemos.  Muchas personas dicen: ‹‹Sí, yo me quedo con el perro.›› Luego del primer problema se arrepienten.  Este no fue el caso.   Escogimos a la familia correcta, ellos, incluyendo a la compañera canina, pusieron todo de su parte para que se acomodara.   
¡Lo lograron! Ahora la llaman Panchita y está feliz. Juega con los niños y con la otra perrita.   El tiempo de espera para que fuera reclamada expiró.   Nadie lo hizo, lo que me deja con la duda: ¿Por qué?   Estaba cuidada y era muy correcta en su comportamiento.   Sea como sea, ella está bien; tiene amor, alimento, refugio y compañía.
 
(Priscy antes y después del baño)

Con Montúfar, la situación fue un poco más complicada, por el tamaño y su salud.

Cuando la subimos al carro, no noté que sus facciones eran bonitas.  Sólo miraba lo flaca que estaba, hasta que mi esposo me enseñó las fotos con las que realizó los volantes, para la búsqueda del “dueño”.   Apareciera o no, nos habíamos responsabilizado por ella y por eso antes de operarla, tuvimos que subirla de peso.   Estaba desnutrida y sus pechos demostraban que había amamantado a muchos cachorros, con seguridad en todos sus periodos de celo.  
Por si tenía o para evitar que le diera anemia, el veterinario nos ordenó darle un medicamento durante una semana previo a la operación.  Aún así, su recuperación luego de la esterilización fue lenta.   Antibióticos, suero oral, sopas e Incaparina se le brindaron junto con caricias y ruegos para que comiera.   
Todo esto fue durante los días de mayor lluvia.  Así que estaba la preocupación de que la casa canina de invitados no sería suficiente resguardo, con grandes bolsas plásticas armamos un techo provisional sobre esta.  Todo salió bien.   La cubierta soportó y la perra recobró la salud.   

Pensé que la parte difícil había pasado: gastos y cuidados extras.   Pero cuando Montúfar se sintió bien fue cuando me dio más trabajo.   A ella le gusta hablar o sea ladrar.  No es una perra loca que se quede ladrando todo el tiempo. Lo hace para dirigirse a uno, para responder cuando uno la mima y para expresar que está aburrida.   Y por supuesto su tamaño requería más atención.  Acostumbrada a vagar, necesitaba mucho espacio para ejercitarse.   Ya le había encontrado hogar y en cuanto se repuso, la llevamos.   Empezaba a ponerse tensa, agresiva por el confinamiento.   Estaba enérgica por la alimentación y aquí en casa, no había donde diera rienda suelta a sus juegos.

En la casa en donde está tiene espacio, pero todavía tiene la necesidad de correr.  Se le escapó al señor pocos días después que la llevamos.   La dimos por perdida porque se supo que alguien la agarró y no la devolvió de inmediato.  Nos dolió mucho pensar que luego de lo que le ha tocado vivir, terminaría encadenada y descuidada.   Recé por ella, no podía hacer más.  
La entregaron unos días después, el rumor en el pueblo de la perra perdida y el enojo de quien la perdió se agrandó y para evitar problemas, la devolvieron.

Hoy hablé con el señor, me contó que la perra escapó de nuevo.  —Me la volvió a hacer —me dijo— pero como ya saben quién es, rapidito la encontré.  Ya di por caminarla. Con dos kilómetros diarios la canso. Pero no me importa, es linda la perra —expresó por teléfono, con voz de rendición.   
Sé que no es descuido porque Montúfar es impulsiva y engañosa, trató de hacerlo aquí.  Espero que se calme, para que no sufra un percance.

Hasta aquí el resultado de estas dos canes especiales.   Mi esposo y yo hemos apenas colaborado con un granito de arena.    Y como lo escribí con anterioridad, extraño a las dos: La dulzura de la que para mi será siempre Priscy y a Montúfar con su voz ronca, exigiendo correr mientras su cola latigueaba mis piernas.

 (El primer día y el día que iba para su nuevo hogar)

viernes, 17 de septiembre de 2010

Montúfar

Nombramos a la pequeña perra de la avenida hincapié: Priscy.  Le encontramos la mejor opción de hogar.  A los dos días pregunté por ella, me dijeron que no se le veía contenta por tener compañera, pero querían darle más tiempo.  En cambio, la otra perra de esa casa estaba feliz de tener una amiga.
Se me partió el corazón, Priscy es una perrita mimada, y en su casa ha de haber sido perra única.
Las personas la quieren, y desean continuar siendo su hogar temporal o permanente en el futuro, he de permitir que se adapte, pensé.  ‹‹Si veo que la perrita no es feliz, luego de un par de días más, le aviso y me dice que hacer›› me dijo don Carlos. 

Preocupada por los sentimientos de la perra, pero satisfecha de la solución, pensé que hasta allí llenaría la cuota, por algún tiempo, de perro recogido en la calle.  No fue así.
Fuimos con mi esposo al Centro Comercial Montúfar, una perra negra, peluda y flaca caminaba de la manera más humillada, tratando de encontrar comida.   Mi esposo escuchó decir a uno de los guardias que la sacaría a palos, mientras se sacaba el bastón del cincho.  Era en serio.   Resultado:   Perra negra, peluda y flaca dentro del carro.

La nombramos Neymi al principio, ya que buscando información de perros perdidos, vimos que tenía las características del anuncio de una perra, Pastor con Labrador, que se le perdió a una joven, hace más de un año.  Nos confirmaron que no es la anunciada.
Tratamos de llamarla entonces: Montúfar.  Sin embargo a ella parece gustarle más el primer nombre.    Eso sí, responde mejor cuando uno la llama: Chucha.

Salimos a los alrededores para ver si reconocía su casa (creo que miramos demasiada televisión).  La única reacción que tuvo, fue cuando se encontró con otra perra negra, mucho más flaca, casi en huesos (hasta me arrepentí de que no hubiera sido esa, porque necesitaba más ayuda). Esa perra era más tímida,  le tiene desconfianza a los humanos pero no a otros perros.  Sólo se acercó amigable a Montúfar y esta se comportó de igual manera.  Luego la huesuda salió huyendo (si de repente algún lector quiere ir por ella, estaba atrás del centro comercial, bien cuidada, sería una perra de lujo).
Como también colocamos volantes por Montúfar, en busca del “dueño”, un par de personas llamaron y la pidieron en caso no lo encontrara.  Pero siempre hay que tener cuidado de a quién se le da un perro.  Pueda ser que sean las mejores personas del mundo como puede que no.  No correré el riesgo de que su vida sea: Días bajo el sol con una cadena y una palangana de agua.  Aunque no siempre es así, suele suceder.

Solicitamos en algunos lugares ayuda para encontrar un hogar, pero es algo que llevaría tiempo, más por el tamaño mediano de la perra.  Por el espacio pequeño en el que está, comienza a crear una personalidad territorial que no conviene (en apenas una semana).  Nos dimos cuenta que urgía encontrarle una casa, entonces recurrimos a un conocido que vive fuera de la ciudad, sin esperanza de que la recibiera.  Para nuestra sorpresa, justo ahora puede adoptar uno, su perro más anciano recién murió.  La entregaremos luego de que esté recuperada, hemos decidido que mañana será operada para esterilizarla.  Estará aquí en casa al menos otros diez días.  Hay tiempo para que sea reclamada o para encontrar un mejor lugar que al que se irá  (siempre quiero algo mejor para los perros ¡La ambición!)

Hoy pregunte por Prisci, y me han contado que está bien, con mucho apetito y ya juega con la compañera.  ¡Eso es un triunfo para Prisci!  A mi, me hace falta, me encariñe rápido con la chiquita. 
Y aunque ahora reniego, del trabajo extra que nos hemos puesto, de  que el concentrado se terminó rápido, de que mis peludos están celosos y de tantas cosas más, dentro de poco también sentiré nostalgia por la bella perra negra, peluda (ya no flaca) así como la he sentido por otros. 

sábado, 11 de septiembre de 2010

Encontré perra en Avenida Hincapié, otra vez


Ayer nueve de septiembre, a media mañana, a lo lejos, adiviné que veía a un perro cruzando la Avenida Hincapié.   Con mi madre expresamos, con la voz chillona que se hace del miedo de pensar que algo malo pasar y que no se desea:  ‹‹¡Huy lo van a atropellar!››   Estábamos más cerca del perro aunque del otro lado de la avenida.   Y el perrito, desorientado y nervioso trata de regresar.  Una, dos, tres veces estuvo cerca de ser atropellado, y una más cuando un carro se le tiró encima. ¡Vaya que sí hay maldad!
Crucé en cuanto pude, mientras bocinaba para que el perro no pusiera una pata en el asfalto.  Llegué cerca del can, mi madre me alcanzó la pequeña bolsa con concentrado que cargo en el auto y de la que me había olvidado.   El olor llamó su atención y con tranquilidad dejé que se acercará a mí.   Un movimiento brusco y seguro que sale corriendo al peligro.  Lo subí, vi que era hembra y entonces recordé que algunos perros muerden, pero ella no.
Manejé en las cercanías por si se acababa de salir y la reconocían.  Luego de una hora decidimos traerla a casa, teníamos que trabajar y ya íbamos tarde.

Mi esposo y yo enviamos la información a foros y a las asociaciones de ayuda canina de Guatemala, para que me ayuden a encontrar al “dueño” pero quién sabe si es de los que buscan o sólo dicen: ‹‹—Se me perdió la perra, a saber dónde estará.››

Hoy me tomé el día para ella, la bañé, shampoo y tratamiento contra bichos.  Me sorprendió que su piel estuviera casi limpia.  Grasa de taller en el pelo tenía, pero eso me dio la idea que vivía cerca o en un taller.  Me esperancé en que sería más sencillo encontrar su hogar.
Luego salí y al llegar por donde la recogí, estacioné el auto y comencé a caminar hacia la colonia Santa Fe, con la perra, tocando timbres de casas, preguntando en tiendas y locales abiertos, mientras dejaba volantes.  Nada.   Pasé por el taller que está cerca.

—¿Usted sabe de quién es esta perrita?
—No.  Estuvo aquí ayer por la mañana.  Entró un rato y se echó.  ¿La bañó? ¿Verdad?  Porque tenía grasa cuando se fue. —Yo, respondí con un gesto y él siguió—: Pensé en quedármela, está bonita, pero como uno nunca sabe y a lo mejor conocía el camino.  Me la quedo si no halla al dueño.

Agradecí el ofrecimiento, pero la idea de que estuviera en un taller no me pareció y se lo dije.  Me respondió que a él le encantan los perros y que se la llevaría a su casa en donde tiene espacio y otra perra pequeña que es sociable, se harían compañía.   Me llama la atención.

En una tienda la señora detrás del mostrador, me ofreció darle un hogar, sus hijos desean mucho un perro, aunque luego de muchas preguntas por mi parte me dijo que ella no era tan aficionada a los perros, pero tampoco le desagradan.  ‹‹—Tengo espacio. Mis hijos están grandes, son responsables y cuidarían bien de ella, si la llevo.››
La propuesta parece buena, pero y si luego cambia de opinión.  Tengo que pensarlo bien.

No faltó la persona que me dijo: —¡Ay usted, perdiendo su tiempo por un chucho! —Me costó mucho no responder con el hígado y con calma dije: —Si todos perdiéramos el tiempo por un ser necesitado, el mundo no estaría como está.
Seguí buscando.

Salí de la colonia y me dirigí a las casas atrás de la gasolinera.   En una de las casas un señor se ofreció dar la información a conocidos y a los administradores de los edificios.   Por la educación de la peluda creemos que tal vez vivió en apartamento. 
Soy una grosera, me dijo su nombre, pero con el cansancio lo olvidé.   Él y la esposa fueron muy amables, hasta me ofrecieron una bebida, pero yo ya había comprado una gaseosa.  En estos tiempos, esos detalles casi no se ven.

Luego la señora que me vende el queso en la gasolinera me dijo que ella la adoptaba, también tiene suficiente lugar y a toda su familia le gustan los perros.  Tiene un Chow chow, me confesó que es bravo, pero lo tienen en un jardín aparte.
Si todos en su casa son tan dulces como ella, significa que tendrá amor pero… ¿Y si el perro Chow Chow se encuentra con la chaparra?

Terminé la búsqueda, y no me queda más que esperar que suene el teléfono por parte del dueño.   Si no es así, tengo que pensar en las tres propuestas, además, es tan linda que he de quitarme la idea de quedarme con ella.
Tengo cinco, por lo mismo: el tiempo y el espacio no serían los ideales.  No come mucho, pero hay que considerar posibles gastos médicos, más el tiempo, que no tengo, para que aprendan a aceptarla.   Juro que ya no cabe uno más en la cama.   Y creo que mis caninos votan con un rotundo ¡No, perros! (Ellos no saben que lo son)

Es mucha responsabilidad darla en adopción.  Está mimada, acostumbrada a estar adentro (la tengo aparte, para evitar confrontaciones con los míos, que me harían gastar en veterinario y en doctor por si me enfermo por el susto)
Cuando la bañé me pidió la toalla, avisa para que se le lleve a la grama para sus necesidades.  Lo ve a uno con esos ojos llenos de agradecimiento por sentirse segura, pero triste, por no poder compartir más abrazos, por no ser parte de la manada.  Y yo, sólo puedo consolarla diciéndole: Ya chiquita, trataré de hacer lo mejor para ti.
Espero lograrlo.